miércoles, 23 de diciembre de 2009

Llegar- Miguel Dorelo

Es hora de seguir andando...

Llegar- Miguel Dorelo

Emprendió el camino, como suele decirse, “con todo el entusiasmo del mundo”, no había ningún motivo para que así no lo hiciera.
Juventud y optimismo suelen ser buenos compañeros a la hora de comenzar lo que sea.
A esa temprana edad todas las sendas le parecían transitables, inclusive aquellas que a primera vista se presentaban sinuosas, con escollos que sabía, solo estaban allí para ser superados. Las dificultades se convertían rápidamente en incentivos.
—Nada es imposible —solía decir y decirse.
Y anduvo muchos caminos.
Y recorrió numerosos senderos.
Siempre buscando llegar.
Pasaron los días, se sucedieron los meses y llegaron los años.
Y siguió su derrotero.
Y nuevos tiempos y nuevos recorridos se fueron acoplando a su espalda.
Y un buen día, o quizás uno malo, al fin comprendió la verdad.
La verdad. Que no es triste ni es alegre, es solo lo que debe ser y es lo que es.
—No hay nada. Al final del camino no hay nada —susurró.
Y siguió caminando.

Exclusivo de La Cuentoteca

domingo, 6 de diciembre de 2009

Esperando (El último viaje)- Miguel Dorelo

Ella va a llegar...

Esperando (El último viaje)-Miguel Dorelo

Ella vendrá buscarme, más tarde o más temprano, pero vendrá.
Es la razón de mí existir, sin ella no soy. ¿Qué otro sentido tiene mi vida, más que el aguardarla?
A veces, sueño que ya casi está a mi lado, que el momento de la unión es inminente.
Y son dolorosos esos últimos segundos antes de la final consumación.
A veces, me pongo ansioso; mi mente o mi corazón no quieren comprender que hay plazos que deben respetarse. Quiero, anhelo estar en ella y que ella esté en mí.
Otras, comprendo que no debo apresurarme, que ese delicioso momento quizás esté muy cerca.
Y no importa demasiado si fui bueno o malo, si me equivoqué mucho o poco, no se trata de premios y castigos; sé que ella no va a evaluar eso cuando llegue el momento.
Sé también que ella sabe que tampoco podrá evitarlo. Ella tampoco es sin mí.
A veces, me dan ganas de gritar su nombre, decirle que ya es hora, que ya no aguanto más.

Quizás, ese nombre sea de mujer…o no.
Quizás, alguno de ustedes hayan comprendido de quién estoy hablando.
Y también esperen

Exclusivo para La Cuentoteca

domingo, 22 de noviembre de 2009

Ella- Miguel Dorelo

Ella...Es perfecta.

Ella- Miguel Dorelo

Buscaba olvidarla sumergiéndose en otros cuerpos, pero solo lograba reencontrarla.
—Tu sonrisa, María, me recuerda demasiado a la de Ella —decía. Y se alejaba.
—Lo siento mucho, Cecilia, pero tus manos no hacen otra cosa que hacerme añorar sus caricias —y una nueva despedida.
Es dulce tu pecho, Gilda, pero el de Ella sabía a ambrosia y me resulta doloroso el recuerdo. —exclamaba. Y se marchaba.
Uno tras otro se sucedían los jóvenes y hermosos cuerpos. Muslos firmes y suaves como los de Ella, caderas ardientes como la de Ella, cabellos largos y renegridos como los de Ella.
Y ojos. Y miradas. Y labios. Y besos. Todo, absolutamente, le hacía recordar a Ella.
Cuando ya no pudo más, cuando se hartó de extrañarla, comprendió que no debía darse por vencido: Ella volvería a ser suya.
Ya no rechazó amores, consumó cada uno de ellos y poco a poco fue reencontrándola.
Los labios de Paula, los pechos de Beatriz, las caderas de Ana, se unieron a las piernas de Raquel, a los hombros de Fernanda.
Solo tuvo que encontrar una manera segura de deshacerse de los restos.
Y que Ella, ya completa, volviera a amarlo.

Exclusivo de La Cuentoteca


Re-Publicado en: Quimicamente Impuro

domingo, 15 de noviembre de 2009

La verdadera historia de Julieta y Romeo- Miguel Dorelo y Sergio Gaut vel Hartman

Una de las últimas fotos de los amantes...

La verdadera historia de Julieta y Romeo- Miguel Dorelo y Sergio Gaut vel Hartman.

En cuestiones de amores, de amores ajenos, lo mejor es no meterse. Miren si no lo que le ocurrió a Morfilia Chulanovsky, amante de turno del Director General de Asuntos Relacionados con el Manejo del Tiempo.
Aburrida en su mediocridad y con tiempo de sobra, ya que “Gran Hermano 2180” había finalizado y no había nada de similar catadura para llenar las horas vacías, Morfilia estaba al borde de la desesperación. Recorrió ansiosamente los cientos de canales holográficos, y grande fue su decepción cuando descubrió que faltaban veinte días para que arrancara la nueva temporada de “Levitando por un sueño”. Por suerte, o por desgracia, cuando cumpliendo con sus deberes de amante de turno le realizaba la fellatio vespertina al Director, se percató que desde su posición, levantando apenas la vista y sin soltar el objeto de sus afanes, se veía una inmensa pantalla. En ella observó a una pareja de adolescentes vestidos con trajes de época que se movían de un modo cómico, casi ridículo. Por señas, ya que no le gustaba descuidar su tarea por más rutinaria que esta fuera, le pidió al Director que subiera el volumen.
—Amorcito —dijo Morfilia cuando hubo terminado la sesión—. ¿Qué canal estabas mirando? Yo no encontré este reality por ningún lado. ¿Es nuevo?
—No, querida, no es un canal de reality. Es un monitoreo de rutina de acontecimientos ocurridos en el pasado.
—Ah, ¿y esos quienes son?
—Romeo y Julieta, se llamaban. Tuvieron un final triste, lamentablemente.
—Escuchemos qué dicen. O mejor dicho, qué decían.
— ¡Cuantas veces los hombres son felices al borde de la muerte! Quienes los vigilan lo llaman el último destello. ¿Puedo yo llamar a esto destello?
Ah, mi amor, mi esposa, la Muerte, que robó la dulzura de tu aliento, no ha rendido tu belleza, no te ha conquistado.
—Ella no se mueve y él la va a besar. ¡Que romántico!
—No creas, querida. Esta parte ya la vi. Él morirá y luego ella.
— ¡No! No puedes dejar que eso ocurra. ¡Prométemelo!—Si quieres que te siga haciendo eso que tanto te gusta, debes prometerlo.
—Está bien —aceptó resignado el Director.
— ¿Qué harás para modificar los hechos?
—Antes que nada, trasladaré un equipo a esa época y lugar. Habrá que hacer cálculos de probabilidades y estudiar las alternativas menos conflictivas para evitar cualquier alteración profunda de la historia.
— ¿Todo eso?
—Y, sí. No hay más remedio.
El Director General puso manos a la obra, aunque actuó con la mayor discreción posible, ya que no tenía excusas valederas para utilizar todos los recursos técnicos y de personal que se requerían; en una semana, todo había concluido.
Los desdichados amantes, previo acondicionamiento, fueron traslados hacia un pueblito perdido de Sudamérica en la década de 1950. A partir de entonces vivieron juntos un montón de años y fueron relativamente felices durante la mayor parte de ese tiempo, aunque la vejez los castigó con los achaques que son propios de la edad. El anciano, que había seguido la carrera militar hasta alcanzar el grado de coronel, estaba retirado, pero la pensión era insuficiente, no tenían fuerzas para trabajar la huerta y como vivían aislados del mundo, en los últimos tiempos habían padecido estrecheces económicas. Las necesidades minan el amor, por lo que las discusiones y peleas entre ellos ahora eran frecuentes, en especial cuando debían desprenderse de sus pocas pertenencias para poder subsistir.
Finalmente no hubo más remedio: con gran dolor, él decidió malvender su bien más preciado: el gallo de riña que con paciencia y cariño había adiestrado en los últimos meses.
—Voy a vender el gallo —anunció
—¿Y si no te lo compran? —rezongó ella—. ¿Qué vamos a comer si no te lo compran?
— ¡Comeremos mierda! —concluyó él.
Morfilia dio un salto para conocer el final de la historia y terminó por convencerse de que a los jóvenes amantes les habría convenido un final trágico pero no exento de grandeza. Su inoportuna intervención, motivada por el tedio, había derivado en una caprichosa acción que pospuso el desenlace de los hechos, pero no cambió su rumbo. Julieta murió de hambre y pena y Romeo, arrastró el resto de su existencia miserable en aquel pueblo perdido, aunque consiguió que otro artesano de las letras, un poco más hábil que el que lo había creado, se apiadara de su suerte y lo usara de modelo para escribir la historia de un coronel sin pasado.

Publicado en Breves no tan breves.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Senderos- Miguel Dorelo

Saber elegir no es tan sencillo...

Senderos 1- Miguel Dorelo

Extraviado.
Debía reconocerlo, estaba total y completamente perdido.
Ni siquiera estaba seguro del momento en que había iniciado el camino.
Ignoraba si el final de la senda se encontraba cerca o lejos.
Se resistía, incluso, a hacerse cargo de sus culpas, de haberse adentrado solo en él.
Confundido.
Demasiadas y confusas pistas…o total ausencia de ellas.
Para el caso daba lo mismo; desandarlo ya no era posible.
Seguir.
La única manera de encontrar alguna vez la salida.

Senderos 2- Miguel Dorelo

Alternativa.
Siempre la hay, aún en aquellos intrincados laberintos de frondosas y altas paredes que dificultan la visión, que confunden y ahogan.
Solo es necesario un momento, muy breve, en el que nuestra mente (o nuestro corazón, si así lo prefieren), vislumbra la salida.
Puerta.
Allí está, donde menos la imaginábamos, dispuesta y accesible, al alcance de nuestros pasos, tan cerca.
Meta.
Hasta es probable que no sea la primigenia, la buscada; quizás sea nada más, y nada menos, que la adecuada.


Exclusivo para La Cuentoteca

jueves, 15 de octubre de 2009

Amor casi total- Miguel Dorelo

Crucero en donde la conocí. La amo.

