lunes, 29 de junio de 2009

Sobre amores y renunciamientos- Miguel Dorelo

¿Cuanto puede soportar un gran amor?


Sobre amores y renunciamientos- Miguel Dorelo

Siempre que uno se enamora, renuncia a algo. Esto es así.
Casi se podría medir la intensidad de un amor con solo prestar atención a lo que ella o él han renunciado en pos de la concreción del vínculo amoroso.
Pero, ¿Existe algún límite que no es posible trasponer por más enamorado que uno esté?
El amor no conoce de ese tipo de especulaciones, dirán todos o casi todos los que alguna vez vivieron un gran romance; por ella, o por él, soy capaz de renunciar a todo.
Ricardo opinaba así. Opinaba, bien digo. En pasado. Ya no.
Lo ideal no existe. Eso está claro. Cuando nos enamoramos no elegimos de quién hacerlo; no pocas veces, el objeto de nuestros sentimientos es comprensiblemente alguien que no comparte nuestros modos o nuestros gustos en su totalidad. Esas pequeñas diferencias suelen ser un incentivo para la relación; enamorarse de alguien demasiado semejante a uno mismo, aunque en estos tiempos está siendo cada vez más natural, es solo una especie de onanismo más sofisticado.
—Bueno, pequeñas diferencias, quizás. Pero ésta —trata de justificar Ricardo.
—Por favor no me interrumpas cuando estoy tratando de poner en situación a los lectores.
—Pero, estás hablando de mí, después de todo.
—Estoy. Pero a modo de ejemplo; lo que realmente me interesa es divagar un poco sobre amores y renunciamientos. No voy a negar que lo que te pasó se presta perfectamente a lo que quiero decir, pero bien podría utilizar otra historia.
—Te estás mintiendo y lo sabés. No peleemos. Dejáme que te ayude. Quién otro mejor que yo mismo para relatarlo.
—Que bien. Esto ya me pasó: el personaje queriendo copar el relato. Lo hacemos entre los dos. Presentáte. Yo te sigo.
—Como bien dijo el señor, me llamo Ricardo. Como cualquier hijo de vecino, conocí a una señorita y me enamoré de ella. Luciana, se llama.
—La historia…
—Va, va. Nos conocimos, empezamos a salir, etc. Lo habitual. El conflicto surgió cuando empezamos a descubrir nuestras diferencias, menores al principio, pero que cuando llegó el momento de intimar se acentuaron.
—Eso, eso; detalles escabrosos en lo posible, para que no decaiga el interés.
—Los necesarios para que se entienda el concepto y podamos establecer las pautas necesarias para una correcta interpretación de los hechos. Sigo. Soy una persona de lo más común y rutinaria; en materia sexual, un macho promedio, si se me permite expresarlo así. Ella no. Ella es distinta. Ella, practica el sexo tántrico.
—Ubiquemos al lector.
— ¿Ponemos un enlace a la Wikipedia?
—No. ¿Y si el día de mañana esto se publica en papel, eh? Haga una síntesis.
—Bien. La principal carácterística del sexo tántrico es la de prolongar la relación sin llegar a la eyaculación; en palabras de Luciana, la técnica más adecuada para conseguir un óptimo resultado: “ Vos seguime. Quedáte quieto, relajá los músculos genitales y anales y empuja la lengua contra el paladar, justo detrás de los dientes".
—Complicado.
—Hay más. “Permanecé quieto y respirá profundamente y con regularidad. Retirá el pene hasta que pase la urgencia y alterná nueve empujones débiles con uno más profundo”.
—Hay que contar.
—Solo mentalmente. “Presioná el perineo con el índice y el pulgar entre el ano y el escroto. Lo puedo hacer yo, si no te animás”.
—Chanchita, la Luciana.
—Es solo técnica. “Colocá el pulgar en el frenillo en la parte inferior del pene, con los dedos índice y medio en las ondulaciones del glande y apretá durante diez a quince segundos”.
—También se necesita un cronómetro.
—Me las arreglaba con el despertador en la mesita de luz. En esencia eso es todo…y no eyacular, claro.
—Pero eso no es lo que llevó a la ruptura de la pareja.
—No. La amaba tanto que me adapté. Tuve que hacer un curso rápido de anatomía y al principio anotaba las instrucciones en una pizarra que ponía a la cabecera de la cama, pero todo bien.
— ¿Y cómo fue lo de la separación? Los lectores deben estar ansiosos.
— Aunque pasábamos muchas horas en la cama, también salíamos. Vos sabés que una de mis grandes pasiones es el buen comer. Al principio todo bárbaro, buenos restaurantes, pizzerías varias, fast food , lo que pintara para la ocasión…Hasta que decidió programar las salidas ella. Fue el principio del final.
—Contá lo que pasó.
—Solo tres salidas; eso fue lo que mi dignidad pudo aguantar. Ahí me di cuenta que el amor, por más fuerte que sea, no puede hacer pasar por alto ciertas cosas.
Como te cuento, la tercera vez fue la última. En las dos primeras lo soporté, tanto la amaba, en la tercera ni siquiera quise entrar al local.
Imagináte: ambiente cálido con reminiscencias hindúes, música suave, un amplísimo menú para seleccionar platos de todo el mundo, no demasiado caro, era casi perfecto.
Casi…podés mirar los hermosos platos realizados por chefs de primera, olerlos y hasta palparlos. Lo que de ninguna manera podés hacer es comértelos.
Me cagué de hambre.
Nunca más ví a Luciana ni quiero volver a hablar de ella.
Nunca más pongo un pié en uno de esos restaurantes tántricos.
No todo es amor en este mundo.
Ahora estoy saliendo con Carla, eyaculo cuando quiero y sobre todo, la única diferencia entre nosotros pasa por Burger King o Mc Donalds.

