domingo, 15 de agosto de 2010

Insomnio- Miguel Dorelo

Cuantas noches de sentirse así...

Insomnio- Miguel Dorelo

05:15 AM. Por enésima vez trato de dormirme, sabiendo de antemano que es una tarea que solo con ayuda farmacológica soy capaz de realizar.
Pago las consecuencias de mi rebeldía justificada hacia el Rivotril antes de acostarme; el maldito me hace dormir casi de corrido, pero al otro día suelo arrastrarme por la vida como un lamentable fantasma de mi mismo. Y ni que hablar de la susceptibilidad a flor de piel, como aquella vez que estuve catorce horas deprimido por el solo hecho de haberme olvidado de comprarle el alimento al gato el día anterior.
Si no puedes vencerlos, únete a ellos, decido. Me levanto y me preparo una abundante dosis de cafeína como para despertar por completo. Aprovecharé para ponerme al día con el trabajo atrasado.
06.10 AM. Enciendo la computadora y mientras se carga el sistema pienso que tendría que agregarle por lo menos un giga más de memoria. Rebusco en el cajón de la mesa de la PC buscando mi libreta de apuntes; las malditas ideas tienden a huir rápidamente de mi cabeza si antes no las tomo prisioneras en ella. Acá está. Aprovecho y anoto: debo acomodar este maldito cajón. No lo haré, pero quedará asentada la intención.
06:38 AM. ¿Por donde empiezo? A ver: cuento de, máximo, diecisiete mil quinientos caracteres con espacios. Tema: influencia de la órbita de Júpiter sobre el estado de ánimo en las novias primerizas. Comienzo a dudar seriamente sobre la salud mental de mi editor.
07: 27 AM. Tengo el título provisorio: “Dudas espaciales”, pero no me cierra demasiado, y solo pude teclear unas pocas palabras en la semana. Me preparo otro café. Me lo tomaré en el balcón; quizás alguna musa tempranera y voladora coincida en tiempo y espacio con mis neuronas estancadas.
Miro hacia fuera; extrañamente, aún está todo muy oscuro. No le doy demasiada importancia hasta que abro la puerta ventana y compruebo que no se debe a un cielo muy nublado como creí en un principio: las estrellas brillan más que nunca. Una parte de mi cerebro entra en alerta fase uno; a esta hora ya debería haber asomado el sol.
Supongo algún raro fenómeno de esos que suelen darse cada diez mil años o algo así y vuelvo a entrar.
08: 44 AM. Avanzo en el relato. Él es capitán de la nave terrestre encargada de reabastecer a la nueva colonia asentada en Calisto, uno de los satélites de Júpiter y ella hija de la supervisora científica de la base. Tengo a los protagonistas, un paso importante para empezar a desarrollar la trama.
09: 25 AM. Vuelvo al balcón, ya mucho más preocupado al ver que la habitual claridad que suele inundar mi estudio a esta altura de la mañana no hace acto de presencia. La ciudad sigue completamente a oscuras, o mejor dicho, las artificiales luces de las calles están aún encendidas en su eterna lucha contra la natural oscuridad invasora.
09: 47 AM. Todo igual. No puedo concentrarme en la historia, mis ojos son atraídos por el rectángulo negro del ventanal. Mucho más preocupado, prendo la TV para ver si hay alguna información sobre lo que está sucediendo.
No hay nada. Mejor dicho, el fenómeno es general y se está recibiendo datos de muchos lugares del mundo en que esto sucede, pero no hay explicación posible para el hecho.
10:44 AM. Primeras repercusiones: una secta del oeste de EE.UU. comunica a sus seguidores que se trata de la señal tan esperada e insta a rezar y purificarse antes de internarse en el océano y entregar cuerpos y almas al padre celestial. Casi al unísono a las afueras de Nevada, grupos cada vez numerosos se unen a multitudinarias orgías con fondo de música psicodélica. La compañía discográfica “Flower Power” reedita en forma urgente “Surrealistic Pillow” del grupo Jefferson Airplane. Las ventas se disparan, agotando la primer tirada en setenta y siete minutos.
11: 27 AM. Una de dos, pienso, o todo se va al carajo o se arregla solo. Trato de meterme de nuevo en el relato: haré que la parejita de futuros enamorados al principio se aborrezcan y peleen bastante, esto suele pasar en la realidad y es una buena estrategia para enganchar principalmente al público femenino.
01:07 PM. El televisor, que dejé encendido, llama de nuevo mi atención: desde Pekín amenazan con tomar represalias contra Estados Unidos haciéndolos responsables del fenómeno. —Todos es por culpa del escudo antimisiles creado para proteger los intereses capitalistas del imperio —Dicen en un escueto comunicado. El comité de seguridad de la ONU se reúne de urgencia.
Mientras tanto, el canal local informa sobre desmanes en el centro comercial de la ciudad. Saqueos de comida seguidos casi al instante del robo de artículos electrónicos de última generación en las casas del ramo.
02:38 PM. Suena el teléfono que está arriba de la mesita ratona. Atiendo. Apenas alcanzo a distinguir la voz histérica de Esteban, uno de mis grandes amigos que entre gritos de euforia me dice que acaba de pegarle cuatro tiros a su esposa y que estas últimas horas antes del fin del mundo las pasará con el verdadero amor de su vida. Con sorpresa y enojo le reprocho que no me haya contado que tenía una amante y le cuelgo. Pienso en mi hermana y en que tuvo el final que se merecía.
Después de todo, el llamado me resulta provechoso: cambio el título original del relato a “Sexo y muerte en el espacio profundo”. Decido darle un giro erótico policial a la trama. Sangre, sexo y muerte más una pizca de cursilería romántica suelen ser elementos a los que apelo cuando la inspiración se hace rogar. Éxito casi seguro en las ventas.