Amor casi total- Miguel Dorelo

La conocí en circunstancias poco habituales.
En un principio me llamó la atención (no era para menos), pero poco a poco, lentamente, me fui enamorando de ella.
Todos hemos viajado alguna vez en uno de esos cruceros intergalácticos que prometen hacernos conocer veintisiete planetas exteriores en cuatro días venusianos, no lo nieguen.
Era mi primer viaje y me tocó sentarme en el tercer nivel de la cuarta cubierta de popa.
Me acomodé en mi asiento ergonómico y casi al instante noté lo que usualmente sucede en estas naves interraciales: en apariencia diseñados para “terriformes”, no se adaptaban del todo a mi cuerpo. El resto de los “asientos” eran el caos habitual: cilindros, contenedores para los seres de plasma de Antares, poliedros, pequeños pesebres para los “niños celestiales” o “jesusitos” como se los conocía habitualmente,etc.
¿Ella? Estaba a un par de metros de mi asiento, “contenida” ya que no “sentada” (no poseía un equivalente a las asentaderas humanas, por lo menos en apariencia) y totalmente inmóvil si no tomamos en cuenta los destellos que emanaban desde la parte color magenta de su cuerpo.
Nuestro primer destino era uno de los satélites de Júpiter, Aitné, en donde tendríamos la oportunidad de inaugurar el nuevo Hilton siete cuásares.
Ya en nuestro destino, volví a verla en el salón principal del complejo; ya no lucía el destellante magenta de la nave, toda Ella se había vuelto traslúcida con un ligero tinte violáceo: su forma de desnudez. No me pregunten porqué; el amor, el verdadero amor, no admite explicaciones de ningún tipo, solo sé que esto incentivó mis sentimientos hacia Ella.
Me dirigí hacia donde se encontraba. Estaba sola y algo apartada del resto, así que me ubiqué cerca para contemplarla mejor. De forma ligeramente oblonga, no poseía ningún tipo de apéndice equivalente a nuestros brazos y piernas, no se observaba tampoco algo que se asemejara a una boca, ojos, nariz ni oído.
Era todo un desafío el que se me presentaba; mi corazón estaba desbordado con su presencia tan cercana, comprendí que ya mi vida no tendría sentido si no lograba que Ella correspondiera a mis sentimientos. Noté que otro de mis órganos, algo más prosaico, también estaba reaccionando ante su cercanía de una manera que hacía mucho tiempo no hacía.
—Tengo que conquistarla —me dije.
Surgió el cómo casi de inmediato; casi todas las razas conocidas tienen insertados en sus cerebros el CCU (Chip de Comunicación Universal) con el cual se había logrado vencer todas las barreras idiomáticas por medios telepáticos. Tuvimos una primera charla de los más interesante e incentivadora.
Resumiendo: soy el hombre más feliz del Universo; Ella siente lo mismo que yo, me lo ha hecho saber.
Nuestro amor es algo sublime, superior en todo sentido, nuestras almas ya no son dos entes individuales sino una sola y fantástica cosa.
Hasta aquí la narración de los hechos acontecidos hasta llegar a este presente mezcla de felicidad e intensa frustración; todos los inconvenientes que nuestro amor tuvo que superar en estos dos días (venusianos, que como todos saben, serían unos cuatrocientos seis días terrestres), costumbres, hábitos alimenticios, períodos de sueños, etc. Todo superado por la intensidad de nuestro Amor, no me canso de mencionarlo; el más hermoso que alguna vez existió.
Pero…
Cuatrocientos seis días son muchos para un auténtico representante de la raza humana.
Corrijo: para un representante macho de la raza humana, joven, hormonalmente sano… y ansioso por consumar esta relación idílica e incompleta.
Sexo, claro que sí. Indispensable, irremplazable. Complementario del amor, si lo prefieren así. Hermoso y satisfactorio: Sexo.
Aunque mis deseos carnales ya son de un tenor imposible de contener y soportar, debo tratar de ser lo más delicado posible; las hembras de Isthar son seres sumamente sensibles y muy reservadas. Es costumbre milenaria y secreto muy bien guardado el procedimiento de la cópula con el macho, sea este de la raza que fuera. Cualquier desliz en el intento de unión puede incluso a terminar con la vida de uno o ambos integrantes de la pareja.
Como bien dice el “Libro Único y Verdadero de la Consumación Final”de la cultura Istharita, “El verdadero Amor guiará a las partes sin necesidad de comunicación alguna en el momento culmine”. Yo la amo y ella me ama; o eso creo. No tendría que haber ningún inconveniente en la cópula,pero…
Mi amor por Ella es muy grande y a estas alturas mi deseo de poseerla es aún mayor, pero también lo es mi miedo a la muerte, por qué negarlo, es por eso que ruego encarecidamente a aquel que lea este relato, haya pasado por una situación similar y tenido la dicha de consumar su relación me guíe, responda al interrogante que he tratado en vano de dilucidar en todo este tiempo.
¿Por donde, por donde, carajo?

Exclusivo de La Cuentoteca

sábado, 10 de octubre de 2009

Una lección de caridad- Miguel Dorelo

Gente de mierda, responsable en parte de que esto siga pasando.

Una lección de caridad- Miguel Dorelo

—Por favor, señora, ¿me da una moneda? Tengo hambre.
—No hijito, eso sí que no. Quizás no lo entiendas, eres muy pequeño, pero si lo hiciera no te estaría ayudando.
—Pero señora, es que tengo mucha hambre.
—Eso ocurre porque eres pobre, porque tienes la fortuna de ser pobre. El Señor tiene un lugar especial reservado para ti, a su lado.
—Pero, me duele mucho la panza, señora; estoy cansado y me mareo. ¿Me compra un sánguche?
—Te haría más daño que beneficio, hijito. Ten fe, reza, acércate a Él. Tuyo será el cielo.
—¡Si no como algo me voy a morir, señora! ¡Por favor! ¡Por favor!
—No es esa la forma de suplicar ayuda al Señor. Debes rezar el Padrenuestro.
—No lo sé, señora. No hay tiempo para el Padresuyo. Hace dos días que no como. ¡No me quiero morir!
—No morirás, si Él así no lo quiere. Repite conmigo: Padre nuestro que estás en los cielos…
—Mi padre no está en el cielo, señora. Por favor, deme una moneda.
—Si no rezas con fe nada obtendrás del Señor. Pero para que veas que me interesan los pobres, te daré algo mejor: te regalaré una enseñanza del Libro Sagrado. Recuérdalo siempre. Dijo San Pablo: “Jesucristo, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza”. ¿Comprendes el mensaje?
—No, señora, no sé qué me habla.
—Debes rezar. Pídele a Jesús y el escuchará tus ruegos. Volveré mañana para ver si has aprendido la lección. Repite: Padre Nuestro que estás en los cielos…
—No sé si mañana voy a estar, señora.
—Ten fe. Estarás.
—No, señora, mañana no voy a estar.
—Rézale a María, entonces. Di conmigo: María, madre de Dios…
—No es así, señora, usted no entiende.
—Sí que entiendo, ustedes son todos iguales. No quieren salvarse, prefieren robarle a la gente decente.

Publicado en Breves no tan breves

martes, 22 de septiembre de 2009

Un cuento común- Miguel Dorelo

Un hombre como cualquier otro

Un cuento común- Miguel Dorelo

Este será un cuento corto, sencillo, sin pretensión alguna.
Sin dobles lecturas ni significados ocultos.
El protagonista es Juan, pero podría ser Pedro, Daniel o cualquier otro hombre común.
Digo: un hombre común con un trabajo común; empleado de un supermercado, albañil, electricista, pintor de casas, repartidor de diarios.
De ninguna manera: doble de riesgo, piloto de avión, payaso de circo, escritor, corresponsal de guerra, activista de Greenpace. Esos no son empleos comunes de gente común y no caben en este relato.
A Juan no le pasará nada extraordinario; no tendrá un encuentro cercano del tercer tipo, no será nombrado heredero universal de una gran fortuna y ni siquiera se despertará una mañana convertido en cucaracha: estas cosas no les pasan a las personas comunes.
¿Solamente los héroes, príncipes, asesinos seriales, amantes trágicos o pilotos de naves espaciales pueden ser protagonistas de un cuento en este o cualquier otro sitio?
—Está bien, te lo concedo, Juan puede ser el protagonista ¿Por qué no? —Me dirán algunos de ustedes, —Pero, ¿De qué va ir la historia? ¿Cómo me vas a entretener? En un cuento tiene que pasar algo interesante, tiene que haber una historia.
—Tal vez, pero no en este —les contesto.
Este cuento es para Juan, un hombre común que quizás algún día lea este relato y sepa que él también tiene derecho a ser protagonista.

Publicado en Breves no tan breves

sábado, 12 de septiembre de 2009

El abandonador serial-Miguel Dorelo

Señales de peligro...

El abandonador serial- Miguel Dorelo

Lo que en su comienzo había sido algo inconsciente, poco a poco se transformó en aquella deliberada forma de comportamiento que, creía, no iba a poder abandonar jamás.
Quizás se tenga que encontrar las razones en las victimas, en parte era su justificación, pero a fuer de ser sinceros, sólo era una excusa para suponerse más inocente de lo que en realidad era. Asumir la propia culpa, siempre le había costado bastante.
Analizándolo fríamente, él nunca había sido abandonado; sus primeras y tumultuosas relaciones sentimentales fueron desgastándose y terminaban diluyéndose sin que se pudieran vislumbrar claramente los motivos.
En algún momento, algo dentro suyo se rompió; lenta y progresivamente se fue transformando en algo deliberadamente perverso.
–No es culpa mía —era su latiguillo favorito, a veces gritado en el rostro de alguna de sus víctimas. Otras veces, cada vez más frecuentemente, estas mismas palabras eran solo susurradas al oído de la que pasaría a engrosar las enfermizas estadísticas de sus abandonos.
Era muy metódico. Un archivo que con regularidad cada vez más frecuente, incorporaba nuevos nombres/víctimas, lo ayudaban a “organizar la cosa”. Un largo listado de nombres femeninos que periódicamente debía actualizar.
Aunque su comportamiento casi enfermizo era de antigua data, los avances en la comunicación fueron sus grandes aliados al seleccionar a sus presas.
Facebook, twitter, las distintas aplicaciones de mensajería instantánea y los comentarios en diversos blogs formaban parte de su coto de caza.
—Este si que fue un trabajito de primera —solía vanagloriarse ante la conclusión de un nuevo abandono.
El método utilizado, aunque sencillo, solía ser muy sutil; la mayoría de las veces era la propia víctima la que creía firmemente haber conquistado y tener el dominio de la situación.
Después todo se deslizaba inexorablemente hacía donde él así lo quería. Quince o veinte días, a veces menos, a veces algunos más, solían ser el tiempo suficiente para el “trabajo de campo”. Mail´s., el chat, mensajitos de texto; le resultaba indiferente el medio, que ella lo designara. Él sabía que su suerte estaba jugada. Jamás en los últimos diez años había fallado. Ni una sola vez.
— ¿Cuál fue tu mejor trabajo? —solían preguntarle un par de amigos que conocían su debilidad.
—El mejor siempre es el último —era siempre su respuesta.
Y no mentía. Aún teniendo a sus favoritos del pasado, la adrenalina que le generaba estar en plena labor lo excitaba como nunca había logrado hacerlo ninguna de sus presas.
Pero, este en especial, su olfato de cazador lo intuía, sería un punto alto difícil de superar.
—Esta no va a ser fácil —reflexionó. Mejor, se dijo.
Desde el vamos supo que era distinta, le estaba llevando más tiempo del normal arrancarle la primer cita.
No era una jovencita, más bien cerca de los cuarenta. Estás nunca le habían dado mucho trabajo, por lo general si no estaban divorciadas y con ganas de compensar años de rutina matrimonial, eran amas de casa casadas y con ganas de probar suerte y carne, con otro que no fuera el de todos los santos días. Casi lo mismo, en realidad. Ambas tenían sus ventajas y sus desventajas. La divorciada por lo general solía estar un poco más a la defensiva luego de los primeros tiempos de desenfreno sexual en que solían incurrir en los primeros seis meses de separadas. Luego, se apaciguaban y se volvían desconfiadas de los hombres en general. Toda separación conlleva un fracaso y la mujer tarde o temprano suele recargar las culpas sobre el hombre. —Son todos iguales —concluyen siempre.
La casada tiene menos rollos; sabe que su compañero ocasional es solo eso; a pasarla bien un par de horas un par de días a la semana y a otra cosa. De vuelta a casa con el maridito.
Esta, pertenecía al primer grupo; el más complicado.
Bastante bonita y todo lo inteligente que es conveniente en una mujer.
En el chat era, o parecía, algo tímida.
—Zorra vieja —la semblanteó rápidamente. Esta es peligrosa.
A veces lo celaba; —debés tener otras en el Facebook —le decía. —Sos libre de hacer lo que quieras, después de todo entre nosotros todo es solo virtual —acotaba en otra de sus charlas.
Él, con su fino olfato, se adaptaba rápidamente y tejía su tela de araña pacientemente.
Cuarenta y cinco días. Ninguna le había llevado tanto tiempo.
Por fin la primer cita. —Y la última —se dijo. —No voy a alargar su agonía; abandono precoz será esta vez. Bastante ya abusó de mi tiempo.
La alarma en su cabeza comenzó a sonar solo media hora después de encontrarse con ella. Era más linda que en las fotos. Su sonrisa, su pelo, su mirada. — ¡Alerta! Algo no anda bien —pensó.
Con el primer beso, el depredador bajó la guardia por completo.
Un par de horas después, la conversión fue completa; jamás se había sentido así.
Ella se levantó de la cama —Ya vengo —dijo con voz dulce. —es solo un segundo, no me extrañes.
Se dirigió a la cocina, había dejado allí su notebook. Abrió el Word y con una sonrisa de oreja a oreja, comenzó a teclear el nombre de él al final de una larga lista.

