martes, 15 de mayo de 2012

Me sobra amor para dar- Miguel Dorelo



Me sobra amor para dar- Miguel Dorelo

Mi esposa y mi amante  se visitan, toman juntas el té, van de compras al súper, siempre en perfecta armonía. Se llevan muy bien ¿Por qué no habrían de hacerlo? Después  de todo concuerdan en lo más importante, en el amor y el gozo que disfrutan de mí. Están cada vez más unidas. Y sobre todo ahora que han decidido aliarse en contra de mi nueva novia.

Traducido y publicado en italiano por Stefano Valente

jueves, 10 de mayo de 2012

Me hubiese gustado conocerte más- Miguel Dorelo



Me hubiese gustado conocerte más- Miguel Dorelo

Como en casi toda relación, en los primeros tiempos todo fue armonía. Desde el primer intercambio por el chat de Facebook  supimos que teníamos tanto en común, sobre todo nuestro amor por las letras. En esa madrugada estuvimos conectados sin darle la más mínima importancia al correr de las horas. Te conté de mis preferencias de lectura, me citaste a Pizarnik, su poesía descarnada con la cual tanto te identificabas, a Cortázar, a Borges, a García Marquez; conocías de memoria largos pasajes de sus relatos, sabías responderme cualquier inquietud que tuviese con la palabra justa, invocando al instante a Quevedo o Jean Paul Sartre.
Nos conectábamos absolutamente todas las noches, me contabas como estabas vestida y que estabas tomando, casi siempre un cortado acompañado por un trozo grande de chocolate amargo; yo y mi taza de té saborizado devorábamos las palabras que se iban formando, danzarinas, en el monitor de la pc. Y ahí estaban, invocados por tu brillante cabecita, Neruda o Bradbury, Tolstoi o Galeano, Saramago o Ballard. Y pasó lo que no había forma de que no pasara: me enamoré de vos perdidamente. Y un tiempo después un “te amo” de mi parte. Y en un tiempo que me pareció eterno, un “yo también” como respuesta.
Un par de meses en que la vida solo era vida a través de esa conexión que hacía que estuvieses junto a mí en mi cuarto, pero nunca a solas, decenas, centenas de escritores y escritoras de ficción, de poetas, de filósofos, de ensayistas, siempre invitados por tu cerebro orgiástico, tu mente promiscua, a compartir noches enteras de placer, revolcados entre verbos, sustantivos y metáforas. No solo crecía mi amor hacia vos, sino que, exponencialmente, te admiraba cada vez más por tanta literatura junta en un cuerpo tan hermoso, porque encima eras bella como ninguna otra mujer que alguna vez haya amado.
“Quiero verte”, te dije; “quiero tocarte”, respondiste. “Quiero olerte, besarte, acariciarte” coincidimos. Y un buen día nos encontramos  por primera vez. Y fue insoportablemente hermoso, uno de esos momentos que justifican una vida, que duelen de felicidad, que te vuelven frágil al comprender que ya no sos más vos, que a partir de ese momento valés lo que ella quiera que valgas.

Quizá a esta altura del relato más de uno piense en que tal idílica relación no tiene cabida más que en una ficción, que esto que he escrito es tan solo un reflejo de un deseo, de algo que jamás he vivido y que es la única forma plausible de que algo así suceda. Permítanme decirles que no es así, que no he mentido o inventado en lo que les he contado; ella existe, yo existo, las circunstancias han existido. Pero debo ser completamente honesto, y para ello déjenme contarles el final de esta historia, comenzando por el principio de ese final.

