domingo, 20 de marzo de 2011

El número perfecto- Miguel Dorelo

                                            Esperando su llegada... 

El número perfecto- Miguel Dorelo

De ninguna manera puede faltar un buen vino, ni el mantel de hilo, las velas y todos y cada uno de los tópicos habituales.
O sí.
No importa demasiado; lo único imprescindible en esta noche para que resulte en una noche perfecta es la presencia de ella.
Una noche soñada para un futuro perfecto. Mi futuro junto a ella. Nuestro futuro. Juntos para siempre. Desde esta misma noche hasta el final de los tiempos. O más aún.
Dos, el número perfecto.
Compartir, nada más ni nada menos, que de eso se trata. En las buenas y en las malas. Aunque no puedo imaginarme cuales serían esas malas junto a ella. No se, como para hilar muy fino y no proyectar solo una convivencia absolutamente color rosa, podría ser dejar de ir a la cancha los domingos; o no juntarme con la barra a jugar al póker los viernes. Poca cosa comparada con estar junto a ella, tomando un café después de cenar y sentarnos a mirar una peli de esas muy románticas que tanto le gustan. Claro que las de Tarantino, mis preferidas, no son de su agrado y tendría que hacerme el lugar para poder verlas aunque sea solo, pero seguro que podré hacerlo. Tendré que resignar los torneos de padle de los fines de semana, a ella no le gusta quedarse mucho tiempo sola.
Con respecto a las comidas, creo que sabré adaptarme a su fanatismo vegetariano y no extrañaré demasiado las milanesas a la napolitana, el pollo al horno o el ritual dominguero de achuras, chorizos, morcillas, costillares y matambres. Las ensaladas me gustan y los brotes de soja no son tan horribles después de todo.
Se está demorando un poco en llegar, pero siempre fue bastante impuntual, esa es otra de las cosas que a veces me molestan de ella, pero creo que con el tiempo se irá corrigiendo. O al menos eso espero.
Admito que me va a costar un poco más tener que dormir sin despatarrarme en mi gran cama de dos plazas y media, pero compartirla con  esa piel tan amada será un pequeño sacrificio que bien valdrá la pena hacer. Espero que no ronque… ¿Y si tiene los pies fríos? Mejor ni lo pienso.
Hace cuarenta y cinco minutos que debería estar acá. ¿Y si la llamo? Se va  a pasar la comida. Si en nuestra primera noche juntos ya empieza con esta falta de respeto hacia mí, ni quiero imaginarme cuando entre en confianza. ¿Esta mina se creerá que es el centro del universo? No es cuestión de que uno ponga su alma en juego, resigne un montón de cosas y esta se lo tome a la ligera. No, mejor espero un poco porque si la llamo va a creer que estoy ansioso y por ahí se pone peor esta turra.
Pero, no, ¿Qué estoy pensando? La amo y me ama y no hay nada mejor que estar con el ser amado, dormir abrazados, bañarse juntos… ¿Será de las que dejan las bombachas colgadas en las canillas de la ducha? ¿Tendré que secar siempre YO el baño?
Una hora de atraso. ¡Que hija de puta! Seguro que es de las que duermen hasta cualquier hora y encima va a querer que le cebe mate en la cama; o una de esas que con la excusa de la igualdad de género te hacen hasta lavar los platos mientras miran la novela despatarradas en MI sillón favorito. ¡Basta! ¡No aguanto más! ¡La llamo ya!

—Hola, Pao. Veo que aún estás en tu casa; escucháme: no te apures, la cena se suspende. Si. No, no para otro día. Si, eso, para siempre. Es que me acaba de llegar un mail y me confirman la incorporación al monasterio. ¿No te había contado nada? Siempre tuve una fuerte inclinación religiosa, se me debe haber pasado. Si, en el Tibet, todos los monasterios están ahí, por supuesto. No llores, es el llamado del Señor y no puedo negarme. No, salgo ya, no vamos a poder despedirnos. Del departamento se encarga mi amigo Pedro, ya les dejé las llaves, así que ni se te ocurra pasar, vos viste como es él. Tiene orden de vender todo y donarlo a la salita de la villa, debo desprenderme de todo lo material para empezar una nueva vida. Si, ya sé que me amás, pero ya no pertenezco a este mundo de vanidades y sentimientos terrenales. Lo siento mucho. ¡No digas eso de mi madre! Adiós.

Está hecho.
Por suerte aún enamorado uno es un ser racional y puede corregir errores a tiempo: no hay dudas, el número perfecto es el UNO.
Y siempre habrá tiempo para formar algún que otro dos ocasional y pasajero.

