jueves, 14 de enero de 2010

La Zona- Miguel Dorelo

Ella sigue esperando...

La Zona-Miguel Dorelo

Volvió a La Zona por enésima vez en esa semana.
Sabía que eso no estaba bien.

Todo había comenzado cuatro meses atrás.
—Curiosidad, solo una vez y por curiosidad — se dijo esa mañana frente al espejo.
Aunque no fuera de manera oficial, todo el mundo sabía de la existencia de ese sector en el que hombres y mujeres todas las noches tomaban distancia de las “buenas costumbres” y ofrecían sus servicios a todo aquellos que se aventuraran por el lugar.
No sin cierto resquemor, esa misma noche recorrió la zona delimitada por solo unas pocas cuadras, cerca del centro de la ciudad.
De entrada sintió cierto rechazo al cruzarse con las primeras personas que evidentemente eran aquellos que hacían del lugar lo que era, pero no podía negarlo, la atracción que sobre él ejercían era mucho mayor que su mala predisposición.
Se tranquilizó al darse cuenta de la presencia de algunos que otros transeúntes de ambos sexos que evidentemente se encontraban en su misma situación. Mirones; o en el peor de los casos, posibles candidatos a mantener algún tipo de relación con aquellas gentes.
Solo observaría. Un mal menor. De ninguna manera traspasaría ese límite.
Tras un par de horas, decidió que ya era suficiente; no sin dificultad, volvió sobre sus pasos y en menos de diez minutos, dejó atrás las calles y aquellos seres responsables de su decisión de esa mañana.
En los siguientes días se sintió inquieto y su mente imbuida de preconceptos trató de negar los verdaderos motivos de su evidente ansiedad.
Finalmente, tuvo que admitirlo; siglos de enseñanzas y tradiciones no habían podido “civilizarlo” del todo. —Siempre tuviste una tendencia hacia lo prohibido, lo abiertamente inmoral, aunque supieras muy bien que eso suele aparejar problemas —le había dicho una vez su mejor amigo.
Pero, no era el único. De vez en cuando alguno o alguna, se alejaba de los usos y costumbres considerados “normales” y terminaba sucumbiendo ante el deseo de nuevas experiencias.
Aunque se sabía a ciencia cierta que La Zona, como se la conocía popularmente, estaba considerada como peligrosa para la moral pública, no era secreto para nadie que constantemente recibía visitantes insatisfechos con las formas tradicionales en busca de satisfacer apetitos considerados malsanos por la mayoría.
Unos y otros fueron perseguidos al principio por las autoridades, pero al ver que de todas formas ellos tarde o temprano encontraban la forma de satisfacer sus instintos a todas luces retrógrados, decidieron tratar contenerlos en una zona dentro de la ciudad previamente delimitada.
Cuando ya no pudo aguantar más, volvió a acallar su conciencia inventándose un nuevo e infundamentado pretexto. Esa noche, aunque aún no lo supiera, pondría a prueba en su conciencia los civilizados conceptos de convivencia y armonía que imperaban en todo el planeta.
La vio parada en una esquina de la avenida principal de La Zona; aunque tenía los consabidos pruritos con respecto a “ese tipo de mujeres”, como la mayoría solía denominarlas, muy a pesar suyo se sintió inmediatamente atraído.
Luego de un breve titubeo, se decidió; se acercó a ella e intercambiaron aquellas primeras palabras que con el tiempo y las posteriores consecuencias que le acarrearon, dejarían de parecerle banales e intrascendentes.
Solo eso, no quiso o no pudo avanzar más allá. Muy a su pesar, volvió sobre sus pasos y raudamente volvió a abandonar aquellas calles.
Tan solo dos días después regresó. La imagen de aquella mujer y sobre todo su mirada no dejaron alternativa posible a su supuesto libre albedrío; intuyó, ya que no supo, que sus días ya no transcurrirían de la manera anodina que lo habían hecho.
Rotas ya todas las fronteras del pudor se entregó por completo a la nueva experiencia.
Volvió a La Zona noche tras noche, siempre a buscarla. Nunca antes había sentido de esa forma; jamás imaginó que se pudiera sentir algo así. Y menos aún que todo aquello fuera motivado, contra toda lógica, por una sola persona.
—Aquí todo es distinto — dijo ella —los que elegimos vivir de esta manera nos entregamos de manera total a lo que nuestros deseos nos marcan.
Al principio todo era casi idílico, pero, de a poco, sus dudas fueron abriéndose paso en su mente hasta alcanzar el punto de ruptura definitivo. Esto no estaba bien. Era algo malsano y al fin podía comprenderlo.
—No puedo, simplemente no puedo continuar con esta relación —le dijo esa noche.
Ella lo miró. Había comprensión en su mirada.
—Sabía que tarde o temprano esto iba a pasar —dijo.
No volvió a pasar ni siquiera cerca del lugar; no quiso provocar al destino, sabiendo que ella seguramente estaría parada en esa esquina esperando.
Poco a poco volvió a su rutina de amante bisexual, a compartir con el resto de la gente normal el intercambio de pareja y las fiestas sexuales grupales.
Volver a las costumbres imperantes le harían poco a poco olvidar aquél momento de debilidad en que incursionando en La Zona por un momento dudó de todas las enseñanzas que la sociedad le había inculcado.

