viernes, 29 de abril de 2011

El juego sin nombre- Miguel Dorelo



El juego sin nombre- Miguel Dorelo


En un rincón oscuro y ominosos del fondo del universo y de cuyo nombre prefiero olvidarme, un ser tenebroso y oscuro juega un juego que quizás pueda ser aquél que los hombres denominan "dados". Agazapado detrás de un viejo y carcomido abedul, entre vahos de un olor nauseabundo lo observo, cuando de repente gira su horrible cabeza hacia donde me encuentro. En sus ojos veo reflejadas cosas tan horribles que jamás han sido ni siquiera vislumbradas por ser humano alguno. Creo que me ha visto y posiblemente estas sean las últimas palabras que escriba en este mundo.


Elaborado para La Cuentoteca

viernes, 22 de abril de 2011

Primer aniversario- Miguel Dorelo


Primer aniversario - Miguel Dorelo

Ya está todo planificado. Solo faltan dos días para el primer aniversario de su muerte y esta vez por fin se realizará aquél homenaje tan postergado como merecido.
Una gran ceremonia en la que estarán presentes sus tres ex esposas, sus innumerables amantes clandestinas, sus hijos legítimos y los otros, sus parientes, sus amigos y allegados.
Se comerá y se beberá, pensó. Sin tristezas, con música de Pink Floyd y de Spinetta sonando en el cementerio. Los invitados comentarán sobre lo bueno que era, alguna amante despechada dirá que no tanto, algún amigo atorrante tratará de levantarse a su viuda utilizando su recuerdo.
Todos, absolutamente todos lo amarán y lamentarán su pérdida; todos ellos, los que un año atrás no se presentaron ni siquiera a su velatorio. Esta vez será distinto, todos concurrirán a su convocatoria: él personalmente los visitará para invitarlos.

Elaborado para La Cuentoteca

sábado, 16 de abril de 2011

Camino incierto- Miguel Dorelo


Camino incierto- Miguel Dorelo

—Estoy casi seguro que es por acá —se dijo sin el necesario convencimiento.
Debía reconocer que avanzaba a tientas.
Volvió a tropezar.
— ¡La puta madre! ¡Volví a equivocarme, evidentemente!
Cuando no se encuentran referencias el avance se hace difícil, razonó, uno puede empezar a girar en círculos y permanecer eternamente en un lugar, lo que se torna especialmente grave cuando el sitio no es de nuestro agrado. Pero también puede suceder que uno camine en espiral y lenta y progresivamente se aleje del punto de inicio.
Debería tratar de no pensar, siempre le pasaba lo mismo: cuando más intentaba razonar más confundido terminaba.
—Yo me meto en cada una —se lamentó.
Pareció orientarse y durante unos cuantos minutos avanzó en linea recta hacia su objetivo: su corazón comenzó a palpitar en una frecuencia mayor de lo aconsejable.
Pero, por enésima vez, se percató tardíamente que nuevamente se estaba yendo “para el lado de los tomates”, como solía decirle uno de sus amigos especialmente crítico sobre sus porfiadas incursiones a ciegas por caminos a todas luces poco convenientes para con su propia persona.
El problema radica principalmente en no saber hacia donde se quiere ir y por qué, pensó en un arranque repentino de lucidez poco habitual en él. Quizás debería dejar todo como antes de emprender la búsqueda, tenía serias dudas si alcanzar la meta le proporcionaría las satisfacciones necesarias que compensaran tamaño esfuerzo.
Por lo general era bastante porfiado con todo lo que lo obsesionaba y en este caso en especial debía sumarle ese sentimiento que aún no tenía muy claro si se trataba de tan solo producto de la gestación de adrenalina debido a los inconvenientes que le generaba lo difícil de alcanzar su cometido o alguna otra cosa que su mente no terminaba de aceptar.
El tiempo no era un mayor inconveniente, en ese sentido podía tener paciencia y esperar lo necesario; aunque ya no era un muchachito no sentía ningún achaque y tenía muchos años por delante. Una vez alcanzado el objetivo todo fluiría en forma placentera.
El pasado jugaba su favor: una vez había estado en ese lugar al que actualmente pretendía retornar. No podía aseverar que lo había disfrutado en toda su valía, diversos factores y quizás algo de desidia de su parte habían atentado contra una estadía ideal.
Pero fue bastante bueno, recordó. Ese recuerdo y probablemente  un poco de deseo de revancha, otro poco de corregir errores y una pizca de “ver que pasa” eran los principales motores del impulso que lo ponían nuevamente en camino. Y eso otro, claro. Eso que le costaba admitir pero que allí aún estaba. Y fue entonces que por primera vez vio todo claro: no había forma de evitar seguir la búsqueda.