Lo “real” duró algo así como dos meses, casi la misma cantidad de días, horas y segundos que  lo virtual, pero con el tacto, el oído y el olfato potenciando la pasión solamente insinuada a través de la red. Ella seguía con su constante verborragia literaria, lo que me llevaba a preguntarme sobre la cantidad de libros leídos por esos ojos en los que solía perderme y de los que solo podía apartar mi propia mirada para contemplar extasiado esa boca que aún muda era un placer para los sentidos. Cuando cenábamos me citaba a Adriá Ferran  y al Bulli, sobre el arte de la cocina gourmet, si tocaba ir al cine me comentaba sobre las opiniones de los críticos más renombrados y sus análisis sin concesiones, en nuestras charlas de sobremesa solía tocar todos y cada uno de los temas con el concepto justo y oportuno: compartía con nosotros un café Benedetti, tomaba unos mates Antonin Artaud, más de una vez Bukowsky nos agotó las existencias de todo aquello que tuviese alguna proporción de alcohol que él considerara adecuada de nuestro bar, siempre invitados por su privilegiada memoria, su voz de tonos precisos. Cuando tocaba el rito de caricias y besos a ella le gustaba  hacer partícipe a Wilhelm Reich y su teoría sobre la energía orgonómica, haciendo gala aún en esos momentos tan íntimos  de su sapiencia interminable.

Lamentablemente interminable. Dos meses fueron más que suficientes, ya imposibilitado de soportarlo, traté de encauzar la relación pero no pude; seguramente por mi propia incapacidad, ella es como es y quizá tendría que haber hecho algún esfuerzo mayor por comprenderlo. Simplemente, no pude lidiar con esa sensación de estar al lado de una especie de ente repetitivo de palabras ajenas.
Una lástima: realmente, me hubiese gustado conocerte más…O al menos, algo.

domingo, 29 de abril de 2012

El cortejo en H-5240- Miguel Dorelo



El cortejo en H-5240- Miguel Dorelo

En H-5240 no todo es lo que parece; hay cosas que sí y cosas que no, y a veces se hace muy difícil distinguir entre las que son especialmente hábiles en el arte del camuflaje cuál es su verdadera esencia. Y esta característica, aunque no  exclusiva de H-5240, por estos lados toman visos muy peculiares, vale tanto para objetos, animales, plantas o personas.
Como para que se entienda, hablemos un poco sobre los pájaros del lugar, comentemos sobre sus curiosas técnicas de vuelo, sus charlas rozando lo inverosímil o sus costumbres sexuales a medio camino entre la promiscuidad y la pacatería. Bajo la atenta mirada del espécimen hembra, el macho suele comenzar el cortejo inclinando su cabeza a exactamente 47 grados con respecto a la distancia media entre el pico de la adulada y su propia ala izquierda; luego, efectuando un rápido giro emprenderá un veloz ascenso hasta alcanzar el pico máximo de altura de antemano convenido con los progenitores de su pretendida, el respeto para con los probables futuros suegros es ineludible en H-5240. A continuación, y dentro del lapso de tiempo promedio logrado por los otros cuatro amantes de la pájara (he aquí la parte promiscua de las relaciones amorosas practicadas por los pájaros de  H- 5240), deberá posarse sin apartarse ni una décima de milímetro en la séptima rama del lado izquierdo del añoso sicomoro que a la sazón habrá precedido toda la ceremonia y aguardar estacionado allí la decisión de su amada. Esta podrá tomarse todo el tiempo que crea conveniente para dar su veredicto, por lo general sin siquiera prestar la más mínima atención a los esfuerzos del pretendiente e inclusive no dar ninguno al grito de “¡Pero, que pedazo de pelotudo!” “¡Por qué no te dedicás a hacer malabares, infeliz!” O cualquier otro bocadillo que crea adecuado.
En H-5240 ser pájaro hembra tiene sus privilegios.

sábado, 21 de abril de 2012

El heredero- Miguel Dorelo



Mi aporte  a Minicuentos x por la identidad II.