En La Zona, esa noche ella estuvo en su esquina, como siempre.
Algún día él vendría. Sería alguien como ella, un paria que creyera en aquellas formas que hacía siglos eran mal consideradas.
—Me querrá solo a mí y solo lo querré a él y estaremos juntos por siempre —murmuró.
Y siguió esperando.

Exclusivo para La Cuentoteca

martes, 12 de enero de 2010

El tiempo está a favor de los pequeños- Miguel Dorelo

Pequeñitos, muy breves; algunos ya publicados, otros debutantes.


Vaticinio- Miguel Dorelo
Llegará el fin de los tiempos cuando un Papa negro gobierne a la Santa Iglesia y un gobernante nazi presida al país más poderoso, dice la profecía.
Respiremos tranquilos; está sucediendo exactamente lo contrario.

Diálogo-Miguel Dorelo
— ¡Este diálogo no tiene razón de ser!
—Pero, es que estás hablando solo — exclama una extraña voz salida quién sabe de donde.
— ¡Es lo que estoy tratando de decir, carajo! ¡Este diálogo no tiene razón de ser!

Dudas- Miguel Dorelo
Confundido llego al oasis de tus ojos sin saber si tan solo se trata de un espejismo creado por mi desierto corazón.

Espejismo lógico- Miguel Dorelo
Aquel espejismo era demasiado previsible: se esfumaba siempre a la misma hora.Su habitat natural, el reloj de arena sobre la repisa del living, quizás fuera parte de su lógica.

Espejismo interior- Miguel Dorelo
Quizás sea el amor el espejismo que con más ansias necesitemos encontrar, pero tarde o temprano volvemos a quedar solos, desérticos, cuando nos revela su real condición.

Reconocimiento - Miguel Dorelo
Mirar hacia nuestro propio interior no resulta tarea fácil. Produce un fuerte dolor de cabeza obligar a nuestros ojos a realizar movimientos tan antinaturales.

Sinceramente tuyo - Miguel Dorelo
Hacé de mi lo que quieras, pero por favor, no abuses.

Software defectuoso- Miguel Dorelo
—No se puede confiar en estos programas de Microsoft: hacen lo que quieren.
Esto no es lo que yo escribí; mis micro ficciones son por lo general muy buenas.
Maldito Word.

Casi exclusivos de La cuentoteca

sábado, 2 de enero de 2010

El sabor de ella- Miguel Dorelo

Ella es tan dulce...

El sabor de ella- Miguel Dorelo

Fue una noche maravillosa.
Desde temprano, la dulzura de su mirada anticipó lo que vendría.
Más tarde, lo empalagó con sus besos, en la cocina, en el living, el pasillo.
Salieron del placard al que habían entrado por error cegados por la pasión y terminaron finalmente en el dormitorio de ella.
Luego él se fue.
Toda esa mañana siguiente la recordó; su boca con gusto a miel, sus pezones dulzones como frutillas bien maduras, su cuello que sabía a helado de vainilla.
Y sobre todo, el dulcísimo sabor de su sexo. Jamás había probado algo así. Se sintió automáticamente transportado a lugares nunca antes vislumbrados siquiera.
Quedaron en volver a verse lo antes posible.
—Yo te llamo —había dicho ella.
Pero, al recordar el sabor prohibido que esa noche había probado, no pudo aguantar. Aún lo conservaba en su boca como si el tiempo no hubiese transcurrido.
Marcó su número. Ella no atendió.
Su angustia fue en aumento. También su preocupación.
Volvió a marcar. Nada. Esperó que se activara la casilla de mensajes.
—Te acabás de comunicar…
En el último segundo, casi se arrepiente. Pero no, Sabía que debía hacerlo. Decidió dejarle el mensaje.
—Mi amor, disculpáme pero estoy muy preocupado por vos. ¿No te convendría consultar a un diabetólogo? Me parece que tendrías que aflojar un poco con tu adicción a los chocolates y los dulces. Lo tuyo no es normal, quizás mucho azúcar en sangre. Pedile un turno lo antes posible. Beso. —descargó aliviado.
Nada más hermoso que preocuparse por la salud del ser amado.

Exclusivo para La Cuentoteca

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Llegar- Miguel Dorelo

Es hora de seguir andando...