03:25 PM. Cansado de las pavadas habituales de la televisión, ni siquiera con todo este material pueden poner al aire algo más o menos potable, enciendo la radio. Parece que el fenómeno no afecta las ondas electromagnéticas ya que en este medio tampoco se nota cambio alguno en las transmisiones. En la primer emisora que sintonizo escucho un reportaje a, supongo, un científico o astrólogo que está dando datos empleando términos que suelo utilizar en mis cuentos pero que nunca les había otorgado la importancia que este buen señor parece entender que tienen; por lo que pude colegir su teoría con respecto a lo que está sucediendo es que la aparente ausencia del sol no es tal sino que se debe a una ilusión óptica debida a la conjunción del “Efecto Doppler”, cambios en las ondas luminosas, que sumada al exacto momento en que la “Constante de Hubble”, velocidad de expansión del universo, más el “Apogeo”, máxima distancia del Sol con respecto a La Tierra crean esta ilusión del sol que no aparece. —El Sol está, solo que no lo podemos ver —concluye.
Otras radios comienzan a reproducir el reportaje. Cuando la televisión se hace eco de la noticia, términos que suelen utilizar cuando roban lo pergeñado por otros, comienzan a difundirla como “la teoría del sol negro” y casi siempre es acompañada con los acordes de “Así habló Zaratustra” como banda improvisada de sonido.
04:07 PM. Con la acidez amenazando con destruir por completo mi estómago, descarto el enésimo café y me preparo uno de mis tés saborizados preferidos: frutos rojos del bosque. Soy un verdadero fanático de esta infusión aunque debo muchas veces ocultar esta afición entre mis amistades ya que debido a ella se me ha catalogado como de dudosa hombría y hasta de poco confiable. La gente está llena de prejuicios. No voy a hacerme cargo de ello.
Vuelvo a mi relato: el capitán da un giro en su fisonomía y ahora ya no es un joven rubio y de ojos claros, de facciones suaves, voz melodiosa y alma poética como lo había imaginado en un primer momento. Es ahora muy robusto, algo tosco, bastante mayor y de raza negra. Ella continúa conservando su extrema juventud pero le he adosado unas protuberantes tetas y un culo digno de figurar en una enciclopedia de cómo debería ser obligatoriamente una mujer. De solo imaginarme el primer encuentro entre ellos comienzo a excitarme. Espero que a los lectores les pase lo mismo.
05. 23 PM. En un comunicado conjunto de varias ONG´s totalmente independientes auspiciciadas por diversas multinacionales del primer mundo, desmienten por completo la “teoría del sol negro”, basándose principalmente en que el autor de la misma, un funcionario estatal valenciano, se declara autodidacta y aficionado a la astrología y la ciencia ficción.
06:02 PM. En un arranque de inspiración escribo de una sola vez doce mil ciento siete caracteres del relato. Dos tremendas erecciones como hace mucho tiempo no tenía se manifiestan durante la escritura de un par de pasajes de otros tantos encuentros amorosos entre mis dos protagonistas principales. Es una buena señal, siempre que me sucede esto la cosa resulta en que vende muy bien y recoge buenas críticas. Para festejar me preparo un té de durazno, mi segundo preferido.
Afuera, la oscuridad sigue reinando. Ahora ya un poco más distendido por el avance en el cuento, comienzo a sentir un poco de temor por tanta oscuridad toda junta.
06:44 PM. Las esperanzas de que todo vuelva a la normalidad se desvanecen cada vez más.
Comienzo a sentir el cansancio de la presión que mis pobres cuerpo y mente han tenido que soportar durante estas horas aciagas. La no aparición del sol, pero por sobre todo el trajín que ha significado trabajar contra reloj ha acabado con mis reservas físicas y morales. Convertido en un zombie, me voy a mi habitación con la intención de descansar media hora en mi cama, mi fiel compañera, siempre dispuesta a recibirme sin ninguna otra queja que ese pequeño ruido que emite el elástico cuando me apoyo en ella. Jamás pude decir lo mismo de una que otra mujer que ha pasado por mi vida. Me doy cuenta que estoy excedido de peso. Mi mente genera automáticamente otra promesa vana: mañana empiezo a cuidarme con las comidas.
08:27 AM. ¡La puta madre que me parió! ¡Me quedé dormido! Lo primero en que pienso es en que estará pasando con la raza humana en este nuevo mundo en perpetua oscuridad; lo segundo es que me estoy meando encima. Me levanto y corro hacia el baño. Apenas salgo al pasillo un rayo de sol me da de lleno en los ojos. La sorpresa me paraliza. Me orino en los pantalones que aún llevo puestos de la noche anterior.
Aún no he reaccionado del todo cuando escucho la inconfundible voz de Homero Simpson instándome a que atienda el teléfono. Estos ringtones son de lo más ridículos y uno termina convirtiéndose en cómplice de tanta ridiculez. Atiendo. Es mi editor.
— ¡Pedazo de infeliz, escritorzuelo de cuarta! ¡Hace una hora que tendría que estar tu patético trabajo al que seguramente tildarás de relato en mi escritorio! Me encantaría escuchar por medio de tu acotadísimo manejo de la palabra una explicación del por qué eso no ha ocurrido.
—El sol…la oscuridad…mi hermana y mi cuñado…el fin del mundo…—balbuceo.
— ¡No te digo! ¡Infradotado! Ya se solucionó todo. Al final el gallego ese tenia razón y el sol siempre estuvo. Nos tendríamos que haber avivado por la temperatura ambiente; si hubiese desaparecido estaríamos todos congelados o vaya a saber que otras mierdas.
Pero volvamos a lo nuestro ¿Qué hacemos con el cuentito, eh?
—Lo tengo listo, no te preocupes que va a ser un éxito. Ya salgo para allá.