El heredero- Miguel Dorelo

Es como él dice siempre me dice, hay que tener huevos  para hacer lo que el país necesita, los verdaderos hombres se ven cuando las papas queman; a estos zurdos  hijos de puta hay que pararlos como sea.
También dice que todavía soy muy chico para acompañarlo, que más vale me prepare para el futuro, que estudie, que algún día ya no hará falta salir a hacer limpieza y que le podré ser útil a la patria desde algún lugar más adecuado.
Es un capo mi viejo, yo lo ayudo en lo que puedo: hoy tiene operativo y  al Falcon se lo voy a dejar  hecho una pinturita. 

lunes, 16 de abril de 2012

El último ser humano sobre la tierra- Miguel Dorelo



El último ser humano sobre la tierra- Miguel Dorelo

Alguien alguna vez dijo aquello de que las ideas no matan. Pues, soy la prueba viviente de la falsedad de semejante enunciado; lamentablemente,  el último  humano vivo sobre el planeta, un patético ser contando sus últimas horas en una Tierra desolada. O quizá el término “desolado” no sea precisamente el adecuado para este instante final en el que, en poco tiempo más, ya no quedará ningún representante de la raza sobre su superficie.
Al principio nadie pudo (o quiso) hacerse cargo de lo que unos pocos habíamos querido advertirle al resto. Como todo proceso, los primeros impactos colectivos tardaron en manifestarse de forma clara, inclusive a la mayoría, una vez aceptado  voluntariamente el nuevo orden establecido mediante sutiles bombardeos de falsas informaciones e imágenes tendenciosas, creyeron seriamente en que el hombre como conjunto se encaminaba a ser un ser superior, más sano tanto física como espiritualmente. Algunas voces, rápidamente tildadas de paranoicas por los gobiernos de todo el mundo, insinuaron complots, hablaron de drogas en los alimentos, de una enzima manipulada en laboratorios cercanos al poder que actuaban en puntos clave del cerebro de la población, convenciendo definitivamente sobre las bondades del nuevo modo de vida a los más reacios.
 Súper población; la palabra clave. El planeta, simplemente, no pudo soportarlo. Millones, miles de millones, miles de miles de millones; más, más, más, el número de individuos creciendo día a día, hora a hora, segundo a segundo. Y polución, contaminación, destrucción; escasez de agua y oxígeno, destrucción de la capa de ozono, bombardeo de rayos ultravioleta. Nacimientos tras nacimientos tras nacimiento en una constante e infinita cadena. Parto: la nueva palabra maldita. Partos únicos, partos múltiples. Ya no queda lugar donde vivir, solo unos pocos metros cuadrados para cada uno, los olores se vuelven insoportables, el hacinamiento provoca violencia, el principio del fin se vislumbra. Y finalmente, inexorablemente, la muerte comienza su cosecha. Los agoreros de siempre deben haber exhalado sus últimos suspiros con una sonrisa en los labios: la tantas veces anunciada autodestrucción se estaba  cumpliendo.
Y  Yo. Solo Yo. O mejor dicho, Yo entre vacas, cerdos, conejos, ciervos, pollos y gallinas, corderos, peces, chivitos, caracoles, insectos, crustáceos de todo tipo,  perros y gatos, sumados a una infinidad más de animales que alguna vez  y por designio del Señor habían sido creados con el loable fin de alimentar a la raza humana y que un grupo de iluminados autodenominados  “vegetarianos” y luego en un arranque de mesianismo híper fanático “veganos” ,decidieron “salvarlos” amparados en pacatas excusas; miles de millones de ellos reproduciéndose sin solución de continuidad, desenfrenadamente, ocupando todos los espacios disponibles, ahogando finalmente a la raza humana, incapaz de resistir en un ambiente anti natural por completo.

