martes, 2 de noviembre de 2010

Miradas a orillas del río-Miguel Dorelo


Miradas a orillas del río- Miguel Dorelo

Ella anda por la vida con sus rencores a cuestas, besando príncipes hasta verlos convertidos en sapos.
Vengarse de él, concientemente o no, es el motor principal de su comportamiento.
Suponiendo un daño adrede, negando culpas compartidas; raramente en una ruptura hay un culpable exclusivo: los más grandes amores, al igual que los grandes odios suelen ser cosas de a dos.
Ausencias irreemplazables, búsquedas vanas y dolorosas que comienzan con noches alegres e indefectiblemente terminan en amaneceres tristes.
Agresivamente a la defensiva, rodeadamente sola, siempre buscando ese reemplazo que nunca llega, todas las tardes sale a caminar por la rambla del Parque de España, a la orilla del río Paraná, pero sin mirarlo; casi nunca lo mira, no sabe bien por qué, quizás por tanta agua o por esa brisa constante pero siempre que sus ojos se posan en él comienzan a llenársele de lágrimas y hay tanta gente alrededor mirando…

Él está de paso, no es de Rosario, solo, suponiendo que su soledad ha sido una elección, mintiéndose un mejor solo que mal acompañado, pero sin poner el suficiente énfasis requerido para que las palabras se afirmen en una verdad sin disoluciones.
Mira pasar el río con casi la misma emoción que a las hermosas mujeres que desfilan por el paseo, hoy es su último día en la ciudad. Sentado en un banco captura ideas en la pequeña libreta de apuntes que lleva siempre consigo. Le gusta mucho escribir, reflejar parte de sus sentimientos en relatos, a veces en algún atisbo de poema, pero sin alcanzar jamás a volcar todo su interior en palabras lo suficientemente adecuadas; cuestión de talento, o mejor dicho, de falta de él. ¿Y si me pusiera a conversar con esa de allá, la que toma mate sola sentada en el pasto debajo del árbol?, piensa. Pero no lo hará, no sabría que hacer si ella no resultase lo suficientemente acorde a lo que busca, en su patética pretensión de encontrar de buenas a primera la mujer casi perfecta, que le guste lo que a él, ignorando que ese ha sido su problema toda la vida, que ha fracasado en todas sus anteriores relaciones por no saber que lo demasiado igual termina produciendo un hastío difícil de sobrellevar.

No se trata de designios divinos, podría hablarse del destino, pero tampoco sería demasiado correcto; miles de personas caminan, corren, se juntan a tomar mate, tocan la guitarra y cientos de otras cosas en este lugar, cada uno de ellos con sus pesares, sus alegrías o simplemente existiendo no difieren en mucho de ella o de él, tan solo dos cuerpos o un par de almas más entre el gentío, pero no es menos cierto que esta historia necesita de ellos dos más que nada; el río, la rambla, el viento, la ciudad toda, solo aportan el soporte necesario aunque no imprescindible para un momento único e irrepetible, cuando ella pasa por delante del banco de él y vaya a saber por qué levanta la mirada justo en el instante en que él termina de escribir “encuentro” en su libreta y hace lo propio; un segundo en el que el mundo parece detenerse y que tan solo es una ilusión. La mutua mirada entre dos desconocidos, pero esa mirada acerca un atisbo de algo que no pueden definir.
Ella sigue su camino y él solo atina a mirar como se aleja. Lógicamente sin palabras, solo alguien que pasa y otro que mira pasar, no hay motivo lógico de diálogo.
Ella piensa que quizá el hombre sentado en el banco podría haber sido, pero se ha equivocado tantas veces que no tiene ganas ni de lamentar haber hecho alguna otra cosa para llamar su atención.
Él, un poco más impresionado por aquél fugaz instante de miradas entrelazadas, se siente más solo que nunca.
Nunca volverán a verse…
O quizás el regrese un día y se siente día tras día en ese mismo banco hasta verla aparecer y cuando ella vuelva a cruzar por delante suyo le sostenga largo rato la mirada, justo hasta el preciso instante en que las benditas palabras amadas acudan en su ayuda.
—Hola, me llamo Juan ¿Vos como te llamás? —Nada poético, solo un intento de acercamiento.
Ella le dirá su nombre y a lo mejor esa misma tarde bese después de mucho tiempo a alguien que no es sapo ni príncipe, tan solo un hombre. Nada menos.