Exclusivo de La Cuentoteca.

domingo, 21 de junio de 2009

La verdadera historia de las dos majas- Miguel Dorelo


Para terminar con las especulaciones sobre estas misteriosas obras de arte.


La verdadera historia de las dos majas- Miguel Dorelo

Casi todo estaba saliendo tal cual lo había planeado. Pintor de renombre, consiguió por fin convencer a la dama que lo desvelaba para que posara. Era la excusa perfecta, la tendría totalmente desnuda y a su merced.
El estudio poco calefaccionado y el frío de aquella tardecita de Enero de 1794 en Madrid, atentaron contra la feliz conclusión de los eróticos planes del maestro aragonés.
—Hala, Francisquillo, que me estoy helando —dice quejosa la duquesa—; acaba de una vez hombre.
—Va, va, coño, no me apures, que casi está.
—Si serás gillipollas, como se ve que no eres tú el que está en pelotas.
—Listo; ya no te quejes, mujer, esa fue la última pincelada.
El óleo lucía realmente espléndido, haciendo honor a la belleza de la duquesa de Alba.
—Pues, ahora a lo nuestro —acota Goya, comenzando a desvestirse.
—Con que no vayas de putas... estoy helada; alcánzame el vestido, so zopenco.
—Pero, mira como estoy, no puedes dejarme así. Hacía años que no lograba una erección tan sublime.
—Ja.
—Está bien, ponte el vestido y a posar de nuevo —se resigna el maestro, sacando otro lienzo —En algo tendré que gastar mi sobredosis de energía.
Original publicado en Quimicamente Impuro- Reelaborado para La Cuentoteca

martes, 16 de junio de 2009

La muy envidiada libertad del escritor- Miguel Dorelo

Un oficio en el que la libertad lo es todo.


La muy envidiada libertad del escritor - Miguel Dorelo

– ¿Por qué elegí esta profesión, me preguntas? Supongo que en realidad es al revés, llámalo vocación si te parece, pero fue ella la que me eligió a mí.
Básicamente, me gusta contar historias, inventar personajes, hacerles hacer cosas.
La angustia ante la hoja en blanco, el lento pasaje de la idea latente hacia la punta de mis dedos que comienzan, despaciosamente, a teclear. La pausa necesaria para ordenar una frase o un pasaje, encontrar el giro que resulte más conveniente para poder expresar cabalmente lo que quiero decir. Te podría decir que escribo para mí, pero nada se asemeja más a la felicidad que cuando alguien lee un relato de mi autoría haga un comentario elogioso.
Pero, en realidad, lo que me fascina de todo esto es la libertad.
Amo y señor; libre albedrío en todo su esplendor, libertad total y absoluta. Hago y deshago a mi antojo. Amo, odio, quiero, mato o hago matar; resucito si quiero, hago de este mundo un lugar mejor o el peor de los infiernos. Libertad.
—No sabes como te envidio, Miguel —acota Pablo —yo estoy atado a un montón de rutinas casi insoportables.
—La vida tiene esas cosas… Te dejo, me voy urgente a casa.
— ¿Por qué el apuro?
—Me acabo de acordar que mañana tengo que entregar el relato sobre universos paralelos y su influencia en el cultivo de soja transgénica. La extensión debe ser entre 3576 y 3592 palabras, en la trama deberá tener un papel protagónico Pupy, la gatita siamesa del editor, y dejar bien parado al sector agropecuario. No me tengo que olvidar que el tipo de letra es Times New Roman Riquelme de 12 puntos, el formato rtf, sangría francesa, justificado a ambos lados, doble espacio con título en negrita. Enviar como archivo adjunto y esperar acuse de recibo.
—Bueno…Chau.
— ¡Chau! No llego, no llego, la puta madre….

Exclusivo de La Cuentoteca


viernes, 12 de junio de 2009

Estrategia de mercado- Miguel Dorelo

¿Cuántas veces sospechaste que esto es así?