Ya no queda tiempo, solo unos minutos para tipear estás últimas palabras en la ilusa esperanza de que algún día el hombre resurja de sus cenizas, alguno de sus miembros  pueda leer esto y así  no volver a repetir errores y recuerde siempre que no solo es mucho más placentero  un chivito a las brasas, un buen bife de chorizo o una vulgar milanesa a la napolitana, sino que además, los vegetales son solo guarniciones que acompañan.

sábado, 7 de abril de 2012

Tiempos femeninos- Miguel Dorelo



Tiempos femeninos- Miguel Dorelo

 ¡Último momento! Científicos de diverso países y especialidades reunidos durante dos semanas en Filadelfia no han podido llegar a conclusión alguna con respecto al extraño fenómeno en que hermanos mellizos de distintos sexo han llegado a la madurez contando él con 47 años y ella con 38. Ampliaremos.

viernes, 30 de marzo de 2012

Reivindicación femenina- Miguel Dorelo


Reivindicación femenina- Miguel Dorelo

Al final en cierta forma  me convenció. Seré un poco troglodita pero también tengo mi lado tierno y tan duro para entender no soy, solo hace falta que me expliquen las cosas despacio y bien claro.
Ella me habló de que siempre fueron menospreciadas desde el comienzo mismo de la historia de la humanidad, algo del yugo me dijo, esta parte no la entendí muy bien. No quise preguntarle qué carajo era eso para no quedar como un ignorante, pero se ve que estaba convencida de lo que decía. Me nombró a unas cuantas minas que ahora no me acuerdo los nombres que según ella  habían luchado por la reivindicación y la igualdad y que la habían pasado bastante mal por eso, pero que gracias a ellas algo se había avanzado. Yo la escuchaba atento y comprendía casi todo lo que me decía, pero no podía darme cuenta adonde quería llegar.” Por suerte ahora contamos con más armas para defendernos”, me dijo y confieso que ahí me asusté un poco. Al ver mi cara se ve que se avivó y me aseguró que era una manera de decir. Me quedé más tranquilo, pero no del todo. Lo que me sacó un poco y tuve que morderme para no andar discutiendo fue cuando largó eso de que “todos somos iguales y tenemos los mismos derechos”. Siguió con que a igualdad de responsabilidades debían cobrar igual, que sobre sus cuerpos mandaban ellas y podían hacer lo que se les cantara y después se mandó con cosas que dijo que eran consignas: “nunca me convencerán de no usar forro”, “Si me acuesto con muchos tipos no tienen por qué llamarme puta” “si me gustan las mujeres no tiene que darme vergüenza” y otras más. Ahí la enganché, pero no le dije nada, a veces soy todo un caballero: esas fracesitas yo las había leído en el Facebook y ella las repetía como un loro.
Después se puso un poco triste y ahí me pudo, sé que es una buena mina a pesar de todas esas cosas que se le meten en esa cabecita loca; terminó diciendo que a veces estaba tan cansada de pelearla en forma despareja con esta sociedad que sería mejor si no pensara tanto.
Yo le dije que siempre se lo decía eso, pero que tampoco es que estuviese tan mal, que si ella creía en esas cosas debía hacer lo que mejor le parecía y no entregarse. Ahí me sonrió y se le pusieron los ojitos brillantes y me mató del todo.
— ¿Entonces es si? —se aprovechó la desgraciada.
—Está bien —le dije —Hoy te pongo de tres, pero mirá que es la semi-final y a la primer cagada que te mandes te saco.
 A pesar de que la amo con toda mi alma sigo pensando que las mujeres no sirven para el futbol.