Elaborado para La Cuentoteca.
 Escrito a orillas del río Paraná en la ciudad de Rosario a fines de Octubre de 2010

sábado, 16 de octubre de 2010

Cuestión de enfoque- Miguel Dorelo & Sergio Gaut vel Hartman

Hasta lo peor puede tener su lado positivo...

Cuestión de enfoque – Miguel Dorelo & Sergio Gaut vel Hartman

—Actitudes como estas son las que hacen andar el mundo, en el buen sentido —dijo Ángel palmeando el hombro del inspector de policía—. Gente como usted, que ve cosas positivas en aparentes negatividades.

— ¿Le parece? —Ordoñez miró a su interlocutor con el ceño fruncido—. Yo creo que su comentario es infructuoso y que su situación es irreversible.

—Pero si me hubiesen tocado en suerte más personas como usted en mi vida, yo sería totalmente distinto a esto que soy y por supuesto, no me habrían asesinado la semana pasada. —Ángel meneó la cabeza—. Pero ese es un tema que me resulta doloroso tratar ahora; no quiero andar dando lástima al pedo... Aunque si veo que puedo sacar algún beneficio de ello, más tarde le cuento por qué y cómo me mataron.

—Provecho para usted, no veo. Pero a mí no me vendría nada mal esclarecer su caso. Capaz que me ascienden y todo…

lunes, 11 de octubre de 2010

Una muy delicada situación- Miguel Dorelo

 Una cuestión de química...
Una muy delicada situación- Miguel Dorelo

Ella llegará en media hora.
Tomo la mágica pastillita azul.
Empiezo a sentir su efecto.
Suena el teléfono.
Es ella.
—No voy  a poder ir —dice entre sollozos —acaba de morir mi madre. Te espero ya en el velatorio.

lunes, 4 de octubre de 2010

Nipkcril- Miguel Dorelo





Nipkcril- Miguel Dorelo

Podría asegurar que la de esa noche fue una noche como casi todas mis noches, con mis eternas dificultades para conciliar el sueño, con mi mente divagando hasta límites en que realidades y fantasías cotidianas se entremezclan de esa forma en que uno llega a dudar de cuáles son unas y cuáles otras. Nada fuera de lo normal.
Nipkcril. La diferencia de esa mañana, de ese despertar, fue esa palabrita adueñándose por completo de mis sentidos. No exagero. La escuchaba, la olía, la palpaba, la veía, la gustaba.
¿Ustedes saben qué significa “nipkcril”? ¿No? Bueno, yo tampoco, jamás la había escuchado o leído antes.
¿Qué hubiesen hecho ustedes de haberles sucedido algo así, despertarse una mañana invadidos por una palabra? Exacto, eso mismo hice yo: me levanté, encendí mi PC y tecleé rápidamente la dichosa palabrita en el buscador. Nada, “la búsqueda de nipkcril no obtuvo ningún resultado”.
Podría haberlo dejado pasar, pensar en un mal sueño o en los vericuetos insondables de la mente, bastantes problemas mucho más “tangibles” me acosan en estos días, pero el dichoso vocablo no parecía querer dejarme en paz; acá estoy, no pienso abandonarte, tengo una misión que cumplir, nipkcril, nipkcril, nipkcril, parecía decirme.
Y no la cosa no mejoró, más bien todo lo contrario: a medida que pasaban las horas y luego los días el deseo de desvelar lo que fuera sobre la dichosa palabra se fue adueñando de mi mente de una forma que empezaba a preocuparme seriamente. Se agravaron mis trastornos del sueño, empecé a perder el apetito y una gran ansiedad fue acorralándome: tenía que encontrar una solución pronto o de lo contrario todo este asunto podía terminar muy mal.
Comencé por enviar correos a todos mis contactos que estuviesen relacionados con la literatura, tanto escritores como lectores compulsivos, especialmente a aquellos que sabía fanáticos de la ciencia ficción: quizás nipkcril fuese el nombre de alguna raza alienígena o algún planeta surgido de la imaginación de no sé, Ballard, Asimov, Sturgeon , Lem o los Strugatski. Todo sin resultados positivos; ni siquiera Sergio H., un especialista en el tema tenía ni la menor idea sobre el significado de la palabra.
Intenté luego con otros idiomas, siempre con la ayuda de Internet; polaco, albanés, lituano, búlgaro, malayo, yiddish. Horas y horas ante el monitor y el teclado: arameo, alemán, griego, dialectos indígenas de diversos pueblos africanos y de Oceanía, varias versiones de la Biblia, enciclopedias temáticas, libros esotéricos y científicos. Hice mi último intento con un catálogo completísimo de nombres comerciales de todas las épocas que algún trasnochado se había tomado el trabajo de compilar. Nada de nada.
Finalmente, luego de tres meses de obsesiva búsqueda tomé la decisión que, ahora soy conciente de ello, salvó mi vida. Con veinte kilos de menos, casi sin fuerzas para nada y dejando de lado mis convicciones sobre el tema pedí un turno con un psicólogo que ofrecía sus servicios mediante un aviso en una página web en la que había entrado más de una vez en busca de algún dato que me sirviera en mi desesperada búsqueda, un corto llamado telefónico que resultó ser el más importante de mi vida.