Elaborado para La Cuentoteca

jueves, 17 de marzo de 2011

Dendrofilia- Miguel Dorelo


Dendrofilia- Miguel Dorelo

 Cuando ella amaba, amaba sin límites. Se entregaba en forma total al objeto de sus deseos. Era también bastante promiscua., aunque selectiva.
Ella era sensible y romántica, nada de burdos pepinos, zanahorias o bananas, de ninguna manera. Le gustaban sobre todo los crisantemos, las magnolias y en noches sofisticadas hacía el amor con elegantes orquídeas hasta casi perder el sentido, aunque también había alcanzado grandes satisfacciones con un común y silvestre paraíso sombrilla.
Un fin de semana perfecto era para ella pasear por el jardín botánico; orgasmos múltiples eran su recompensa.
Pero ella tenía un sueño y era el de conocerlo a él. Solo lo conocía por fotos y ahora por fin luego de ahorrar podía viajar y concretar ese amor.

La encontraron muerta a  los pies de su amado General Sherman, la sequoia más grande del mundo, con una sonrisa de satisfacción en los labios.

 Elaborado para La Cuentoteca

sábado, 26 de febrero de 2011

Mi psicólogo, yo y mis lectores- Miguel Dorelo


Mi psicólogo, yo y mis lectores - Miguel Dorelo

Un par de meses con mucho ajetreo me han llevado directamente a una entrevista fuera de las rutinarias con mi analista. Una consulta de emergencia, otra más, a las que mi psicólogo de cabecera ya está habituado.

Lunes, 03,15 hs. a.m. (Tres y cuarto de la mañana, por si alguno no se lleva bien con los números). Reconozco que no es un horario habitual, pero ¿Hay un horario habitual para una emergencia? No, obviamente: si hubiera un horario, no sería una emergencia.

—Buenas, doc —dije con cara de malas.
—She —dijo él, con cara de dormido.
—Ando un poco loco —comencé a contarle.
— ¿Un poco?, usted es un optimista profesional, ¿Qué mierda le pasa esta vez?
Me pareció que estaba un poco nervioso, pero a lo mejor eran ideas mías, así que continué: —en estos últimos meses, me han sucedido muchas cosas juntas y no sé como manejarlas, doctor.
—No sea pelotudo, “las cosas”, pasan de a una, pedazo de infeliz. Cuente.
—Doctor, me parece que el lenguaje que está empleando no es demasiado profesional — le dije para ver si se ubicaba un poco.
—Ah, el señor es el psicólogo ahora. ¿Por qué no me enseña a llevar la sesión? Déjese de joder y vayamos al grano — dijo comenzando con su maldita manía de usar frases hechas.
—Bueno, le cuento lo que me pasa: desde hace un par de meses, el tiempo no me alcanza, doctor.
—Y a mi no me alcanza la plata, mire usted. Tiempo ni hora, se atan con soga —me endilgó poniendo en evidencia su otra obsesión: los refranes — ¿Y… porqué no le alcanza el tiempo?
—Es que me he embarcado en muchas actividades; estoy en una comunidad literaria, me invitaron a participar en otras, selecciono cuentos y poesías, sigo con mi vicio de hacer comentarios en blogs amigos, tengo que trabajar para vivir y encima se me ocurrió la genial idea de lanzar una revista literaria impresa. ¡No me alcanza el tiempo! ¿Qué puedo hacer?
Quien mucho abarca, poco aprieta, —me dijo el maldito adicto — debería dejar de hacer algunas de esas cosas; al menos aquellas a  las que no les sacará ningún provecho.
— ¿Cómo cuales?
—Todas. Menos laburar, que por lo menos le da de comer, las otras son incompatibles con usted: cualquier cosa literaria y usted, son como el agua y el aceite, nunca van a poder mezclarse. Al que nace barrigón, es al ñudo que lo fajen.
Haciendo un esfuerzo, traté de ignorar este último comentario. Necesitaba un pronto alivio a mis cuitas y no se me ocurría otra cosa que continuar con la sesión.
—Pero, ya son tres años de terapia dos veces por semana y son contadas las ocasiones en que me he ido aunque sea algo aliviado de su consulta. Dígame que puedo hacer, Oriénteme. Estoy muy estresado.
—Usted, es más que evidente, lo que necesita es un “recreíto”. ¿Hace mucho que no la pone? —descargó sin ningún respeto y de manera soez.
—Para eso tengo a mi consejera sexual; no pienso contarle a usted esas intimidades. —le dije creyendo tomarme una pequeña venganza.
—Hace rato que no le ve la cara a Dios, está más que claro. Impotencia causada por la sumatoria de edad y estrés  —masculló mientras tomaba nota. —Una pastillita azul y una mujer, podrían aliviarlo un poco. En el once se consiguen ambas cosas a buen precio. Y recuerde: ante la duda, la más tetuda. —concluyó sin poder contenerse.
—Gracias, doctor, usted siempre tan amable conmigo. Lo voy a pensar.
—Veo que estuvo practicando; lo de pensar, digo. Siga así que algún día le va a salir. Se le terminó el tiempo. Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. Son 150 pesos.
Me dieron ganas de mandarlo al carajo, pero una discusión con mi analista seguro que me iba a deprimir más y tendría que volver rápidamente a consultarlo, generando de esta manera un circulo vicioso de imprevisibles consecuencias para mi pobre cerebro agotado, así que pagué con dos billetes de cien pesos, no me dio el vuelto como siempre y me vine para aquí. Estoy igual que antes, pero con menos plata en el bolsillo.
Por suerte, aprovechando mi condición de escritor puedo recurrir a una buena alternativa literaria como es la metaficción e involucrarlos en la trama de esta especie de relato auto-referencial en el que solo una parte es realidad y el resto casi irreal con algún que otro viso de verosimilitud.
Y  si, al final mi único consuelo pasa por compartir mis desdichas con ustedes.
Espero que no quieran cobrarme por escucharme, o mejor dicho, leerme.
Apreciaría sobremanera alguna palabra amable que me sirva de consuelo; estoy mal y lo necesito. O algún otro tipo de ayuda, recuerden lo que me recetó mi terapeuta, señoras o señoritas lectoras. Ustedes verán, no sean malas…Por ahí está mi mail o si quieren chateamos un poco antes como para que no sea solo sexo.
 Y después de todo es un ratito ¿O acaso tienen alguna otra cosa que hacer luego de leer esto que sea más interesante? Sería una perfecta comunión entre el escritor y sus lectoras.
Les estaré eternamente agradecido y el hotel lo pagamos a medias. 