Ella estaba ahí, en algún lugar, todavía accesible a pesar de un par obstáculos temporarios que por lo general ella misma se encargaba en poco tiempo de apartar. Ambos usaban métodos parecidos de auto-engaños temporales, él lo sabía, ella lo sabía, ambos lo sabían. Jugaban un juego de peligros relativos, incentivando morbos, prestando besos y caricias a terceros, piezas descartables condenadas de antemano a adioses sin mayores cargos de conciencia.

Respiró hondo y decidido a hacer todos los esfuerzos necesarios comenzó a avanzar, paso a paso, lentamente y con confianza.
La meta estaba cerca.          

Elaborado para La Cuentoteca           

viernes, 8 de abril de 2011

Conurbano- Miguel Dorelo


Conurbano- Miguel Dorelo

La observaba pasar desde hacia casi una semana.
Ella cumplía con su rutina todas las tardecitas, al trote durante parte del trayecto y luego acelerando el paso hasta terminar su recorrido justo en el puente donde realizaba sus ejercicios y elongaciones finales. Luego, a paso firme se alejaba cruzando la ruta y él la miraba hasta que su figura joven y esbelta se perdía detrás de una hilera de árboles que formaban un pequeño monte interrumpido abruptamente por las obras de un nuevo barrio en construcción.
De unos quince o dieciséis años, o quizás algo más, lucía hermosa y saludable enfundada en su equipo de gimnasia gris plata con vivos rojos que hacía resaltar su piel bronceada y su largo pelo rubio.
Él era de contextura más bien grande y poco propensa a cualquier tipo de actividad física a juzgar por su abultado vientre, aparentando por lo menos el doble de edad que ella; digamos que no era precisamente el tipo de hombre en el que una jovencita como ella se fijaría. Ciertamente, jamás había desviado en lo más mínimo su mirada cuando pasaba a su lado, como si él formase naturalmente parte del paisaje de aquél lugar del suburbano bonaerense tanto como algunas de las viejas fábricas abandonadas que se herrumbraban añorando épocas de bonanza ya pasadas.
Cuando ambos coincidían unos segundos en tiempo y espacio, él inspiraba muy hondo no queriendo desaprovechar ni uno solo de sus aromas, esa mezcla afrodisíaca de sudor y lavanda.

Quizás lo haya decido el primer día, o el tercero, no importa demasiado. A lo mejor fue luego de una mala noche de aún peores pensamientos; o simplemente fuera parte de su naturaleza.
La esperó unos dos mil metros más allá de donde solía sentarse para verla pasar, justo donde la sombra de los árboles en complicidad con la penumbra del atardecer conformaría el escenario ideal para sus planes.

Si no hubiese gritado. Todo habría sido distinto si no hubiese gritado tanto. Después de todo ella habría obtenido lo que todas las muñequitas como ella buscan y quieren. Y seguramente hasta lo hubiese gozado.

Tiene los ojos más hermosos que he visto, pensó al verlos tan de cerca, tan abiertos, tan celestes…ya tan sin brillo.