Estrategia de mercado- Miguel Dorelo

—Juanita…dígale al señor González que pase, por favor.
—Entendido, señor.
La oficina era muy amplia pero con pocos elementos. Un importante escritorio de vidrio y acero dominaba el ambiente. Una mesa chica, dos sillones y un pequeño bar completaban el mobiliario.
—Tome asiento, González. ¿Me trajo lo que le pedí?
—Aquí está, señor Dumont. Ordenado por fecha y lugar. En un adjunto podrá ver las estadísticas de cada uno de nuestros trabajos.
Aunque próspera, la empresa Dumont, debido a la crisis financiera mundial, había visto frenado su plan de expansión semestral en casi cinco puntos, lo que ameritaba en forma urgente un “plan de salvataje”. Rápidamente, luego de una reunión de los principales accionistas de la empresa se había llegado a la conclusión que lo más adecuado sería contratar los servicios de González y González, responsables directos del crecimiento de otras empresas del rubro.
Pierre Dumont, socio mayoritario, decidió que él mismo se encargaría de realizar el contacto a fin de ultimar los detalles de la operación. Es por esto que estaban reunidos en su oficina del piso sesenta y cuatro y daba un primer vistazo a la carpeta que había depositado en sus manos Juan González, socio y hermano de Pedro González.
González y González eran las cabezas no muy visibles de un pequeño laboratorio de las afueras de González Catan, provincia de Buenos aires, que en apariencia se dedicaban a elaborar caramelos de propóleo, cápsulas de ginseng y comprimidos de jalea real desde hacía más de cincuenta años.
—Muy interesante —murmuró Dumont al tiempo que leía en voz alta:
Años 1957-1958.
Cliente: Mayer Korporation, Dusseldorf, Alemania Occidental.
Área de trabajo: continente Asiático.
Producto: CGA01. Nombre poular: gripe asiática.
Resultados acordes a lo planificado.
Saturación controlada en el límite fijado: 4.000.000 de individuos.
Porcentaje resultante de ganancia neta incrementada: 17,08 %.
Años 1968-1969.
Cliente: Aroche Inc., New Jersey, EE.UU.
Área de trabajo: Hong Kong y zona de influencia.
Producto: GHH02. Nombre popular: gripe de Hong Kong.
Pequeña desviación en plan maestro.
Desfasaje en límite acordado: 2.000.000 de individuos sobre estimación de 1.500.000.
Porcentaje resultante de beneficio: 19,3 %.
—Perdone que lo interrumpa, señor Dumont —intervino Gonzalez, —en este último caso hubo un pequeño inconveniente con la primer cepa. La GHH01, lo que incrementó un poco el número de víctimas fatales necesarias, pero no hay mal que por bien no venga dicen; el incremento en ganancias fue superior, como habrá visto.
—No veo lo del 2003, gripe aviar se le llamó —casi interrogó Dumont.
—No fuimos nosotros. La naturaleza a veces también hace de las suyas. De todas formas, solo 250 víctimas fatales no crean las condiciones adecuadas para una correcta operación. Un verdadero fiasco.
—Está bien, vayamos a lo que nos interesa ¿Qué han preparado esta vez?
—Bueno, causalidad más que casualidad, diría yo; lo que en un principio arrancó como un habitual pedido de “crear pánico en los consumidores”, nos puso en las manos una oportunidad fantástica. Por pedido de un cliente, proveedor de carne vacuna a nivel mundial, procedimos con lo habitual en estos casos: la infección por medio de una cepa exclusiva de nuestro laboratorio en un grupo de porcinos. Luego de hacer llegar la información a medios amigos, por lo general se logra la baja de consumo casi inmediata de este producto con el consecuente incremento en el de nuestro proveedor amigo.
Una pequeña falla al principio, el contagio de algunos humanos y una nueva intervención de nuestros contactos en la prensa, nos encuentra posicionados de una forma única. Esta vez, ni siquiera tendremos que pedirle un adelanto para el lanzamiento.
— ¿Y cómo beneficiaría esto a mi laboratorio?
—Lo habitual. Exclusividad en el antídoto contra esta nueva peste. Siempre contamos con ambos lados de la moneda. El resto es simplemente cantidad de víctimas fatales, consecuente pánico mundial, dejar pasar el tiempo establecido y por último vender y empezar a cobrar.
— ¡Trato echo! Siempre es un placer hacer negocios con gente capaz y responsable. —Juanita… una botella de champagne y dos copas, por favor.


Exclusivo para La Cuentoteca

lunes, 8 de junio de 2009

Puertas- Miguel Dorelo

Pasar al otro lado no es sencillo...


Puertas- Miguel Dorelo

Uno se pasa la vida delante de ellas.
Las hay de distintas formas y colores.
Por lo general, no nos está permitido ver a través de ellas; aunque creamos vislumbrar qué hay del otro lado, solo estaremos seguros cuando logremos abrirlas.
Casi nunca es una tarea sencilla lograrlo y el esfuerzo solo es justificado en contadas ocasiones.
A veces, al franquear una de ellas, salimos a lugares amplios y llenos de luz, y eso nos hace sentir bien; esto suele llevarnos a engañosas conclusiones, a creer que todo es posible y que otras puertas futuras ya no serán un obstáculo.
Abrimos otras, entramos a lugares oscuros y nauseabundos y respirar se nos hace dificultoso. Nos arrepentimos casi inmediatamente de haberla transpuesto. Creemos, quizás falsamente, que nos equivocamos, que deberíamos habernos quedado del otro lado. La desazón nos invade; sentir una gran angustia, no es raro en estos casos.
Capítulo aparte merecen las puertas ignoradas, algunas no vistas, otras apenas vislumbradas. Las dejamos de lado, pasamos de largo.
De vez en cuando desandamos caminos tratando de hallar a alguna de ellas y suele sucedernos que nos encontramos delante de aquélla que creíamos ya formando parte de un pasado irrecuperable. Estas, suelen ser las más peligrosas; el no haberlas transpuesto en el momento adecuado puede ser causante de dolores inconmensurables. Todo tiene su tiempo y es sólo ese; comprenderlo y aceptarlo es para pocos.
Pese a todo, seguimos abriendo y cerrando puertas. Así debe ser.
Puertas etéreas y puertas pesadas, pero, por lo general, engañosas puertas.
Muchas veces, que se abran o cierren depende de otros, sus verdaderos dueños.
El sueño de la puerta propia no es fácil de alcanzar.
Aunque, por cierto, todos tenemos una absolutamente nuestra, la última, la postrera, la definitiva; aquella hacia la que todos nos dirigimos.
Lo que me preocupa, aunque confieso que no demasiado, es que estoy seguro que detrás de esa, no hay nada.

