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sábado, 29 de junio de 2013

Viceversa- Miguel Dorelo


Viceversa- Miguel Dorelo

Sentado a la mesa del bar, pienso. Escarbo en mi mente tratando de encauzar el principio de lo que será un nuevo relato.
El café se enfría de a poco, olvidado en su pocillo blanco.
Miro a través de la ventana que da a la avenida. Escucho el ruido que producen los automóviles al pasar y observo a las personas caminar.
Un hombre de unos cincuenta años apresura el paso al cruzar desde la acera opuesta. Ya más cerca, cuando pasa delante de la vidriera del local, veo que es un poco más joven de lo que me pareció en un primer momento. Lleva puesto un abrigo color azul y una bufanda roja. Sé que hace frio y hay un poco de viento.
De a poco, la historia va tomando cuerpo, comienzo a teclear más aprisa y la pantalla se puebla de caracteres que van formando palabras, párrafos, oraciones…
No todo es lo que parece. Y menos aún cuando el que cuenta la historia es alguien como yo; alguien al que le gusta por sobre todo jugar con realidades inventadas. No crean a pie juntillas todo lo anterior que han leído.
En realidad estoy en casa, delante de la pantalla de la computadora, tratando de inspirarme para comenzar a escribir un cuento. No existen el bar, ni la mesa a la que estoy sentado, mucho menos el pocillo con café que se va enfriando. Tampoco la avenida, los automóviles ni sus ruidos. Mucho menos las personas que caminan ni el hombre que cruza apresurado, su abrigo de color azul y su bufanda roja. A veces, me involucro demasiado en mis propias invenciones, suelo confundirme y creo que en realidad todo eso existe. Por suerte, hasta ahora siempre he sabido reaccionar a tiempo. Ahora  sé a ciencia cierta que la realidad es otra y es debido a eso que comienzan a esfumarse ante mis ojos: solo quedan asentadas las palabras que describen a los personajes involucrados y su entorno. Todo ha vuelto a su lugar.
Y sin embargo, en algún lugar suena una alarma: algo no está bien y no alcanzo a comprender de qué se trata.

El hombre, de algo menos de cincuenta años, traspone la puerta de su casa, saluda a su esposa con un beso, se saca su abrigo de color azul, desprende de su cuello la bufanda roja y arroja ambas prendas sobre un sillón de color marrón.
—Hoy me pasó algo muy raro —comenta con voz algo turbada. Estaba cruzando la avenida en el lugar de siempre, frente al bar, cuando me llamó la atención un hombre que sentado ante un pocillo de café me observaba de manera inquietante. Pude ver que a continuación, tecleaba frenéticamente algo en una Notebook. Lo extraño es que cuando al fin terminé de cruzar y miré hacia el interior para ver su rostro, ya no estaba. Fue como si se hubiese esfumado.