Exclusivo para La Cuentoteca

miércoles, 2 de septiembre de 2009

No es fácil formar pareja- Miguel Dorelo

Son todas iguales.


No es fácil formar pareja-Miguel Dorelo

—No está bien mezclar las cuestiones personales con lo literario —se dijo inclinado sobre el teclado.
Se concentró en lo que estaba escribiendo. El esbozo de un informe que le habían pedido para una nueva enciclopedia temática. Ya tenía el título: “Los animales hacen cada cosa”. Y también el subtítulo “Por algo son irracionales y no como nosotros”.
—Vamos que vos podés —se alentó.
“La Mantis Religiosa, en época de apareamiento, emite feromonas para atraer al macho.Y comenzó a recordarla; amor a primera vista fue aquello, su dulzura del comienzo y aquellos momentos de paz y sano esparcimiento en las visitas casi a diario al Ital Park. Durante o después de la unión…Ah, el amor y sobre todo el sexo con amor, su timidez extrema en el primer encuentro entre las sábanas y su ardiente y desbordada pasión en las que siguieron. “Para entrar en el cielo no es preciso morir” cuanta verdad en la voz de Ana Belén… suele ponerse muy agresiva…las primeras y malditas peleas, por cuestiones nimias y desgastando poco a poco la relación… y generalmente termina por devorar al macho, empezando por la cabeza”.Si, si maldita hembra: son todas iguales estas hijas de puta. Maldito sea el día que la conocí.
Ya no pudo seguir; eran demasiadas coincidencias.
—No hay nada que hacerle —reflexionó—, siempre voy a ser un escritor amateur; no encuentro la forma de no mezclar las cosas. ¡Malditas mujeres!


Publicado en Químicamente Impuro- Reelaborado para La Cuentoteca.

domingo, 23 de agosto de 2009

Elle y sus silencios-Angel y sus rarezas-Giselle Aronson y Miguel Dorelo

Escenas de la vida conyugal...

Elle y sus silencios- Miguel Dorelo

Creo que por fin encontré a la mujer ideal.Recién nos conocemos, es cierto, pero es tan grande el mutuo sentimiento como la idílica comprensión de nuestras almas.
Algunas veces, las menos, hemos tenido alguna diferencia, no lo voy a negar; ¿Quién no?; pero cuando esto ocurre, echamos manos a un recurso conciliador que surgió espontáneamente desde nuestros corazones enamorados.
Saben, sabiamente nuestras mentes, aferrarse a las coincidencias y dejar de lado las pequeñas, intrascendentes diferencias.Es en la amada poesía, esa que nos acompañó desde el mismo principio de la relación, en donde encontramos el rápido alivio a nuestras cuitas.Una mirada directa a sus hermosos ojos, pone sobre aviso a mi pequeña Elle, sobre lo que a continuación de mis labios surgirá.Raudos, los primeros versos del amado poeta trasandino, corren en salvaguarda del sentimiento apenas empañado por esa ñoña discusión sin sentido, tan fuera de lugar entre dos seres que sin dudas han sido hechos el uno para el otro.
Las primeras estrofas: “Me gustas cuando callas, porque estás como ausente...” te hacen cambiar la mirada. Implacable continúo:…”Y me oyes desde lejos…” Y la ternura invade todo tu cuerpo. …”y mi voz, no te alcanza…”. Y en este momento comprendes que ya no hay razón en el mundo que pueda hacerte sentir ningún enojo hacia mí. La paz ha sido alcanzada por fin.
Me recuesto en mi sillón favorito. Tú de lejos me observas arrobada, en silencio. Por fin callada.Sé que mi pequeño acto, tendrá su recompensa. Elle es muy sensible, gracias a Dios.
Por fin, callada, mí mi Señor.
—Tráeme una cerveza, que ya empieza el partido —ordeno.
No hay nada más placentero que mirar a Boca en la tele, sin escuchar el parloteo constante e histérico de una mujer.
Aunque esa mujer sea mi Elle.

Ángel y sus rarezas- Giselle Aronson

Me dijo que era raro apenas nos conocimos. Supuse que se refería a algunas mañas propias de su edad o la excentricidad que se les achaca a los escritores. Pero no. Ángel es un ser extraño, por demás.
Pude aceptar y comprender sus dificultades con el manejo del celular. Al principio creí que mis aptitudes interpretativas habían alcanzado su máximo esplendor cuando descubrí que mensajes como: “M?s sl ugr fbrshx&”, significaban: “Salgo para allá, poné la pava para el mate”. Era tal el esfuerzo que implicaba tal decodificación que un día lo eximí de responderme por el móvil.Su colección de tes saborizados es la envidia de todas las vecinas del barrio. Guarda con primor, cada saquito en una caja compartimentada de madera, con su nombre grabado en la tapa en un exquisito diseño de letras y flores barrocas.
Y no sabe conducir. Para él, es lo mismo un PT Cruiser que un Renault 4. Claro, que el señor se beneficia del vehículo y de mis servicios de incondicional conductora, pero jamás se ha ocupado del mantenimiento y nunca mostró interés alguno en aprender a manejar.
Esta tarde tengo que llevar a lavar el auto y Ángel está adosado a mí, desde hace horas. Yo lo adoro, debo reconocerlo, este hombre me cambió la vida, pero a veces se pone cargoso, sobre todo cuando voy a salir.Tengo que pensar alguna estrategia que me permita irme un rato, despejarme, tomar un café, leer y visitar a alguna amiga, mientras dejo el coche en el lavadero.
Hoy es domingo y juega Boca. Esa es mi gran oportunidad. Minutos antes que comience el partido voy a volverme muy locuaz y le contaré todo aquello que pase por mi cabeza. No lo podrá resistir y me pedirá, buscando las formas más inverosímiles, que me calle. Yo aceptaré, fingiendo docilidad. Una vez que Ángel esté hipnotizado, en estado catatónico, mirando a su equipo, yo partiré rauda hacia la libertad.

Exclusivo de La Cuentoteca

miércoles, 19 de agosto de 2009

Por ti, soy capaz de cualquier cosa- Giselle Aronson y Miguel Dorelo

No debería ser así, pero...


Por ti, soy capaz de cualquier cosa-Giselle Aronson y Miguel Dorelo

Elle, amor mío, luz de mis ojos; si estás leyendo esta mensaje de amor descarnado, es porque no lo has destruido como a sus antecesores y has decidido darme la oportunidad de poder explicarme, de poder hacer un descargo sobre los hechos que, perdóname si te lo digo, has malinterpretado.
Sé que es difícil que logres comprender que todo fue debido a mi maldita timidez, esa, que tantos problemas me ha ocasionado.
Todos, absolutamente todos los pasos que di, fueron para poder acercarme a ti, el único amor de mi vida.
Cuando me interesé, conquisté y comencé a salir con tu mejor amiga, fue tan solo porque no me animaba a preguntarte un montón de cosas por pudor ¿Quién mejor que ella para conocer todo aquello que sobre ti ansiaba tanto saber?
¿Te acuerdas cuando me mostraste aquella foto de cuando eras niña? Estabas hermosa, mi cielo, resplandecías envuelta en ese guardapolvo blanco del colegio.
Mis ansias de conocer detalles de tu infancia, fueron las que me llevaron a iniciar aquel pequeño romance con tu madre. ¡Cuánto te ama! En esas noches juntos, me contó mil anécdotas sobre tus travesuras.
¿Estás comprendiendo, vida? Todo por y para vos.
También aquellos afaires con tus amigas del Facebook me ayudaron a reafirmar este inmenso amor que siento por tu personita; te adoran y me sentí muy feliz al comprobar de boca de ellas lo buen amiga que eres.
Lo de tu tía María del Pilar, cumplo en decírtelo, fueron tres meses en vano; ten cuidado, ella no te quiere tanto como te dice. Tampoco tus primas Gilda y Nanim; ni siquiera tu ahijada Oriana.
Solo pido comprensión, que abras tu corazón y me des la oportunidad de demostrarte que soy digno de ti.
Y, por favor, no te dejes llevar por las apariencias, no dudes de mi hombría, tu padre y tu hermano mayor, no significaron nada para mí y poco pude sacarles. Solo fue otra manera de acercarme más a tus afectos, aunque con resultados no muy positivos.

Tuyo para siempre. Te amo.
Angel.