Algunos miles de muertes por suicidios y crímenes varios que serán compensadas y superadas con creces por los nuevos seres humanos engendrados en estas horas de libre albedrío y desenfreno al que se volcó gran parte de la humanidad en estas horas de incertidumbre, material para miles de horas de noticieros de radio y tv, películas y libros sobre el tema, toneladas de merchandising, varios millones de conflictos personales que solucionar y poca cosa más quedará de todo el asunto este. El tiempo todo lo puede y todo lo devora.
En mi caso personal, fue toda una bendición: después de muchos años de insomnio crónico, fue la primera vez que dormí más de doce horas seguidas sin ayuda química. La primera vez es la que cuesta, dicen. Estoy seguro que el puto insomnio es cosa del pasado.

¡Rivotril! ¡Te podés ir la puta que te parió!

Elaborado para La Cuentoteca
Un tema del álbum agotado en pocas horas.

jueves, 5 de agosto de 2010

Milf- Miguel Dorelo

Quizás, quién sabe...

Milf- Miguel Dorelo

No es solo sexo. También; pero no solo sexo.
Conectarse. Volver a sentirse viva. Estar segura de algo, aunque no sepa bien de qué.
Hombres.
Hombres jóvenes, hombres maduros, hombres casi viejos. Hombres.
También, búsqueda. De compañía, de sentir que todavía se puede.
Deambulando por bares del centro a la tardecita, con el suéter ajustado marcando pechos aún firmes, aptos, dispuestos.
Y a la noche en el chat, fingiendo un poco de inocencia y otro poco de audacia, jugando en el límite, tirando de la cuerda, insinuando intenciones, recalcando virtudes, ocultando defectos, mintiendo lo necesario.
Llenar vacíos en cada cita con vacíos en compañía que indefectiblemente volverán a hacer girar la rueda.
Príncipe azul, amante perfecto, compañía para esas tardes vacías o alguien que cambie la lamparilla que se quemó en casa. Pretensiones decantándose con desilusiones sin solución de continuidad.
Patética amante aspirante a esposa.
Una y otra vez el peligroso jueguito de prueba y error, los márgenes acotándose, el tiempo que corre más aprisa de lo deseable y encima esas arrugas que, está segura, ayer no estaban.
Y aquél sentimiento de angustia, ese vacío en el pecho mal combatido con un porrito o un Rivotril antes de acostarse otra vez sola en la muy inmensa puta cama de dos plazas heredada de otros tiempos.

