viernes, 2 de abril de 2010

Un incidente en el espacio profundo- Miguel Dorelo

Flores para un gran amor...

Un incidente en el espacio profundo- Miguel Dorelo

El espacio profundo muchas veces suele ser bastante superficial, muchos concordarán conmigo en que esto es así.
Pongamos por caso lo acontecido al capitán Yuri Amgstron Collinns de Aldrin., el primer astronauta hermafodrita enviado al espacio por la comuna de Morón en la nave diseñada y construida en Haedo por el ingeniero Ludwig Albert Spinetta, totalmente hecha de fibra.
Resulta que Yuri, además de su extraña condición sexual, solía hacer gala de conductas quizás no demasiado apropiadas para la moral de la época. Aún resonaban en los pasillos de la base sus gritos histéricos, — ¡No me importa nada; después de todo ella resultó ser una maldita perra! —cuando la superioridad le prohibió continuar su relación con Laika, aduciendo que esto podría distraerla sobremanera y echaría por tierra los planes que el municipio le tenía programados: ser la protagonista principal de un comercial del nuevo alimento balanceado especialmente diseñado: “Drogui te pega como ninguno. Tu mascota sentirá que vuela cuando lo pruebe”.
—Luego de este aviso, Laika se nos va para arriba —vaticinaba un ayudante de sonido de la productora encargada de la realización del corto.
Pero volvamos con lo que le sucedió a nuestro héroe; eran harto conocidos los problemas que hacía mucho tiempo perduraban entre Yuri y Rin Tin Tin, el perro insignia de la base por el asuntito ese de la casquivana avenida a actriz.
Sin embargo, nadie sospechó nada hasta que fue demasiado tarde.
—Yo sabía que esto iba a pasar —suelen o solemos decir luego de que el hecho consumado ya no tiene vuelta atrás. Sabios del día después; nada más fácil e inútil.
La misión de Yuri era más que sencilla: solo probar la eficacia de un nuevo dispositivo bajo condiciones extremas en los confines del universo conocido. Viajaría en solitario, bajo un estricto control y constantemente monitoreado desde la base.
El nuevo y todavía experimental aparato, “el aprovechador”, como se lo conocía vulgarmente, consistía principalmente en un pequeño compartimiento que tenía como objetivo reciclar todos los desperdicios corporales del viajero espacial a fin de poder aprovecharlos casi indefinidamente en su propio provecho; las heces convertidas en alimentos gourmet, los orines en bebidas espirituosas, el semen en crema de afeitar, la caspa en vitaminas esenciales, las mucosas en cicatrizantes instantáneos, etc.
De esta manera, se lograría solucionar el problema que significaba la cantidad de espacio físico que eventualmente ocuparían alimentos y otros elementos necesarios para la supervivencia de los tripulantes de las espacio naves. Otro aporte a la ciencia de “el flaco”, como se conocía en todo el gran Buenos Aires al ingeniero L. A. S.
Todo estaba funcionando de maravillas: Juri defecaba, introducía el resultante en el aprovechador y ¡Voila! Sorrentinos con salsa putanesca, calentitos y al dente. Solo debía orinar, seguir el procedimiento y en un par de minutos un ¡Cabernet sauvignon merlot a la temperatura ideal! para acompañar.
Pero, siempre en toda situación aparentemente idílica hay un pero, el diablo tuvo que meter la cola. En realidad, el que metió la cola, su cola, fue Rin Tin Tin.
Luego de tres días, la barba de Yuri había crecido considerablemente potenciada por el vacío absoluto del espacio y como en unas pocas horas debía salir al aire por el canal oficial, fue conminado a solucionar este inconveniente que atentaba contra la imagen de pulcritud que las autoridades querían ofrecerles a sus conciudadanos.
De inmediato, el héroe puso manos a la obra (nunca mejor dicho); tendría que recolectar
la materia prima necesaria para que el artilugio lo convirtiera en una fragante y espumosa crema que ayudara a quitar el excedente piloso de su rostro. A punto de acabar, perdón, de terminar su tarea, Yuri como era su costumbre extrajo una foto tridimensional de su amada para besarla con pasión no exenta de cariño.
— ¡Laaaiiikaaaa, mi amoooor! —fueron sus últimas palabras antes de caer fulminado, ya muerto antes de tocar el piso de la nave con sus cabezas.
El plan del celoso y vengativo perro insigna había dado resultado: impregnar la foto del fruto de sus desvelos con un concentrado de “Drogui” fue suficiente para terminar con su rival.
Solo restaba ahora que su amada regresara junto a él.
Claro que es sabido que el perro propone, pero Dios dispone: los hechos subsiguientes tomaron por otro camino.
El municipio, luego de la desgracia acontecida dejó para más adelante la continuación de las pruebas del “aprovechador”, concentrándose en el lanzamiento definitivo de “Drogui”, no sin antes agregar en cada uno de sus envases la leyenda “no apto para el consumo humano”. Fue un éxito total.
Laika se convirtió en una mega estrella millonaria, ignoró por completo a Rin Tin Tin y se embarcó en una larga serie de romances en los que fueron partenaire entre otros Beethoven el enorme San Bernardo y Einstein (le gustaban por sobre todo famosos) al que conoció durante el rodaje de volver al futuro 2. Aún se recuerdan las escandalosas orgías con los 101 dálmatas y el fogoso romance lesbiano que protagonizó con Lassie.
Por su parte, el perro asesino fue condenado a vivir el resto de sus días con la esposa del jefe comunal, lo cual estaría destinado a formar parte de otro escándalo sexual zoofílico que terminaría con la carrera política del cornudo intendente.
¿Y qué se hizo del ingeniero responsable de la construcción de la nave y el portentoso aparatejo? , se preguntarán.
Pues, abandonó por completo la investigación científica y por suerte para todos nosotros, decidió probar suerte con la música; su maravilloso tema homenaje al malogrado astronauta es uno de mis preferidos. Al menos una vez por día me acompaña su maravillosa voz entonando como solo él sabe hacer su “La correa del capitán Yuri”.