Llegar- Miguel Dorelo

Emprendió el camino, como suele decirse, “con todo el entusiasmo del mundo”, no había ningún motivo para que así no lo hiciera.
Juventud y optimismo suelen ser buenos compañeros a la hora de comenzar lo que sea.
A esa temprana edad todas las sendas le parecían transitables, inclusive aquellas que a primera vista se presentaban sinuosas, con escollos que sabía, solo estaban allí para ser superados. Las dificultades se convertían rápidamente en incentivos.
—Nada es imposible —solía decir y decirse.
Y anduvo muchos caminos.
Y recorrió numerosos senderos.
Siempre buscando llegar.
Pasaron los días, se sucedieron los meses y llegaron los años.
Y siguió su derrotero.
Y nuevos tiempos y nuevos recorridos se fueron acoplando a su espalda.
Y un buen día, o quizás uno malo, al fin comprendió la verdad.
La verdad. Que no es triste ni es alegre, es solo lo que debe ser y es lo que es.
—No hay nada. Al final del camino no hay nada —susurró.
Y siguió caminando.

Exclusivo de La Cuentoteca

domingo, 6 de diciembre de 2009

Esperando (El último viaje)- Miguel Dorelo

Ella va a llegar...

Esperando (El último viaje)-Miguel Dorelo

Ella vendrá buscarme, más tarde o más temprano, pero vendrá.
Es la razón de mí existir, sin ella no soy. ¿Qué otro sentido tiene mi vida, más que el aguardarla?
A veces, sueño que ya casi está a mi lado, que el momento de la unión es inminente.
Y son dolorosos esos últimos segundos antes de la final consumación.
A veces, me pongo ansioso; mi mente o mi corazón no quieren comprender que hay plazos que deben respetarse. Quiero, anhelo estar en ella y que ella esté en mí.
Otras, comprendo que no debo apresurarme, que ese delicioso momento quizás esté muy cerca.
Y no importa demasiado si fui bueno o malo, si me equivoqué mucho o poco, no se trata de premios y castigos; sé que ella no va a evaluar eso cuando llegue el momento.
Sé también que ella sabe que tampoco podrá evitarlo. Ella tampoco es sin mí.
A veces, me dan ganas de gritar su nombre, decirle que ya es hora, que ya no aguanto más.

Quizás, ese nombre sea de mujer…o no.
Quizás, alguno de ustedes hayan comprendido de quién estoy hablando.
Y también esperen

Exclusivo para La Cuentoteca

domingo, 22 de noviembre de 2009

Ella- Miguel Dorelo

Ella...Es perfecta.

Ella- Miguel Dorelo

Buscaba olvidarla sumergiéndose en otros cuerpos, pero solo lograba reencontrarla.
—Tu sonrisa, María, me recuerda demasiado a la de Ella —decía. Y se alejaba.
—Lo siento mucho, Cecilia, pero tus manos no hacen otra cosa que hacerme añorar sus caricias —y una nueva despedida.
Es dulce tu pecho, Gilda, pero el de Ella sabía a ambrosia y me resulta doloroso el recuerdo. —exclamaba. Y se marchaba.
Uno tras otro se sucedían los jóvenes y hermosos cuerpos. Muslos firmes y suaves como los de Ella, caderas ardientes como la de Ella, cabellos largos y renegridos como los de Ella.
Y ojos. Y miradas. Y labios. Y besos. Todo, absolutamente, le hacía recordar a Ella.
Cuando ya no pudo más, cuando se hartó de extrañarla, comprendió que no debía darse por vencido: Ella volvería a ser suya.
Ya no rechazó amores, consumó cada uno de ellos y poco a poco fue reencontrándola.
Los labios de Paula, los pechos de Beatriz, las caderas de Ana, se unieron a las piernas de Raquel, a los hombros de Fernanda.
Solo tuvo que encontrar una manera segura de deshacerse de los restos.
Y que Ella, ya completa, volviera a amarlo.

Exclusivo de La Cuentoteca


Re-Publicado en: Quimicamente Impuro

domingo, 15 de noviembre de 2009

La verdadera historia de Julieta y Romeo- Miguel Dorelo y Sergio Gaut vel Hartman

Una de las últimas fotos de los amantes...

La verdadera historia de Julieta y Romeo- Miguel Dorelo y Sergio Gaut vel Hartman.