domingo, 20 de febrero de 2011

Vivir de la literatura es posible- Miguel Dorelo


Vivir de la literatura es posible- Miguel Dorelo

Claro que se puede vivir de la literatura. Si yo lo he logrado, cualquiera de ustedes, o casi, puede hacerlo.
Fijárselo como objetivo es el paso primordial; después todo se basa en ponerle ganas, una dosis de sacrificio y mucha perseverancia. Si a esto le agregamos el talento mínimo necesario ya tenemos casi asegurado el éxito.
A esta altura no voy a andar pecando de modesto y aunque no pretendo ponerme como el gran ejemplo a seguir, creo que estoy en una posición lo suficientemente privilegiada como para poder marcarles una serie de pasos que seguramente les será de gran utilidad si deciden hacerme caso.
Empezar de abajo, como suele decirse, es muy importante: los pequeños objetivos los irán llevando a hacia la meta paso a paso. Si se hacen bien las cosas, solo es cuestión de tiempo alcanzar todo aquello que deseamos.
Personalmente comencé observando a mí alrededor, a parientes y amigos que sentían mi misma atracción por las letras. Ahí fue cuando comenzó todo; mis primeros ingresos monetarios gracias a la literatura fueron los generados por libros que pedía prestados a parientes y amigos y luego vendía en una librería de usados en mi pueblo natal. A simple vista esto les podrá parecer una nimiedad, pero déjenme decirles que gracias a esos ingresos pude expandirme rápidamente. En menos de un año había logrado acumular lo suficiente como para intentar un salto de calidad en mis aspiraciones: trasladarme a Buenos Aires en donde las oportunidades de expansión cultural serían mayores y de paso poner distancia con todos aquellos constantes reclamos de devoluciones.