martes, 20 de marzo de 2012

Un hombre debe hacer lo que debe- Miguel Dorelo



Un hombre debe hacer lo que debe- Miguel Dorelo

¡Estaba seguro! ¡Reverenda hija de puta! Hice bien en seguirte.
—Vuelvo tarde, me voy a casa de mi tía en Florencio Varela que hace mucho que no la veo, no me esperes levantado—dijiste.
Mirá vos a tu tía Marta, parece un chongo de esos que andan por ahí cagándole la vida a la gente con sus lindos ojos claros, su ropita de marca, su cuerpo trabajado en gimnasio de barrio norte y su pelito al ras como si hubiese vuelto la colimba. Puta de mierda, hacerme esto a mí, que te di todo, que me rompo el culo trabajando para que no te falte nada. Mi vieja me lo había advertido: nene, esa chica no te conviene, me dijo cuando las presenté. Y yo, como un boludo, te defendí. Y es que te amaba, basura. Aún te amo. Te amo, pero no como vidrio, nena; demasiadas salidas sola, demasiados afeites cada vez que lo hacías, demasiada ropita interior sexi que comprabas con mi guita, la concha de tu madre. Pero, cometiste un gran error, te olvidaste que soy un hombre.
Y acá estamos, los dos. O mejor dicho, los tres. — Andá, andá tranquila, yo me preparo cualquier cosa para morfar y me acuesto temprano, hoy tengo un día de mucho laburo y voy a llegar muerto. Saludos a tu tía —te dije. —Te dejo algo preparado —contestaste. Se ve que te remordió un poco la conciencia. Pero tu calentura pudo más, claro; y allá fuiste, a coger a pata revoleada. Pero las vas a pagar bien pagada, me vas a conocer, mal parida.

Me la aguanté, sabés que soy un tipo con paciencia. Planeé todo hasta el más mínimo detalle, te dejé que te confiaras, en el fondo sos bastante tonta, no podía equivocarme en mis sospechas: era muy evidente que tenías un macho. Me asesoré, no soy un improvisado, un amigo que sabe de estas cosas me dijo que lo puedo hacer tranquilamente, que zafo sin grandes consecuencias, que los agujeros legales para estos casos son lo suficientemente amplios para garantizarme impunidad. En cambio vos… De esta no volvés.

¡Reventada! ¡A ese telo íbamos de novios! ¡No podés ser tan guacha! Y no perdés la costumbre, estaba seguro de que sería así, sos tan obvia. Desde pendeja fuiste exhibicionista, te gusta dejar la ventana abierta cuando estás cogiendo, contaba con ese detalle, pelotuda. Y ahora te tengo en la mira, los tengo en la mira, al tarado ese que se debe creer la reencarnación del marqués de Sade también. Una pequeña presión con mi dedo índice y chau.

Está hecho. Un gran alivio, eso es lo que siento en este momento, nada de remordimientos, vos te lo buscaste, está bien claro que la víctima real soy yo. Lo hubieses pensado antes de hacerlo.

Prendo la PC, entro en tu Facebook, nunca sospechaste que conocía tu contraseña, cargo las fotos que les acabo de sacar en tu muro. Tres mil trescientos amigos, muchos más que vos, te gustaba decirme. Vamos a ver qué tipo de comentarios te dejan, estúpida. Tres mil trescientos tipos y tipas, todos tus parientes, incluidos tus hermanos , tu padre y tu madre viendo cómo te la ponen por atrás. Te vas a tener que abrir otra cuenta con seudónimo. ¡Qué sabrás vos lo que es un verdadero hombre como yo, con las bolas bien puestas!

sábado, 17 de marzo de 2012

Unidos o dominados- Miguel Dorelo


Unidos o dominados- Miguel Dorelo

— ¡Gracias, compañeros! ¡Hasta la victoria siempre! —concluye Juan.
—Estuvo buenísimo, te felicito —le comenta Pedro saliendo del local del partido.
—Gracias, loco. Tenemos que unirnos en la coherencia, si no nos comen estos yanquis desgraciados.
— ¡Eso! —Apoya Miguel—. ¡El pueblo, unido, jamás será vencido!
— ¿Nos encontramos más tarde y la seguimos? —propone Pedro.
—Dale, ¿dónde?
—En el Burger de Corrientes y Esmeralda. ¿Les parece?
—No, mejor en McDonalds. El Big-Mac viene en combo con una Coca, Frenys y después un Sundae; quedo pipón.
—Okey, nos vemos allá.
—No money —dice Miguel.
—Yo te banco, ayer vino my sister de Miami y trajo dólares a montones.
—Conmigo no cuenten —acota Juan—: esta noche por ESPN pasan la final del Super Bowl entre los Colts de Indianápolis y los Bears de Chicago. No me lo pierdo ni en pedo. ¡Go, go, go!