En cuestiones de amores, de amores ajenos, lo mejor es no meterse. Miren si no lo que le ocurrió a Morfilia Chulanovsky, amante de turno del Director General de Asuntos Relacionados con el Manejo del Tiempo.
Aburrida en su mediocridad y con tiempo de sobra, ya que “Gran Hermano 2180” había finalizado y no había nada de similar catadura para llenar las horas vacías, Morfilia estaba al borde de la desesperación. Recorrió ansiosamente los cientos de canales holográficos, y grande fue su decepción cuando descubrió que faltaban veinte días para que arrancara la nueva temporada de “Levitando por un sueño”. Por suerte, o por desgracia, cuando cumpliendo con sus deberes de amante de turno le realizaba la fellatio vespertina al Director, se percató que desde su posición, levantando apenas la vista y sin soltar el objeto de sus afanes, se veía una inmensa pantalla. En ella observó a una pareja de adolescentes vestidos con trajes de época que se movían de un modo cómico, casi ridículo. Por señas, ya que no le gustaba descuidar su tarea por más rutinaria que esta fuera, le pidió al Director que subiera el volumen.
—Amorcito —dijo Morfilia cuando hubo terminado la sesión—. ¿Qué canal estabas mirando? Yo no encontré este reality por ningún lado. ¿Es nuevo?
—No, querida, no es un canal de reality. Es un monitoreo de rutina de acontecimientos ocurridos en el pasado.
—Ah, ¿y esos quienes son?
—Romeo y Julieta, se llamaban. Tuvieron un final triste, lamentablemente.
—Escuchemos qué dicen. O mejor dicho, qué decían.
— ¡Cuantas veces los hombres son felices al borde de la muerte! Quienes los vigilan lo llaman el último destello. ¿Puedo yo llamar a esto destello?
Ah, mi amor, mi esposa, la Muerte, que robó la dulzura de tu aliento, no ha rendido tu belleza, no te ha conquistado.
—Ella no se mueve y él la va a besar. ¡Que romántico!
—No creas, querida. Esta parte ya la vi. Él morirá y luego ella.
— ¡No! No puedes dejar que eso ocurra. ¡Prométemelo!—Si quieres que te siga haciendo eso que tanto te gusta, debes prometerlo.
—Está bien —aceptó resignado el Director.
— ¿Qué harás para modificar los hechos?
—Antes que nada, trasladaré un equipo a esa época y lugar. Habrá que hacer cálculos de probabilidades y estudiar las alternativas menos conflictivas para evitar cualquier alteración profunda de la historia.
— ¿Todo eso?
—Y, sí. No hay más remedio.
El Director General puso manos a la obra, aunque actuó con la mayor discreción posible, ya que no tenía excusas valederas para utilizar todos los recursos técnicos y de personal que se requerían; en una semana, todo había concluido.
Los desdichados amantes, previo acondicionamiento, fueron traslados hacia un pueblito perdido de Sudamérica en la década de 1950. A partir de entonces vivieron juntos un montón de años y fueron relativamente felices durante la mayor parte de ese tiempo, aunque la vejez los castigó con los achaques que son propios de la edad. El anciano, que había seguido la carrera militar hasta alcanzar el grado de coronel, estaba retirado, pero la pensión era insuficiente, no tenían fuerzas para trabajar la huerta y como vivían aislados del mundo, en los últimos tiempos habían padecido estrecheces económicas. Las necesidades minan el amor, por lo que las discusiones y peleas entre ellos ahora eran frecuentes, en especial cuando debían desprenderse de sus pocas pertenencias para poder subsistir.
Finalmente no hubo más remedio: con gran dolor, él decidió malvender su bien más preciado: el gallo de riña que con paciencia y cariño había adiestrado en los últimos meses.
—Voy a vender el gallo —anunció
—¿Y si no te lo compran? —rezongó ella—. ¿Qué vamos a comer si no te lo compran?
— ¡Comeremos mierda! —concluyó él.
Morfilia dio un salto para conocer el final de la historia y terminó por convencerse de que a los jóvenes amantes les habría convenido un final trágico pero no exento de grandeza. Su inoportuna intervención, motivada por el tedio, había derivado en una caprichosa acción que pospuso el desenlace de los hechos, pero no cambió su rumbo. Julieta murió de hambre y pena y Romeo, arrastró el resto de su existencia miserable en aquel pueblo perdido, aunque consiguió que otro artesano de las letras, un poco más hábil que el que lo había creado, se apiadara de su suerte y lo usara de modelo para escribir la historia de un coronel sin pasado.

Publicado en Breves no tan breves.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Senderos- Miguel Dorelo

Saber elegir no es tan sencillo...

Senderos 1- Miguel Dorelo

Extraviado.
Debía reconocerlo, estaba total y completamente perdido.
Ni siquiera estaba seguro del momento en que había iniciado el camino.
Ignoraba si el final de la senda se encontraba cerca o lejos.
Se resistía, incluso, a hacerse cargo de sus culpas, de haberse adentrado solo en él.
Confundido.
Demasiadas y confusas pistas…o total ausencia de ellas.
Para el caso daba lo mismo; desandarlo ya no era posible.
Seguir.
La única manera de encontrar alguna vez la salida.

Senderos 2- Miguel Dorelo

Alternativa.
Siempre la hay, aún en aquellos intrincados laberintos de frondosas y altas paredes que dificultan la visión, que confunden y ahogan.
Solo es necesario un momento, muy breve, en el que nuestra mente (o nuestro corazón, si así lo prefieren), vislumbra la salida.
Puerta.
Allí está, donde menos la imaginábamos, dispuesta y accesible, al alcance de nuestros pasos, tan cerca.
Meta.
Hasta es probable que no sea la primigenia, la buscada; quizás sea nada más, y nada menos, que la adecuada.


Exclusivo para La Cuentoteca

jueves, 15 de octubre de 2009

Amor casi total- Miguel Dorelo

Crucero en donde la conocí. La amo.