Una vez ubicado en un dos ambientes en la zona del Once comencé  a relacionarme con los que serían mis casi incondicionales aliados en mi carrera hacia la meta final.
Empecé reclutando a los que a mi parecer eran  los más duchos para la tarea que realizarían bajo mis órdenes; en una semana pude formar un equipo bastante homogéneo al que solo me llevó un par de días entrenar. Los pibes estaban entusiasmados y ya en el primer día hicieron un promedio que prometía un negocio redondo. Los costos eran bastante bajos, una Coca, un sándwich  y unos pocos pesos por cabeza. Los puse a porcentaje, se evitan riesgos innecesarios y también que boludeen o se distraigan leyendo. En la primera semana de laburo la habitación del departamento estaba hasta el techo con los libros que robaban principalmente de las librerías del centro. De paso, los sacaba del peligro que les significaba andar entre los automóviles limpiando parabrisas de gente mal llevada; estos hijos de puta dos por tres atropellan a alguno. Encima, una de las pendejas del grupo se había calentado conmigo y como quién no quiere la cosa ya tenía solucionada también la parte sexual. Buena piba, de vez en cuando le tiraba un mango extra. Creo que era menor, pero en la calle se madura muy rápido.
A todo esto,  ya había hecho los contactos con González, el director de cultura de La Matanza y me convertí rápidamente en su principal proveedor para todas las bibliotecas populares del distrito. Es impresionante la guita en subsidios que se maneja para la educación del pueblo. Siempre fuimos “miti y miti” y jamás tuvimos problemas. Todavía existen las buenas personas con las que hacer buenos negocios.
Como les dije, de a poco pude ser el que soy, sin apuros, perseverando, fijándome nuevas metas, sin quemar etapas al pedo, equivocando el camino a veces, como cuando puse el taller literario, les cobré la inscripción por adelantado, los materiales de estudio y me tuve que comer dos meses de andar ocultándome para que no me lincharan cuando se avivaron que no tengo ni idea de lo que es un adverbio.
Pero, no es cosa de que toda la vida uno se conforme con pequeñas porciones del pastel cuando la torta de bodas está ahí no más, al alcance del que quiera comer de ella.

No me puedo quejar, el sueño que tuve desde niño, vivir de las letras, lo he podido realizar en parte; pero aun me queda el último y trascendente paso, ese que si sale como lo tengo planeado me asegurarán un buen pasar para el resto de mis días.
Ya saqué los pasajes he hice los contactos necesarios. El domingo salgo para Londres y a más tardar el martes comenzaremos a poner en marcha el operativo. En un principio hemos coincidido con mis ocasionales socios en que resultaría imposible realizar el operativo en su mansión de Kensigton en el West London ya que allí hay una fuerte guardia de seguridad en toda la calle las veinticuatro horas del día. Deberemos ultimar hasta el más mínimo detalle y dar el golpe en la finca de Aberfeldy en Escocia o en su defecto trasladar todo el equipo a Edimburgo, más precisamente a Merchiston y aguardar allí nuestra oportunidad.
La tipa esta hizo más de seiscientos millones de libras esterlinas con la zaga del niño mago ese y sus allegados no van a tener reparos en pagar un rescate de un diez por ciento de esa guita para recuperarla con vida. Además, después lo recuperan con cualquier verdura que escriba para un nuevo libro: una vez que tenés la fama la gilada compra lo que sea.

Bueno, espero que de algo les sirva toda esta experiencia de vida; prueben, vayan despacio, fíjense una meta y métanle para adelante con fe: se puede vivir de la literatura.
Y más adelante, cuando adquieran la suficiente confianza en sus propias aptitudes vayan por más.

Les tiro un último dato por si les sirve: están vendiendo bien Felipe Pigna, Mempo Giardinelli y Federico Andahazy entre otros. Estudien las posibilidades, evalúen los riesgos y las probables ganancias, investiguen a las victimas y en una semanita pueden hacer una buena diferencia.
Decidan ustedes si es o no conveniente dejar testigos que puedan identificarlos.

Elaborado para La Cuentoteca


martes, 15 de febrero de 2011

Tratando de olvidarla- Miguel Dorelo

Yo sé que es siempre ella...

Tratando de olvidarla- Miguel Dorelo

Esta vez la maté sin demasiada ceremonia; no sé bien si es mi odio acumulado o una especie de hastío que comienza a impacientarme. ¿Es que esta reverenda hija de puta no va dejarme tranquilo nunca más?
Seis veces la he matado y otras tantas ha vuelto, pero esta es la vez número siete y espero, la definitiva.
Sheba, lo nombran los hebreos: sinónimo de perfección. También La Biblia lo asevera y espero que así sea. El número perfecto, la muerte perfecta, el olvido perfecto y definitivo.
Se me presentó hace dos semanas, rubia y voluptuosa en esta ocasión, con sus enormes ojos claros y sus aún más enormes pechos bronceados.
Al principio logró engañarme, estoy cada vez más iluso y creí sinceramente que Vanesa, como dijo que se llamaba, era lo que decía ser.
Casi dos semanas en que mis esperanzas de un nuevo amor parecieron concretarse; al fin ya no estar solo, basta de noches torturándome recordando a esa maldita mentirosa. Vanesa era dulce e inteligente, sensible y ardiente, buena amiga y mejor amante, la mujer perfecta, esa que todo hombre, y me incluyo, sueña con encontrar alguna vez.
Olvidé, o casi, la mente tiene esos extraños comportamientos, las seis veces anteriores. Olvidé a María y su mirada asombrada cuando el puñal entró en su pecho, a Marisa con su largo cabello rojo sobre la almohada agonizando luego de ingerir aquél veneno; también a Graciela y su frágil cuerpo casi adolescente destrozado por el tren luego de mi oportuna zancadilla. Y también la lenta agonía de tres días de Martina, de la que me costó demasiado despedirme, tan modosita ella, tan sumisa y obediente, tan te amo, tan sos todo para mi, tan hija de puta como todas sus otras personalidades. Olvidé, o quise hacerlo, también  a Carmen y su cuello tan besado,  tan frágil entre mis manos.
Y a Carlita, claro, toda belleza, aún trozada y embolsada.
Todas ellas, solo ella; siete y una, embustera como siempre, tratando de engañarme una y otra vez. Y es probable, con ella nunca se sabe, que vuelva a intentarlo.
Pero no lo logrará, y aunque se ha perfeccionado en el arte del engaño y las falsas apariencias, siempre habrá algún detalle, cometerá algún error que permita a mi corazón identificarla.
Y pagará las consecuencias.