lunes, 18 de febrero de 2013

En la niebla- Miguel Dorelo



En la niebla- Miguel Dorelo

Me gusta salir a pasear cuando hay niebla.
El lugar en donde vivo se presta idealmente para la formación de ese tipo de niebla espesa que solemos ver en las películas de terror o de misterio. El mar cercano, mi casa en lo alto de la escarpada colina a las afueras de la ciudad, la humedad ambiente habitualmente en la saturación absoluta sumados a otros procesos que quedan fuera de mi comprensión configuran las condiciones para que noche tras noche se forme un espeso manto que limita los alcances de la vista humana a muy pocos metros.
Vivo solo. Esto es una gran ventaja, puedo caminar entre la niebla sin preocuparme por el horario, sabiendo que nadie esperará ni ansiará mi regreso al hogar.
Disfruto, sobre todo, esa sensación de contención que me da la niebla; ella me abraza y me protege, envolviéndome muy suavemente, acariciándome con manos de mil dedos, manos de mujer, porque la niebla es inequívocamente femenina, estoy seguro.
La niebla es dulce. Ella se mete en mis pulmones dejando a su paso un sabor y un olor como ningún otro.
Me gusta jugar con la niebla. No jugar en la niebla, sino jugar con ella. Como se juega con una mujer amada. Juegos de seducción, juegos de dos sin lugar para nadie más. A veces, juegos peligrosos, esos  que me hacen sentir vivo. Ella se espesa hasta hacerse una muralla impenetrable, acorta mi visión a apenas unos centímetros y es ahí cuando empieza lo mejor del juego. Camino muy despacio en dirección al mar situado un par de cientos de metros más abajo, calculo la ubicación del borde del acantilado sin vallas contenedoras, recuerdo las formas agudas de las rocas, potenciales dagas desgarradoras de mi cuerpo. Me gusta pensar que cuando me acerco demasiado al abismo ella se asusta y es por eso que por lo general se disipa un poco y deja que vea el lugar donde mis pies están pisando. Estoy seguro que me ama tanto como yo a ella.
No siempre es todo tan intenso. Hay noches en que paseamos mansamente, a prudencial distancia del desastre. Ella solo me abraza y yo solo dejo que lo haga.
En ocasiones, no demasiadas, he tenido la sensación de que nos observan. No sé ni quienes ni con qué motivos. Pero, la mayoría de las veces recuerdo que esto es imposible, como ya he dicho, vivo solo. Solo en la colina, en la ciudad y en el mundo.
Han pasado más de dos años desde que la soledad me eligió. No entiendo ni las causas ni conozco las circunstancias, solo estoy seguro de que la humanidad se ha extinguido y solo quedo yo sobre la faz de la tierra.

No haré otra cosa que sobrevivir para seguir paseando entre la niebla, nunca tuve una especial condición heroica y además no sabría qué otra cosa  hacer más que encontrarme con ella y gozar de su compañía noche a noche.

lunes, 4 de junio de 2012

Insistente- Miguel Dorelo



Insistente- Miguel Dorelo

­—Le agradezco, pero en este momento no necesito  —le dije de entrada.
—Pero mire que como yo no va a conseguir así no más, eh —porfió.
—Le creo; pero de verdad, no los estoy usando en este momento, no es nada en contra suyo.
—Multifacético soy. Me convierto en cualquier cosa que se requiera; hasta cambio de sexo si es necesario —insistió.
—Supongo que dice la verdad, pero en serio: estoy en una etapa de experimentación y no quiero depender de nada que sea demasiado tangible ni que me obligue a amoldarme a los cánones establecidos —traté de explicarle poniéndome en pose intelectual, aunque ya me la venía venir: cuando uno de estos se emperra pueden ser muy pesados.
—Bueno como Bambi o más malo que el mismo Chucky puedo ser, lo que prefiera. O morirme y resucitar, enamorarme, enamorar o pasar a la historia como el más odiado. Y físicamente también me adapto, no crea que no, rubia voluptuosa con pocas luces y grandes tetas, como esas que matan en las policiales, o una intelectual con anteojos y un poco frígida para esos cuentos machistas que usted suele escribir. De hombre tengo varios tipos también. Hasta animales le hago.
— ¡Ya le dije que no! —Me estaba hartando con tanta insistencia.  Fue peor. Se puso a rogar.
— ¡Por favor! No lo voy a joder mucho, me pongo a un costadito de la trama y ni molesto, solo una pequeña línea de diálogo de vez en cuando como para no sentirme un completo inútil. O me pone un nombre, el que usted quiera y me nombra cuando lo crea conveniente, solo eso. Dele, no sea malo.
— ¡Basta! Debería tener un poco más de dignidad. No lo necesito, le repito que no estoy usando personajes para mis cuentos, que estoy tratando de generar historias que no pongan al lector en el rol de identificación o rechazo que esto suele implicar. Inclusive cabe la posibilidad que decida también no utilizarlos a ellos; una nueva forma de literatura revolucionaria que nadie lea jamás. No me joda.
Fue ahí que comenzó a llorar a moco tendido y encima eligiendo la imagen de una bella y frágil mujer no exenta de las adecuadas curvas en forma de larguísimas piernas, un par de tetas del tamaño completamente compatible con mis manos y un culo que solo imaginado podía alcanzar tal perfección, todo esto enfundado en un conjunto de seda de un blanco níveo. ¿Ustedes hubiesen resistido ante algo así, aún si entre los lectores hay algunas damas, eh? Pues yo tampoco. La abracé, la acaricié, hice otras cosas que no vienen al caso y le prometí que en caso de no usarlo esta vez, lo haría en algún otro muy próximo relato.
Lo que sí, creo que otra vez pisé el palito, estos hijos de puta son muy taimados y conocen las debilidades de sus autores más que cualquier otra cosa en el mundo.