Han pasado seis meses, el tratamiento gracias a dios por fin ha dado los resultados buscados y aunque por ahora debo seguir con la medicación y un estricto control semanal me siento casi en paz conmigo mismo. He recuperado peso y me siento fuerte nuevamente. He podido comprender en lo sustancial el término “obsesión compulsiva” y los peligros que esto acarrea y ahora recomiendo a todo aquél que lo necesite o crea necesario que deje de lado prejuicios como los que yo he tenido y consulte a un buen especialista cuando vea que necesita esclarecer sus dudas, sus miedos más íntimos o cualquier otra clase de pensamientos que pueden resultar malsanos si tratan de resolverlos en soledad; por lo menos a mí me dio resultado.
Anoche, por fin después de largo tiempo he podido dormir durante varias horas seguidas casi sin sobresaltos y hasta tuve un sueño.
Esta mañana, mientras desayunaba y al morder la tostada recordé lo soñado: ¿Que querrá decir “lirckpin”?

martes, 28 de septiembre de 2010

No siempre es fácil hacerse cargo...
Ese chico no es mío- Miguel Dorelo

— ¡No, no y no! Exijo un adn. Ese chico no es mío. Además vos me dijiste que te cuidabas.
— ¡Todos los hombres son iguales! Nunca quieren hacerse cargo ¡Hace tres meses que no me viene! Pero como que me llamo Eva que esto no va a quedar así. ¡Adán y la puta que te parió!

Elaborado para La Cuentoteca

sábado, 25 de septiembre de 2010

Grageas 2- Un nuevo libro en el que participo.


Grageas 2. Una selección de micro-ficciones seleccionadas por Sergio Gaut vel Hartman en la que orgullosamente aporto con una pequeña ucronia.
Más de cien autores de diversos paises, sexos y religiones. Muchos amigos entre ellos.
Ya está a la venta.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Total incertidumbre- Miguel Dorelo



Solo sé que algo he perdido....
Total incertidumbre- Miguel Dorelo

A esta altura mi única certeza es la de reconocer la pérdida probable.
Ni el momento exacto ni el lugar aproximado forman parte de mis más cercanos recuerdos del infausto acontecimiento, tan solo un atisbo de tristeza inexplicable marca alguna pauta como para catalogar al extravío, quizás, de irreparable.
Sé que cuando menos lo espere recordaré lo sucedido y quizás mi presente angustia se acentúe... O, tal vez, se me conceda el privilegio de comprender que en realidad he exagerado, que aún hay tiempo, que es posible recuperar aquello que, a lo mejor, quien sabe, solo imagino haber perdido.

Elaborado para La Cuentoteca

lunes, 20 de septiembre de 2010

Relato en plena etapa de elaboración- Miguel Dorelo


En plena etapa creativa utilizando los últimos adelantos tecnológicos...