Elaborado para La Cuentoteca

domingo, 13 de febrero de 2011

Revista La Cuentoteca

Si hacés clic en la imagen la verás en detalle.

Casi terminada. En Marzo, no se olvide de encargar su ejemplar.

jueves, 10 de febrero de 2011

Esperando la respuesta de ella- Miguel Dorelo


Esperando la respuesta de ella- Miguel Dorelo

El lunes a la noche la encaré por el Messenger.
Dejáme que lo piense, me dijo en el chat el martes a la tarde.
Por la noche me mandó un sms por el celular: Estuve todo el día pensando en vos y en tu propuesta. Beso.
El miércoles tenía un mensaje en mi correo: mañana me decido y te contesto.
El jueves eligió Facebook para decirme que si te digo que sí seguro que después voy a sufrir un montón.
El viernes, muy temprano recibí su estoy muy confundida y no sé si estoy preparada para una nueva relación.
Ese mismo viernes por la noche se inclinó por un mensaje directo en Twitter: me gustás mucho. Demasiado. Creo que puede ser un si, pero aún no estoy segura.
El sábado no tuve ninguna noticia de ella y me preocupé.
El domingo me explicó que estuve todo el día pensando en nosotros dos y al fin tomé una decisión: creo que lo voy a pensar un poco más, estas no son cosas que se deban tomar a la ligera.

Hoy es lunes nuevamente. Desde anoche estoy mucho más tranquilo; le mandé un último mensaje: “admiro tu poder de decisión, vos si que sabés lo que querés” y después la bloqueé en el Facebook, cerré mi cuenta de Twitter y abrí otra con un seudónimo, la di de baja de mis contactos del Messenger, marqué como spam su dirección de correo y hoy a la tarde cambio mi número de celular.
No hay nada que me reviente más que una mujer indecisa.

Elaborado para La Cuentoteca

martes, 8 de febrero de 2011

Te comprendo- Miguel Dorelo


Te comprendo- Miguel Dorelo

—No te preocupes, te comprendo —me dijo con ternura mientras comenzaba a vestirse —Estoy segura de que debe ser la primera vez que te pasa.
Ahí fue cuando confirmé mis sospechas: eso de la intuición femenina es un mito.

Elaborado para La Cuentoteca

sábado, 5 de febrero de 2011

Duda zombie- Miguel Dorelo


Duda Zombie- Miguel Dorelo

—Dígame la verdad, doctor ¿Yo estoy vivo o muerto,eh?
—Depende de cómo se lo mire ¿Usted como se siente?
—No sé, doctor. Para eso vengo acá, para que usted me lo diga. Mis buenos pesos me está costando esta terapia; diga que de vez en cuando me gano algún pesito como extra de cine si no sí que estaría muerto en el concepto más amplio de la palabra.
—Su estado final será siempre el que usted decida, yo tan solo soy un intermediario entre su yo inconsciente y su otro yo real. Su yo de usted, por supuesto.
—Si…pero ¿Estoy vivo? Esta duda me está matando…Aunque si en realidad estoy muerto esta duda no podría matarme porque obviamente… ¿Ve, ve?  ¡La puta que me parió! Estoy tan confundido…
—No se preocupe que para eso estoy yo.
— ¿Para estar confundido? ¡Esto es una lisa y llana estafa!
—Para ayudarlo, gaznápiro mutante, para ayudarlo.
— Y ayúdeme entonces, carajo.
—Para eso estoy…Dígame como se siente.
— ¡Muerto, me siento muerto! ¡Me tiene harto con sus boludeces!
—Sin embargo yo diría que su reacción evidencia que usted está más vivo que nunca, aunque por supuesto la palabra final la tiene usted, yo solo soy un intermediario entre su inscon…
 El ataque fue sorpresivo y letal, fiel a su naturaleza, ni vivo ni muerto, el zombie no pudo reprimir aquél ansia irrefrenable de comer cerebros humanos, aunque esta vez en especial era muy probable que el motivo principal haya sido no escuchar más al sujeto insufrible este. Y no tener que pagar la consulta, claro.
Pero, al tragar el primer bocado sintió la extraña sensación de estar cometiendo un grave error; este cerebro en especial no podía ser más que de una alta toxicidad, aún para su organismo fuera de lo común.
Comenzó a sentir fuertes dolores abdominales y a marearse.
—Debo empezar a cuidarme con las comidas —alcanzó a balbucear antes de perder el sentido.