Publicado en Quimicamente Impuro- Reelaborado para La Cuentoteca

El curioso caso del botón Benjamín- Miguel Dorelo

A Brad Pitt le encantó el cuentito...




El curioso caso del botón Benjamín
Miguel Dorelo

Un botón con nombre, convengamos, es de por sí extraño.
Si le sumamos que Benjamín suele hacer gala de conductas por demás extravagantes es que estamos en presencia de algo, por lo menos, curioso.
Él ignora los motivos que lo llevan a ser así.
Benjamín se siente cansado, abúlico. Sus cuatro agujeros están agrandados por demás, posee un color deslucido y sus bordes desgastados contribuyen a generar la patética imagen de algo que ya no sirve.
Digámoslo con todas las letras: Benjamín es un botón que nació viejo, y lo sabe.
—Me cuesta mucho aferrarme a algo —se lamenta.
En los últimos días ha caído de dos blusas, tres camisas y un pantalón. La posibilidad de ser completamente descartado pende sobre su existencia.
Pero, Benjamín sabrá renovarse; siempre hay esperanza si uno ha sido elaborado en una factoría de la fabulosa Hollywood.



Publicado en Químicamente Impuro

viernes, 5 de junio de 2009

Profundos y oscuros miedos- Miguel Dorelo

Están ahí, acechándome, lo sé...



Profundos y oscuros miedos- Miguel Dorelo

Tuve miedo a la oscuridad de mi habitación, siendo niño. Estuvieron allí, intangibles, apenas visibles pero no por eso menos tenebrosos, acechando detrás y delante de las cortinas.
—Por favor, mamá, no apagues la luz. —rogué.
Los callejones oscuros me causaron pánico en mi adolescencia y realicé largos e imprescindibles rodeos para llegar a mi destino. Ellos seguían sigilosamente mis pasos, solo la luz los mantenía a raya. Aún así volvía constantemente mi cabeza temiendo ver lo peor.
Ya mayor, me oriné encima, cuando, caminando, me sorprendió la noche en medio de aquella carretera desolada. ¿Cuán largos pueden ser los metros, los minutos, los centímetros, los segundos que faltan para llegar a casa? Sabía que estaban detrás de mí, queriendo alcanzarme.
La oscuridad es solo la falta de luz, me dijeron, no hay nada en ella de que asustarse, todo está en tu mente.
Sin embargo, el color negro es un inmenso pozo que amenaza con devorarme.
Allí, en la oscuridad, hay algo que despierta en mí tal terror, que ni siquiera me animo a mencionar.

Original publicado en Quimicamente Impuro y Terrozine (Brasil)- Reelaborado para La Cuentoteca.

domingo, 31 de mayo de 2009

Morir tiene sus privilegios- Miguel Dorelo

Los ricos también mueren...


Morir tiene sus privilegios- Miguel Dorelo



Usted no es una persona común; lo sabe y nosotros también lo sabemos. Por eso, deje que le contemos algo sobre las últimas estadísticas de accidentes de tránsito: en el último año, han muerto, en el mundo, un millón y medio de personas. Ninguna de ellas pensó que le tocaría. Usted conoce la seguridad que nuestros vehículos le brindan, pero no somos infalibles. Lo peor también puede sucederle, y ahí estaremos nosotros, apoyando su fidelidad para con nuestra marca. Morir dentro de su automóvil, entre hierros retorcidos, en una lenta y dolorosa agonía, como cualquier hijo de vecino, no coincide con lo que usted es; por algo lo contamos entre nuestros más destacados clientes. Ese es el motivo por el que usamos este medio para informarle el lanzamiento de nuestra línea exclusiva: el Myzzan Death Relaxed®, con todo aquello que usted ya conoce en nuestra amplia gama de vehículos en materia de confort, servicio post venta y asesoramiento gratuito. La gran novedad de nuestro lanzamiento, es el exclusivo sistema de “muerte relajada”, o como dice nuestro slogan: “¿Por qué morir como todo el mundo, si puede hacerlo en un Myzzan Death Relaxed®?”. Un revolucionario sistema totalmente personalizado, con una serie de avances tecnológicos patentados por nuestra empresa, le garantizará que sus últimos instantes en este mundo sean acordes a lo que usted se merece. Milésimas de segundo luego de un impacto que nuestro software identifique como de consecuencias fatales con un porcentaje de certeza del noventa y nueve por ciento, se activarán los mecanismos necesarios para un satisfactorio adiós definitivo. Le evitaremos el dolor innecesario, o parte de él, inyectándole un cóctel de drogas exclusivo de nuestra sección farmacológica. Al mismo tiempo, usted podrá escuchar, en sonido Myzzan Total®, la melodía que previamente haya elegido en nuestras oficinas centrales, seguido de la extremaunción completamente personalizada en la voz del Santo Padre (consúltenos por otras religiones). Un intenso monitoreo de todas sus funciones vitales hasta que estas dejen de funcionar, así como un film con sus últimos suspiros, serán resguardados en una caja negra indestructible para que aquellos familiares o amigos que usted haya señalado previamente, tengan un recuerdo suyo. Por supuesto, un director de cine de primerísima línea, que podrá elegir de nuestro largo listado, editará y dará el toque de dignidad a sus minutos finales, esa que usted se ha ganado al ser el que es y elegir nuestros productos. Recuerde: vivir diferente, lo hace diferente. Morir diferente, acentúa la diferencia. No sea uno más. Comuníquese con nosotros a la brevedad; los cupos son muy limitados y al alcance de pocos.
Lo saludan: sus amigos de Myzzan Corporation.