P.D.: Perdón, me olvidaba. Si en nombre de nuestro gran amor, decides darme otra oportunidad, te pido un favor: no me esperes este fin de semana largo; me voy tres días a Camboriú con un grupo de científicos para estudiar el comportamiento de la abeja Maia en su hábitat ¡Es increíble lo que pude llegar a hacer esta deliciosa animalita!
Tampoco me llames ni me mandes mensajes; en la reserva ecológica no se permiten los celulares.
Besos.
Eres única.


Angel mío: Comprendo cada una de tus adorables palabras. ¡Cuánto me he emocionado con esta carta! Le agradezco a mi intuición el impulso de abrirla sin destruirla, como he hecho con todas las anteriores.
He podido darme cuenta del sacrificio al que se abocó tu espíritu desinteresado. Alcancé a ver la inabarcable dimensión de tu amor por mí, jamás hubiese imaginado que ser vivo alguno podría sentir de esa forma y ser quien haya despertado semejante adoración. Leyendo tu carta he experimentado, sin dudas, un momento sublime en mi vida, que tendré presente hasta la muerte.
Es por eso que no puedo dejar que continúes con la abnegada tarea de hacer todo lo humanamente posible para llegar a mí, sin revelarte la clave única que te dará el éxito que precisas para poseer mi alma, definitivamente. No eran, ni mi madre, ni mis amigas, ni todos mis familiares, quienes más me han conocido. No es a ellos a los que debías haberte acercado. El camino hacia tu búsqueda era tan claro que no has podido descubrirlo, tan al alcance de tus ojos.
La misma semana en que te conocí, contacté a un hombre que me ayudaría a saber todo sobre tu alma. Al principio nos pasábamos horas hablando de vos, de las estrategias que debía usar para convertirme en tu más grande y verdadero amor. Nos encontrábamos semanalmente primero, diariamente después. Llegó a ser una presencia imprescindible en mi vida, tanto, que con el paso del tiempo ya no fue necesario introducir tu nombre en nuestras charlas, tanta era la confianza que habíamos logrado. Así es como, tu psicólogo, hoy por hoy, es quien más me conoce y más cerca de mí ha estado, dentro de mi cuerpo y alma. Es a él a quien debías haber recurrido.
Mañana parto a las islas Fidji, lo acompaño a un congreso de psicología que allí se dictará durante dos semanas, así que no te preocupes, no creo que tenga oportunidad alguna de comunicarme con vos, mi celular no tiene tanto alcance.
Te deseo muchos éxitos en tus investigaciones
Un cariño
Elle

Exclusivo de La Cuentoteca

sábado, 15 de agosto de 2009

Especial Reforma de la Santa Iglesia-Miguel Dorelo

Escena exclusiva de la visita del Señor a la Santa Sede con motivo de implementar las sanciones a La Cuentoteca por cometer pecado de blasfemia.

Apocalypse Now- Miguel Dorelo

El cielo se oscureció; rayos y relámpagos lo surcaron en todas direcciones.
Un poderoso estruendo, se apoderó de la escena, invadiendo todo.
Se escucharon gritos de asombro cuando la figura imponente fue apareciendo entre fulgores de colores extraños y un fuerte olor a incienso comenzó a expandirse. Rojo, negro, verde y blanco, surgieron de lo alto; los cuatro jinetes habían arribado.
En Armagedón, la batalla final estaba comenzando, y Abaddon, resplandecía.
En los repletos bancos de la parroquia, los feligreses aguardaban ansiosos el final de la historia.
El padre Fermín, en un costado, sonreía satisfecho. De a poco, estaban recuperando a las ovejas descarriadas. Esto de teatralizar el Apocalipsis, había sido una gran idea.
Y la banda sonora, se estaba vendiendo como pan caliente.

Publicado en Químicamente Impuro

Aggiornamiento necesario- Miguel Dorelo

Luego del éxito alcanzado con la puesta del Apocalipsis en la misa vespertina, el padre Fermín decide continuar con las reformas en su parroquia.
El Señor le ha encomendado recuperar a aquellos feligreses que han decidido emigrar a otras religiones.
Próximo objetivo: los niños.
La “Cajita Aleluya”, conteniendo media docena de hostias con distintos sabores, agua bendita gasificada bebible y sobre todo el rosario con puntero láser, está teniendo gran aceptación entre los pequeños.
Entre los más creciditos, el video-juego compatible con PC, Play Station, Wii y Gamecube, multiformato gracias a la intervención del Gran Programador y con la saga del nuevo y viejo testamento, está haciendo furor.
Solo un problemita empaña la alegría del padre Fermín:
—El más copado es Judas —dicen la mayoría de los adolescentes, al elegir personaje para iniciar el juego.

Publicado en Químicamente impuro- Reformado para La Cuentoteca

viernes, 7 de agosto de 2009

Especial Incrédulo- Miguel Dorelo

Como prueba de mi descreimiento sobre estas cuestiones, subo una foto de mi gatito negro; eso sí, agarrando fuertemente mi pata de conejo.

Horóscopo- Miguel Dorelo

Se levantó más apesadumbrado que de costumbre; su mujer lo había abandonado, le quedaban solamente veinticuatro horas para saldar la hipoteca o dejar la casa, encima lo habían despedido de su trabajo y a su edad le resultaría difícil conseguir otro; hoy cumplía cincuenta años.
A pesar de todo, tenía un incentivo: su creencia total en lo que los astros le marcaban; nunca habían fallado en anticiparle el destino. Y a lo mejor…
Salió y a los pocos minutos estaba de vuelta con el periódico, esperanzado.
Allí estaba: en la última página, como siempre. Leyó:
para los nacidos un en un día como hoy, seis de Agosto: tenga fe en el futuro; la solución a todos sus problemas, vendrá desde el cielo en forma de luz intensa.
Hirohito, sonrió: todo mejoraría. Su reloj estaba por marcar las 8:15 horas de ese hermoso día del año 1945 en Hiroshima.

Publicado en Químicamente Impuro

La mala suerte no existe- Miguel Dorelo

Detrás de toda superstición, suele esconderse el miedo y su fiel compañera: la ignorancia.Hoy es viernes 13.Hoy me caso y luego me embarcaré con mi esposa en un crucero de lujo.En el último mes, he pasado por debajo de escaleras, se me han cruzado gatos negros y he derramado sal. Rompí un espejo de la sala y en ese mismo lugar, abrí un paraguas color amarillo. Nada me sucedió, por supuesto; me considero una persona inteligente y alejada de esas supercherías.
Acabo de pasar por la White Star Line y me han entregado los billetes de embarque. Me informaron que saldremos desde Southampton esta misma tarde.
Nuestro viaje de bodas a bordo del Titanic será inolvidable, estoy seguro.

Publicado en Químicamente Impuro


Colorterapia- Miguel Dorelo

Siempre me vanaglorié de ser un ser pensante y racional. Pero, el peor crítico de una persona, suele ser uno mismo. Cuanto tiempo desperdiciado por haber vivido auto engañado por falsas y prejuiciosas premisas.
La primera vez que me hablaron de terapias alternativas, me reí por dentro y tuve que hacer un gran esfuerzo para no hacerlo en la cara de quién me lo propuso.
—No creo en esas cosas —dije.
¡Que equivocado estaba!
Cuando, acosado y sin salida de este estado de depresión nerviosa aguda y al borde de adoptar una resolución fatal, me volvieron a proponer el tratamiento acepté.Y no me arrepiento; estoy curado.
Colorterapia es la palabra mágica.
El violeta intenso del billete de quinientos euros, el siempre esperanzador verde del de cien dólares y el de cincuenta libras esterlinas con su hermosa policromía, han sabido calmar mis nervios.
Soy otra persona.

Publicado en Químicamente Impuro



martes, 28 de julio de 2009

Un buen trabajo- Miguel Dorelo

Un simple destello marcará el final de un trabajo perfecto...

Un buen trabajo- Miguel Dorelo

Paciencia, sobre todo mucha paciencia. Ahí está la clave.
Solo esperar el momento exacto.
Estar atento al más mínimo movimiento y sobre todo, no subestimar nunca al objetivo.
Una buena herramienta de trabajo resulta imprescindible; la mejor aliada para conseguir resultados óptimos.
Gracias a Dios, lo proveían con materiales de primera; esa misma mañana se había deleitado contemplando su nuevo “juguete”: zoom 2.5-10 x, intensidad luminosa variable, cristales Hi-Resolution multitratado de catorce capas y apto para el día y la noche. Una joyita.
A través del objetivo de 50 mm. volvió a observar: un magnífico ejemplar macho, muy joven, solo. Mejor. Cuando actuaban en parejas, todo se complicaba.
Ajustó el corrector de dioptrías y aguardó.
Realmente, una cabeza magnífica, se dijo.
Estaban dadas todas las condiciones para la realización de un trabajo de primera.
Aún no…, murmuró.
Esperaría a que la luz le diera de lleno.
Siendo más joven, la ansiedad lo había llevado a cometer un par de errores que luego lamentó. No estaba dispuesto a volver a repetirlos.
Otro vistazo…
Son más inteligentes de lo que se podría suponer; casi se diría que sospecharan algo. Este en especial, calculaba cada uno de sus movimientos como si lo hubiese olfateado, aunque sabía que por la distancia a la que se encontraba, esto no era posible.
A pesar de su profesionalismo se sentía exultante, ansioso. Sabía que cuando lograra cumplir con su cometido se sentiría muy orgulloso. Su padre lo había hecho antes y en momentos como este, solía recordar las anécdotas que le contaba cuando aún era un adolescente. Hermosa época aquella en la que decidió que seguiría sus pasos.
Se estaba moviendo de nuevo, esta vez con menos precaución. Siempre terminaban por confiarse.
¡Ahora! Su dedo índice actuó casi por instinto. Un pequeño destello y aquél familiar sonido, música para sus oídos.
Estaba hecho.
Con una sonrisa a flor de labios, comenzó a desarmar el equipo.

—Buen trabajo, como siempre —lo felicitó el jefe del operativo observando el cuerpo.
Es más joven de lo que suponíamos en un principio. No se preocupe, el sujeto era menor de edad pero con un frondoso prontuario. Hablé antes con el juez y autorizó la operación: parece que entre los rehenes de la farmacia justo había una clandestina noviecita suya y no quería correr riesgos.
Váyase a su casa que yo me ocupo de todo.
Y saludos a su padre.


Exclusivo de La Cuentoteca

sábado, 25 de julio de 2009

Koro, o el extraño caso de la masculinidad perdida- Miguel Dorelo

El lugar donde acontecieron los terribles hechos aquí relatados.