Exclusivo de La Cuentoteca

miércoles, 26 de enero de 2011

Romance perfecto- Miguel Dorelo


Romance perfecto- Miguel Dorelo

—Sos una mujercita dulce y encantadora —le dijo mientras encendía un cigarrillo.
—Me encantó estar con vos —respondió ella primorosamente.
—Me gustaría repetir esta velada —acotó él.
—La próxima vez te cobro la mitad—aseguró ella.

sábado, 22 de enero de 2011

Especial Kafka


Postergación- Miguel Dorelo

Aquella mañana Gregorio se despertó con un urgente e impostergable deseo de orinar.
Asombrado, al verse convertido en un escarabajo y comprendiendo que de ninguna manera podría hacer uso de su cuarto de baño se orinó encima y decidió seguir durmiendo otro rato.

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La metamorfosis durante el proceso en el castillo-Miguel Dorelo

El señor K. está desorientado: han pasado dos semanas desde su llegada al pueblo y aún no ha podido ingresar ni ponerse en contacto con los dueños del castillo. Lo han contratado como exterminador de plagas y no ve la hora de cumplir con el contrato y volver a su Praga natal.
En la carta que recibió se le informaba sobre una gran invasión de escarabajos; estos habían tomado posesión casi absoluta de la morada y no se encontraba forma alguna de combatirlos. Fueron contratados exterminadores locales, pero ninguno de ellos pudo neutralizar a los resistentes coleópteros, ya que parecían muy organizados y eran aparentemente conducidos por uno de gran tamaño y de una astucia poco vista. Inclusive, no se han vuelto a tener noticias de un par de ellos desde la entrada al combate y se los ha dado por muertos. La policía local no logró explicar lo sucedido a las viudas e hijos de tan desdichados trabajadores.
Pero, el señor K. es muy perseverante; logra por fin ingresar al castillo y luego de varias escaramuzas, ultima al líder de los insectos, quien al morir, y para gran sorpresa del exterminador, se transforma en un ser humano vestido con ropas de cama.
Casi de inmediato, ingresa la policía y procede a arrestar al señor Josef K, tal  su nombre completo. Trasladado a la cárcel, se le inicia un proceso que será muy comentado por muchas personas, incluidos gran cantidad de críticos literarios, ya que nunca se supo a ciencia cierta la calidad de los cargos contra el humilde exterminador, dificultando de esta manera la defensa del mismo por parte de sus abogados.

Mientras tanto en Praga, la viuda de Gregorio Samsa, clama por justicia.
—No, no conozco personalmente al asesino de mi marido; me dicen que vivía a pocas cuadras de casa. Solo exijo que se cumpla con la ley: el ha sido tratado como un vulgar insecto — dice indignada ante las cámaras de televisión.

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Despertar- Miguel Dorelo

Esta mañana me desperté convertido en escarabajo y por el rabillo de uno de mis ojos alcancé a vislumbrar al dinosaurio que desparramado sobre la alfombra jugaba con unos zapatitos de  bebé sin usar.
—Debo dejar de leer tanta literatura conjetural antes de acostarme —reflexioné antes de darme vuelta y volver a dormirme.