Publicado en Breves no tan breves

miércoles, 27 de mayo de 2009

Tiempo- Miguel Dorelo

¿Quién sabe cómo hacer que el amor dure? ( Tom Robbins)


Tiempo- Miguel Dorelo

—Algo está pasando con el tiempo —comentó Angel como al pasar.
—Que novedad. Y nosotros somos los únicos culpables —respondió Marcelo— El hombre no se cansará jamás de atacar a la naturaleza; gases, humo, el calentamiento…
—No me refería a eso —lo interrumpió bruscamente — La duración, digo.
— ¿La duración? ¿A qué te referís?
—Eso. La duración. No es la misma. Vos te referís al clima, y yo te hablo del tiempo. Del cronológico.
—Ah, ¿Y dura más o menos? —preguntó con tono burlón — ¿O es flexible?
—Está durando menos. Mucho menos —respondió con gran seguridad y convencimiento en la voz.
— Estás cada vez más loco.
—Búrlate si quieres. Pero es completamente cierto.
—Quiero pruebas.
—Cómo no. Hoy deberían cumplirse 30 años de la última vez que estuve con ella.
— ¿Y?
—Y, eso. Que esta mañana me desperté con el sabor de su boca en mis labios.

Exclusivo de La Cuentoteca

domingo, 24 de mayo de 2009

Un final trágico e inevitable- Miguel Dorelo

Una historia de amor-odio de candente actualidad


Un final trágico e inevitable- Miguel Dorelo

—Recuéstese, póngase cómodo y cuénteme, mi amigo.
Con su barba planificadamente descuidada, sus gafas redondeadas y el gesto distante, profesional, mezclado con el aire paternalista adecuado, el psicólogo trataba de que su paciente tomara confianza.
Acomodándose lo mejor posible, recostarse nunca le había resultado cómodo, trató de adoptar una posición medianamente digna.
—Lo escucho —alentó el facultativo.
–Es que no sé bien por donde empezar, doctor.
—Bueno, el principio suele ser lo más adecuado; pero usted decide, déjese llevar.
—Lo extraño —dijo ignorando la sugerencia y arrancando por el final.
—Naturalmente. Fueron muchos años juntos. Siga.
—Muchos, es cierto. A veces pienso que lo mejor es irme junto a él, allí donde quiera que esté. Ya no aguanto más esta angustia.
—Cálmese. Él ya no está en este mundo y usted deberá aprender a convivir con ello. La muerte es muchas veces una salida fácil.
—Pero, es tan grande mi dolor al saber que soy el único culpable de lo sucedido. ¡Si tan solo lo hubiese pensado un poco!
—La culpa es siempre un escollo difícil de superar, pero tenga en cuenta las circunstancias del hecho; estaban destinados a un final trágico no exento de violencia. Los dos siempre fueron a la vez victimas y victimarios. Usted no las pasó del todo bien en esta relación. Y algún día todo termina por resolverse. Para bien o para mal.
—Pero, ahora que ya no está conmigo, creo que en realidad lo amaba.
—Es muy probable. Pero deje las conclusiones en mis manos, que para eso soy el profesional. Además el homosexualismo en individuos como ustedes suele ser algo natural y totalmente libre de pecado. No piense más en ello.
—Ya ni recuerdo desde cuando, pero creo que siempre soné con alcanzarlo, tenerlo entre mis brazos y fundirnos en uno solo.
— ¡Sea positivo, amigo! ¡Piense que al fin lo ha conseguido! Él es ahora parte suyo, estará en su interior para siempre en cierto modo, formando la ansiada unidad tantas veces buscada.
—No sé, no sé, doctor. Quizás viéndolo de esa manera…
—Hágame caso. En toda relación amor-odio uno de los componentes de la pareja termina por devorar al otro; siempre hay un ganador y por consecuencia lógica un perdedor. Esto no hace indigna la relación ni menoscaba a ninguno de los protagonistas. El amor es simplemente así, y así seguirá siéndolo hasta el final de los tiempos.
—Casi me está convenciendo, pero también está lo otro, la presión de la gente.
—Es lógico que así sea. Ustedes dos formaban una pareja, diríamos, mediática, con todo lo que conlleva en materia de exposición. Eran muy populares además. Y ya se sabe, el público cree que tiene derecho a opinar sobre todo aquello que se les ofrece sin importarle demasiado los sentimientos de los involucrados. Suele ser muy cruel la masa.
—Muchos me apoyan, no crea. Pero otros me juzgan sin tener en cuenta los atenuantes y no perdonan mi acto final.
–Haga oídos sordos. Lo que tenía que ser fue.
— ¡Pero tienen razón los que no me perdonan! ¡Yo lo maté! ¡Y además, me lo comí, doctor! ¿Entiende? ¡Me lo comí! — gritó entre sollozos, rotos ya todos los diques de la desesperación y la congoja.
—Por supuesto. Es parte de su naturaleza. Su vida ha girado en torno de este sino; y también la de él.
—Pero, pero….
—Píenselo de esta forma: han llegado al final de un viaje, quizás no el mejor final, pero uno de los probables. Algún día la historia tenía que terminar. Ya no daba para más. Era o él o usted. Alguien que está muy por encima de ambos, el Creador, así lo decidió y no hay marcha atrás. Resignación es la palabra que deberá incorporar de ahora en más a su vida. Lo hecho, hecho está.
—Gracias, doctor. Estas últimas palabras han llevado un poco de alivio a mi corazón aún triste.
—Me alegro por ello. A propósito: ha pasado la hora y tengo que dar por terminada la sesión.
—Bien. ¿Cuánto le debo?
—Lo de siempre, doscientos dólares.
—La semana pasada me cobró cien.
— Se olvida que en la anterior consulta usted aún no había alcanzado al Correcaminos y no lo había convertido en su almuerzo, señor Coyote.
—Disculpe, doctor. Una vez más, tiene usted toda la razón del mundo.