Koro, o el extraño caso de la masculinidad perdida- Miguel Dorelo

Si tan solo hubiera investigado un poco, me digo a veces. Pero, ¿Como podría haber vinculado lo que me está sucediendo con una simple visita a un país, por más exótico que este fuera? Pero las consecuencias, están a la vista: mi pene se achica día a día y esto me está causando una terrible depresión.
Me explico: me gusta viajar por todo el mundo. He recorrido casi todo el planeta, mi sólida posición económica me lo permite. Por lo general me gusta viajar solo. Una vez tuve la fatal idea de contratar un tour de esos que desde unos folletos te invitan a “conocer quince países en quince días” y con los que terminé conociendo quince hoteles, quince ómnibus de traslado y otros tantos locales de comidas autóctonas, todas ellas elaboradas bajo licencia de la Aboriginal Globalizol Food.
Nunca volví a contratar un servicio de ese tipo.
Si hay algo de lo que estoy seguro, es la imposibilidad de que un turista conozca realmente un país. Por eso, en todos los lugares, trato de empaparme de sus costumbres, de respetarlas y no cuestionar aquello que no comprendo.
Pero bueno, como introducción creo que ya fue suficiente, en verdad ya no sé que hacer. Lo mejor, creo, es relatar lo que me pasó en ocasión de mi visita a la República Popular China.
Fue hace seis meses. Comencé como siempre, buscando alguna información, algún asesoramiento básico, hice un curso intensivo de hipnopedia con el cual adquirí el conocimiento necesario del idioma como para no depender de un tercero para relacionarme con los nativos del lugar. Como dije, no tengo problemas de índole económica.
Llegué a Pekín y luego de un par de días, decidí que era hora de conocer a la verdadera China, visitando pueblos del interior.
Esa decisión estaba destinada a ser la más importante de mi vida.
El calvario por el que estoy pasando, tuvo su comienzo en un pequeño poblado del distrito de Hualién. Fiel a mis costumbres, comencé a interiorizarme de la idiosincrasia de los habitantes del lugar. Aprendí algunos vocablos típicos de la zona, algunas de sus costumbres, me vestí como ellos, y por fin, comencé a tener sexo con sus mujeres. Luego, ya entrado en confianza, también con algunos jóvenes del pueblo. No puedo asegurar que esto haya sido determinante, algunos especialistas a los que consulté, se inclinan por descartarlo. Aclaremos: lo que me sucedió no es contagioso, no tengan miedo. Visiten China, es realmente un país hermoso.
Hasta ahora este tipo de trastorno de tipo mental con consecuencias físicas, sólo se habían dado exclusivamente en unos pocos individuos de esta raza; jamás blanco alguno había sido afectado. Realmente, soy un pionero.
No crean que esto del achicamiento me preocupe. Bueno, un poco quizás; lo que me asusta es lo otro. Esta enfermedad suele evolucionar en una invaginación en su primera etapa para luego transformar por completo los órganos internos; lentos y progresivamente se forman el útero, los ovarios y las Trompas de Falopio.
La primera menstruación es casi inmediata, aunque la segunda ocurre a los cuarenta y siete días exactos. A partir de ese momento todo se estabiliza. Sinceramente, creo que por mi carácter altamente sensible, me será muy difícil manejarlo. ¿Me convertiré en una histérica una vez por mes?
Ya no aguanto más. Estoy cambiando por fuera y por dentro y no solo físicamente; ayer me desperté pensando en lo lindo que sería tener un busto más grande y empiezo a sentir adoración por los animalitos de peluche.
Pero, el hombre que he sido durante tantos años, por suerte se resiste.
El futuro cercano, la evolución de esta enfermedad y sus consecuencias inmediatas, ya no me dejan dormir; la posibilidad de embarazo no sería extraña.
El dolor durante el parto, las complicaciones que se podrían generar por la naturaleza de mi cuerpo primigenio, y sobre todo el tener que cambiar pañales a esta altura de mi vida, es demasiado.
Hoy, tal como están las cosas, creo que mi final está cerca. Si esta maldita enfermedad no termina conmigo, lo haré yo mismo. Lo tengo decidido.
Adios.

Koro: Es un tipo de trastorno mental que sólo se da en la China. El enfermo cree que su pene se va reduciendo progresivamente hasta invaginarse en el abdomen y causar la muerte. En un 30 o 40% de los casos el enfermo tiene asociada una depresión, pero el resto no tienen ninguna otra patología. El paciente puede llegar a morir por esta enfermedad.

Publicado en Breves no tan Breves. Reelaborado para La Cuentoteca.

miércoles, 15 de julio de 2009

Crónicas Principescas: una odisea especial- Miguel Dorelo

El autor aclara que el Príncipe protagonista del relato a continuación NO es el señor de la fotografía...pero bien podría serlo.

Crónicas Principescas: una odisea especial- Miguel Dorelo


Todo podría haber sido muy simple; hijo único del monarca y sin más preocupaciones que las de dejar transcurrir los días gozando de los privilegios de la realeza: no hacer prácticamente nada y recibir mucho a cambio. Pero, no todo son mieles en la vida.

Joven y ya en edad de merecer, los problemas comenzaron para el joven Príncipe cuando posó su mirada en la más bella doncella del reino; una joven ninfa cuya belleza solo era superada por su pureza, tanto de espíritu como de cuerpo. Largos cabellos renegridos, contrastando con una piel de un blanco níveo y unos ojos color del cielo en una mañana de primavera. Un cuerpo en esa fantástica etapa en que no hacía mucho tiempo era de una casi niña y que estallara de golpe en una mezcla de voluptuosidad e inocencia, alterando sobremanera las hormonas de nuestro héroe, sumiéndolo en un constante estado de excitación.
Pero tal belleza no podía pasar desapercibida. Uno de los Dioses de aquel reino, quedó prendado de semejante joven y al ver que ésta miraba con buenos ojos al musculoso Príncipe, decidió poner trabas a la posible relación amorosa entre ambos.
Un atardecer en que el heredero al trono, había salido a cazar con un grupo de amigos y habiéndose internado en un espeso bosque, notó que de repente se encontraba solo. No era la primera vez que esto le pasaba, casi siempre se perdía y no se preocupó demasiado. Llevaba siempre con él un silbato que su padre le había atado al cuello hace unos años, luego de la séptima vez que se había extraviado y ya cansado de perder tiempo, hombres y recursos para encontrarlo.
—Por lo menos, papá me quitó esos incómodos cascabeles acoplados a manos y pies —reflexionó el Príncipe.
Esperó un tiempo hasta que se dio cuenta que ya no lo encontrarían y llevándose el adminículo a la boca, sopló con todas sus fuerzas. Nada se oyó.
—Debo estar sordo, se dijo, y esperó dos horas más. Al ver que nadie acudía, volvió a soplar. Tampoco esta vez escuchó nada. Siguió esperando. Se entretuvo mirando los grandes árboles que lo rodeaban y los pequeños pájaros que sobrevolaban el lugar. Estos últimos lograban levantarle un poco el ánimo con sus alegres colores y sobre todo con sus armoniosos trinos.
Luego de otra hora de deleitarse con el canto de las aves, razonó: —escucho a los pájaros, ya no estoy sordo —y presurosamente se llevó el silbato a la boca. Ningún sonido salió.
— ¿Me habré quedado sordo de nuevo? —se preguntó.
Tan enfrascado estaba en resolver semejante misterio, que no vio que a su lado se encontraba un ser de aspecto misterioso. No lo había oído llegar.
—Se debe haber acercado en uno de los momentos en que he estado sordo —se dijo.
— Oh, Príncipe heredero, elegido de los Dioses, no caviles más sobre lo acontecido en las últimas horas. He sido enviado a ti para despejar todas tus dudas. Sólo pregunta y yo responderé.
— ¿Quién eres? ¿De donde vienes? ¿Cómo sabes quién soy yo? ¿Por qué he quedado sordo?
—Soy el que soy, pero muchos se refieren a mí como el Oráculo y vengo desde muy lejos y a la vez de muy cerca.
—No entiendo lo que dices. ¿Cerca o lejos? ¿Que clase de nombre es ese? — repreguntó el Príncipe.

—Con gusto responderé, si es que no me interrumpes. ¿Que clase de Oráculo sería si no te reconociese? Ah, y no has quedado sordo en ningún momento. El silbato ha sido inutilizado para que no puedan hallarte tus acompañantes.
— ¡Fuiste enviado por mis enemigos! ¡Probarás el filo de mi espada!
—Cálmate y escucha, zopenco. Todo tiene su lógica explicación, aunque para ti, quizás lo lógico poco signifique.
—No te entiendo. Habla más claro. Además, mucho Oráculo, pero ese no es mi nombre.
—Trataré de expresarme lo más sencillamente posible, pero sospecho que no me será nada fácil hacer que comprendas. Sé que has puesto tus ojos en la más hermosa doncella del reino, y que a ella no le eres indiferente, pero el destino, ha puesto en tu camino un gran escollo; uno de nuestros Dioses ha fijado su mirada también en ella, y valiéndose de sus influencias, ha conseguido que sus pares pongan a prueba tu amor por medio de
algunas tareas que deberás cumplir para ser considerado su pretendiente.
—No comprendo.
—Que si no pasas unas pruebas, deberás olvidarte para siempre de ella, ganso.
—No, no, de ninguna manera, yo la amo y quiero ser su primer y único hombre. Ninguna prueba, por más difícil que sea podrá impedirlo. Ganso, tampoco es mi apelativo.
—Ja! Ya lo veremos —fueron las últimas palabras del Oráculo.

Una luz envolvió el lugar, cegando por un momento al Príncipe. Cuando recuperó la visión, el Oráculo ya no estaba frente a él; la escena no era la misma: se encontraba a gran altura y al borde de un abismo. Delante suyo, una gran muralla de miles de pies de altura, con dos puertas. Miró, tanto el precipicio como la muralla, y luego de considerarlo durante 45 minutos, decidió que la única manera de salir de allí era por una de ellas. ¿Pero cuál? Seguro que una lo conduciría hacia su perdición. Había visto algo así en un sueño hace un tiempo, y en su mente de niño (solo contaba con 19 años en esa época), había quedado marcada esa experiencia.
Observó cuidadosamente a ambas. Eran idénticas. Del mismo tamaño. No veía ninguna señal que le indicase cual era la correcta.
—Confiaré en mi intuición — se dijo, y se dispuso a abrir una.
—— ¡Esa no, zanguango!, se escuchó al instante.
— ¿Quién dijo eso? Si no te identificas, ¡Probarás el filo de mi espada! (le gustaba decir esa frase. Le sonaba heroico y principesco). Además ese tampoco es mi nombre.
—Yo —dijo un sapo con cuerpo de sapo, patas de sapo y boca de sapo.
— ¿Hablas? Seguramente eres un príncipe como yo… y has sido hechizado… y esperas a tu princesa… y ella vendrá… y te besará y….
—Cállate, tontuelo, soy un sapo nada más. Solo me fue dado el don del habla, para poder servirte de ayuda en esta primera prueba. Deberás contestar correctamente a un acertijo y te será indicada la salida correcta. Presta atención:

A un árbol me subí,
Donde manzanas había.
Si manzanas no comí,
Y manzanas no dejé,
¿Cuántas manzanas había?