domingo, 29 de abril de 2012

El cortejo en H-5240- Miguel Dorelo



El cortejo en H-5240- Miguel Dorelo

En H-5240 no todo es lo que parece; hay cosas que sí y cosas que no, y a veces se hace muy difícil distinguir entre las que son especialmente hábiles en el arte del camuflaje cuál es su verdadera esencia. Y esta característica, aunque no  exclusiva de H-5240, por estos lados toman visos muy peculiares, vale tanto para objetos, animales, plantas o personas.
Como para que se entienda, hablemos un poco sobre los pájaros del lugar, comentemos sobre sus curiosas técnicas de vuelo, sus charlas rozando lo inverosímil o sus costumbres sexuales a medio camino entre la promiscuidad y la pacatería. Bajo la atenta mirada del espécimen hembra, el macho suele comenzar el cortejo inclinando su cabeza a exactamente 47 grados con respecto a la distancia media entre el pico de la adulada y su propia ala izquierda; luego, efectuando un rápido giro emprenderá un veloz ascenso hasta alcanzar el pico máximo de altura de antemano convenido con los progenitores de su pretendida, el respeto para con los probables futuros suegros es ineludible en H-5240. A continuación, y dentro del lapso de tiempo promedio logrado por los otros cuatro amantes de la pájara (he aquí la parte promiscua de las relaciones amorosas practicadas por los pájaros de  H- 5240), deberá posarse sin apartarse ni una décima de milímetro en la séptima rama del lado izquierdo del añoso sicomoro que a la sazón habrá precedido toda la ceremonia y aguardar estacionado allí la decisión de su amada. Esta podrá tomarse todo el tiempo que crea conveniente para dar su veredicto, por lo general sin siquiera prestar la más mínima atención a los esfuerzos del pretendiente e inclusive no dar ninguno al grito de “¡Pero, que pedazo de pelotudo!” “¡Por qué no te dedicás a hacer malabares, infeliz!” O cualquier otro bocadillo que crea adecuado.
En H-5240 ser pájaro hembra tiene sus privilegios.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Historia que no será- Miguel Dorelo


Historia que no será- Miguel Dorelo

Se conocieron embarcando en first class en Niza, o en alguna recepción de esas reservadas para unos pocos a los que ambos solían concurrir. Casi inmediatamente congeniaron; ella quedó gratamente impresionada con su cuidadoso look casual, sus jeans rasgados personalmente por aquél diseñador tan de moda últimamente y ese aire de saber qué se quiere y cómo hacer para conseguirlo que tanto le atraían de un hombre.A él no pudo menos que llamarle la atención su elegancia, resaltada soberbiamente en la manera de observar sus alrededores, descartando lo superfluo con una mirada altiva digna de una reina. Un intercambio rápido de saludos, usurpada frase ingeniosa de él, contestación adecuada de ella y una historia que comienza…
O debería haber comenzado, a no ser por el hastío que al autor de este relato le causa esta clase de personas.

Otra vez será.

viernes, 17 de junio de 2011

Gato esperando- Miguel Dorelo


 Gato esperando- Miguel Dorelo

Sentado en el borde del tejado, el gato espera.
Especular sobre sus intenciones es en vano y completamente inútil; sé perfectamente que es lo que busca, es un gato, está en su naturaleza felina y aunque quisiera, que no lo quiere, nada podría hacer por evitarlo.
De no saber lo que sé, hasta se podría suponer que solo toma un baño de sol. Pero no lo hace, lo sé aunque él ni siquiera sospeche de mi seguridad con respecto a sus intenciones. Y espera. Con paciencia de gato, agazapado, espera.
Podría usar lo que sé sobre la naturaleza de su raza en provecho propio, pero no lo haré.
No lo haré, simplemente porque no quiero hacerlo.
O porque estoy cansado un poco de todo; o vaya  a saber por qué alguna otra extraña cosa que no tengo ganas ni tiempo de describir.