"Ahí va el capitán Yuri por el espacio, con su nave de fibra hecha en Haedo…"
¡Aguante el flaco!

Exclusivo de La Cuentoteca

viernes, 26 de marzo de 2010

La invitada- Javier López y Miguel Dorelo

-Te quiero ya, -me susurró.

La invitada - Javier López & Miguel Dorelo

Ella llegó esa noche de improviso, justo después de un mal día en el que no había tenido tiempo ni para pasar por el supermercado.
Me cogió sin nada en casa. No pude ofrecerle un té, o un café, o un aperitivo... cualquier cosa, aunque hubiese sido una bolsa de patatas fritas. Algo como para ganar un poco de tiempo mientras planeaba una estrategia que me permitiera pasar la prueba.
—Te quiero ya —me susurró, mientras me miraba de esa forma que sólo ella sabe hacer.
Así que no llegó a sentarse y me invitó con un gesto a que la acompañara sin más premura.
—Ven conmigo, ya es hora —fueron las últimas palabras que escucharon mis oídos un segundo antes de entregarme por completo a sus brazos.

Los informes de mi autopsia hablaron de muerte súbita.

viernes, 19 de marzo de 2010

Invitación especial: de cuando el autor se convierte en personaje

Hoy, una invitación especial: pasen por el blog de Esteban Dublín para leer, y por qué no comentar,
El microrrelato que me ha dedicado convirtiéndome en personaje.
¡Muchas gracias, Esteban!

domingo, 14 de marzo de 2010

Sobre mujeres, amor y equivocaciones- Miguel Dorelo

La cuestión es no equivocarse eternamente...

Sobre mujeres, amor y equivocaciones- Miguel Dorelo

A Jorge Ariel Madrazo y su libro de cuentos
“La mujer equivocada”, el detonante de este humilde relato.