Amor casi total- Miguel Dorelo

La conocí en circunstancias poco habituales.
En un principio me llamó la atención (no era para menos), pero poco a poco, lentamente, me fui enamorando de ella.
Todos hemos viajado alguna vez en uno de esos cruceros intergalácticos que prometen hacernos conocer veintisiete planetas exteriores en cuatro días venusianos, no lo nieguen.
Era mi primer viaje y me tocó sentarme en el tercer nivel de la cuarta cubierta de popa.
Me acomodé en mi asiento ergonómico y casi al instante noté lo que usualmente sucede en estas naves interraciales: en apariencia diseñados para “terriformes”, no se adaptaban del todo a mi cuerpo. El resto de los “asientos” eran el caos habitual: cilindros, contenedores para los seres de plasma de Antares, poliedros, pequeños pesebres para los “niños celestiales” o “jesusitos” como se los conocía habitualmente,etc.
¿Ella? Estaba a un par de metros de mi asiento, “contenida” ya que no “sentada” (no poseía un equivalente a las asentaderas humanas, por lo menos en apariencia) y totalmente inmóvil si no tomamos en cuenta los destellos que emanaban desde la parte color magenta de su cuerpo.
Nuestro primer destino era uno de los satélites de Júpiter, Aitné, en donde tendríamos la oportunidad de inaugurar el nuevo Hilton siete cuásares.
Ya en nuestro destino, volví a verla en el salón principal del complejo; ya no lucía el destellante magenta de la nave, toda Ella se había vuelto traslúcida con un ligero tinte violáceo: su forma de desnudez. No me pregunten porqué; el amor, el verdadero amor, no admite explicaciones de ningún tipo, solo sé que esto incentivó mis sentimientos hacia Ella.
Me dirigí hacia donde se encontraba. Estaba sola y algo apartada del resto, así que me ubiqué cerca para contemplarla mejor. De forma ligeramente oblonga, no poseía ningún tipo de apéndice equivalente a nuestros brazos y piernas, no se observaba tampoco algo que se asemejara a una boca, ojos, nariz ni oído.
Era todo un desafío el que se me presentaba; mi corazón estaba desbordado con su presencia tan cercana, comprendí que ya mi vida no tendría sentido si no lograba que Ella correspondiera a mis sentimientos. Noté que otro de mis órganos, algo más prosaico, también estaba reaccionando ante su cercanía de una manera que hacía mucho tiempo no hacía.
—Tengo que conquistarla —me dije.
Surgió el cómo casi de inmediato; casi todas las razas conocidas tienen insertados en sus cerebros el CCU (Chip de Comunicación Universal) con el cual se había logrado vencer todas las barreras idiomáticas por medios telepáticos. Tuvimos una primera charla de los más interesante e incentivadora.
Resumiendo: soy el hombre más feliz del Universo; Ella siente lo mismo que yo, me lo ha hecho saber.
Nuestro amor es algo sublime, superior en todo sentido, nuestras almas ya no son dos entes individuales sino una sola y fantástica cosa.
Hasta aquí la narración de los hechos acontecidos hasta llegar a este presente mezcla de felicidad e intensa frustración; todos los inconvenientes que nuestro amor tuvo que superar en estos dos días (venusianos, que como todos saben, serían unos cuatrocientos seis días terrestres), costumbres, hábitos alimenticios, períodos de sueños, etc. Todo superado por la intensidad de nuestro Amor, no me canso de mencionarlo; el más hermoso que alguna vez existió.
Pero…
Cuatrocientos seis días son muchos para un auténtico representante de la raza humana.
Corrijo: para un representante macho de la raza humana, joven, hormonalmente sano… y ansioso por consumar esta relación idílica e incompleta.
Sexo, claro que sí. Indispensable, irremplazable. Complementario del amor, si lo prefieren así. Hermoso y satisfactorio: Sexo.
Aunque mis deseos carnales ya son de un tenor imposible de contener y soportar, debo tratar de ser lo más delicado posible; las hembras de Isthar son seres sumamente sensibles y muy reservadas. Es costumbre milenaria y secreto muy bien guardado el procedimiento de la cópula con el macho, sea este de la raza que fuera. Cualquier desliz en el intento de unión puede incluso a terminar con la vida de uno o ambos integrantes de la pareja.
Como bien dice el “Libro Único y Verdadero de la Consumación Final”de la cultura Istharita, “El verdadero Amor guiará a las partes sin necesidad de comunicación alguna en el momento culmine”. Yo la amo y ella me ama; o eso creo. No tendría que haber ningún inconveniente en la cópula,pero…
Mi amor por Ella es muy grande y a estas alturas mi deseo de poseerla es aún mayor, pero también lo es mi miedo a la muerte, por qué negarlo, es por eso que ruego encarecidamente a aquel que lea este relato, haya pasado por una situación similar y tenido la dicha de consumar su relación me guíe, responda al interrogante que he tratado en vano de dilucidar en todo este tiempo.
¿Por donde, por donde, carajo?

Exclusivo de La Cuentoteca

sábado, 10 de octubre de 2009

Una lección de caridad- Miguel Dorelo

Gente de mierda, responsable en parte de que esto siga pasando.