Debo reconocer mi admiración por su paciencia; el sol desentendido de nosotros dos y lo que nos rodea  ya casi ni se preocupa por iluminar la escena y él sigue firme, sin mover un músculo, esperando el momento justo.

Ya no tiene caso posponer indefinidamente la cuestión: me acerco de a poco hasta su posición, tratando de jugar un poco con él y su ansiedad.
Atacará creyendo ser el perfecto cazador, clavará sus garras, sus dientes rasgarán mi carne sin que en ningún momento intente utilizar mis alas para escapar.

Jamás sospechará su papel de liberador verdugo, instrumento utilizado en mi afán de ya no querer ser.

Elaborado para La Cuentoteca

miércoles, 5 de enero de 2011

La cena está servida- Miguel Dorelo & Sergio Gaut vel Hartman


La cena está servida – Miguel Dorelo & Sergio Gaut vel Hartman

—Hoy tengo muchas ganas de escribir. Que digo muchas ganas, siento la imperiosa necesidad de volcar en palabras todo lo que llevo dentro. Ah… El corazón. Que mejor que empezar por el corazón. Y seguir luego por el páncreas o el esófago. Nombrar también al hígado o a los riñones. Los pulmones, el intestino grueso y el delgado, por supuesto. ¡Ah! Los jugos gástricos, el pequeño e insignificante apéndice, el cólon y la próstata, en su caso, querido amigo, no en el mío.
—Tiene razón, querida condesa —interpoló Hannibal—. Y no olvide las venas y arterias, por donde corre la sangre nueva y la sangre vieja, ya sabe que no soy persona de andar discriminando partes por meras futilidades
—La nuez de Adán —siguió Bathory, como si no hubiera oído las palabras de Lecter—, la columna vertebral y las mucosas nasales. Vesícula biliar, ganglios linfáticos, médula ósea. Glándula pineal, la uretra, la gloriosa vesícula seminal…
— ¡Exacto! —Terció el marqués—, mi semen siempre dispuesto…
— ¡Narcisista! —exclamó la condesa, risueña—. Permítame continuar con mi lista: los bronquios y la glándula tiroides. Y las amígdalas. Y el alvéolo. Y las suprarrenales.
—No quisiera que olvide el imprescindible aparato óseo apoyando, en conjunto con la masa muscular, el buen sostenimiento del todo. —Hannibal esperó expectante la respuesta de la condesa, que no se hizo rogar.
—Ahora sí, un gran alivio se apodera de mi alma y mi cuerpo; todo, o casi todo lo más íntimo de mi ha sido puesto en palabras. Me siento realizada.
—De acuerdo —dijo el marqués frotándose las manos—. Pasemos al comedor. Esa prolija enumeración abrió mi apetito de un modo escandaloso.
Hannibal guiñó un ojo y movió gentilmente la mano para que sus anfitriones pasaran primero. No lograba imaginar qué sabor tendría la carne de Vlad Tepes.