Relato en plena etapa de elaboración- Miguel Dorelo

Este es un relato en plena etapa de elaboración, tenga a bien a la hora de juzgarlo el recordar su condición de tal.
No confundir con un borrador, que podrá ser parecido pero no es lo mismo.
En este preciso instante se encuentra en una especie de estadio en que el autor, persona por la cual siento una especial predilección, trata de pulir la idea primigenia generadora del relato.
Es a todas luces evidente que no ha logrado plasmarlo, por lo cual en un arranque de honestidad intelectual pocas veces visto en un ambiente habitualmente caracterizado por los egos exacerbados de esta especial casta agrupada bajo el genérico nombre de “escritores”, ha decidido en bien del público lector dar por concluido este relato que como ya a sido dicho se encuentra en plena etapa de elaboración.
Se ruega no confundir con un borrador.

Elaborado para La Cuentoteca

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Convivencia- Miguel Dorelo

Dos adicciones

Convivencia - Miguel Dorelo

Clara y Juan. Juan y Clara. Antes, cuando no convivían, todo el tiempo que pasaban juntos les parecía poco, nunca les alcanzaban las horas para tanta caricia, tanta mirada directa  a los ojos, tanto jadeo en noches en que el resto del mundo dejaba de existir en cada orgasmo alcanzado juntos.
—Quedáte —dijo una mañana ella. Y Juan se quedó. Y esa tarde comieron juntos las facturas que Juan compraba en la panadería de la vuelta todas las mañanas después del sexo tempranero, las que habitualmente sobraban y que indefectiblemente cumplían por la noche su destino de basura, ya que sin él presente, Clara no quería ni tocarlas.
Al principio todo fue como en un sueño, pero no pasó demasiado tiempo para que las primeras desavenencias aparecieran sin previo aviso, sin que nadie las hubiese invitado.
¿Los motivos? Todos y ninguno. O el más simple y habitual de todos los motivos: eran más distintos de lo que suponían y con la convivencia esto se empezó a hacer cada vez más evidente.
Algo machista, bastante mujeriego él —pero ahora estoy retirado —aclaraba cada vez que surgía el tema.
Ella, aunque con un perfil más bajo, era bastante permeable a los halagos masculinos.
Y, casi naturalmente, surgieron los celos; aunque una clase de celos acordes con los tiempos: celos virtuales.
Las redes sociales, pero por sobre todo el Messenger fueron las causas más habituales de las diarias discusiones entre ambos.
Clara se conectaba absolutamente todas las noches, Juan cada vez que encontraba un resquicio de tiempo y a cualquier hora. Por suerte cada uno tenía su propia máquina: una Notebook ella y una PC de escritorio él.
Lógicamente, eran “amigos” en el Facebook y contactos en el Messenger, así se habían conocido, pero ya no era necesario “conectarse” por esos medios, ahora vivían juntos y hubiese sido algo un poco ridículo.
Un día, luego de una gran pelea en la que él le preguntó que es eso de tanto piropo de parte de Raúl, un amigo en común de la red, y ella respondiendo que si le estaba controlando a los contactos que mejor harías en borrar a todas esas minas “amigas”tuyas que lo único que hacían era subir fotos mostrando las tetas para calentar a pajeros como vos, todo terminó con ella bloqueándolo y diciendo que si no confiaba en ella mejor se fuera a la mierda.
La relación se resentía día a día, pero algo aún flotaba en el aire y cuando cualquiera de los dos se encontraba solo descubrían asombrados que extrañaban los momentos de compartir lo que fuera sin ningún tipo de rollos extraños.
A su modo, fue Clara la que dio el primer paso para hacer un último intento de salvar aquello que alguna vez idealizaron.