—No me gustan las manzanas — dijo el Príncipe.
— ¿Qué carajo, te gusta, entonces? —dijo el batracio, poniéndose más verde de lo habitual.
—Y…, las bananas.
—Bueno, distinta fruta, mismo acertijo. ¿Cuantas bananas había?
— ¿Dónde?
— En el árbol — dijo el sapo, al borde del llanto. Piensa en bananas.
— ¿Una ayudita?
El sapo, que había sido sobornado por un Dios enemigo del otro para facilitarle las cosas a nuestro héroe, trató de ayudarlo.
—Piensa en el singular y el plural.
— ¡Maldito sapo bastardo! ¡Quieres confundirme! Dijiste que pensara en bananas. ¡Probarás el filo de mi espada!
El enviado no solo hablaba, también podía llorar. Entre llantos y quejidos se lo pudo escuchar diciendo: —dos, dos manzanas, o bananas o la fruta que prefieras. La respuesta correcta es dos, infradotado.
— No comprendo por qué, pero aceptaré y haré mía tu respuesta. Dime ahora cual es la salida correcta. Ah…sigues sin acertar con mi nombre.
— La de la izquierda — respondió el sapo con un hilo de voz.
— Bien. Ya nos volveremos a ver — aseveró el patovica empujando la puerta.
— ¡La otra!— fueron las últimas palabras del sapo, antes de arrojarse por el precipicio.

Mientras tanto, en la capital del reino, esperaban con ansiedad los resultados de las pruebas por las que el heredero tendría que pasar. Se transmitía todo tipo de información de lo acontecido por medio de un ejército de corresponsales, las 24 horas. En esos días se habían agotado las pantallas LCD y todos los hogares, aún los más humildes contaban con una de ellas y el estado los proveía gratuitamente de la conexión satelital. Pan y circo: una fórmula infalible en cualquier tipo de gobierno.
La Doncella, encerrada voluntariamente en una suite del palacio al que había sido invitada, calmaba su ansiedad haciendo zapping por los distintos canales que informaban sobre las hazañas de su probable futuro esposo, pero quizás por una falla técnica, quizás por intervención divina, observó en una de las pantallas unas imágenes algo confusas.
Nunca había visto algo igual: hombres y mujeres desnudos se entregaban a prácticas a todas vistas poco acordes a lo que acostumbraban a ver sus cándidos ojos. Estos últimos, a pesar suyo, no lograban apartarse de las imágenes y pudo observar que los participantes de aquellas escenas parecían muy felices. Un calor sofocante comenzó a recorrer su cuerpo, y sus manos, tomando la misma actitud que antes sus ojos, parecían no querer obedecerla y comenzaron a actuar por su cuenta.
Un rato después, ya calmada, se preguntó que sería todo eso que había acontecido.
Llamó a uno de sus pajes, habitual confidente, el negrito ese que el rey había puesto a su servicio, y le contó lo sucedido. El paje, muy servicial por cierto, sació totalmente a la ex -cándida doncella de las dudas que esta tenía, tanto teórica como prácticamente.

Mientras tanto, nuestro amigo, que había escuchado a tiempo las últimas palabras del finado sapo, atravesó la puerta para toparse enseguida con la nueva prueba.
Se encontró esta vez en un amplio y árido lugar, llano y casi desértico… Si no fuera por un enorme dragón alado que babeando y con los ojos desorbitados miraba al príncipe con inequívocas intenciones. Grandes columnas de humo verde oscuro salían de sus fosas nasales: el fogoso ataque era inminente.
Lejos de amilanarse ante semejante enemigo, el príncipe desenvainando su arma y al grito de — ¡Probarás el filo de mi espada!—, se abalanzó contra la bestia, cercenando con un certero golpe la cabeza del monstruo.
Ante el cuerpo inerte, esperó pacientemente y con la espada en alto durante seis horas el héroe, hasta que una voz desde las alturas se dejó oír:
— ¿Qué esperas, OH, valiente y aguerrido Príncipe? ¿Acaso en tu infinita bondad, elevas una plegaria por el alma del animal vencido? Debes saber que tal engendro del mal no posee alma alguna por la que debas pedir.
—Estoy esperando que salgan —dijo el Príncipe.
— ¿Qué salgan? — preguntó la voz.
—Si, que salgan las otras seis.
— ¿Qué otras seis? —indagó totalmente desorientada la voz.
—Las otras seis cabezas del Dragón, así podré cortarlas de un solo tajo y superar esta prueba y reencontrarme con mi amada.
—Has escuchado demasiadas historias fantásticas en tu infancia, grandote descerebrado, los dragones solo tienen una cabeza, como todo el mundo sabe, y además este ya está despidiendo un olor bastante fuerte. Está más muerto que tus neuronas —dijo la voz, perdiendo su compostura divina.
—Bueno, mejor así. Eres observador por lo que veo. Poseo un gran cuerpo por cierto, pero tú tampoco aciertas con mi nombre.

En palacio, la aspirante a Princesa consumía sus horas totalmente sumida en su nuevo pasatiempo; con la excusa de “aclarar sus dudas sobre los extraños comportamientos que había observado en la pantalla”, había consultado sobre dichos sucesos con el jefe de guardia de palacio y luego con el fornido encargado del polvorín.

—Ahora sí. Llevadme junto a mi prometida, que estará ansiosa por verme. De prisa.
— Espera, poco seso. Todavía falta una prueba —le dijo un tipo de lo más común. Los Dioses, estaban ya hartos de lidiar con las pocas luces del Príncipe y sus enviados no eran lo que habían sido.
— ¿Más todavía? ¿Y ahora que tengo que hacer?
—Nada, solo cerrar los ojos y poner tu mente en blanco.
—Lo de los ojos, creo que me va a salir, pero lo otro…
—Deja, deja. Nosotros nos encargamos.
Un pequeño grupo apareció de la nada como siempre. Lo integraban dos científicos con pinta de científicos, un psicólogo que así aparentaba, un técnico con facha de técnico y una secretaria.
Hicieron sentar al Príncipe y conectaron a su cuerpo diversos cables, chips de silicio mejorado y varias terminales USB. El técnico conectó todo a un pequeño dispositivo, mientras la secretaria tomaba notas de todo y mostraba sus hermosas piernas.
—Ahora, solo cierra tus ojos y relájate—dijo el psicólogo.
Bajo la atenta mirada de los dos científicos, el técnico terminó de hacer unos últimos ajustes.
Un zumbido casi inaudible dio la pauta de que la última prueba había comenzado.
Consistía en una serie de impulsos electromagnéticos de ondas Alfa, Alfa Centauri, Beta y Beta Centauri que serían transmitidos directamente al cerebro del Príncipe. La finalidad de tal bombardeo físico-cuántico, era inducir a la mente del enamorado jovenzuelo hacia distintas vivencias y sensaciones que lo hicieran olvidarse de la Princesa y del amor que sentía hacia ella. Solamente podía contrarrestarse con una gran fuerza de voluntad o un amor tan inmenso como nunca antes se hubiera visto.
Las primeras imágenes fueron recreadas en la máquina para ser enviadas al cerebro del Príncipe: mujeres desde los 14 hasta los 62 años desnudas, semidesnudas y vestidas de colegialas, enfermeras, jugadoras de hockey. Rubias, morochas y pelirrojas. Altas, bajas y enanas. Jugadoras de hockey enanas vestidas de colegialas. Todas las combinaciones fueron probadas.
— ¿Resultados?—preguntaron los científicos.
—Nada—respondió el técnico.
—Nada—anotó la secretaria, subiéndose más la pollera.
—Evidentemente nuestro Príncipe solo tiene ojos para su amada y despreciaría a cualquier otra mujer que le pusiéramos en su camino —analizó el psicólogo.
—Pasemos a la segunda fase —dijeron los científicos.
Se enviaron a continuación imágenes de hombres vestidos de camioneros, de obreros de la construcción y de desnudos hombres de color, para cerciorarse sobre los gustos sexuales del Príncipe.
— ¿Resultados?
—Nada.
—Nada —anotó la secretaria, desprendiéndose un botón de la blusa.
Durante un largo rato se siguió enviando todo tipo de imágenes y sensaciones tratando de doblegarlo: imágenes de riqueza, poder, inclusive del futuro, en donde ya la pasión en la pareja dejaba paso al tedio, el aburrimiento y a la discusión por la causa más banal.
— ¿Resultados?
—Nada —dijo el técnico.
—Nada —anotó la secretaria, arrojando el corpiño.
—Creo que deberíamos dar por superada la prueba —concluyó el psicólogo, les aseguro que el amor que el Príncipe siente por su doncella es tan inmenso que nada que hagamos por combatirlo dará resultado. Realmente me ha conmovido.
—Bien —dijo uno de los científicos dirigiéndose al técnico—, alcánzame el informe final y daremos por concluida la prueba. Parece que habrá boda en el reino.
— ¿Qué informe? —balbuceó el técnico.
—El de los resultados del efecto que debería haber causado cada una de las pruebas en el cerebro de nuestro Príncipe y de cómo su mente enamorada resistió todos los embates.
—Es que no hay ningún informe.
—Pero si cada vez que te consultábamos nos decías que nuestros esfuerzos eran rechazados por su mente.
—No, aquí hay un malentendido, cuando yo decía nada, era eso exactamente. Desde el primer intento en cargar la primera imagen en el cerebro del Príncipe, recibí un mensaje diciendo “no hay suficiente espacio neuronal”y después nada, como les iba diciendo cada vez que me preguntaban.

Ya cansados los Dioses de toda esta farsa, claudicaron al fin, hicieron desaparecer a los científicos, al técnico y al psicólogo. Entregaron a la secretaria al Dios que los había embarcado en este embrollo, autorizando al mismo a “visitar” cuantas veces quisiera a la Doncella siempre y cuando ella lo autorizara y todo volvió a la normalidad.

Finalmente el Príncipe y la Doncella se casaron.
En la noche de bodas el Príncipe se portó como un verdadero caballero:
—Amada mía, te prometo ser lo más delicado posible en ésta, tu primera vez.
Así lo hizo.
— ¡Aaay! Dijo la ahora Princesa en forma bastante convincente, dejando de esta manera muy, pero muy feliz a su flamante esposo.
Pasaron los años, vinieron los hijos, vinieron nuevos pajes, encargados de polvorines, capitanes e inclusive escuadrones completos.
Ambos fueron muy felices, aunque la sonrisa en la cara de la Princesa siempre fue más ancha que en la de él.


Exclusivo de La Cuentoteca

lunes, 6 de julio de 2009

La lección- Miguel Dorelo

A veces somos esclavos de nuestras palabras...