lunes, 4 de octubre de 2010

Nipkcril- Miguel Dorelo





Nipkcril- Miguel Dorelo

Podría asegurar que la de esa noche fue una noche como casi todas mis noches, con mis eternas dificultades para conciliar el sueño, con mi mente divagando hasta límites en que realidades y fantasías cotidianas se entremezclan de esa forma en que uno llega a dudar de cuáles son unas y cuáles otras. Nada fuera de lo normal.
Nipkcril. La diferencia de esa mañana, de ese despertar, fue esa palabrita adueñándose por completo de mis sentidos. No exagero. La escuchaba, la olía, la palpaba, la veía, la gustaba.
¿Ustedes saben qué significa “nipkcril”? ¿No? Bueno, yo tampoco, jamás la había escuchado o leído antes.
¿Qué hubiesen hecho ustedes de haberles sucedido algo así, despertarse una mañana invadidos por una palabra? Exacto, eso mismo hice yo: me levanté, encendí mi PC y tecleé rápidamente la dichosa palabrita en el buscador. Nada, “la búsqueda de nipkcril no obtuvo ningún resultado”.
Podría haberlo dejado pasar, pensar en un mal sueño o en los vericuetos insondables de la mente, bastantes problemas mucho más “tangibles” me acosan en estos días, pero el dichoso vocablo no parecía querer dejarme en paz; acá estoy, no pienso abandonarte, tengo una misión que cumplir, nipkcril, nipkcril, nipkcril, parecía decirme.
Y no la cosa no mejoró, más bien todo lo contrario: a medida que pasaban las horas y luego los días el deseo de desvelar lo que fuera sobre la dichosa palabra se fue adueñando de mi mente de una forma que empezaba a preocuparme seriamente. Se agravaron mis trastornos del sueño, empecé a perder el apetito y una gran ansiedad fue acorralándome: tenía que encontrar una solución pronto o de lo contrario todo este asunto podía terminar muy mal.
Comencé por enviar correos a todos mis contactos que estuviesen relacionados con la literatura, tanto escritores como lectores compulsivos, especialmente a aquellos que sabía fanáticos de la ciencia ficción: quizás nipkcril fuese el nombre de alguna raza alienígena o algún planeta surgido de la imaginación de no sé, Ballard, Asimov, Sturgeon , Lem o los Strugatski. Todo sin resultados positivos; ni siquiera Sergio H., un especialista en el tema tenía ni la menor idea sobre el significado de la palabra.
Intenté luego con otros idiomas, siempre con la ayuda de Internet; polaco, albanés, lituano, búlgaro, malayo, yiddish. Horas y horas ante el monitor y el teclado: arameo, alemán, griego, dialectos indígenas de diversos pueblos africanos y de Oceanía, varias versiones de la Biblia, enciclopedias temáticas, libros esotéricos y científicos. Hice mi último intento con un catálogo completísimo de nombres comerciales de todas las épocas que algún trasnochado se había tomado el trabajo de compilar. Nada de nada.
Finalmente, luego de tres meses de obsesiva búsqueda tomé la decisión que, ahora soy conciente de ello, salvó mi vida. Con veinte kilos de menos, casi sin fuerzas para nada y dejando de lado mis convicciones sobre el tema pedí un turno con un psicólogo que ofrecía sus servicios mediante un aviso en una página web en la que había entrado más de una vez en busca de algún dato que me sirviera en mi desesperada búsqueda, un corto llamado telefónico que resultó ser el más importante de mi vida.

Han pasado seis meses, el tratamiento gracias a dios por fin ha dado los resultados buscados y aunque por ahora debo seguir con la medicación y un estricto control semanal me siento casi en paz conmigo mismo. He recuperado peso y me siento fuerte nuevamente. He podido comprender en lo sustancial el término “obsesión compulsiva” y los peligros que esto acarrea y ahora recomiendo a todo aquél que lo necesite o crea necesario que deje de lado prejuicios como los que yo he tenido y consulte a un buen especialista cuando vea que necesita esclarecer sus dudas, sus miedos más íntimos o cualquier otra clase de pensamientos que pueden resultar malsanos si tratan de resolverlos en soledad; por lo menos a mí me dio resultado.
Anoche, por fin después de largo tiempo he podido dormir durante varias horas seguidas casi sin sobresaltos y hasta tuve un sueño.
Esta mañana, mientras desayunaba y al morder la tostada recordé lo soñado: ¿Que querrá decir “lirckpin”?

jueves, 23 de septiembre de 2010

Total incertidumbre- Miguel Dorelo



Solo sé que algo he perdido....
Total incertidumbre- Miguel Dorelo

A esta altura mi única certeza es la de reconocer la pérdida probable.
Ni el momento exacto ni el lugar aproximado forman parte de mis más cercanos recuerdos del infausto acontecimiento, tan solo un atisbo de tristeza inexplicable marca alguna pauta como para catalogar al extravío, quizás, de irreparable.
Sé que cuando menos lo espere recordaré lo sucedido y quizás mi presente angustia se acentúe... O, tal vez, se me conceda el privilegio de comprender que en realidad he exagerado, que aún hay tiempo, que es posible recuperar aquello que, a lo mejor, quien sabe, solo imagino haber perdido.

Elaborado para La Cuentoteca

lunes, 20 de septiembre de 2010

Relato en plena etapa de elaboración- Miguel Dorelo


En plena etapa creativa utilizando los últimos adelantos tecnológicos...