Elaborado para La Cuentoteca



lunes, 4 de abril de 2011

Búsqueda- Miguel Dorelo


Búsqueda- Miguel Dorelo

Busqué en vano, buceé en tu alma y corazón sin lograr hallar ni siquiera un atisbo de aquél amor otrora tan sublime.
Harto de dudas existenciales  comencé a  recorrer todos y cada uno de los rincones de tu cuerpo carnal.
Tampoco esta vez encontré nada, pero puedo asegurar que me resultó mucho más divertido y placentero.

Elaborado para La Cuentoteca

lunes, 28 de marzo de 2011

El cielorraso (Insomnio II)- Miguel Dorelo


El cielorraso (Insomnio II)- Miguel Dorelo

El puto cielorraso, siempre el cielorraso; todas las noches de todos los días, de todas las semanas, de todos los meses, el maldito cielorraso que no deja de observarme.
No siempre fue así, antes, hace mucho tiempo, o poco ya ni sé, tilo, valeriana, manzanilla, Diazepam, Valium, Nitrazepam, Clonazepam, Rivotril, Alplax, fueron  aliados en pequeñas batallas ganadas. El cielorraso no me jodía para nada, cumplía su función como cualquier cielorraso y no se metía conmigo.
Pero una batalla no es la guerra.
Dos, tres, cuatro de la mañana, no se cansa el desgraciado, siempre al acecho.
Me mira, me estudia el hijo de puta, me vigila. Pero yo también lo vigilo a él, y lo miro y lo estudio.
Una de estas noches todo se va ir al carajo y él o yo, yo o él, uno de los dos va a dejar de ser para siempre un estorbo para el otro.

Elaborado para La Cuentoteca

domingo, 20 de marzo de 2011

El número perfecto- Miguel Dorelo

                                            Esperando su llegada... 

El número perfecto- Miguel Dorelo

De ninguna manera puede faltar un buen vino, ni el mantel de hilo, las velas y todos y cada uno de los tópicos habituales.
O sí.
No importa demasiado; lo único imprescindible en esta noche para que resulte en una noche perfecta es la presencia de ella.
Una noche soñada para un futuro perfecto. Mi futuro junto a ella. Nuestro futuro. Juntos para siempre. Desde esta misma noche hasta el final de los tiempos. O más aún.
Dos, el número perfecto.
Compartir, nada más ni nada menos, que de eso se trata. En las buenas y en las malas. Aunque no puedo imaginarme cuales serían esas malas junto a ella. No se, como para hilar muy fino y no proyectar solo una convivencia absolutamente color rosa, podría ser dejar de ir a la cancha los domingos; o no juntarme con la barra a jugar al póker los viernes. Poca cosa comparada con estar junto a ella, tomando un café después de cenar y sentarnos a mirar una peli de esas muy románticas que tanto le gustan. Claro que las de Tarantino, mis preferidas, no son de su agrado y tendría que hacerme el lugar para poder verlas aunque sea solo, pero seguro que podré hacerlo. Tendré que resignar los torneos de padle de los fines de semana, a ella no le gusta quedarse mucho tiempo sola.
Con respecto a las comidas, creo que sabré adaptarme a su fanatismo vegetariano y no extrañaré demasiado las milanesas a la napolitana, el pollo al horno o el ritual dominguero de achuras, chorizos, morcillas, costillares y matambres. Las ensaladas me gustan y los brotes de soja no son tan horribles después de todo.
Se está demorando un poco en llegar, pero siempre fue bastante impuntual, esa es otra de las cosas que a veces me molestan de ella, pero creo que con el tiempo se irá corrigiendo. O al menos eso espero.
Admito que me va a costar un poco más tener que dormir sin despatarrarme en mi gran cama de dos plazas y media, pero compartirla con  esa piel tan amada será un pequeño sacrificio que bien valdrá la pena hacer. Espero que no ronque… ¿Y si tiene los pies fríos? Mejor ni lo pienso.
Hace cuarenta y cinco minutos que debería estar acá. ¿Y si la llamo? Se va  a pasar la comida. Si en nuestra primera noche juntos ya empieza con esta falta de respeto hacia mí, ni quiero imaginarme cuando entre en confianza. ¿Esta mina se creerá que es el centro del universo? No es cuestión de que uno ponga su alma en juego, resigne un montón de cosas y esta se lo tome a la ligera. No, mejor espero un poco porque si la llamo va a creer que estoy ansioso y por ahí se pone peor esta turra.
Pero, no, ¿Qué estoy pensando? La amo y me ama y no hay nada mejor que estar con el ser amado, dormir abrazados, bañarse juntos… ¿Será de las que dejan las bombachas colgadas en las canillas de la ducha? ¿Tendré que secar siempre YO el baño?
Una hora de atraso. ¡Que hija de puta! Seguro que es de las que duermen hasta cualquier hora y encima va a querer que le cebe mate en la cama; o una de esas que con la excusa de la igualdad de género te hacen hasta lavar los platos mientras miran la novela despatarradas en MI sillón favorito. ¡Basta! ¡No aguanto más! ¡La llamo ya!