La lección – Miguel Dorelo

El grupo de los jueves tendría esa noche la “charla previa de admisión”.
Desde hace un tiempo acostumbraban a realizar una pequeña reunión para analizar la probable entrada de un nuevo miembro al pequeño grupo de amigos que desde algunos años se juntaban todos los jueves en una cena en el lugar que asignaba “el anfritión” de esa semana. Generalmente esto se hacia en la propia casa si el que organizaba era soltero.
Aunque no existía ningún tipo de reglamento ni estatuto, si había pautas de comportamiento. Esto fue surgiendo naturalmente y aunque era en cierto modo flexible, casi nunca se cuestionaban los “usos y costumbres”del grupo.
Tampoco existía ningún cargo administrativo ni categoría de miembros, aunque por supuesto estaban aquellos que por características personales se destacaban más que otros. Sobre el número de miembros, aunque no existía un límite exacto, resultaba natural mantenerse en una cantidad tal que no fueran tantos como para que cada uno tuviera la atención que se buscaba establecer, ni tan pocos como para que se volviera tedioso escuchar siempre las mismas cosas. La experiencia, les había echo ver que cuando pasaba demasiado tiempo con la misma cantidad de miembros, por lo general esto terminaba por ahuyentar a los mas interesantes, que simplemente dejaban de pertenecer al grupo.
Por este motivo se estableció que de vez en cuando se trataría de incorporar gente nueva.
Así ocurrió con Aníbal; había sido presentado por Ernesto y ese jueves en particular estaban casi todos presentes.
Luego de las presentaciones de rigor se le pidió al aspirante que hiciera un pequeño racconto de los motivos por los cuales debería ser admitido.
—En realidad fue por insistencia de Ernesto; les soy franco: soy un poco reacio a incorporarme a estas especies de cofradías. Él me explicó que se trataba de un grupo de amigos que se reunía sobre todo para charlar libremente sobre el hombre y su entorno. En esto, precisamente radican mis principales dudas. El ser humano suele caer en la tentación de sobrevalorarse, creer que es el centro de todo; la humildad no suele ser su característica principal. Somos pocos los que nos dimos cuenta que somos casi una nada, un simple accidente. Deberíamos tomar conciencia de esto, mirar a nuestro alrededor; comparados con la naturaleza y su obra somos una mierdita de pájaro. ¿Somos capaces de “hacer” una simple naranja, por ejemplo?
Por mi amistad con Ernesto, lo intentaré, aunque no creo que pueda adaptarme —terminó su alocución con aire sobrador.
–Agradecemos su sinceridad. El próximo paso, como ya sabrá, es lo que denominamos “cena de admisión final”. Solo usted y un miembro de nuestro grupo que designaremos de entre los aquí presentes.
Dos días después, todo estaba preparado.
Francisco había sido designado como anfitrión y a la vez encargado de realizar la evaluación final del aspirante. El comportamiento del mismo en la velada, decidiría su incorporación o no al grupo.
Ambiente intimista invitando a la relajación y la mesa lista con los platos a degustar.
—Adelante, póngase cómodo —invitó Francisco.
Con aire seguro, Aníbal se sentó a la mesa en el lugar que se le señalaba. —Gracias —respondió.
Todo estaba servido ya, esperando que los comensales empezaran a disfrutar de lo que parecían verdaderas delicias culinarias.
—Permítame una breve descripción de la cena; soy un apasionado gourmet y realmente disfruto con la presentación de los platos, los que he elaborado personalmente.
De entrada, setas con jamón al vino blanco. Calenté aceite de oliva en una cazuela de barro, salpimenté las setas y las añadí a la cazuela. Luego que el líquido se consumiera, añadí un poco de harina y el jamón, rehogué durante dos minutos y le incorporé el vino blanco. Cuatro minutos de cocción e inmediatamente lo volqué en este contenedor térmico. Debe comerse caliente.
Como plato principal, un delicioso solomillo de cerdo. Hay que dorarlo previamente en aceite y retirarlo. En el mismo aceite, agrego cebolla, pimientos rojos y ajo picado. Incorporo luego el solomillo agregando un poco de vino, especias y queso blando. Cocino a fuego lento y listo.
Para el postre algo sencillo, tradicional y casero: flan de huevo. Preparo el típico caramelo con agua y azúcar. Caliento leche. En un bol bato huevos y azúcar; incorporo la preparación a un molde previamente encaramelado y lo llevo al horno a 200 º C durante una hora a baño María. Frío y listo en la heladera.
Bueno, discúlpeme si me dejé llevar por el entusiasmo, la cocina me apasiona. Esto es lo que comeré en esta noche especial. Acompañado por un vino Californiano de primera: un coupage o mezcla 47 % Cabernet Sauvignon, 38% Merlot, 8 % Cabernet Franc y 7 % Malbec.
—Disculpe ¿Comeré, dijo?
—Así es —nuestro grupo se preocupa por hacer sentir cómodo a nuestros probables compañeros. Teniendo en cuenta sus reservas con respecto al hombre y sus creaciones y su gran admiración por la naturaleza, me tomé el atrevimiento de prepararle un menú más acorde a su idiosincrasia –dijo destapando un sector de la mesa hasta ese momento oculto por un lienzo —entrada de lechuga y tomate solo con sal, luego brotes de soga frescos. De postre, su preferido: una naranja. Esto acompañado de toda el agua mineral sin gas que le apetezca.
Ese jueves, Aníbal debutó como miembro; el haber aprendido la lección y sobre todo sus carcajadas en la noche de admisión, le abrieron las puertas del grupo.
De ahora en más pensaría un poco más antes de abrir la boca para hablar. Esa noche había comprendido que con muchos defectos y algunas virtudes, el ser humano se merecía una oportunidad.


Exclusivo de La Cuentoteca

lunes, 29 de junio de 2009

Sobre amores y renunciamientos- Miguel Dorelo

¿Cuanto puede soportar un gran amor?


Sobre amores y renunciamientos- Miguel Dorelo

Siempre que uno se enamora, renuncia a algo. Esto es así.
Casi se podría medir la intensidad de un amor con solo prestar atención a lo que ella o él han renunciado en pos de la concreción del vínculo amoroso.
Pero, ¿Existe algún límite que no es posible trasponer por más enamorado que uno esté?
El amor no conoce de ese tipo de especulaciones, dirán todos o casi todos los que alguna vez vivieron un gran romance; por ella, o por él, soy capaz de renunciar a todo.
Ricardo opinaba así. Opinaba, bien digo. En pasado. Ya no.
Lo ideal no existe. Eso está claro. Cuando nos enamoramos no elegimos de quién hacerlo; no pocas veces, el objeto de nuestros sentimientos es comprensiblemente alguien que no comparte nuestros modos o nuestros gustos en su totalidad. Esas pequeñas diferencias suelen ser un incentivo para la relación; enamorarse de alguien demasiado semejante a uno mismo, aunque en estos tiempos está siendo cada vez más natural, es solo una especie de onanismo más sofisticado.
—Bueno, pequeñas diferencias, quizás. Pero ésta —trata de justificar Ricardo.
—Por favor no me interrumpas cuando estoy tratando de poner en situación a los lectores.
—Pero, estás hablando de mí, después de todo.
—Estoy. Pero a modo de ejemplo; lo que realmente me interesa es divagar un poco sobre amores y renunciamientos. No voy a negar que lo que te pasó se presta perfectamente a lo que quiero decir, pero bien podría utilizar otra historia.
—Te estás mintiendo y lo sabés. No peleemos. Dejáme que te ayude. Quién otro mejor que yo mismo para relatarlo.
—Que bien. Esto ya me pasó: el personaje queriendo copar el relato. Lo hacemos entre los dos. Presentáte. Yo te sigo.
—Como bien dijo el señor, me llamo Ricardo. Como cualquier hijo de vecino, conocí a una señorita y me enamoré de ella. Luciana, se llama.
—La historia…
—Va, va. Nos conocimos, empezamos a salir, etc. Lo habitual. El conflicto surgió cuando empezamos a descubrir nuestras diferencias, menores al principio, pero que cuando llegó el momento de intimar se acentuaron.
—Eso, eso; detalles escabrosos en lo posible, para que no decaiga el interés.
—Los necesarios para que se entienda el concepto y podamos establecer las pautas necesarias para una correcta interpretación de los hechos. Sigo. Soy una persona de lo más común y rutinaria; en materia sexual, un macho promedio, si se me permite expresarlo así. Ella no. Ella es distinta. Ella, practica el sexo tántrico.
—Ubiquemos al lector.
— ¿Ponemos un enlace a la Wikipedia?
—No. ¿Y si el día de mañana esto se publica en papel, eh? Haga una síntesis.
—Bien. La principal carácterística del sexo tántrico es la de prolongar la relación sin llegar a la eyaculación; en palabras de Luciana, la técnica más adecuada para conseguir un óptimo resultado: “ Vos seguime. Quedáte quieto, relajá los músculos genitales y anales y empuja la lengua contra el paladar, justo detrás de los dientes".
—Complicado.
—Hay más. “Permanecé quieto y respirá profundamente y con regularidad. Retirá el pene hasta que pase la urgencia y alterná nueve empujones débiles con uno más profundo”.
—Hay que contar.
—Solo mentalmente. “Presioná el perineo con el índice y el pulgar entre el ano y el escroto. Lo puedo hacer yo, si no te animás”.
—Chanchita, la Luciana.
—Es solo técnica. “Colocá el pulgar en el frenillo en la parte inferior del pene, con los dedos índice y medio en las ondulaciones del glande y apretá durante diez a quince segundos”.
—También se necesita un cronómetro.
—Me las arreglaba con el despertador en la mesita de luz. En esencia eso es todo…y no eyacular, claro.
—Pero eso no es lo que llevó a la ruptura de la pareja.
—No. La amaba tanto que me adapté. Tuve que hacer un curso rápido de anatomía y al principio anotaba las instrucciones en una pizarra que ponía a la cabecera de la cama, pero todo bien.
— ¿Y cómo fue lo de la separación? Los lectores deben estar ansiosos.
— Aunque pasábamos muchas horas en la cama, también salíamos. Vos sabés que una de mis grandes pasiones es el buen comer. Al principio todo bárbaro, buenos restaurantes, pizzerías varias, fast food , lo que pintara para la ocasión…Hasta que decidió programar las salidas ella. Fue el principio del final.
—Contá lo que pasó.
—Solo tres salidas; eso fue lo que mi dignidad pudo aguantar. Ahí me di cuenta que el amor, por más fuerte que sea, no puede hacer pasar por alto ciertas cosas.
Como te cuento, la tercera vez fue la última. En las dos primeras lo soporté, tanto la amaba, en la tercera ni siquiera quise entrar al local.
Imagináte: ambiente cálido con reminiscencias hindúes, música suave, un amplísimo menú para seleccionar platos de todo el mundo, no demasiado caro, era casi perfecto.
Casi…podés mirar los hermosos platos realizados por chefs de primera, olerlos y hasta palparlos. Lo que de ninguna manera podés hacer es comértelos.
Me cagué de hambre.
Nunca más ví a Luciana ni quiero volver a hablar de ella.
Nunca más pongo un pié en uno de esos restaurantes tántricos.
No todo es amor en este mundo.
Ahora estoy saliendo con Carla, eyaculo cuando quiero y sobre todo, la única diferencia entre nosotros pasa por Burger King o Mc Donalds.