Algunas veces,las menos,es cuestión de años. Otras,un poco más comúnmente,de meses.
De días,realmente unas pocas.
El darse cuenta,para todos y cada uno de los casos,siempre sucede al final;quizás solo un poco antes.
El factor común a la gran mayoría, el cansancio o el hastío. O una nimiedad estúpidamente potenciada.
Más tarde o más temprano, una y otra vez, lo mismo.
Y siempre el mismo doloroso interrogante ¿Qué habrá fallado esta vez?
Y,también como siempre, o casi siempre, no encontrar la respuesta.
O no saber bien donde buscarla,que termina resultando más o menos lo mismo.
Y es que de eso se trata: una y otra, y otra y otra vez elegir la mujer equivocada.
Luego, lo consabido; el duelo o no, la tristeza o no, el extrañarla o no.
Y por fin, el volver a buscar. El volver a saber que en realidad, por amor no se muere, o que tan solo le pasa a una ínfima minoría de la que, estamos casi seguros, no formamos parte.

Y el juego (¿Acaso no lo es?), recomienza.
Eso si, a estar atentos, las reglas son estrictas aunque no lo parezcan: la próxima puede ser la que se esperó siempre, la definitiva, la que envejecerá junto a nosotros; la que nos hará entender que ya no volveremos a jugar, que el premio mayor ya es nuestro y no hay motivo alguno para seguir en la contienda.
Pero, no es un juego fácil, todos lo sabemos; la próxima puede ser nada más que otra mujer equivocada y a veces también es nuestra última oportunidad.
O peor aún, se nos ofrece el dudoso privilegio de vislumbrar que ella, la auténtica, quizás engañados por circunstancias ajenas a nuestra voluntad, o por designios de alguien en quién ni siquiera creemos, o simplemente porque si, no supimos reconocer. Y ya es tarde para lamentos. Y aunque sigamos jugando, casi siempre lo hacemos, el juego ya no es el juego. Jugar por jugar es de amateurs; el reglamento del verdadero amor no lo contempla.
Y dudar, claro, siempre dudar. Aún estando seguros; han sido tan momentáneas nuestras seguridades anteriores…
Dudar sospechando.

Y sobre todo, no querer ver la otra cara del problema: que probablemente somos (soy) el hombre equivocado.

Exclusivo de La Cuentoteca
Publicado en Breves no tan breves

viernes, 5 de marzo de 2010

Éxitos y fracasos- Miguel Dorelo

No siempre uno elige lo correcto...

Éxitos y fracasos- Miguel Dorelo

Obsesivamente, casi de forma compulsiva, fue acumulándolos.
En la sala principal de su casa, sobre vitrinas y estantes, para que todos aquellos que lo visitaran pudieran verlos estaban todos sus logros; era lo que se usaba y hasta lo aconsejable.
En el cuartito de atrás, entre cosas viejas y trastos inservibles, se acumulaban ocultos sus innumerables fracasos.
Extrañamente, o quizás no tanto, amaba y valoraba más a estos que a aquellos.
—De los éxitos poco se aprende, se corre el riesgo de añorarlos indefinidamente —reflexionaba —Los fracasos son desafíos, caminos mal recorridos que deberíamos volver a transitar.
Las segundas oportunidades le causaban temor.
—Superarlo será el inicio de una senda a recorrer, quizás hoy mismo empiece —se dijo.

Precavido, decidió que se tomaría unas horas para pensarlo mejor.

Exclusivo de La Cuentoteca







domingo, 28 de febrero de 2010

Uno no elige de quién enamorarse- Miguel Dorelo

La mujer soñada...