Una lección de caridad- Miguel Dorelo

—Por favor, señora, ¿me da una moneda? Tengo hambre.
—No hijito, eso sí que no. Quizás no lo entiendas, eres muy pequeño, pero si lo hiciera no te estaría ayudando.
—Pero señora, es que tengo mucha hambre.
—Eso ocurre porque eres pobre, porque tienes la fortuna de ser pobre. El Señor tiene un lugar especial reservado para ti, a su lado.
—Pero, me duele mucho la panza, señora; estoy cansado y me mareo. ¿Me compra un sánguche?
—Te haría más daño que beneficio, hijito. Ten fe, reza, acércate a Él. Tuyo será el cielo.
—¡Si no como algo me voy a morir, señora! ¡Por favor! ¡Por favor!
—No es esa la forma de suplicar ayuda al Señor. Debes rezar el Padrenuestro.
—No lo sé, señora. No hay tiempo para el Padresuyo. Hace dos días que no como. ¡No me quiero morir!
—No morirás, si Él así no lo quiere. Repite conmigo: Padre nuestro que estás en los cielos…
—Mi padre no está en el cielo, señora. Por favor, deme una moneda.
—Si no rezas con fe nada obtendrás del Señor. Pero para que veas que me interesan los pobres, te daré algo mejor: te regalaré una enseñanza del Libro Sagrado. Recuérdalo siempre. Dijo San Pablo: “Jesucristo, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza”. ¿Comprendes el mensaje?
—No, señora, no sé qué me habla.
—Debes rezar. Pídele a Jesús y el escuchará tus ruegos. Volveré mañana para ver si has aprendido la lección. Repite: Padre Nuestro que estás en los cielos…
—No sé si mañana voy a estar, señora.
—Ten fe. Estarás.
—No, señora, mañana no voy a estar.
—Rézale a María, entonces. Di conmigo: María, madre de Dios…
—No es así, señora, usted no entiende.
—Sí que entiendo, ustedes son todos iguales. No quieren salvarse, prefieren robarle a la gente decente.

Publicado en Breves no tan breves

martes, 22 de septiembre de 2009

Un cuento común- Miguel Dorelo

Un hombre como cualquier otro

Un cuento común- Miguel Dorelo

Este será un cuento corto, sencillo, sin pretensión alguna.
Sin dobles lecturas ni significados ocultos.
El protagonista es Juan, pero podría ser Pedro, Daniel o cualquier otro hombre común.
Digo: un hombre común con un trabajo común; empleado de un supermercado, albañil, electricista, pintor de casas, repartidor de diarios.
De ninguna manera: doble de riesgo, piloto de avión, payaso de circo, escritor, corresponsal de guerra, activista de Greenpace. Esos no son empleos comunes de gente común y no caben en este relato.
A Juan no le pasará nada extraordinario; no tendrá un encuentro cercano del tercer tipo, no será nombrado heredero universal de una gran fortuna y ni siquiera se despertará una mañana convertido en cucaracha: estas cosas no les pasan a las personas comunes.
¿Solamente los héroes, príncipes, asesinos seriales, amantes trágicos o pilotos de naves espaciales pueden ser protagonistas de un cuento en este o cualquier otro sitio?
—Está bien, te lo concedo, Juan puede ser el protagonista ¿Por qué no? —Me dirán algunos de ustedes, —Pero, ¿De qué va ir la historia? ¿Cómo me vas a entretener? En un cuento tiene que pasar algo interesante, tiene que haber una historia.
—Tal vez, pero no en este —les contesto.
Este cuento es para Juan, un hombre común que quizás algún día lea este relato y sepa que él también tiene derecho a ser protagonista.

Publicado en Breves no tan breves

sábado, 12 de septiembre de 2009

El abandonador serial-Miguel Dorelo

Señales de peligro...