Pero mañana será otro día y a lo mejor, quién sabe…

Elaborado para La Cuentoteca

Tori Amos, una Milf de la que estoy enamorado.

MILF. Mom I´d Like to Fuck, o algo así como "Mamita que me cogería"



lunes, 2 de agosto de 2010

Los últimos segundos- Miguel Dorelo

Esos últimos segundos antes que Ella venga a buscarnos...

Los últimos segundos- Miguel Dorelo

Cuando le hicieran la autopsia los médicos se encargarían de averiguar el calibre y la trayectoria del disparo; no era algo que le preocupase sobremanera en estos momentos.
Eso sí; se daba perfectamente cuenta que estaba agonizando y ya no le quedaban fuerzas ni voluntad para resistir al llamado de La Parca.
–Adiós, adiós a todos. Fue lindo mientras duró, lástima morir tan joven—fueron sus últimas palabras en este mundo.
Luego, lentamente y borrosamente al principio, imágenes del pasado comenzaron a desfilar en su mente. Nunca había creído en el tan trillado asunto ese que los escritores de novelas baratas utilizaban tantas veces para resolver agujeros de tramas incoherentes con personajes agonizantes y poco creíbles, pero estaba comprobando en persona que esto era lo que realmente sucedía en los últimos instantes de vida.
Se vio a si mismo muy pequeño, seis o siete años, con su guardapolvito blanco terminando de tomar la leche, comiendo una tostada con manteca y miel, a su madre dándole veinte centavos para que se comprara algo en el segundo recreo y a su papá diciéndole apuráte Pedrito que vamos a llegar tarde. Recordó, sobre todo, la felicidad sencilla de esos tiempos.
La cara de Anita, su primer amor, la de quinto “c”, y sobre todo el día que ella le mandó un papelito con una amiga en donde había escrito los nombres de ambos dentro de un corazón muy rojo.
Y a los diecisiete, su debut sexual con su prima Carla, algo mayor que él. Ese único encuentro, cuarenta y cinco minutos que le bastaron para enamorarse y que luego le significaron años de sufrimiento recibiendo la indiferencia de aquella mujer maldita.
Una tras otra las imágenes pasando sin solución de continuidad: su primer trabajo luego de terminar el colegio como ayudante en un taller mecánico, luego panadero, vendedor de lencería erótica a domicilio, su mejor época sin dudas, y al final el pequeño negocio de ventas de artículos de computación.
Otras novias, un par de esposas e igual cantidad de divorcios. Tres hijos, dos nenas y un varón. Luego los nietos, el retiro del negocio dejando a cargo a Esteban, su hijo y en los últimos años dedicándose a su pasatiempo favorito: coleccionar sobrecitos de azúcar con aforismos impresos en ellos.
Miles de imágenes y sonidos, alegres y tristes, hasta llegar al estruendo del disparo y el dolor de sentir el impacto entrando por su pecho. Enseguida la enorme mancha roja esparciéndose sobre aquella blusa recién estrenada, la caída al piso y a pesar del momento angustioso tener el pudor de acomodar su falda en su quizás último acto de coquetería.
Y por fin, un clic final en su mente ya casi sin conciencia.
Yo no me llamo Pedro, razonó;mi nombre es Romina, la puta madre. Y estoy segura de ser heterosexual, jamás me enamoré de ninguna Anita y mi debut fue, eso si a los diecisiete, pero fue después de una noche en un boliche de Ramos, bastante borracha y con un pibe que conocí ese mismo día. Y sobre todo, eso pasó hace menos de cinco años. Mi único trabajo hasta aquí ha sido de promotora para varios productos e ir de casting en casting para ver si puedo entrar a la tele.
¿Qué carajo está pasando acá?