Uno no elige de quién enamorarse- Miguel Dorelo


Javier está perdidamente enamorado de Leticia.
Él la ve perfecta, la mujer soñada. Leticia tiene ojos mansos y mirada combativa.
Esto, entre otras cosas, enloquece a Javier.
Leticia, con su dulzura a cuesta, sus ojos claros y su fragante y sedoso pelo castaño, es un androide y Javier lo sabe; siempre lo supo. En los circuitos positrónicos de ella no está contemplado el amar a un ser humano.
Leticia no puede amar a Javier; no está permitido. La ley lo dice claramente: bajo ningún aspecto será contemplada la más mínima posibilidad de cualquier tipo de relación sentimental entre humanos y androides.
La ley es muy severa para con aquellos que osan trasgredirla. Así debe ser, ya que la tentación de hacerlo es muy grande y la mayoría sabe que eso no está bien. Y las leyes están hechas para proteger a las mayorías.
Pero él no es como los otros humanos. A Javier lo indignan sobremanera las imposiciones; lo prohibido es un incentivo al que no puede sustraerse.
— ¿Cómo es posible legislar sobre el Amor? —se pregunta una y otra vez.
De ninguna manera va a aceptar que le indiquen a quién puede amar y a quién no.
Sabe perfectamente que hay antecedentes de amores de este tipo; androides con mentes en apariencia perfectamente programadas han conocido a un ser humano especial y han roto todos los protocolos, sin que nunca se haya encontrado la causa de la falla.
—Simplemente el Amor, —asegura Javier.
Y aunque todos terminaron trágicamente, esto no hará menguar sus sentimientos por Leticia; luchará por ella con todas sus fuerzas, llamará a las puertas que sean necesarias, hablará con quien corresponda; rogará o amenazará, y solo claudicará cuando su corazón enamorado deje de latir. Ha escuchado, aunque son solo rumores, de una ley “Farmer” que ha sido el artilugio legal para que el Alto Tribunal haya autorizado más de un caso como el suyo.
Leticia ha dado señales inequívocas de un interés inusual por Javier, lo que ha hecho que éste decida dar un paso decisivo: expondrá sus argumentos ante las Máximas Autoridades Terrestres.
Esta mañana, en las Oficinas Centrales De Todo Lo Que Importa, Javier ha descubierto algo sorprendente: al presentar su pedido de Autorización De Relaciones Extrañas, tal cual se lo ha indicado su consejero, le ha sido informado que no hay razón alguna para que su inmenso amor no pueda concretarse. Javier es un androide. Una pequeña falla en su sistema, ya solucionada, le había echo creer que era un ser humano común y corriente.
Correspondido por Leticia y ya sin impedimento legal alguno, los siguientes tres meses fueron casi idílicos…
Hasta que conoció a Cecilia.
Cecilia no es tan hermosa, ni dulce como Leticia. Es algo desmañada y sufre de miopía.
Cecilia es un ser humano y Javier lo sabe; siempre lo supo.
Javier está perdidamente enamorado de Cecilia.
Él la ve perfecta…

Exclusivo de La Cuentoteca



lunes, 22 de febrero de 2010

Confusión amorosa- O la histeria no entiende de géneros- Miguel Dorelo

Lo voy a pensar, dijo ella...

Confusión amorosa o la histeria no entiende de géneros - Miguel Dorelo

Me hubiese gustado que lo que pasó hubiese sucedido de otra manera y no de la forma que aconteció —dijo él.
—A mi tampoco —contestó ella, distraída.
—Deberíamos empezar de nuevo, no del principio, eso estuvo bien. Más o menos desde la mitad, me parece —propuso él.
—No creo —acotó ella. —A mi me gustó más el final…pero no mucho.
— ¿Y si dejamos todo como está? —interrogó él.
—Podría ser, pero ¿Eso quiere decir que ya no me querés?—sollozó ella.
—No es eso; solo que me hubiese gustado que lo que pasó hubiese sucedido de otra manera y no de de la forma en que aconteció —reiteró él.
—Lo voy a pensar —otorgó ella.
—Bueno —aceptó él.
—Te aviso —informó ella.
—No te demores mucho —suplicó él.
—En cuanto pueda. Chau —se despidió ella.
—Chau —concluyó él.

Exclusivo para La Cuentoteca

sábado, 20 de febrero de 2010

Mujer líquida- Miguel Dorelo

Un día tan solo llegó...

Mujer líquida- Miguel Dorelo

Llegaste a mi justo en aquél período de sequía que, ya empezaba a sospechar,estaba durando demasiado.

—Creo que te estuve esperando todo este tiempo —pensé, pero no me animé a decirtelo.
Desnudo y muy dispuesto, me entregué por completo.
—Voy a mojarte todo—me advertiste —después no valen quejas ni lamentos.
—Está bien —acepté.