Exclusivo para La Cuentoteca

martes, 19 de mayo de 2009

Un viaje programado- Miguel Dorelo


Si querés que todo salga bien, deberás tener paciencia.


Un viaje programado- Miguel Dorelo

Consumió muchos años de su vida planificándolo debido a su afán perfeccionista, pero estaba decidido a elaborar mil planes, si fuera necesario. De ninguna manera ensuciaría su principal razón de ser con intentos fallidos. La primera vez, debería ser la última y definitiva.
—Mi último instante en este mundo debe rozar lo sublime. Después de todo, no habrá margen para errores —decía con un toque de dudoso humor.
No tenía apuro. Hasta solía decir que amaba la vida—. De ninguna manera un disparo —descartó. No soportaba las armas y estaba el asunto ese de que era un melómano y no sería el poco armonioso ruido del tiro lo último que escuchara. Mientras tanto, continuaba con la rutina de vivir. Trataba de no comprometerse demasiado, ya que el viaje estaba programado—. Ni viuda ni huérfanos —decidió.
Siguió buscando y descartando.
Subir y arrojarse desde muy alto. Por unos instantes, sentir el viento en la cara, imaginarse tener alas.
—No. Un cuerpo destrozado contra el piso no es muy estético —reflexionó—. A seguir. Tiene que haber una forma.
Odiaba los automóviles: no a los caños de escape obturados y el anhídrido carbónico entrando en sus pulmones. “Esto se está poniendo difícil”, pensó.
Aunque lo atraía el colorido trágico de la escena, sentía terror por las cosas afiladas. Por el momento, sus venas seguirían como hasta ahora. ¿Entonces qué? Amaba los trenes, no serían mancillados por su carne y huesos destrozados. —Así no vamos a ningún lado.
La soga. Eso podría ser.
—No.
¿Tampoco? Ya sonaba casi como una excusa. ¿Se estaba arrepintiendo? ¿Qué tenía de malo la soga? Solo necesitaría un par de metros y una viga o la rama de un árbol. Solía jactarse de cultivar un tipo de humor distinto, muchas veces absurdo.
—Nunca usé corbata —se dijo—, no sería un buen momento para empezar a hacerlo.
Pero, todo llega, aún el encontrar un método satisfactorio para quitarse la vida. La excusa era válida:
—Por si existís y estuve equivocado; voy a dejar este mundo cuando YO lo decida —gritó en un momento de patética rebeldía.
Píldoras. De varios frascos; verdes, rojas, amarillas. Un método limpio y exento de violencia. Preparó el escenario: su habitación, su cama. Música. Epitafio de King Crimson parecía la más adecuada. A último momento se decidió por Adiós cielo azul de Pink Floyd.
Un vaso de agua.
Lentamente, el final.
Eso era lo que había supuesto siempre.
—Tiene razón el cuervo: nunca más. No me vengan con que hay otra cosa. Ni cielos ni infiernos; paparruchadas sin sentido —solía decir cuando se tocaba el tema.
Como en tantas otras cosas, en esta también se había equivocado; ahora que había pasado el umbral, lo sabía.
Y bueno, por lo menos sabría qué pasaba de este lado.
Por un tiempo se quedaría a despejar todas sus dudas.
Pero, sabía que tarde o temprano, sería hora de empezar a planificar la vuelta.

Publicado en Breves no tan Breves

jueves, 14 de mayo de 2009

No voy a morirme de nuevo- Miguel Dorelo

Un don especial. Un hombre común.