Exclusivo de La Cuentoteca.

domingo, 21 de junio de 2009

La verdadera historia de las dos majas- Miguel Dorelo


Para terminar con las especulaciones sobre estas misteriosas obras de arte.


La verdadera historia de las dos majas- Miguel Dorelo

Casi todo estaba saliendo tal cual lo había planeado. Pintor de renombre, consiguió por fin convencer a la dama que lo desvelaba para que posara. Era la excusa perfecta, la tendría totalmente desnuda y a su merced.
El estudio poco calefaccionado y el frío de aquella tardecita de Enero de 1794 en Madrid, atentaron contra la feliz conclusión de los eróticos planes del maestro aragonés.
—Hala, Francisquillo, que me estoy helando —dice quejosa la duquesa—; acaba de una vez hombre.
—Va, va, coño, no me apures, que casi está.
—Si serás gillipollas, como se ve que no eres tú el que está en pelotas.
—Listo; ya no te quejes, mujer, esa fue la última pincelada.
El óleo lucía realmente espléndido, haciendo honor a la belleza de la duquesa de Alba.
—Pues, ahora a lo nuestro —acota Goya, comenzando a desvestirse.
—Con que no vayas de putas... estoy helada; alcánzame el vestido, so zopenco.
—Pero, mira como estoy, no puedes dejarme así. Hacía años que no lograba una erección tan sublime.
—Ja.
—Está bien, ponte el vestido y a posar de nuevo —se resigna el maestro, sacando otro lienzo —En algo tendré que gastar mi sobredosis de energía.
Original publicado en Quimicamente Impuro- Reelaborado para La Cuentoteca

martes, 16 de junio de 2009

La muy envidiada libertad del escritor- Miguel Dorelo

Un oficio en el que la libertad lo es todo.


La muy envidiada libertad del escritor - Miguel Dorelo

– ¿Por qué elegí esta profesión, me preguntas? Supongo que en realidad es al revés, llámalo vocación si te parece, pero fue ella la que me eligió a mí.
Básicamente, me gusta contar historias, inventar personajes, hacerles hacer cosas.
La angustia ante la hoja en blanco, el lento pasaje de la idea latente hacia la punta de mis dedos que comienzan, despaciosamente, a teclear. La pausa necesaria para ordenar una frase o un pasaje, encontrar el giro que resulte más conveniente para poder expresar cabalmente lo que quiero decir. Te podría decir que escribo para mí, pero nada se asemeja más a la felicidad que cuando alguien lee un relato de mi autoría haga un comentario elogioso.
Pero, en realidad, lo que me fascina de todo esto es la libertad.
Amo y señor; libre albedrío en todo su esplendor, libertad total y absoluta. Hago y deshago a mi antojo. Amo, odio, quiero, mato o hago matar; resucito si quiero, hago de este mundo un lugar mejor o el peor de los infiernos. Libertad.
—No sabes como te envidio, Miguel —acota Pablo —yo estoy atado a un montón de rutinas casi insoportables.
—La vida tiene esas cosas… Te dejo, me voy urgente a casa.
— ¿Por qué el apuro?
—Me acabo de acordar que mañana tengo que entregar el relato sobre universos paralelos y su influencia en el cultivo de soja transgénica. La extensión debe ser entre 3576 y 3592 palabras, en la trama deberá tener un papel protagónico Pupy, la gatita siamesa del editor, y dejar bien parado al sector agropecuario. No me tengo que olvidar que el tipo de letra es Times New Roman Riquelme de 12 puntos, el formato rtf, sangría francesa, justificado a ambos lados, doble espacio con título en negrita. Enviar como archivo adjunto y esperar acuse de recibo.
—Bueno…Chau.
— ¡Chau! No llego, no llego, la puta madre….

Exclusivo de La Cuentoteca


viernes, 12 de junio de 2009

Estrategia de mercado- Miguel Dorelo

¿Cuántas veces sospechaste que esto es así?


Estrategia de mercado- Miguel Dorelo

—Juanita…dígale al señor González que pase, por favor.
—Entendido, señor.
La oficina era muy amplia pero con pocos elementos. Un importante escritorio de vidrio y acero dominaba el ambiente. Una mesa chica, dos sillones y un pequeño bar completaban el mobiliario.
—Tome asiento, González. ¿Me trajo lo que le pedí?
—Aquí está, señor Dumont. Ordenado por fecha y lugar. En un adjunto podrá ver las estadísticas de cada uno de nuestros trabajos.
Aunque próspera, la empresa Dumont, debido a la crisis financiera mundial, había visto frenado su plan de expansión semestral en casi cinco puntos, lo que ameritaba en forma urgente un “plan de salvataje”. Rápidamente, luego de una reunión de los principales accionistas de la empresa se había llegado a la conclusión que lo más adecuado sería contratar los servicios de González y González, responsables directos del crecimiento de otras empresas del rubro.
Pierre Dumont, socio mayoritario, decidió que él mismo se encargaría de realizar el contacto a fin de ultimar los detalles de la operación. Es por esto que estaban reunidos en su oficina del piso sesenta y cuatro y daba un primer vistazo a la carpeta que había depositado en sus manos Juan González, socio y hermano de Pedro González.
González y González eran las cabezas no muy visibles de un pequeño laboratorio de las afueras de González Catan, provincia de Buenos aires, que en apariencia se dedicaban a elaborar caramelos de propóleo, cápsulas de ginseng y comprimidos de jalea real desde hacía más de cincuenta años.
—Muy interesante —murmuró Dumont al tiempo que leía en voz alta:
Años 1957-1958.
Cliente: Mayer Korporation, Dusseldorf, Alemania Occidental.
Área de trabajo: continente Asiático.
Producto: CGA01. Nombre poular: gripe asiática.
Resultados acordes a lo planificado.
Saturación controlada en el límite fijado: 4.000.000 de individuos.
Porcentaje resultante de ganancia neta incrementada: 17,08 %.
Años 1968-1969.
Cliente: Aroche Inc., New Jersey, EE.UU.
Área de trabajo: Hong Kong y zona de influencia.
Producto: GHH02. Nombre popular: gripe de Hong Kong.
Pequeña desviación en plan maestro.
Desfasaje en límite acordado: 2.000.000 de individuos sobre estimación de 1.500.000.
Porcentaje resultante de beneficio: 19,3 %.
—Perdone que lo interrumpa, señor Dumont —intervino Gonzalez, —en este último caso hubo un pequeño inconveniente con la primer cepa. La GHH01, lo que incrementó un poco el número de víctimas fatales necesarias, pero no hay mal que por bien no venga dicen; el incremento en ganancias fue superior, como habrá visto.
—No veo lo del 2003, gripe aviar se le llamó —casi interrogó Dumont.
—No fuimos nosotros. La naturaleza a veces también hace de las suyas. De todas formas, solo 250 víctimas fatales no crean las condiciones adecuadas para una correcta operación. Un verdadero fiasco.
—Está bien, vayamos a lo que nos interesa ¿Qué han preparado esta vez?
—Bueno, causalidad más que casualidad, diría yo; lo que en un principio arrancó como un habitual pedido de “crear pánico en los consumidores”, nos puso en las manos una oportunidad fantástica. Por pedido de un cliente, proveedor de carne vacuna a nivel mundial, procedimos con lo habitual en estos casos: la infección por medio de una cepa exclusiva de nuestro laboratorio en un grupo de porcinos. Luego de hacer llegar la información a medios amigos, por lo general se logra la baja de consumo casi inmediata de este producto con el consecuente incremento en el de nuestro proveedor amigo.
Una pequeña falla al principio, el contagio de algunos humanos y una nueva intervención de nuestros contactos en la prensa, nos encuentra posicionados de una forma única. Esta vez, ni siquiera tendremos que pedirle un adelanto para el lanzamiento.
— ¿Y cómo beneficiaría esto a mi laboratorio?
—Lo habitual. Exclusividad en el antídoto contra esta nueva peste. Siempre contamos con ambos lados de la moneda. El resto es simplemente cantidad de víctimas fatales, consecuente pánico mundial, dejar pasar el tiempo establecido y por último vender y empezar a cobrar.
— ¡Trato echo! Siempre es un placer hacer negocios con gente capaz y responsable. —Juanita… una botella de champagne y dos copas, por favor.


Exclusivo para La Cuentoteca

lunes, 8 de junio de 2009

Puertas- Miguel Dorelo

Pasar al otro lado no es sencillo...


Puertas- Miguel Dorelo

Uno se pasa la vida delante de ellas.
Las hay de distintas formas y colores.
Por lo general, no nos está permitido ver a través de ellas; aunque creamos vislumbrar qué hay del otro lado, solo estaremos seguros cuando logremos abrirlas.
Casi nunca es una tarea sencilla lograrlo y el esfuerzo solo es justificado en contadas ocasiones.
A veces, al franquear una de ellas, salimos a lugares amplios y llenos de luz, y eso nos hace sentir bien; esto suele llevarnos a engañosas conclusiones, a creer que todo es posible y que otras puertas futuras ya no serán un obstáculo.
Abrimos otras, entramos a lugares oscuros y nauseabundos y respirar se nos hace dificultoso. Nos arrepentimos casi inmediatamente de haberla transpuesto. Creemos, quizás falsamente, que nos equivocamos, que deberíamos habernos quedado del otro lado. La desazón nos invade; sentir una gran angustia, no es raro en estos casos.
Capítulo aparte merecen las puertas ignoradas, algunas no vistas, otras apenas vislumbradas. Las dejamos de lado, pasamos de largo.
De vez en cuando desandamos caminos tratando de hallar a alguna de ellas y suele sucedernos que nos encontramos delante de aquélla que creíamos ya formando parte de un pasado irrecuperable. Estas, suelen ser las más peligrosas; el no haberlas transpuesto en el momento adecuado puede ser causante de dolores inconmensurables. Todo tiene su tiempo y es sólo ese; comprenderlo y aceptarlo es para pocos.
Pese a todo, seguimos abriendo y cerrando puertas. Así debe ser.
Puertas etéreas y puertas pesadas, pero, por lo general, engañosas puertas.
Muchas veces, que se abran o cierren depende de otros, sus verdaderos dueños.
El sueño de la puerta propia no es fácil de alcanzar.
Aunque, por cierto, todos tenemos una absolutamente nuestra, la última, la postrera, la definitiva; aquella hacia la que todos nos dirigimos.
Lo que me preocupa, aunque confieso que no demasiado, es que estoy seguro que detrás de esa, no hay nada.

Publicado en Quimicamente Impuro- Reelaborado para La Cuentoteca