Moraleja: jóvenes revolucionarios argentinos eran los de antes.

jueves, 8 de marzo de 2012

Exactamente como me enseñaron- Miguel Dorelo


Exactamente como me enseñaron- Miguel Dorelo

En algún momento uno debe decir basta, hasta aquí llegué.
El hastío llega sin avisar, a veces antes, a veces después, pero cuando al fin lo alcanza a uno lo único que queda por hacer es decidir que hacer con él.
¿Por qué hacerse cargo de los errores ajenos?
Los finales suelen sor tristes, dejan interrogantes que solo podrían haber sido dilucidados cambiando la condición de serlo: yo no pedí que me mandaran ahí. Ellos son los responsables principales de todo este presente angustiante que me está tocando vivir. Y cuando digo “ellos” me refiero a todos y cada uno, desde mi superior directo, ese que por lo menos estuvo en el frente conmigo, hasta todos esos cerdos que decidieron cómodamente sentados en sus sillones ergonómicos, apoltronados en sus amplios despachos con aire acondicionado y secretarias top dispuestas a satisfacer todas sus exigencias, manipulando impunemente vidas ajenas, jugando con fragilidades cual crueles niños traviesos. Y los que fueron a festejar a la plaza, con sus hijos en los hombros y sus emocionadas voces entonando el himno.
Frío, calor, podredumbre, hambre, impudicia, pérdidas  irreparables, odio, mucho odio; casi tanto como miedo. Nada de gloria, valor, amor a la patria o todo ese palabrerío que usan los que no les toca estar allí; una auténtica y contundente, grande, enorme mierda. Ya surgirá algún trasnochado cineasta que conforme al público con una gran película que ganará muchos premios y hará llorar ante la pantalla a espíritus sensibles, con una buena y adecuada banda de sonido, con primeros planos de rostros compungidos excelentemente actuados, banderas flameando, medallas póstumas en actos rimbombantes y reencuentros familiares con llantos y sonrisas dosificados en su punto justo.
Pero, mientras tanto algo se fue de madre, no salió como fue planificado, el sistema no lo contempló. Y acá estoy, porque quiero y a mi pesar, porque no hay forma de que no esté. Desde esta altura, la plaza luce casi hermosa, el sonido de los autos no deja escuchar los pasos de los cientos de personas que la cruzan, aún menos los susurros entre besos de una parejita que sentados en aquél banco de madera seguramente planifican un futuro juntos o los gritos de aquel  hombre que en rincón y ante el desinterés de los transeúntes mencionará una y otra vez las palabras dios y salvación. Todos ellos ya fueron juzgados y condenados, sin derecho a apelación, con el contundente antecedente de simplemente ser parte de ese monstruo llamado humanidad; soy el abogado defensor, el fiscal, los testigos; los peritos de parte, el jurado, el señor juez, los televidentes que siguen atentamente el caso tomando mate en sus cocinas. La sentencia debe cumplirse.
 Ajusto la mira, apunto a uno de los puntos más vulnerables, exactamente entre los ojos, exactamente como me enseñaron.