—Deberíamos hacer terapia juntos —dijo Clara —Nos llevamos cada vez peor.
—Sabés bien lo que opino sobre eso, ahora si tu psicóloga está buena, no tengo problema. Esas tardan en calentar, pero una vez que dejan de lado sus traumas, se desinhiben y en la cama les tenés que pedir por favor que paren —arruinó de entrada Juan.
—Sos un pelotudo importante ¿No lo sabías? ¿Sabés que dice Lacan de esto? Él dice que…
—Pará, Clarita, ya te dije como mil veces que a mi no me compares con nadie. Me interesa bien poco lo que digan cualquiera de tus ex. Todos putos reprimidos son esos.
— ¡Lacan es un psicólogo, estúpido! ¡Y sabés perfectamente que no me gusta que me llames así!
— ¿Cómo, no era una mina? Ahora resulta que es un tipo. ¿Otra vez cambiaste? Después no te quejes si la terapia no te da resultados. Guita tirada. Total en esta casa sobra.
— ¡No te soporto más! Me voy a bañar —le responde ella, falsamente enojada al darse cuenta que era otra de las estúpidas ironías que Juan solía utilizar cuando quería hacerla enojar
— ¿Te seco como siempre? —propone Juan, sonriendo de esa forma que sabe que a ella nunca le resulta indiferente.
— ¡No! —grita ella en el exacto tono para que suene como todo lo contrario.
 Quizás después de todo una pequeña tregua no vendría nada mal, piensan ambos.

Esa noche Clara no se conectó. Juan solo encendió su computadora para ver si había recibido ese mail de trabajo que estaba esperando, y de paso le envió a Clara una solicitud de amistad en el Facebook.
A la noche siguiente Clara aceptó la solicitud y estuvieron chateando hasta las tres de la mañana.

Elaborado para La Cuentoteca

lunes, 6 de septiembre de 2010

Convengamos- Miguel Dorelo

Convengamos- Miguel Dorelo



Decir acompañados...

Aceptemos que viajamos quién sabe hacia donde en una nave espacial que llamamos “Tierra”.
Especulemos con que todo esto tiene un sentido, apenas vislumbrado por algunos, totalmente incierto para otros.
Toleremos lo tolerable, aplaudamos lo aplaudible.
Admitamos que a veces la palabra “acompañados” carece de sentido.
Sin embargo…
Convengamos que todo lo anterior se puede ir al carajo, que te da exactamente lo mismo que la tripulación sea uno o mil millones, si aplaudís o te toleran o son todos intolerables, justo en el instante en que la palabra “acompañados” adquiere al fin todo el sentido y ella está a tu lado.


Elaborado para La Cuentoteca

jueves, 2 de septiembre de 2010

La Gladys- Miguel Dorelo

Ella tiene lo suyo, pero a veces no es suficiente...

La Gladys- Miguel Dorelo

Ella es lo que es y no tengo de que quejarme. La culpa debe haber sido mía.
Claro que a veces, no sé, me parece que las cosas tendrían que haber quedado bien claritas de entrada.
No nos prometimos nada, eso es cierto, pero que se yo, ella parecía otra cosa y a la final uno se lleva cada sorpresa.
—Hola, soy la Gladys —me dijo esa noche.
—Yo soy Juan, pero me dicen Tararira —le respondí como para impresionarla de entrada.
— ¡Ayyy! Pero que sobrenombre más atrevido —respondió con una sonrisa pícara en sus labios pintados de un carmín intenso mientras se agachaba lo justo como para mostrarme sus turgentes y maravillosas tetas.
Una cosa trae a la otra, sé lo que doy con las mujeres, así que a las dos horas le estaba dando bomba en el cuartito de la pensión en La Boca en que vivía.
Dos semanas después la cosa se empezó a poner pesada, la Gladys me estaba matando a mensajitos al celu y quería que le diera todo el santo día, ya no sabía como sacármela de encima.
Ojo, no es que la mina no me guste, tiene lo suyo, es bastante cariñosa, ceba bastante bien los mates y es toda una experta en sexo oral, pero lo que no pude aguantar es cuando se le puso en la cabeza que debíamos formalizar la relación. Siempre fui muy cuidadoso con mi libertad y reconozco que no resultaría nada fácil una convivencia conmigo, pero la tipa dale que dale con lo del registro civil cada vez que yo le daba calce en la conversación.
Hoy me decidí, no niego que la voy a extrañar, pero dejé bien temprano la pensión y me mudé por unos días a la casa de un amigo que me va a hacer el aguante hasta que consiga algún lado para vivir bien lejos de La Boca. El celular lo tiré al riachuelo, si te visto no me acuerdo. No quiero saber más nada con la Gladys. O Carlos, como es en realidad su verdadero nombre.
Malditos políticos, justo ahora se les ocurre sacar la ley esa del matrimonio igualitario.
Siempre cagándose en los intereses del pueblo.