No voy a morirme de nuevo- Miguel Dorelo

Siempre digo lo mismo, lo sé.
Esta vez es en serio, me lo prometo. Morirme ya no me causa gracia.
He muerto no sé cuantas veces y si me apuran confieso que la mayoría de ellas, sobre todo en estos últimos tiempos, casi ni lo disfruté.
Mis primeras muertes fueron las mejores. Sobre todo en las vísperas. Planificaba al detalle: de qué me iba a morir, si mi agonía sería prolongada y si dejaba trascender o no la noticia de mi próximo deceso; adoptaba una enfermedad terminal y luego estiraba los límites lógicos de sobrevida asombrando inclusive a los más duchos de los facultativos. Tres meses, no más, pronosticaban. A los dos años yo seguía vivo. Milagro, decían las viejas. La ciencia no tiene explicación para esto, concordaban los médicos. Justo ahí, yo me moría. De hijo de puta nomás. Realmente gozaba a lo loco.
A veces me entretenía más con los preparativos y “el día después”; como quien no quiere la cosa dejaba deslizar: el día que me muera me gustaría que todos vistieran de rojo, que haya muchas violetas, que suene Pink Floyd durante todo el velatorio y que vos lo filmes para que no me olvides, le susurraba al oído a mi noviecita de turno. Dos o tres días después me moría en un accidente. Qué lástima, tan joven. Habrá que cumplir sus deseos. Después me las arreglaba para conseguir la cinta o el video. Pasaba horas viéndolo una y otra vez. Ver el propio velorio es algo que recomiendo entusiastamente; realmente es una de las mejores maneras de conocer a la gente.
Algunas veces me quedaba en el “escenario” como me gusta llamarlo (ya que después de todo lo mío es un arte), durante cinco o seis años sin morirme; me casaba, formaba una familia y luego “el acto final”, por lo general una muerte trágica, de las que dejan huellas en los deudos. Chapeau para mí. Aplausos. Una merecida ovación de pie. Mi actuación en esos años bien podría catalogarse de sublime.
Después, lo habitual; resucitar, cambiar de ciudad o país, adoptar una nueva identidad y empezar de nuevo a planificar mi siguiente muerte.
No todo era siempre igual. Más de una vez, luego de un tiempo prudencial y convenientemente caracterizado comenzaba a frecuentar a alguna de mis viudas. Es increíble lo frágiles y accesibles que suelen estar al poco tiempo de “la irreparable pérdida de mi marido”. Luego, en la cama, era frecuente que me contaran lo bueno que él había sido y cuanto les había costado hacer esto que ahora estaban haciendo. ¡Que hijas de puta! ¡Yo aún estaba tibio en mi tumba!
Alguna que otra vez, en uno de esos ataques de querer trascender que a todos alguna vez tenemos, mi muerte era heroica, salvando a un niño a punto de ser atropellado por un auto o como cuando fui bombero y rescaté a la embarazada del edificio que yo mismo había incendiado.
Pero, esto ya no me entusiasma. Quizás me esté volviendo viejo, aunque sé que esto no es posible. De todas formas la acumulación de años sobre mis espaldas ya significa un gran peso. Mi aspecto externo es el mismo desde hace muchísimos años, pero por dentro…
No voy a morirme más, está decidido.
Realmente nunca supe bien como funciona esto, sólo que puedo morirme cuando lo deseo y de la forma que elija. De las horas que estoy muerto necesariamente para los certificados médicos y las ceremonias mortuorias, no guardo recuerdo alguno. He sido enterrado, embalsamado e inclusive incinerado (más de una vez yo mismo lo he pedido como última voluntad), pero siempre vuelvo y recuerdo todas mis vidas, pero nada de esas horas, como si despertara de un sueño profundo. Siempre estoy solo y con el mismo aspecto de antes.
Quizás si este —no sé si llamarlo don— estuviera en poder de otra persona, actuaría de otra manera, pero yo soy así, siempre hice lo que sentía sin analizar las consecuencias.
No todo son rosas; sospecho que en realidad no soy inmortal como podría suponerse y quizás este sea el principal motivo de mi decisión, no solo el hastío. En el fondo tengo mucho miedo de que mi próxima muerte sea la definitiva. Voy a pensarlo muy bien antes de volver a hacerlo.
Si hay algo que realmente amo por sobre todas las cosas es, sin dudarlo, mi preciosa vida.

Publicado en Breves no tan breves

viernes, 8 de mayo de 2009

Servicio- Miguel Dorelo

Una imagen tan tierna solo puede generar un tierno relato.

Servicio- Miguel Dorelo

Lo bueno de mi trabajo está, sobre todo, en la satisfacción de saber que estoy colaborando con designios más allá del entendimiento de la mayoría de los mortales.
Seguramente no se comprenderán los motivos, pero sé que si he sido designado para realizar esta tarea por algo será, y no soy quién para negarme.
No es difícil y creo ser la persona adecuada.
—Antes de que cumplan un año —fueron las instrucciones recibidas.
Las voces me explicaron que luego de pasado ese tiempo ya no era posible eliminarlos; el íncubo sería reemplazado automáticamente y todo el esfuerzo sería en vano.
Quizás piensen que soy demasiado ansioso, pero empecé lo antes que pude a cumplir con el mandato.
El primero me costó, no soy tan necio como para negarlo. Sus engañosas apariencias no colaboran en nada con mi tarea.
Luego, todo fue más sencillo y fue fluyendo casi naturalmente.
Por suerte son muy frágiles, solo tengo que apretar: mis manos rodean el pequeño cuello y mis pulgares se hunden lentamente hasta notar que todo atisbo de vida ha abandonado el cuerpecito tan tibio hasta hace solo unos segundos.
En ese instante, el placer del deber cumplido invade mi cuerpo y mi alma con un gozo jamás antes sentido.
Quizás para algunos suene cruel o les resulte horroroso el pequeño inconveniente que de algún modo atentan contra el perfecto cumplimiento de mi servicio, pero ya vendrá el tiempo en que pueda diferenciarlos mejor y no tenga necesidad de eliminar a ningún inocente.