—Hola, Pao. Veo que aún estás en tu casa; escucháme: no te apures, la cena se suspende. Si. No, no para otro día. Si, eso, para siempre. Es que me acaba de llegar un mail y me confirman la incorporación al monasterio. ¿No te había contado nada? Siempre tuve una fuerte inclinación religiosa, se me debe haber pasado. Si, en el Tibet, todos los monasterios están ahí, por supuesto. No llores, es el llamado del Señor y no puedo negarme. No, salgo ya, no vamos a poder despedirnos. Del departamento se encarga mi amigo Pedro, ya les dejé las llaves, así que ni se te ocurra pasar, vos viste como es él. Tiene orden de vender todo y donarlo a la salita de la villa, debo desprenderme de todo lo material para empezar una nueva vida. Si, ya sé que me amás, pero ya no pertenezco a este mundo de vanidades y sentimientos terrenales. Lo siento mucho. ¡No digas eso de mi madre! Adiós.

Está hecho.
Por suerte aún enamorado uno es un ser racional y puede corregir errores a tiempo: no hay dudas, el número perfecto es el UNO.
Y siempre habrá tiempo para formar algún que otro dos ocasional y pasajero.

Elaborado para La Cuentoteca

jueves, 17 de marzo de 2011

Dendrofilia- Miguel Dorelo


Dendrofilia- Miguel Dorelo

 Cuando ella amaba, amaba sin límites. Se entregaba en forma total al objeto de sus deseos. Era también bastante promiscua., aunque selectiva.
Ella era sensible y romántica, nada de burdos pepinos, zanahorias o bananas, de ninguna manera. Le gustaban sobre todo los crisantemos, las magnolias y en noches sofisticadas hacía el amor con elegantes orquídeas hasta casi perder el sentido, aunque también había alcanzado grandes satisfacciones con un común y silvestre paraíso sombrilla.
Un fin de semana perfecto era para ella pasear por el jardín botánico; orgasmos múltiples eran su recompensa.
Pero ella tenía un sueño y era el de conocerlo a él. Solo lo conocía por fotos y ahora por fin luego de ahorrar podía viajar y concretar ese amor.

La encontraron muerta a  los pies de su amado General Sherman, la sequoia más grande del mundo, con una sonrisa de satisfacción en los labios.

 Elaborado para La Cuentoteca

sábado, 26 de febrero de 2011

Mi psicólogo, yo y mis lectores- Miguel Dorelo


Mi psicólogo, yo y mis lectores - Miguel Dorelo

Un par de meses con mucho ajetreo me han llevado directamente a una entrevista fuera de las rutinarias con mi analista. Una consulta de emergencia, otra más, a las que mi psicólogo de cabecera ya está habituado.