— ¡Te lo dije, inútil! —se escuchó el grito en todo El Cielo —¡No me pongas en la Sala de Control de Imágenes Finales al estúpido del Arcángel Miguel! Quedó mal después del asunto aquél de haber quedado afuera de la tarea de hacer sonar la trompeta en el Juicio Final porque no pegaba una nota el maldito sordo.
Está claro que se confundió de video tape y le pasó a la muchacha el que correspondía al viejo de la otra cuadra que le dio un infarto casi al mismo tiempo en que ocurría el asalto al banco donde esta chica recibió la bala perdida. Si yo lo había planificado así, así tendría que haber sucedido, mierda. Mis motivos serán inescrutables pero son míos.
Ahora no me queda otra que salvarla y tendré que aguantar las boludeces de todos los noticieros de tv hablando de milagros.
¿Es posible que tenga que estar en todos lados?

Elaborado para La Cuentoteca


jueves, 29 de julio de 2010

Premios Dardo y Blog de Oro- Miguel Dorelo



El excelente escritor y amigo Daniel Frini, titular de DannyBlog me ha concedido el honor de otorgar a La Cuentoteca además de a otros blogs, el Premio Dardo y el Premio Blog de Oro.
El principal objetivo de dichos premios es el fomentar la unión y el intercambio entre los blogueros del mundo.
Quiero dejar asentado que todos y cada uno de los blogs a los que enlazo desde mi blogroll, fueron seleccionados por el simple hecho que son de mi agrado, sin compromiso alguno con sus titulares y sin pretensión alguna de calificar sus contenidos ya que no creo estar capacitado para esa tarea. Varios de ellos pertenecen a amigos con los que suelo tener un fluido intercambio en nuestros mutuos roles de escritores y lectores. Visito diariamente a todos ellos comento cuando mi proverbial vagancia me lo permite.
Dicho esto, bien podría librarme del compromiso de seleccionar a algunos de ellos a fin de otorgar estos premios y evitar la penosa tarea de dejar alguno afuera, pero esto llevaría a cortar la loable tarea del creador de estos reconocimientos entre bloguers por lo que paso a confeccionar mi lista de “recomendados” de forma casi arbitraria, haciendo una única salvedad: no repetir blogs a los que ya les han sido otorgados estos galardones y de los cuales tenga noticias que así a sido.
Ellos son:

Ficcionario

Antonio Cruz; poeta y narrador

Internacional Microcuentista

Atravesando corredores llamados subjetividad

El hueco detrás de las palabras

Via Libris

Nunca es siempre

Anillos invisibles

Acomodando palabras

Cositas buenas

Estos son los que son. Han quedado algunos sin mencionar y es debido a la limitación del número posible a seleccionar. El orden es arbitrario y el criterio también. Debo ser arbitrario.

domingo, 25 de julio de 2010

Especial ajedrez- Miguel Dorelo

Historias entre trebejos...

Protección- Miguel Dorelo
Aquél torneo de ajedrez resultó un fracaso. Los contendientes no pudieron adaptarse a la modificación en el reglamente impuesto por los auspiciantes del evento: la sociedad protectora de animales.
—Declarar a los caballos “Intocables, especialmente protegidos y libres de todo acto de crueldad” atenta contra la idiosincrasia del juego —se quejó uno de los jugadores

La conquista- Miguel Dorelo
— ¿Me parece a mí o esa mina me está tirando onda?
— ¿Cuál?
—La de negro, esa que está al lado del jovato.
—Olvidate, boludo; es la jermu del Chabón y está super custodiada.
—Algo tengo que hacer ¡Está re buena!
—Te come la guardia. Te ensarta un alfil o te pisa un caballo. Se comenta que tienen francotiradores en las torres. El rey es muy cuida. Parece que la tipa dos por tres lo cornea.
—Vos dejáme. Aunque sea avanzando de a una casilla, pero vas a ver como me la encaro.
—No te lo aconsejo, nosotros somos dos tristes peones y la nobleza es muy puta.
—Hacéme gamba, no seas jodido.
—Está bien. ¿Qué hago?
—Lo habitual, como para que no sospechen nada, mandate un 1e4.
Del resto me encargo yo.
Esta noche duermo acompañado.

El asesor- Miguel Dorelo
Debía ganar a cualquier precio ese torneo, pero por el nivel de los participantes sabía que no resultaría fácil.
Se preparó durante meses y participó en torneos menores para llegar a la contienda en plenitud.
Aunque ganó todos ellos, no fue con el suficiente margen como para confiar ni siquiera en un buen desempeño en aquél que le interesaba.
Debía pensar en alguna estrategia adecuada para incrementar sus posibilidades, los tiempos se acortaban.
Y un buen día, su mente se iluminó: un buen asesor, eso es lo que necesitaba.