viernes, 14 de enero de 2011

Antes de perder la dignidad- Miguel Dorelo


Antes de perder la dignidad- Miguel Dorelo

Era hora de marcharse. Así lo habían decidido, siempre juntos como tantas otras veces y hasta que la muerte nos separe, como habían prometido.
Ella lo había hecho hacía exactamente dos días y ya no soportaba su ausencia; le era imperioso reencontrarse con ella allí donde fuera que estuviese ahora.
Su compañera de toda la vida, en las buenas y en las malas; algunas pocas de las primeras y demasiadas de las otras.
Pero no podía quejarse de todos esos años junto al amor de su vida, esa mujercita preciosa con la que fue envejeciendo en compañía.
Demasiadas penurias en los últimos tiempos, sobre todo económicas, fueron el detonante principal de aquella decisión.
—Antes de perder la dignidad, debemos hacerlo; así no podemos seguir —coincidieron.
También juntos, decidieron que ella sería la primera en partir hacia ese lugar, que estaban seguros, los cobijaría y los uniría aún más que en todo este tiempo transcurrido el uno junto al otro.
Tenían un solo hijo ya grande, solo unos pocos parientes a los que hacía años que no veían y un puñadito de amigos que quizá los extrañaran un tiempo, pero que rápidamente se olvidarían de sus partidas. O a lo mejor no, nunca se sabe a ciencia cierta cuanto puede influir un suceso de este tipo en las personas que nos aman o dicen hacerlo.
Como lo habían pactado, ella se marchó primero, ese viernes a la noche luego que el regresara de hacer lo que era necesario hacer. Sin grandes aspavientos, tranquila, dedicándole una sonrisa final para la despedida. Él beso suavemente sus labios y le dijo —Esperáme — solo eso.

Habían quedado de acuerdo en que dos días eran lo mínimo necesario para que él ultimara los últimos detalles antes de que llegara su hora. Ese domingo amaneció espléndido, con un sol radiante, como anticipando ese otro amanecer que los encontraría nuevamente juntos y más felices que nunca.
Solo dos horas más.

Revisó por última vez la maleta, la otra mitad del dinero no ocupaba demasiado lugar, solo había tomado los dólares y euros de alta denominación, una verdadera fortuna y a los ancianos como él jamás le revisaban el equipaje. Ella no había tenido ningún tipo de inconvenientes en el aeropuerto. En el banco no tardarían en descubrir el faltante, pero mucho más en relacionarlo a él con el hecho, ya que solo trabajaba en su limpieza algunos viernes,  y  los fines de semana; y en este último había aducido uno de sus achaques habituales para no concurrir. Ser el padre del gerente tenía sus ventajas. Como el acceso a ciertas llaves, por ejemplo. Un viernes perfecto.
Estaba todo planeado a la perfección por si algo fallaba, ni siquiera él sabría hasta último momento en donde se encontraba su mujercita. Y por lo menos uno de los dos se saldría con la suya.  Levantó el teléfono y marcó el número que habían convenido, el taxi estaba tocando bocina en la puerta para llevarlo a tomar su vuelo. La ansiada y dulce voz de su amada viejita se escuchó en el auricular:
—Budapest: bajás en Barajas y de ahí combinás para acá en un vuelo local que sale dos horas después; yo voy a estar esperándote en el aeropuerto. Estoy contando las horas, no soporto más estar sin verte.
Esto si que es vida. Si nos movemos rápido, que nos encuentren si pueden.
Te amo.
 Elaborado para La Cuentoteca




miércoles, 5 de enero de 2011

La cena está servida- Miguel Dorelo & Sergio Gaut vel Hartman


La cena está servida – Miguel Dorelo & Sergio Gaut vel Hartman

—Hoy tengo muchas ganas de escribir. Que digo muchas ganas, siento la imperiosa necesidad de volcar en palabras todo lo que llevo dentro. Ah… El corazón. Que mejor que empezar por el corazón. Y seguir luego por el páncreas o el esófago. Nombrar también al hígado o a los riñones. Los pulmones, el intestino grueso y el delgado, por supuesto. ¡Ah! Los jugos gástricos, el pequeño e insignificante apéndice, el cólon y la próstata, en su caso, querido amigo, no en el mío.
—Tiene razón, querida condesa —interpoló Hannibal—. Y no olvide las venas y arterias, por donde corre la sangre nueva y la sangre vieja, ya sabe que no soy persona de andar discriminando partes por meras futilidades
—La nuez de Adán —siguió Bathory, como si no hubiera oído las palabras de Lecter—, la columna vertebral y las mucosas nasales. Vesícula biliar, ganglios linfáticos, médula ósea. Glándula pineal, la uretra, la gloriosa vesícula seminal…
— ¡Exacto! —Terció el marqués—, mi semen siempre dispuesto…
— ¡Narcisista! —exclamó la condesa, risueña—. Permítame continuar con mi lista: los bronquios y la glándula tiroides. Y las amígdalas. Y el alvéolo. Y las suprarrenales.
—No quisiera que olvide el imprescindible aparato óseo apoyando, en conjunto con la masa muscular, el buen sostenimiento del todo. —Hannibal esperó expectante la respuesta de la condesa, que no se hizo rogar.
—Ahora sí, un gran alivio se apodera de mi alma y mi cuerpo; todo, o casi todo lo más íntimo de mi ha sido puesto en palabras. Me siento realizada.
—De acuerdo —dijo el marqués frotándose las manos—. Pasemos al comedor. Esa prolija enumeración abrió mi apetito de un modo escandaloso.
Hannibal guiñó un ojo y movió gentilmente la mano para que sus anfitriones pasaran primero. No lograba imaginar qué sabor tendría la carne de Vlad Tepes.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