Lunes, 03,15 hs. a.m. (Tres y cuarto de la mañana, por si alguno no se lleva bien con los números). Reconozco que no es un horario habitual, pero ¿Hay un horario habitual para una emergencia? No, obviamente: si hubiera un horario, no sería una emergencia.

—Buenas, doc —dije con cara de malas.
—She —dijo él, con cara de dormido.
—Ando un poco loco —comencé a contarle.
— ¿Un poco?, usted es un optimista profesional, ¿Qué mierda le pasa esta vez?
Me pareció que estaba un poco nervioso, pero a lo mejor eran ideas mías, así que continué: —en estos últimos meses, me han sucedido muchas cosas juntas y no sé como manejarlas, doctor.
—No sea pelotudo, “las cosas”, pasan de a una, pedazo de infeliz. Cuente.
—Doctor, me parece que el lenguaje que está empleando no es demasiado profesional — le dije para ver si se ubicaba un poco.
—Ah, el señor es el psicólogo ahora. ¿Por qué no me enseña a llevar la sesión? Déjese de joder y vayamos al grano — dijo comenzando con su maldita manía de usar frases hechas.
—Bueno, le cuento lo que me pasa: desde hace un par de meses, el tiempo no me alcanza, doctor.
—Y a mi no me alcanza la plata, mire usted. Tiempo ni hora, se atan con soga —me endilgó poniendo en evidencia su otra obsesión: los refranes — ¿Y… porqué no le alcanza el tiempo?
—Es que me he embarcado en muchas actividades; estoy en una comunidad literaria, me invitaron a participar en otras, selecciono cuentos y poesías, sigo con mi vicio de hacer comentarios en blogs amigos, tengo que trabajar para vivir y encima se me ocurrió la genial idea de lanzar una revista literaria impresa. ¡No me alcanza el tiempo! ¿Qué puedo hacer?
Quien mucho abarca, poco aprieta, —me dijo el maldito adicto — debería dejar de hacer algunas de esas cosas; al menos aquellas a  las que no les sacará ningún provecho.
— ¿Cómo cuales?
—Todas. Menos laburar, que por lo menos le da de comer, las otras son incompatibles con usted: cualquier cosa literaria y usted, son como el agua y el aceite, nunca van a poder mezclarse. Al que nace barrigón, es al ñudo que lo fajen.
Haciendo un esfuerzo, traté de ignorar este último comentario. Necesitaba un pronto alivio a mis cuitas y no se me ocurría otra cosa que continuar con la sesión.
—Pero, ya son tres años de terapia dos veces por semana y son contadas las ocasiones en que me he ido aunque sea algo aliviado de su consulta. Dígame que puedo hacer, Oriénteme. Estoy muy estresado.
—Usted, es más que evidente, lo que necesita es un “recreíto”. ¿Hace mucho que no la pone? —descargó sin ningún respeto y de manera soez.
—Para eso tengo a mi consejera sexual; no pienso contarle a usted esas intimidades. —le dije creyendo tomarme una pequeña venganza.
—Hace rato que no le ve la cara a Dios, está más que claro. Impotencia causada por la sumatoria de edad y estrés  —masculló mientras tomaba nota. —Una pastillita azul y una mujer, podrían aliviarlo un poco. En el once se consiguen ambas cosas a buen precio. Y recuerde: ante la duda, la más tetuda. —concluyó sin poder contenerse.
—Gracias, doctor, usted siempre tan amable conmigo. Lo voy a pensar.
—Veo que estuvo practicando; lo de pensar, digo. Siga así que algún día le va a salir. Se le terminó el tiempo. Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. Son 150 pesos.
Me dieron ganas de mandarlo al carajo, pero una discusión con mi analista seguro que me iba a deprimir más y tendría que volver rápidamente a consultarlo, generando de esta manera un circulo vicioso de imprevisibles consecuencias para mi pobre cerebro agotado, así que pagué con dos billetes de cien pesos, no me dio el vuelto como siempre y me vine para aquí. Estoy igual que antes, pero con menos plata en el bolsillo.
Por suerte, aprovechando mi condición de escritor puedo recurrir a una buena alternativa literaria como es la metaficción e involucrarlos en la trama de esta especie de relato auto-referencial en el que solo una parte es realidad y el resto casi irreal con algún que otro viso de verosimilitud.
Y  si, al final mi único consuelo pasa por compartir mis desdichas con ustedes.
Espero que no quieran cobrarme por escucharme, o mejor dicho, leerme.
Apreciaría sobremanera alguna palabra amable que me sirva de consuelo; estoy mal y lo necesito. O algún otro tipo de ayuda, recuerden lo que me recetó mi terapeuta, señoras o señoritas lectoras. Ustedes verán, no sean malas…Por ahí está mi mail o si quieren chateamos un poco antes como para que no sea solo sexo.
 Y después de todo es un ratito ¿O acaso tienen alguna otra cosa que hacer luego de leer esto que sea más interesante? Sería una perfecta comunión entre el escritor y sus lectoras.
Les estaré eternamente agradecido y el hotel lo pagamos a medias. 