No alcanzaste a empaparme; solo humedeciste un poco mi alma.
Sin embargo, tenue garúa, a veces, tan solo a veces y sobre todo algunas noches, extraño tu deslizar sobre mi cuerpo.

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martes, 16 de febrero de 2010

El recuerdo que guardo de ella- Miguel Dorelo

Estoy casi seguro que ella era así...

El recuerdo que guardo de ella-Miguel Dorelo

Hoy quisiera recordarla en todo su esplendor.
Sus cabellos de un intenso color verde que me observaban con dulzura.
Su piel ancha, sus caderas largas y renegridas flotando en el viento.
Su boca respingada, aspirando todos mis aromas.
Sus piernas, pequeñas, adornadas con pendientes, siempre atentas a mis susurros amorosos.
Sus pechos, largos y finos, siempre bien cuidados y que jugaban con mi pelo.
Sus hombros, húmedos y blandos, carnosos y pintados de un carmín intenso.
Su cadera esmaltada, blanquísima, sin caries, perfecta y siempre abierta en una sonrisa eterna.

Hoy quisiera recordarla en todo su esplendor, pero ha pasado ya mucho tiempo y a veces su figura me es confusa; nunca fui un buen poeta, adjetivos y metáforas se me mezclan.
De todos modos, sé que no podré olvidarme fácilmente de ella.

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lunes, 8 de febrero de 2010

Ser o no ser- Miguel Dorelo

¿Es este el comienzo...?

Ser o no ser- Miguel Dorelo

Existencia y no existencia. Eso es todo; poca cosa más.
Vida y muerte.
Y aún no haber nacido, claro.
La no-vida o la no-muerte, ¿Cómo llamar a ese estadio en que un ser humano aún no ha sido concebido, pero que está destinado a ser?
¿Solo existe un infinito futuro de muerte sin su correspondiente pasado infinito de vida?
¿Todo comienza en cuanto los veintitrés cromosomas del espermatozoide se encuentran con los veintitrés del óvulo?
Casi una cuestión matemática; solo una pizca de azar y listo: una vida más.
¿Es esto el hombre?
A veces, muy pocas, algo ocurre: quizás una distracción de los dioses. O un sin número de probabilidades aleatorias extrañamente coincidentes. Quién sabe.
Alguna vez tenía que pasar. Algún extraño designio le había otorgado aquella facultad única.
El/Ella dispondría de una opción jamás antes otorgado a ser alguno; podría decidir ser o no concebido.
Existir o no existir. Decidir ser…o no ser.
Pero de verdad. Nada filosófico ni metafórico. Algo materialmente único.
Con todas las opciones implícitas en ello; casi infinitas, pero sin la posibilidad de elegir cuál.
Un libre albedrío acotado y patético. Solo ser, sin elección de género ni idiosincrasia.
—Seré —pensó, razonó, especuló o vaya a saber qué — Primero seré. Y luego quizás, médico de frontera, bailarina clásica, peón de albañil, asesino serial, escritor de ficciones especulativas.
Hombre o mujer.
Y casi al instante siguiente, dudó.
Quizás, después de todo no se llamaría Pedro, ni Juan, ni Martín; tampoco María, Irene ni Daniela.
Simplemente, no se llamaría de ningún modo.
Tenía todo el tiempo del mundo para decidirlo.

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viernes, 5 de febrero de 2010

Amar,lo que se dice amar,amé solo una vez- Miguel Dorelo

En mi mejor época, no era raro encontrarme con esto al volver a casa...