— ¡Que hermoso niño, señora! ¿Cuántos meses tiene?
Originalmente publicado en Terrozine ( San Pablo, Brasil).Reelaborado para La Cuentoteca

lunes, 4 de mayo de 2009

Rebelde- Miguel Dorelo

No encuentro la forma...


Rebelde- Miguel Dorelo

Lenta y sigilosamente se fue situando a espaldas de su odiado enemigo; había llegado el momento de hacerle pagar por todo el sufrimiento que le había infligido. Levantó el brazo dispuesto a hundir el puñal en el desprevenido rival...
— ¡Me niego rotundamente! —gritó. La catadura moral de este acto no concuerda en lo más mínimo con lo que yo soy. Es, a todas vistas, un acto cobarde y sin sentido.
— ¡Otra vez! Ya te lo expliqué cien veces, tienes que hacer lo que te indique; ¿Cuándo vas a entenderlo? ¡Eres un personaje! ¡Yo soy tu creador!
—Puede ser, todo es relativo en esta vida y de nada se puede estar seguro. De todos modos, no pienso asesinar a nadie por la espalda. Supongamos que tienes razón, soy tu personaje, podemos discutirlo en otra ocasión, pero ¿Te da derechos esto a obligarme a actuar de este modo?
— ¡Puedo hacer lo que quiera! ¡Soy Dios! O por lo menos, el tuyo, carajo.
—Entonces debo ser ateo. Ni sueñes que en esta ocasión voy a hacerte caso. Piensa otra escena.
Refunfuñando, comenzó a escribir nuevamente.
…Al rato se dio cuenta que se había extraviado. No reconocía el lugar y además las sombras de la noche empezaban a caer lentamente sobre aquel paisaje desolado.
De repente escuchó un aullido y el resonar de pisadas cada vez más cerca anunciaban su violento final…
— ¡La puta que te parió! ¿Te has vuelto loco? ¿O es tu venganza por lo que pasó antes? ¿Me vas a hacer comer por los lobos? No sé cómo, pero te voy a cagar la escena, bastante trillada por cierto. Ya vas a ver, no habrá quién te publique esto, te lo juro.
—Está bien. Confieso que me encegueció la discusión anterior. Olvidemos esta parte.
A ver que te parece esto.
La ansiedad se hacía cada vez mayor; deseaba con toda su alma que él llegara para cubrirlo de besos. Jamás había amado a alguien con tal fervor y pensaba entregársele en cuerpo y alma…
— ¿A mí?
—Por supuesto, eres el personaje principal del cuento.
—Bien.
— ¿Puedo seguir?
—Sigue, sigue.
Esa noche estaba más hermosa que nunca. Su cuerpo perfumado lucía espléndido bajo la tenue luz de las velas. Tendrían casi tres horas para ellos solos, ya que su marido no regresaría…
— ¡Inmoral! ¿Una mujer casada? ¡De ninguna manera! ¿Por quién me has tomado?
Ni siquiera me presentaré ante esta señora. Si se la puede llamar así.
—Pero, pero… ¡Me vas a volver loco!
— ¡No, no y no! A otra cosa.
Jamás hombre alguno había alcanzado tan altas cúspides. Era bello en cuerpo y alma. Y no solo eso: su mente poseía un nivel intelectual supremo; todos lo amaban, lo idolatraban…
—Blasfemia. Lisa y llanamente. Mis creencias religiosas me impiden interpretar ni siquiera en broma este tipo de personaje. Dios hay uno solo y por más ególatra que me consideres, no claudicaré. Olvídate.
Una tras otra fueron rechazadas una decena de argumentos y tramas por diferentes motivos.
Comprendió finalmente el sufrido autor que estaba ante el más grande desafío de su carrera; debía encontrar una solución o de lo contrario, simplemente, dedicarse a otra cosa.
La decisión estaba tomada; no resultaría fácil planearlo y mucho menos poder llevarlo a cabo, tendría que ser muy cauteloso para no despertar sospechas.
No comprendía los motivos que habían llevado al anteriormente sumiso protagonista principal de sus relatos a adoptar esta nueva y beligerante posición. Lo que sí le resultaba muy claro era el estancamiento al que lo estaba llevando esta situación.
Lo primero, era distraerlo, llamar su atención de alguna sutil manera y agarrarlo desprevenido; inventar historias complejas, con tramas cada vez más difíciles de discernir, pero sobre todo, relatos que alimentaran su insaciable ego.
Estaba seguro que en algún momento, cegado por su afán de figuración, cometería un error
—Ese momento, tarde o temprano llegará —se dijo el autor.
Eliminar al rebelde personaje sería de ahora en adelante lo que ocuparía la mayor parte de su tiempo.
—No usar cursivas en mi próxima historia quizás lo distraiga y le haga bajar la guardia —se ilusionó.
Con suerte, en poco tiempo más, podría dedicarse de lleno a su gran pasión: escribir con absoluta libertad.
Se sirvió una gran taza de café y encendió un cigarrillo. Tendría que tener paciencia y tomarse todo el tiempo necesario.
Comenzó a teclear.

En un futuro y un lugar muy lejanos, donde los hombres…

Exlusivo de La Cuentoteca.