Imagen: La guerra- "La cabalgata de la Discordia"- Henri Rousseau

jueves, 1 de marzo de 2012

Una mujer debe servirse en su punto justo- Miguel Dorelo


Una mujer debe servirse en su punto justo - Miguel Dorelo

Unos consejos para una de esas noches en que ser un buen anfitrión es indispensable si queremos tener una excelente cena con la mujer de nuestros sueños.
Lo esencial, por lo menos en estos casos, no debe ser invisible a los ojos: ella debe verse lo más apetitosa posible y estar convenientemente fresca; en lo posible deberá ser sacrificada como máximo un par de horas antes de servirla.
Su aroma también es muy importante, una hermosa mujer oliendo mal echa por tierra toda pretensión de pasar una velada agradable. Sus efluvios naturales no deben exceder en demasía los límites sabiamente aconsejados en el “Manual de olores y sabores de una mujer promedio”. Un buen consejo: sumergirla durante treinta minutos en agua bien fría y otros quince en agua lo más caliente posible sin que llegue a sancocharze, ella no se quejará, para eliminar todo vestigio de perfumes y desodorantes que haya utilizado para impresionarnos.
Presentación del plato y con que acompañarla:
De estar ella tuneada de colegiala a pesar de una edad un tanto avanzada, una buena gaseosa cola, Coca o Pepsi, usted decide, sería a luces vista una excelente idea. Una guarnición de papas fritas, algo de mostaza o ketchup y unos pancitos saborizados otorgan el complemento ideal para un mayor disfrute.
En caso de inclinarse por algo más tradicional, bien podría ella estar envuelta en una fina capa de seda color negro, tanto sea en forma de vestido largo o en su defecto minúscula lencería de color blanco o beige. De todas maneras, resulta conveniente despojarla de sus prendas antes de someterla a la cocción necesaria, luego y con el debido cuidado para evitar que se deshaga antes de servirla podremos volver a vestirla para una mejor presentación del plato. Es imprescindible en este caso un buen vino.
 A pesar de que una buena mujer debería ser suficiente para darnos por satisfechos (debería sobrar), podemos acompañarla con unas zanahorias al queso parmesano  o una guarnición  de bolas de calabacín, lo que añadiría al plato el toque erótico y/o afrodisíaco.
Por último recuerden no servir jamás una mujer acompañada con pescados, sean estos de mar o río y mucho menos con cualquier tipo de crustáceos. Evitar sobre todo el bacalao; jamás se deben superponer gustos y olores semejantes.
Eso es todo: reserven a su compañera de esa noche con anticipación y traten de que no haya estado contaminada con algunos de esos químicos que suelen utilizar para adelgazar  o dormir. Y recuerden que si les sobra, una dama que haya gozada de buena salud se puede conservar debidamente trozada hasta seis meses en el freezer.

sábado, 18 de febrero de 2012

Terapia- Miguel Dorelo


Terapia- Miguel Dorelo

—Lo suyo, Gregorio, es un típico caso de trastorno esquizoide.
Cree ser un insecto pero no lo es.
— ¿Está seguro, doctor?
—Por supuesto, está usted curado. Vaya.
–Gracias, doc…
— ¡Qué asco! —El pisotón terminó con la vida de Samsa.
 Las secretarias no entienden de técnicas Lacanianas.