El oído femenino y su extraño comportamiento- Miguel Dorelo


El oído femenino y su extraño comportamiento- Miguel Dorelo

El oído femenino no funciona de la manera que se supone que debería hacerlo.
Amplio: el oído femenino no funciona igual que un oído normal (léase masculino). Es una verdad irrefutable; y no me vengan con ese falso concepto de que soy un machista insufrible o un misógino incurable. Nada más lejos de la realidad: las mujeres son la máxima creación del Señor. Y  mi ateísmo militante no empaña en nada el concepto vertido con todo mi amor hacia ellas. Amo a las mujeres, a todas ellas, aunque a alguna un poquito más, claro; y sobre todo a una, pero no viene al caso nombrarla y además el novio suele leer lo que escribo.
Pero volvamos a lo que interesa, (ya que ella no me quiere) ,recientes pruebas científicas certifican mi aseveración, lo avalan sin margen para la duda.
Fueron tomadas, no a la fuerza por supuesto, un grupo de 1.312 mujeres de distintas edades, nacionalidades, razas, religiones, estatura y medidas de busto, preferencias sexuales e hinchas de diversos equipos de fútbol  y se les realizó un exhaustivo test, el cual una vez concluido, no hizo más que corroborar dicha teoría.
Se trató de ser lo más básico posible para evitar que los objetos a estudiar no se sintiesen confundidas con algo más complejo y poder arribar así a buen puerto.
Solo un grupo de frases y sus respectivas interpretaciones. Simple y sencillo. Casi cualquier mujer puede hacerlo, afirmaron los especialistas.
Presentada cada una de las frases, se interrogó a las susodichas sobre qué era lo que habían escuchado.
Con ustedes, los sorprendentes  resultados:

Frase 1- Sos muy linda.
El 96, 7% dijo haber escuchado: “Solo tengo ojos para vos, Jamás volveré a mirar a otra mujer. A tu lado son todas horrorosas”.

Frase 2- Me encanta estar a tu lado.
El 98,6 % dijo haber escuchado: “Cada vez que lo requieras corro para estar al lado tuyo, no importa ni el día ni el horario ni lo que YO tenga que hacer”.

Frase 3- Si te parece, podríamos ir a tomar un café y charlamos.
El 100 % dijo haber escuchado: “Prepará los documentos, conseguí testigos para el civil, los padrinos para la iglesia y andá haciendo las invitaciones que en una semana nos casamos”.

Frase 4- Me parecés una mujer muy inteligente.
El 100 % dijo haber escuchado: “Comparadas con vos, todos las demás señoras o señoritas que han tenido alguna historia conmigo son unas taradas”.

Frase 5- Sos muy dulce.
El 100% dijo haber escuchado: “Mi vida hasta que te conocí solo supo de sinsabores. Ahora por fin soy algo y le encuentro el verdadero sabor a mi pobre existencia".

Frase 6: Tenés una manera muy especial de ver las cosas.
El 98,9 % dijo haber escuchado: “A partir de ahora, mi opinión ya no vale un rábano, solo veré por tus ojos, lo que vos digas es ley”.

Frase 7: Me encanta el color de tu pelo.
El 95 % dijo haber escuchado: “De ahora en más los gastos de peluquería corren absolutamente por mi cuenta”.

Frase 8: Estando al lado tuyo me siento completo.
El 100 % dijo haber escuchado: “Ya sé que no valgo casi nada, pero seguro que vos me vas a mejorar aunque sea un poco en todos los aspectos”

Frase 9: Al fin encontré la mujer ideal.
El 100 % dijo haber escuchado: “Todas mis ex, comparadas con vos, son menos que una mierdita de colibrí”


Frase 10 y fatal; tener mucho cuidado con esta: Te amo.
El 101% dijo haber escuchado: Soy tu esclavo. A partir de ahora podés hacer conmigo lo que se te antoje. Pisoteáme, quitáme toda mi dignidad, manipuláme a tu antojo, que yo ya no tengo derecho ni a protestar.

Espero que la trascripción de esta investigación cumpla con el cometido para el que fue elaborado.
Señores, jóvenes, muchachos, piensen bien en lo que vayan a decirle a una señora o señorita.
Ellas no escuchan igual que nosotros.

Reelaborado para La Cuentoteca