Elaborado para La Cuentoteca

miércoles, 25 de agosto de 2010

Belén, la lluvia, los hombres y el invierno- Miguel Dorelo

Una historia más...

Belén, la lluvia, los hombres y el invierno- Miguel Dorelo

Belén tiene catorce años y odia los inviernos.
A Belén la lluvia no la inspira, solo la moja y hace que el frío sea aún más frío.
Por eso, y otras cosas más, Belén odia la lluvia. Los otros pibes, los varones que comparten con ella el rincón del mausoleo del medio de plaza Once como improvisado dormitorio le contaron que si aspirás el frío se siente menos, boluda, pero a ella no le gusta; una vez probó y estuvo vomitando todo el día. A lo mejor porque sos mina, le dijo el Ramón, que se la pasa todo el tiempo con la bolsita y el Poxi-rán en las manos. Belén cree que el Ramón siente el frío igual pero que no lo dice para no parecer un maricón.
Una vez, Belén pudo zafar del frío, de la lluvia y del hambre; un señor muy bueno la llevó a su casa cuando tenía doce años, le sirvió una chocolatada calentita y hasta le hizo un sándwich de jamón de verdad.
Desde ese día Belén ya sabe como debe pagar, extraña beneficencia gratis de precio demasiado alto, y es por eso que Belén odia tanto a los hombres como a la lluvia, el frío y los inviernos.
Pero, por suerte están los trenes. Belén los ama, le gusta todo de ellos; sus olores, el sonido de la locomotora con sus motores regulando en el andén, los extraños y coloridos símbolos que cientos de manos anónimas han dibujado con aerosol en los vagones y que Pedro, el sabiondo de la barra, le dijo que son palabras que dicen aguante Boca, esta vida es una mierda, perdonáme volvé te amo y un montón de otras cosas.
Hay días en que si no fuera por el ruido de su panza que le avisa que hay que ir a buscar comida se quedaría sentada todo el tiempo viéndolos pasar, imaginándose arriba de uno que la lleva bien lejos, a un lugar en donde siempre hace calor y que cuando llueve y te mojás te gusta y es hermoso.
Belén cumple años el 21 de Septiembre, pero los cumple ese día porque así lo decidió, porque Pedro le dijo que es ahí cuando empieza la primavera y ella dijo entonces es mi cumpleaños.
También hoy le dijo que aún faltan dos meses y que vas a cumplir los quince. Tendrías que hacer fiesta, le dice el Ramón cagándose de risa.
No sabe como llegó hasta allí, pero la tardecita la sorprende caminando por Larrea mirando vidrieras con hermosos vestidos en su mayoría de color blanco, pero el que más le gusta es uno azul que luce radiante en un local casi llegando a Mitre. Para mirarlo, nada más, piensa sin poder evitar un, pero a lo mejor…

Es muy poco probable que la historia de Belén tenga un final feliz, las chances de un festejo, de un vestido azul o un largo viaje hacia donde la lluvia inspira son casi nulas. Demasiadas Belenes y encima el cupo de milagros ya ha sido otorgado por los próximos cien años en contratación directa; si no sos amigo del que los otorga estás jodido.

Belén esta noche, y muchas otras, solo esperará que ojalá no llueva.

Elaborado para La Cuentoteca


sábado, 21 de agosto de 2010

Tiempos de juegos ( Si supieras lo que pienso)- María Pía Danielsen y Miguel Dorelo

En algún momento del juego, trasmutaron las miradas...

Tiempo de juegos- Miguel Dorelo y María Pía Danielsen

Él regresa a su casa a esa hora en que la luz del sol se retira lentamente y otras empiezan a encenderse tratando vanamente de imitarla.
Saluda a su esposa y a sus hijos, acaricia al gato.
—Amor, ya llegué, me ducho y cenamos.
—Dale, querido, preparé milanesas.
Toma dos mates antes de pasar por la ducha y de acostarse un rato antes de cenar. Apenas apoya la cabeza en la almohada comienza a imaginarse el fin de semana y un nuevo encuentro con ella. El sonido del motor de la heladera al arrancar le recuerda donde está.