Amar, lo que se dice amar, amé solo una vez- Miguel Dorelo

Siempre fui muy sexi.
Quizás no esté bien que lo diga, pero pecar de falsa modestia no es lo mío.
Debido a esta condición, supongo divina, tuve muchos amores e incontables romances.
Pero amar, lo que se dice realmente amar, solo amé una vez.
Si tuviera que hacer una lista de mis conquistas sería demasiado larga para este espacio y no es mi pretensión hacer gala de ello.
Si tuviera que catalogarme sería algo así como un Don Juan, para aquellos que ya peinan canas. O un metro-sexual, como me llamarían ahora.
Humildemente,yo creo que la descripción que mejor me cabe es la de un macho bien macho; eso fui siempre. Como a ellas les gusta.
Pero, como ya dije, poco significaron en mi vida la pasión de Julia, la desbordada ternura de Ángela, el desenfreno sexual de Eugenia o la casi insoportable adoración que Paula sentía por mí. Y solo estoy nombrando a unas pocas, como para ejemplificar.
El amor no es algo que uno planifique, ninguna de ellas puede vanagloriarse de haber sido algo más que un buen momento en mi extensa travesía sentimental.
Claro que como suele pasar, sin que uno se lo proponga un día llegó esa sola personita que pudo llegar hasta donde las otras ni siquiera vislumbraron el acceso.
Y, también, como inevitablemente suele suceder, otro fatídico día todo se terminó.
Quizás este descarnado relato sirva como vehículo para un no muy lejano reencuentro; a lo mejor aún me recuerde y cuando vea mi nombre en el título sienta algo de aquello y se decida a leer estas palabras que solo tendrán real sentido si son recorridas por sus ojos.
Les pido permiso queridos lectores para dirigirme en estos últimos párrafos a esa persona que motivó todo este patético y cursi relato.
Mi corazón, mi alma, todo mi cuerpo aún recuerda tus besos, tus caricias, tu mirada.
Hoy, ya retirado de esas lides, hastiado de amores vanos, cansado de buscar falsos sustitutos de tu amor, cada vez más añoro tu presencia. Esa que es ahora ausencia, dolorosa y ya insoportable.
¿En que lugar estarás… y con quién?
Y es en noches como esta, solo en la oscuridad de mi cuarto escuchando esa canción que solía acompañarnos cuando el amor hacía que nos fundiéramos en un solo cuerpo, ya rotos todos los diques del llanto susurro tu nombre apenas las primeras lágrimas comienzan a rodar por mis mejillas.
—Roberto…

Y sé que ya no podré conciliar el sueño.

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domingo, 31 de enero de 2010

Mimetización- Miguel Dorelo

Siempre se acordarían de él...

Mimetización- Miguel Dorelo

Cuatro días de gestación en el vientre materno. Su infancia se consumió en tres meses. Cuarenta días bastaron para dejar atrás la adolescencia.
Ya adulto se enamoró de múltiples amores no correspondidos, mujeres fatuas que no lo comprendían. Esto y algunas otras pequeñas cosas, le consumieron más dos años y medio de su preciosa vida.
Su envejecido cuerpo de cuatro años ya no resistiría mucho tiempo más; se acercaba el final y él lo sabía.
Pero, esto no lo apenaba; todas sus vivencias las transformaba en palabras y este era su gran consuelo.
—Tuve una buena vida —se dijo —Y todos me recordarán cuando ya no esté en este mundo.
Y era cierto. Su obra y su vida estaban íntimamente ligadas.
Sus micro-ficciones eran realmente fabulosas.

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lunes, 25 de enero de 2010

Resúmenes literarios- Informe sobre ciegos- Miguel Dorelo


¿Donde está Fernando Vidal Olmos, eh?

Resúmenes literarios para gente con poco tiempo. Hoy: Informe sobre ciegos, de Ernesto Sábato -Miguel Dorelo