domingo, 20 de febrero de 2011

Vivir de la literatura es posible- Miguel Dorelo


Vivir de la literatura es posible- Miguel Dorelo

Claro que se puede vivir de la literatura. Si yo lo he logrado, cualquiera de ustedes, o casi, puede hacerlo.
Fijárselo como objetivo es el paso primordial; después todo se basa en ponerle ganas, una dosis de sacrificio y mucha perseverancia. Si a esto le agregamos el talento mínimo necesario ya tenemos casi asegurado el éxito.
A esta altura no voy a andar pecando de modesto y aunque no pretendo ponerme como el gran ejemplo a seguir, creo que estoy en una posición lo suficientemente privilegiada como para poder marcarles una serie de pasos que seguramente les será de gran utilidad si deciden hacerme caso.
Empezar de abajo, como suele decirse, es muy importante: los pequeños objetivos los irán llevando a hacia la meta paso a paso. Si se hacen bien las cosas, solo es cuestión de tiempo alcanzar todo aquello que deseamos.
Personalmente comencé observando a mí alrededor, a parientes y amigos que sentían mi misma atracción por las letras. Ahí fue cuando comenzó todo; mis primeros ingresos monetarios gracias a la literatura fueron los generados por libros que pedía prestados a parientes y amigos y luego vendía en una librería de usados en mi pueblo natal. A simple vista esto les podrá parecer una nimiedad, pero déjenme decirles que gracias a esos ingresos pude expandirme rápidamente. En menos de un año había logrado acumular lo suficiente como para intentar un salto de calidad en mis aspiraciones: trasladarme a Buenos Aires en donde las oportunidades de expansión cultural serían mayores y de paso poner distancia con todos aquellos constantes reclamos de devoluciones.