Relato en plena etapa de elaboración- Miguel Dorelo

Este es un relato en plena etapa de elaboración, tenga a bien a la hora de juzgarlo el recordar su condición de tal.
No confundir con un borrador, que podrá ser parecido pero no es lo mismo.
En este preciso instante se encuentra en una especie de estadio en que el autor, persona por la cual siento una especial predilección, trata de pulir la idea primigenia generadora del relato.
Es a todas luces evidente que no ha logrado plasmarlo, por lo cual en un arranque de honestidad intelectual pocas veces visto en un ambiente habitualmente caracterizado por los egos exacerbados de esta especial casta agrupada bajo el genérico nombre de “escritores”, ha decidido en bien del público lector dar por concluido este relato que como ya a sido dicho se encuentra en plena etapa de elaboración.
Se ruega no confundir con un borrador.

Elaborado para La Cuentoteca

domingo, 25 de julio de 2010

Especial ajedrez- Miguel Dorelo

Historias entre trebejos...

Protección- Miguel Dorelo
Aquél torneo de ajedrez resultó un fracaso. Los contendientes no pudieron adaptarse a la modificación en el reglamente impuesto por los auspiciantes del evento: la sociedad protectora de animales.
—Declarar a los caballos “Intocables, especialmente protegidos y libres de todo acto de crueldad” atenta contra la idiosincrasia del juego —se quejó uno de los jugadores

La conquista- Miguel Dorelo
— ¿Me parece a mí o esa mina me está tirando onda?
— ¿Cuál?
—La de negro, esa que está al lado del jovato.
—Olvidate, boludo; es la jermu del Chabón y está super custodiada.
—Algo tengo que hacer ¡Está re buena!
—Te come la guardia. Te ensarta un alfil o te pisa un caballo. Se comenta que tienen francotiradores en las torres. El rey es muy cuida. Parece que la tipa dos por tres lo cornea.
—Vos dejáme. Aunque sea avanzando de a una casilla, pero vas a ver como me la encaro.
—No te lo aconsejo, nosotros somos dos tristes peones y la nobleza es muy puta.
—Hacéme gamba, no seas jodido.
—Está bien. ¿Qué hago?
—Lo habitual, como para que no sospechen nada, mandate un 1e4.
Del resto me encargo yo.
Esta noche duermo acompañado.

El asesor- Miguel Dorelo
Debía ganar a cualquier precio ese torneo, pero por el nivel de los participantes sabía que no resultaría fácil.
Se preparó durante meses y participó en torneos menores para llegar a la contienda en plenitud.
Aunque ganó todos ellos, no fue con el suficiente margen como para confiar ni siquiera en un buen desempeño en aquél que le interesaba.
Debía pensar en alguna estrategia adecuada para incrementar sus posibilidades, los tiempos se acortaban.
Y un buen día, su mente se iluminó: un buen asesor, eso es lo que necesitaba.

Todo funcionó de maravilla; llegado el momento, el tan soñado triunfo fue casi un trámite.
Desentenderse de las torres enemigas gracias a los consejos de su asesor le dio ese plus tan necesario. Entre jugadores tan parejos esa mínima ventaja resultó ser clave
Contratar a Bin Laden resultó ser una idea brillante.
Sin dudas, un verdadero experto.

lunes, 8 de febrero de 2010

Ser o no ser- Miguel Dorelo

¿Es este el comienzo...?