El abandonador serial- Miguel Dorelo

Lo que en su comienzo había sido algo inconsciente, poco a poco se transformó en aquella deliberada forma de comportamiento que, creía, no iba a poder abandonar jamás.
Quizás se tenga que encontrar las razones en las victimas, en parte era su justificación, pero a fuer de ser sinceros, sólo era una excusa para suponerse más inocente de lo que en realidad era. Asumir la propia culpa, siempre le había costado bastante.
Analizándolo fríamente, él nunca había sido abandonado; sus primeras y tumultuosas relaciones sentimentales fueron desgastándose y terminaban diluyéndose sin que se pudieran vislumbrar claramente los motivos.
En algún momento, algo dentro suyo se rompió; lenta y progresivamente se fue transformando en algo deliberadamente perverso.
–No es culpa mía —era su latiguillo favorito, a veces gritado en el rostro de alguna de sus víctimas. Otras veces, cada vez más frecuentemente, estas mismas palabras eran solo susurradas al oído de la que pasaría a engrosar las enfermizas estadísticas de sus abandonos.
Era muy metódico. Un archivo que con regularidad cada vez más frecuente, incorporaba nuevos nombres/víctimas, lo ayudaban a “organizar la cosa”. Un largo listado de nombres femeninos que periódicamente debía actualizar.
Aunque su comportamiento casi enfermizo era de antigua data, los avances en la comunicación fueron sus grandes aliados al seleccionar a sus presas.
Facebook, twitter, las distintas aplicaciones de mensajería instantánea y los comentarios en diversos blogs formaban parte de su coto de caza.
—Este si que fue un trabajito de primera —solía vanagloriarse ante la conclusión de un nuevo abandono.
El método utilizado, aunque sencillo, solía ser muy sutil; la mayoría de las veces era la propia víctima la que creía firmemente haber conquistado y tener el dominio de la situación.
Después todo se deslizaba inexorablemente hacía donde él así lo quería. Quince o veinte días, a veces menos, a veces algunos más, solían ser el tiempo suficiente para el “trabajo de campo”. Mail´s., el chat, mensajitos de texto; le resultaba indiferente el medio, que ella lo designara. Él sabía que su suerte estaba jugada. Jamás en los últimos diez años había fallado. Ni una sola vez.
— ¿Cuál fue tu mejor trabajo? —solían preguntarle un par de amigos que conocían su debilidad.
—El mejor siempre es el último —era siempre su respuesta.
Y no mentía. Aún teniendo a sus favoritos del pasado, la adrenalina que le generaba estar en plena labor lo excitaba como nunca había logrado hacerlo ninguna de sus presas.
Pero, este en especial, su olfato de cazador lo intuía, sería un punto alto difícil de superar.
—Esta no va a ser fácil —reflexionó. Mejor, se dijo.
Desde el vamos supo que era distinta, le estaba llevando más tiempo del normal arrancarle la primer cita.
No era una jovencita, más bien cerca de los cuarenta. Estás nunca le habían dado mucho trabajo, por lo general si no estaban divorciadas y con ganas de compensar años de rutina matrimonial, eran amas de casa casadas y con ganas de probar suerte y carne, con otro que no fuera el de todos los santos días. Casi lo mismo, en realidad. Ambas tenían sus ventajas y sus desventajas. La divorciada por lo general solía estar un poco más a la defensiva luego de los primeros tiempos de desenfreno sexual en que solían incurrir en los primeros seis meses de separadas. Luego, se apaciguaban y se volvían desconfiadas de los hombres en general. Toda separación conlleva un fracaso y la mujer tarde o temprano suele recargar las culpas sobre el hombre. —Son todos iguales —concluyen siempre.
La casada tiene menos rollos; sabe que su compañero ocasional es solo eso; a pasarla bien un par de horas un par de días a la semana y a otra cosa. De vuelta a casa con el maridito.
Esta, pertenecía al primer grupo; el más complicado.
Bastante bonita y todo lo inteligente que es conveniente en una mujer.
En el chat era, o parecía, algo tímida.
—Zorra vieja —la semblanteó rápidamente. Esta es peligrosa.
A veces lo celaba; —debés tener otras en el Facebook —le decía. —Sos libre de hacer lo que quieras, después de todo entre nosotros todo es solo virtual —acotaba en otra de sus charlas.
Él, con su fino olfato, se adaptaba rápidamente y tejía su tela de araña pacientemente.
Cuarenta y cinco días. Ninguna le había llevado tanto tiempo.
Por fin la primer cita. —Y la última —se dijo. —No voy a alargar su agonía; abandono precoz será esta vez. Bastante ya abusó de mi tiempo.
La alarma en su cabeza comenzó a sonar solo media hora después de encontrarse con ella. Era más linda que en las fotos. Su sonrisa, su pelo, su mirada. — ¡Alerta! Algo no anda bien —pensó.
Con el primer beso, el depredador bajó la guardia por completo.
Un par de horas después, la conversión fue completa; jamás se había sentido así.
Ella se levantó de la cama —Ya vengo —dijo con voz dulce. —es solo un segundo, no me extrañes.
Se dirigió a la cocina, había dejado allí su notebook. Abrió el Word y con una sonrisa de oreja a oreja, comenzó a teclear el nombre de él al final de una larga lista.

Exclusivo para La Cuentoteca

miércoles, 2 de septiembre de 2009

No es fácil formar pareja- Miguel Dorelo

Son todas iguales.


No es fácil formar pareja-Miguel Dorelo

—No está bien mezclar las cuestiones personales con lo literario —se dijo inclinado sobre el teclado.
Se concentró en lo que estaba escribiendo. El esbozo de un informe que le habían pedido para una nueva enciclopedia temática. Ya tenía el título: “Los animales hacen cada cosa”. Y también el subtítulo “Por algo son irracionales y no como nosotros”.
—Vamos que vos podés —se alentó.
“La Mantis Religiosa, en época de apareamiento, emite feromonas para atraer al macho.Y comenzó a recordarla; amor a primera vista fue aquello, su dulzura del comienzo y aquellos momentos de paz y sano esparcimiento en las visitas casi a diario al Ital Park. Durante o después de la unión…Ah, el amor y sobre todo el sexo con amor, su timidez extrema en el primer encuentro entre las sábanas y su ardiente y desbordada pasión en las que siguieron. “Para entrar en el cielo no es preciso morir” cuanta verdad en la voz de Ana Belén… suele ponerse muy agresiva…las primeras y malditas peleas, por cuestiones nimias y desgastando poco a poco la relación… y generalmente termina por devorar al macho, empezando por la cabeza”.Si, si maldita hembra: son todas iguales estas hijas de puta. Maldito sea el día que la conocí.
Ya no pudo seguir; eran demasiadas coincidencias.
—No hay nada que hacerle —reflexionó—, siempre voy a ser un escritor amateur; no encuentro la forma de no mezclar las cosas. ¡Malditas mujeres!