Una vez ubicado en un dos ambientes en la zona del Once comencé  a relacionarme con los que serían mis casi incondicionales aliados en mi carrera hacia la meta final.
Empecé reclutando a los que a mi parecer eran  los más duchos para la tarea que realizarían bajo mis órdenes; en una semana pude formar un equipo bastante homogéneo al que solo me llevó un par de días entrenar. Los pibes estaban entusiasmados y ya en el primer día hicieron un promedio que prometía un negocio redondo. Los costos eran bastante bajos, una Coca, un sándwich  y unos pocos pesos por cabeza. Los puse a porcentaje, se evitan riesgos innecesarios y también que boludeen o se distraigan leyendo. En la primera semana de laburo la habitación del departamento estaba hasta el techo con los libros que robaban principalmente de las librerías del centro. De paso, los sacaba del peligro que les significaba andar entre los automóviles limpiando parabrisas de gente mal llevada; estos hijos de puta dos por tres atropellan a alguno. Encima, una de las pendejas del grupo se había calentado conmigo y como quién no quiere la cosa ya tenía solucionada también la parte sexual. Buena piba, de vez en cuando le tiraba un mango extra. Creo que era menor, pero en la calle se madura muy rápido.
A todo esto,  ya había hecho los contactos con González, el director de cultura de La Matanza y me convertí rápidamente en su principal proveedor para todas las bibliotecas populares del distrito. Es impresionante la guita en subsidios que se maneja para la educación del pueblo. Siempre fuimos “miti y miti” y jamás tuvimos problemas. Todavía existen las buenas personas con las que hacer buenos negocios.
Como les dije, de a poco pude ser el que soy, sin apuros, perseverando, fijándome nuevas metas, sin quemar etapas al pedo, equivocando el camino a veces, como cuando puse el taller literario, les cobré la inscripción por adelantado, los materiales de estudio y me tuve que comer dos meses de andar ocultándome para que no me lincharan cuando se avivaron que no tengo ni idea de lo que es un adverbio.
Pero, no es cosa de que toda la vida uno se conforme con pequeñas porciones del pastel cuando la torta de bodas está ahí no más, al alcance del que quiera comer de ella.

No me puedo quejar, el sueño que tuve desde niño, vivir de las letras, lo he podido realizar en parte; pero aun me queda el último y trascendente paso, ese que si sale como lo tengo planeado me asegurarán un buen pasar para el resto de mis días.
Ya saqué los pasajes he hice los contactos necesarios. El domingo salgo para Londres y a más tardar el martes comenzaremos a poner en marcha el operativo. En un principio hemos coincidido con mis ocasionales socios en que resultaría imposible realizar el operativo en su mansión de Kensigton en el West London ya que allí hay una fuerte guardia de seguridad en toda la calle las veinticuatro horas del día. Deberemos ultimar hasta el más mínimo detalle y dar el golpe en la finca de Aberfeldy en Escocia o en su defecto trasladar todo el equipo a Edimburgo, más precisamente a Merchiston y aguardar allí nuestra oportunidad.
La tipa esta hizo más de seiscientos millones de libras esterlinas con la zaga del niño mago ese y sus allegados no van a tener reparos en pagar un rescate de un diez por ciento de esa guita para recuperarla con vida. Además, después lo recuperan con cualquier verdura que escriba para un nuevo libro: una vez que tenés la fama la gilada compra lo que sea.

Bueno, espero que de algo les sirva toda esta experiencia de vida; prueben, vayan despacio, fíjense una meta y métanle para adelante con fe: se puede vivir de la literatura.
Y más adelante, cuando adquieran la suficiente confianza en sus propias aptitudes vayan por más.

Les tiro un último dato por si les sirve: están vendiendo bien Felipe Pigna, Mempo Giardinelli y Federico Andahazy entre otros. Estudien las posibilidades, evalúen los riesgos y las probables ganancias, investiguen a las victimas y en una semanita pueden hacer una buena diferencia.
Decidan ustedes si es o no conveniente dejar testigos que puedan identificarlos.

Elaborado para La Cuentoteca


martes, 15 de febrero de 2011

Tratando de olvidarla- Miguel Dorelo

Yo sé que es siempre ella...