Ser o no ser- Miguel Dorelo

Existencia y no existencia. Eso es todo; poca cosa más.
Vida y muerte.
Y aún no haber nacido, claro.
La no-vida o la no-muerte, ¿Cómo llamar a ese estadio en que un ser humano aún no ha sido concebido, pero que está destinado a ser?
¿Solo existe un infinito futuro de muerte sin su correspondiente pasado infinito de vida?
¿Todo comienza en cuanto los veintitrés cromosomas del espermatozoide se encuentran con los veintitrés del óvulo?
Casi una cuestión matemática; solo una pizca de azar y listo: una vida más.
¿Es esto el hombre?
A veces, muy pocas, algo ocurre: quizás una distracción de los dioses. O un sin número de probabilidades aleatorias extrañamente coincidentes. Quién sabe.
Alguna vez tenía que pasar. Algún extraño designio le había otorgado aquella facultad única.
El/Ella dispondría de una opción jamás antes otorgado a ser alguno; podría decidir ser o no concebido.
Existir o no existir. Decidir ser…o no ser.
Pero de verdad. Nada filosófico ni metafórico. Algo materialmente único.
Con todas las opciones implícitas en ello; casi infinitas, pero sin la posibilidad de elegir cuál.
Un libre albedrío acotado y patético. Solo ser, sin elección de género ni idiosincrasia.
—Seré —pensó, razonó, especuló o vaya a saber qué — Primero seré. Y luego quizás, médico de frontera, bailarina clásica, peón de albañil, asesino serial, escritor de ficciones especulativas.
Hombre o mujer.
Y casi al instante siguiente, dudó.
Quizás, después de todo no se llamaría Pedro, ni Juan, ni Martín; tampoco María, Irene ni Daniela.
Simplemente, no se llamaría de ningún modo.
Tenía todo el tiempo del mundo para decidirlo.

Exclusivo para La Cuentoteca

lunes, 8 de junio de 2009

El curioso caso del botón Benjamín- Miguel Dorelo

A Brad Pitt le encantó el cuentito...




El curioso caso del botón Benjamín
Miguel Dorelo

Un botón con nombre, convengamos, es de por sí extraño.
Si le sumamos que Benjamín suele hacer gala de conductas por demás extravagantes es que estamos en presencia de algo, por lo menos, curioso.
Él ignora los motivos que lo llevan a ser así.
Benjamín se siente cansado, abúlico. Sus cuatro agujeros están agrandados por demás, posee un color deslucido y sus bordes desgastados contribuyen a generar la patética imagen de algo que ya no sirve.
Digámoslo con todas las letras: Benjamín es un botón que nació viejo, y lo sabe.
—Me cuesta mucho aferrarme a algo —se lamenta.
En los últimos días ha caído de dos blusas, tres camisas y un pantalón. La posibilidad de ser completamente descartado pende sobre su existencia.
Pero, Benjamín sabrá renovarse; siempre hay esperanza si uno ha sido elaborado en una factoría de la fabulosa Hollywood.



Publicado en Químicamente Impuro

jueves, 16 de abril de 2009

¡Aviso importante!-Miguel Dorelo


Carterooo...

¡Aviso importante! – Miguel Dorelo

Estimado señor Hipólito Wenceslao Irusta:
De acuerdo a la ley 11.208/ 50, cumplimos con el deber de comunicarle que en el día de la fecha ha sido elaborada la bala que pondrá punto final a sus días.
Acorde a nuestro compromiso de calidad y excelencia en servicio, incluimos las características del producto.
Se trata de un proyectil del tipo FMJ (Full Metal Jacket), esto es un interior de plomo revestido de latón de primera calidad., calibre 9 mm. Parabellum con una velocidad de disparo subsónica de 340 m/s.
Quedando a su entera disposición para subsanar cualquier duda, le recordamos que este documento cumple con la doble función de comunicación y salvaguardo de toda responsabilidad que le pueda caber a nuestra empresa en los acontecimientos que culminarán con su trágico fin.
Saluda a Ud. Atentamente.
Pedro Aguirre
Gerente general de Killing Machine.


Exclusivo para la Cuentoteca

Entropía- Miguel Dorelo

A veces me siento algo desorientado

ENTROPÍA
Miguel Dorelo

Fin.
Luego de haber quedado viudo, mi esposa y yo tuvimos nuestro primer hijo.
Fue un regalo del cielo, ya que Facundito, nuestro segundo hijo estaba insoportable y ahora tendría con quien jugar.
Además, por suerte tuve un buen año y ya tengo el techo propio; quedó muy lindo. El año que viene, encararé las paredes y si me esfuerzo lo suficiente, luego construiré los cimientos.
Ahora puedo quedarme tranquilo y dedicarme de lleno a mis cosas.
Apagar mi computadora, por ejemplo, y empezar a teclear este cuento sobre mi tendencia natural a la pérdida del orden.
Con un poco de suerte, antes de que lo termine, seguramente ganará algún premio.
Eso haré. Mañana lo mando a un concurso que cerró el mes pasado.

Publicado en Químicamente Impuro