Esta retorcida historia tiene como protagonista a un retorcido sujeto, con un retorcido nombre: Fernando Vidal Olmos. Al tipo este, no sé porqué, se le ha ocurrido que los pobres cieguitos, son una especie de barras bravas que andan por ahí conspirando para hacer maldades, y a pesar, el muy enfermo masoquista patético, de estar seguro de que va terminar mal (¿cuando empezó esto que ahora va a terminar con mi asesinato?, dice el infeliz al principio del relato), decide investigarlos y escribir un informe sobre ellos, vaya a saber para quién o para qué. Paranoico total, el chabón.
—Soy un investigador del Mal —se autoproclama el trastornado.
Se enreda con algunas mujeres medio sospechosas de conductas no muy claras como para rellenar un poco el informe con un toque femenino, ya que nunca está de más, y deambula por distintos lugares de Buenos Aires que a su manera de ver, serían tétricos. Yo anduve por algunos de esos sitios y, sinceramente, a mí no me dieron miedo.
Pero claro, el tipo de chiquito ya tenía inclinaciones medio fuleras; solía divertirse cazando gorriones para pincharles los ojos con alfileres. No digo que esto esté mal, después de todo un niño también tiene derecho a divertirse, pero yo creo que esto puede ir decantando la personalidad hacia perfiles que algunos luego censurarán, lo que suele acarrear malentendidos de todo tipo.
Ya más grande irá formando su propio carácter y en un alarde de auto-análisis que más de uno debería copiar nos informa: “Soy un canalla y no tengo el menor respeto por mi persona”. Conozco muchos así…Pero menos honestos al momento de reconocerlo.
Este sinceramiento no le impide seguir con su cruzada contra los adeptos al sistema Braile, siempre en solitario, ya que solo él ve la conspiración para dominar al mundo que cree está encabezada por Stevie Wonder, Ray Charles, Andrea Bocceli y Serafín Zubiri, el bailarín de Tinelli.
Pero, a pesar de las apariencias, no todo es locura y malicia en la personalidad de Fernando Vidal Olmos, también hay lugar en su vida para el amor; ama profundamente y apasionadamente a una mujer, y deposita en ella lo mejor de si. Consumar su pasión hacia ella es otro de sus desvelos. Por suerte, esa pasión parece que es correspondida por Alejandra, su hija. ¡Qué linda familia!
Bueno, palabras más palabras menos, la historia es más o menos así, para que seguir dando detalles que no modificarían en nada la perfecta comprensión del relato, solo cabe agregar que al final, siguiendo sus instintos suicidas, el impresentable este, como no lo vienen a buscar, decide ir al lugar donde van a matarlo (según él).
Un final abierto. En realidad no queda otro remedio, ya que es un informe hecho por él mismo, y es lógico suponer que si el místico y neurótico de Fernando fue finalmente ultimado, no hubiese tenido forma de dejarlo por escrito. Salvo, claro que el relato este se enrolara en algo más “Borgiano” o hubiese sido imaginado por Stephen King.
En síntesis, él supone el complot y supone su muerte, lo que me lleva a tratar de arribar a alguna conclusión más o menos coherente.
Si realmente lo mataron al delirante este, para mi, fue el cieguito Borges en complicidad con Maria Kodama. Los motivos están claritos: envidia y celos profesionales; don Jorge Luis nunca pudo escribir una novela; no pudiendo matar al autor, se bifurca y decide hacerlo con su personaje, mientras finge una amistad con don Ernesto.
Pero no estoy seguro, después de todo el informe es como una novela corta dentro de otra. Y una corta novela, como todos saben, bien podría considerarse un cuento largo, lo que llevaría a un sin número de especulaciones que escapan a las posibilidades de análisis de este humilde escriba.
Que investigue la policía, que para eso le pagan.

Exclusivo para La Cuentoteca

lunes, 18 de enero de 2010

Oportunidad Nº 7- Miguel Dorelo

Quizás sea mi última oportunidad...

Oportunidad Nº 7- Miguel Dorelo

Vamos a aclararlo de entrada para evitar confusiones: soy un gato.
No pretendan hallar pretenciosas metáforas, ocultas parábolas o improbables paradojas en este relato.
Seis veces he amado y otras tanto han roto mi corazón.
Sé, por instinto, que solo me queda una oportunidad y ayer por la tarde me he cruzado con ella.
Es hermosa, con su pelo azabache, sus ojos color caramelo y su andar, obviamente, felino.Otra vez estoy enamorado, no pude evitarlo.
Pero, sé que esta vez no hay margen para el error.

Soy solo un simple gato callejero.
Si no ¿De que otra manera podría explicarse que aún permanezca en este mundo?

Exclusivo de La Cuentoteca