lunes, 13 de febrero de 2012

Reinsertarse- Miguel Dorelo


Reinsertarse- Miguel Dorelo

Olisqueó el aire en busca de alguna pista. Nada. Estaba cansado y el hambre empezaba a acosarlo aunque aún era algo temprano en la mañana. Desde hacía un tiempo su cuerpo había empezado a darle señales inequívocas del paso del tiempo; hasta hace tan solo unos pocos años con solo sentir el viento para orientarse el dulce olor de las hembras lo hubiesen llevado directamente hasta donde se encontraban. Esto había quedado casi en el olvido, sus excitantes efluvios ya casi resultaban solo un aroma más que se confundía fácilmente con el de las flores o el áspero olor del rio cercano.
 Sus ojos cansados recorrieron el horizonte sin que esto le proporcionara demasiadas pautas sobre hacia dónde dirigirse, pero no dejaría que esto lo desalentara: les iba a demostrar que aún podía, que aunque ya viejo y un poco desvencijado, conservaba algo de aquél ímpetu de su ya lejana juventud.
Hacia el norte; intuía que ese era el rumbo correcto. Más precisamente hacia el noroeste; había hecho un largo camino, devorando distancias desde muy temprano y ahora solo hacía falta un último esfuerzo. Debía concentrarse a fondo, ya que sabía muy bien que cuanto más pasaran los minutos, más débil se sentiría y podría llegar al punto sin retorno de quedar varado en medio de la nada, a mitad de camino de la desesperanza y la resignación.
Recabó fuerzas de donde pudo, el sol estaba ya bastante alto y supo que los plazos se achicaban peligrosamente, no bastaba con alcanzar la meta sino que debía hacerlo dentro del plazo establecido.
Tenía que sacar  provecho de su experiencia, todos esos años sobre sus espaldas, con achaques y dolores también tenían su contraparte, y era saber interpretar las señales necesarias para orientarse en cualquier lugar que fuera. Miró a su alrededor  y rápidamente comenzó a andar con paso firme y seguro.
Llegaría en tiempo y forma y el grupo tendría que reconocer que a pesar de su larga ausencia aún seguía siendo un macho de temer, las hembras festejarían alborozadas al verlo y los otros machos les demostrarían el respeto que él se merecía.

Quizás debió haber girado a la derecha cuando lo hizo a la izquierda, o haber evitado dar aquél cobarde rodeo para evitar ese grupo que creyó hostil, quién sabe. Lo que era seguro es que estaba completamente desorientado, definitivamente perdido y se estaba haciendo tarde.
Su corazón comenzó a latir mucho más aprisa de lo aconsejable, y su rudimentario cerebro se fue poblando de imágenes de soñados placeres que creyó definitivamente perdidos: comida en abundancia, disfrutar de la compañía de compañeros de su misma raza, dormitar luego a la sombra de los árboles sin otra preocupación más que dejar pasar las horas y por qué no, tratar de recordar aquellos tiempos en que el galanteo con el otro sexo formaba parte de sus quehaceres habituales. Pero todo eso ya no sucedería; por culpa de su maldito orgullo de macho devenido en autosuficiente, creyéndose el mejor y el más grande, como tantas otras veces.

El sol languidecía y las sombras se apoderaban lenta pero inexorablemente del paisaje. Comprendió, ya resignado, que su lugar ya no era aquél que añoraba tanto, que el tiempo no pasaba en vano para nadie. Conservando aún parte de su antiguo orgullo, aún sintiendo una pena tan inmensa como nunca antes, altiva la mirada, emprendió el regreso.

viernes, 3 de febrero de 2012

¿Y qué?- María Pía Danielsen & Miguel Dorelo


¿Y qué?- María Pía Danielsen- Miguel Dorelo

Río mientras explota el calor en mi cara.
Aunque mis ojos no me ven, se que el pecho y las mejillas están rojas. Las burbujas ya hicieron estragos por dentro: eliminaron cercos, surcos y atajos.
Aunque mis ojos no te ven, tus manos aprietan mi tronco y tu aliento juega en mi oreja.
Se retuercen entre mil ideas las palabras:-¡Sos tan especial! ¡Sos hermosa!-, mientras los  sabores de las cerezas borrachas se alojan en mi saliva.
Aunque mis ojos no te ven, se que la humedad ya recorre la entrepierna.
Aunque mis ojos no me ven, se que mis dedos son tus dedos disfrazados de nunca.
¿Y que? Puedo recrear mil veces la despedida.
Y ni una sola lágrima asomará de mis ojos que no te ven ni me ven porque una despedida no es necesariamente un nunca más, sobre todo cuando el adiós queda flotando en el aire, casi sin fuerza, camuflado en un hasta luego, un quizás mañana.
Y por eso risa, como ansia de revancha sin rencor en un tiempo circular que nos encontrará más tarde o más temprano saboreando recordados sabores borrachos de cerezas, re-escuchando palabras hermosas y especiales, tus manos apretando atajos disfrazados de nunca y mi entrepierna húmeda recree mil veces un ¿Y qué?...