Ella está sola desde hace ya un tiempo. Como casi todas las horas que pasa en su departamento. Prende la tele para no pensar demasiado. Es Jueves, y en algo así como cuarenta y ocho horas él llamará por el portero, dirá soy yo como si existiese la posibilidad de que no lo sea. Y luego el primer beso, después un mutuo como andás; evitando a toda costa referencias dolorosas a hogares actuales y pasados. Después un par de horas para el amor o algo que se le parece, otra hora para un capuchino y los reproches de siempre, mañana le cuento todo y me vengo para acá, siempre decís lo mismo, es que pienso en los chicos, y el andáte por favor final.

Luego, como todas las semanas de los últimos siete meses, se activarán los mecanismos de defensa.
Él, hará el asado dominguero y dormirá la siesta antes de ponerse a mirar el partido. Si los chicos se duermen temprano, tratará de evitar a su mujer, aplazando por enésima vez la confesión redentora que lo convierta de nuevo en hombre.
Ella, se levantará temprano y mal dormida. No podrá evitar el llanto al lavar las dos tazas con los restos de café sabiendo que una sobrará al prepararse el desayuno. Juntará coraje y llamará a alguna compañera del trabajo para que la acompañe esa tarde al cine.
Los putos domingos deberían durar mucho menos.
Por suerte el sueño acumulado le alcanzará justo para llegar a la tabla salvadora del lunes y la rutina oficinesca.

Y el miércoles a más tardar, aunque él no lo haya hecho antes, ella lo llamará y tan solo dirá te espero el sábado y colgará enseguida, no deseando escuchar su voz para aliviar aunque sea en algo el dolor.
Y la rueda seguirá girando casi infinitamente, hasta que alguno de los dos, o ambos, decidan que ya no es tiempo de juegos.


Si supieras lo que pienso… (El otro lado del juego) María Pía Danielsen y Miguel Dorelo

—Amor, ya llegué, me ducho y cenamos. Llego a esta casa de mierda y empiezo a extrañarla, carajo.
Apenas traspone la entrada escucha la voz de su mujer, esa que ya no soporta — Dale, querido; preparé milanesas. Las compré, en realidad, Ya ni recuerdo que alguna vez me gustó cocinar para vos. Si supieras que recién llego... El after office estuvo buenísimo.
Él ni siquiera sospecha que la aversión sea mutua. Y es el comienzo de la farsa cotidiana ¡Luz, cámara, acción! Actúen, actúen; el público está atento, manténganlos firmes en sus butacas, deslícenlos lentamente hacia un bonito happy end, será un éxito de taquilla. A lo mejor, quién les dice, hasta ganan un Oscar.
— ¿Alguna novedad? ¿Todo bien en el trabajo?
—Tranquilo, nada fuera de lo habitual. Porque ya es habitual hablar con Martín en el bar y me tranquiliza saber que le gusto tanto.
—Buena la comida, ¡Muy interesante este documental de Discovery Channel!
Por Dios, la ducha no me quitó su olor, tengo ese aroma incrustado en los huesos. Todavía estoy mareado, imposible tragar la comida, ¡quiero salir urgente de esta casa!
—Aja, si muy instructivo. ¿Vas a caminar, te espero en la cama? Ese gato que tanto ama… Se podría ir con el, no soporto sus maullidos ¡Ojalá dejara de verlos ya!
-Si, camino un rato. Puedes ir descansando, no te desveles ¡No puedo tocarte! Ya no deseo tu cuerpo, me cuesta tanto tener sexo aunque sea únicamente una vez por semana.
—Dale, Amor. Veo una peli hasta que vuelvas. Bueno, zafo por hoy…Me hago la dormida o le digo que estoy muy cansada. No se hasta cuando voy a aguantar sus manos en mis pechos, caderas y muslos. Eso; voy a estar profundamente dormida cuando llegues. ¿Cuándo podré salir de esto, cuando tendré el valor de enfrentarte a la verdad? Es que no quiero hacerte daño, pero no puedo sacar a Martín de mi cabeza…

Aplausos por favor: soberbias actuaciones; “Salvando a la pareja” o “Primero la familia” cualquiera de los dos títulos le vendría bien y después de todo no costó tanto.
Lástima que no sea una película.