Tratando de olvidarla- Miguel Dorelo

Esta vez la maté sin demasiada ceremonia; no sé bien si es mi odio acumulado o una especie de hastío que comienza a impacientarme. ¿Es que esta reverenda hija de puta no va dejarme tranquilo nunca más?
Seis veces la he matado y otras tantas ha vuelto, pero esta es la vez número siete y espero, la definitiva.
Sheba, lo nombran los hebreos: sinónimo de perfección. También La Biblia lo asevera y espero que así sea. El número perfecto, la muerte perfecta, el olvido perfecto y definitivo.
Se me presentó hace dos semanas, rubia y voluptuosa en esta ocasión, con sus enormes ojos claros y sus aún más enormes pechos bronceados.
Al principio logró engañarme, estoy cada vez más iluso y creí sinceramente que Vanesa, como dijo que se llamaba, era lo que decía ser.
Casi dos semanas en que mis esperanzas de un nuevo amor parecieron concretarse; al fin ya no estar solo, basta de noches torturándome recordando a esa maldita mentirosa. Vanesa era dulce e inteligente, sensible y ardiente, buena amiga y mejor amante, la mujer perfecta, esa que todo hombre, y me incluyo, sueña con encontrar alguna vez.
Olvidé, o casi, la mente tiene esos extraños comportamientos, las seis veces anteriores. Olvidé a María y su mirada asombrada cuando el puñal entró en su pecho, a Marisa con su largo cabello rojo sobre la almohada agonizando luego de ingerir aquél veneno; también a Graciela y su frágil cuerpo casi adolescente destrozado por el tren luego de mi oportuna zancadilla. Y también la lenta agonía de tres días de Martina, de la que me costó demasiado despedirme, tan modosita ella, tan sumisa y obediente, tan te amo, tan sos todo para mi, tan hija de puta como todas sus otras personalidades. Olvidé, o quise hacerlo, también  a Carmen y su cuello tan besado,  tan frágil entre mis manos.
Y a Carlita, claro, toda belleza, aún trozada y embolsada.
Todas ellas, solo ella; siete y una, embustera como siempre, tratando de engañarme una y otra vez. Y es probable, con ella nunca se sabe, que vuelva a intentarlo.
Pero no lo logrará, y aunque se ha perfeccionado en el arte del engaño y las falsas apariencias, siempre habrá algún detalle, cometerá algún error que permita a mi corazón identificarla.
Y pagará las consecuencias.

Elaborado para La Cuentoteca

domingo, 13 de febrero de 2011

Revista La Cuentoteca

Si hacés clic en la imagen la verás en detalle.

Casi terminada. En Marzo, no se olvide de encargar su ejemplar.

jueves, 10 de febrero de 2011

Esperando la respuesta de ella- Miguel Dorelo


Esperando la respuesta de ella- Miguel Dorelo

El lunes a la noche la encaré por el Messenger.
Dejáme que lo piense, me dijo en el chat el martes a la tarde.
Por la noche me mandó un sms por el celular: Estuve todo el día pensando en vos y en tu propuesta. Beso.
El miércoles tenía un mensaje en mi correo: mañana me decido y te contesto.
El jueves eligió Facebook para decirme que si te digo que sí seguro que después voy a sufrir un montón.
El viernes, muy temprano recibí su estoy muy confundida y no sé si estoy preparada para una nueva relación.
Ese mismo viernes por la noche se inclinó por un mensaje directo en Twitter: me gustás mucho. Demasiado. Creo que puede ser un si, pero aún no estoy segura.
El sábado no tuve ninguna noticia de ella y me preocupé.
El domingo me explicó que estuve todo el día pensando en nosotros dos y al fin tomé una decisión: creo que lo voy a pensar un poco más, estas no son cosas que se deban tomar a la ligera.

Hoy es lunes nuevamente. Desde anoche estoy mucho más tranquilo; le mandé un último mensaje: “admiro tu poder de decisión, vos si que sabés lo que querés” y después la bloqueé en el Facebook, cerré mi cuenta de Twitter y abrí otra con un seudónimo, la di de baja de mis contactos del Messenger, marqué como spam su dirección de correo y hoy a la tarde cambio mi número de celular.
No hay nada que me reviente más que una mujer indecisa.

Elaborado para La Cuentoteca

martes, 8 de febrero de 2011

Te comprendo- Miguel Dorelo


Te comprendo- Miguel Dorelo

—No te preocupes, te comprendo —me dijo con ternura mientras comenzaba a vestirse —Estoy segura de que debe ser la primera vez que te pasa.
Ahí fue cuando confirmé mis sospechas: eso de la intuición femenina es un mito.

Elaborado para La Cuentoteca