Publicado en Químicamente Impuro- Reelaborado para La Cuentoteca.

domingo, 23 de agosto de 2009

Elle y sus silencios-Angel y sus rarezas-Giselle Aronson y Miguel Dorelo

Escenas de la vida conyugal...

Elle y sus silencios- Miguel Dorelo

Creo que por fin encontré a la mujer ideal.Recién nos conocemos, es cierto, pero es tan grande el mutuo sentimiento como la idílica comprensión de nuestras almas.
Algunas veces, las menos, hemos tenido alguna diferencia, no lo voy a negar; ¿Quién no?; pero cuando esto ocurre, echamos manos a un recurso conciliador que surgió espontáneamente desde nuestros corazones enamorados.
Saben, sabiamente nuestras mentes, aferrarse a las coincidencias y dejar de lado las pequeñas, intrascendentes diferencias.Es en la amada poesía, esa que nos acompañó desde el mismo principio de la relación, en donde encontramos el rápido alivio a nuestras cuitas.Una mirada directa a sus hermosos ojos, pone sobre aviso a mi pequeña Elle, sobre lo que a continuación de mis labios surgirá.Raudos, los primeros versos del amado poeta trasandino, corren en salvaguarda del sentimiento apenas empañado por esa ñoña discusión sin sentido, tan fuera de lugar entre dos seres que sin dudas han sido hechos el uno para el otro.
Las primeras estrofas: “Me gustas cuando callas, porque estás como ausente...” te hacen cambiar la mirada. Implacable continúo:…”Y me oyes desde lejos…” Y la ternura invade todo tu cuerpo. …”y mi voz, no te alcanza…”. Y en este momento comprendes que ya no hay razón en el mundo que pueda hacerte sentir ningún enojo hacia mí. La paz ha sido alcanzada por fin.
Me recuesto en mi sillón favorito. Tú de lejos me observas arrobada, en silencio. Por fin callada.Sé que mi pequeño acto, tendrá su recompensa. Elle es muy sensible, gracias a Dios.
Por fin, callada, mí mi Señor.
—Tráeme una cerveza, que ya empieza el partido —ordeno.
No hay nada más placentero que mirar a Boca en la tele, sin escuchar el parloteo constante e histérico de una mujer.
Aunque esa mujer sea mi Elle.

Ángel y sus rarezas- Giselle Aronson

Me dijo que era raro apenas nos conocimos. Supuse que se refería a algunas mañas propias de su edad o la excentricidad que se les achaca a los escritores. Pero no. Ángel es un ser extraño, por demás.
Pude aceptar y comprender sus dificultades con el manejo del celular. Al principio creí que mis aptitudes interpretativas habían alcanzado su máximo esplendor cuando descubrí que mensajes como: “M?s sl ugr fbrshx&”, significaban: “Salgo para allá, poné la pava para el mate”. Era tal el esfuerzo que implicaba tal decodificación que un día lo eximí de responderme por el móvil.Su colección de tes saborizados es la envidia de todas las vecinas del barrio. Guarda con primor, cada saquito en una caja compartimentada de madera, con su nombre grabado en la tapa en un exquisito diseño de letras y flores barrocas.
Y no sabe conducir. Para él, es lo mismo un PT Cruiser que un Renault 4. Claro, que el señor se beneficia del vehículo y de mis servicios de incondicional conductora, pero jamás se ha ocupado del mantenimiento y nunca mostró interés alguno en aprender a manejar.
Esta tarde tengo que llevar a lavar el auto y Ángel está adosado a mí, desde hace horas. Yo lo adoro, debo reconocerlo, este hombre me cambió la vida, pero a veces se pone cargoso, sobre todo cuando voy a salir.Tengo que pensar alguna estrategia que me permita irme un rato, despejarme, tomar un café, leer y visitar a alguna amiga, mientras dejo el coche en el lavadero.
Hoy es domingo y juega Boca. Esa es mi gran oportunidad. Minutos antes que comience el partido voy a volverme muy locuaz y le contaré todo aquello que pase por mi cabeza. No lo podrá resistir y me pedirá, buscando las formas más inverosímiles, que me calle. Yo aceptaré, fingiendo docilidad. Una vez que Ángel esté hipnotizado, en estado catatónico, mirando a su equipo, yo partiré rauda hacia la libertad.

Exclusivo de La Cuentoteca