Todo funcionó de maravilla; llegado el momento, el tan soñado triunfo fue casi un trámite.
Desentenderse de las torres enemigas gracias a los consejos de su asesor le dio ese plus tan necesario. Entre jugadores tan parejos esa mínima ventaja resultó ser clave
Contratar a Bin Laden resultó ser una idea brillante.
Sin dudas, un verdadero experto.

martes, 20 de julio de 2010

Romance- Miguel Dorelo ( Dos versiones)

Compartir: un ingrediente imprescindible del amor...

Romance- Miguel Dorelo

Coincidieron en un miércoles de Agosto ventoso y desapacible.
El cielo gris y encapotado no alcanzó para opacar el brillo de las miradas al cruzarse en la entrada de aquél bar sobre Viamonte, casi llegando a San Martín.
La excusa del destino fue esta vez la presentación del libro de Christian, un amigo en común.
—Me llamo Ana —le dijo ella sin esperar a ser presentados.
—Manuel —fue la escueta respuesta de él.
El beso en la mejilla, muy pronto lo sabrían, era un anticipo a cuenta de muchos otros a gastar en noches venideras.
Se sentaron a la misma mesa, junto a otros, pero frente a frente.
—Estuvo bueno —dijo Ana cuando concluyó el evento.
—No sé —respondió Manuel mirándola directamente a los ojos —me fue completamente imposible prestar atención a lo que Christian decía; deberían prohibirle la entrada a mujeres como vos a estas reuniones.
— ¿Por qué decís eso? —preguntó ella con aire inocente y sabiendo la respuesta.
—Distraen a los pobres hombres como yo interesados solo en la literatura.
— ¿Solo la literatura?
—Bueno, no siempre. A veces me interesan otras cosas. Como ahora, por ejemplo.
La respuesta de Ana vino en forma de sonrisa.
Luego, un café pero en otro lado, charla sobre gustos: poesía ella, narrativa él.
Te doy mi número, llamáme cuando quieras.
Y dejar pasar un par de días para que ella no crea que está demasiado ansioso.
Y ¿Por qué carajo no me llama este boludo? Dando un salto cada vez que suena el celular.
Y por fin ¿Nos vemos y charlamos? Dale ¿A las siete?
Después, la maravillosa rutina de los enamorados
Cena y hacer el amor en la casa de ella.
Una peli y, obviamente, hacer el amor en el departamento de él.
Mate con facturas, antes o después de…hacer el amor.
Y un buen día, darse cuenta que ya no pueden estar separados, que no es estrictamente necesario que las historias de parejas terminen siempre mal, que los conflictos están para ser resueltos y que a veces el amor también triunfa.
Ana y Manuel serán felices, con altibajos claro que sí, pero envejecerán juntos haciendo cosas que les gustan, que siempre les gustaron, pero que ahora que las hacen de a dos son más lindas.
O al menos, así les parece a ellos.
¿Importa algo más?

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A veces, no hay tiempo ( o caracteres) para una historia de amor...

Romance- @mdorelo. (versión para Twitter)

Ana y Manuel se conocen en Agosto.Cruzan miradas.
¿Cogemos? propone él.
Dale, acepta ella.
Lógicamente,no se van a vivir juntos.

Elaborados para La Cuentoteca

jueves, 15 de julio de 2010

Micro sex- Miguel Dorelo

El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores.
( Woody Allen).

Eternidad efímera- Miguel Dorelo

Al principio ella no le llamó mucho la atención. No es que no fuera una linda señora, solo que probablemente anduviera algo distraído.
Pero poco a poco se le fue metiendo por los ojos, el corazón y la mente.
Querer estar con ella fue la más que lógica consecuencia.
—Cuando sea, será para siempre —dijo —Para toda la eternidad.
Y un buen día coincidieron en tiempo y lugar.
La trató con dulzura, delicadamente; le hizo el amor lenta y suavemente, como en
cámara lenta. El sexo tántrico era su especialidad.
Claro que no siempre el tiempo es percibido de la misma manera por unos y otros.
— ¿Eso es todo? —dijo ella decepcionada, mientras se vestía y se marchaba.
Jamás se volvieron a ver.

Especialidad- Miguel Dorelo

La conoció en una librería de usados por Corrientes, un viernes a la tarde.
Ella tenía en sus manos “Trópico de cáncer”, de Miller; él acababa de descubrir una vieja edición de “Amores extraños” de Ballard.La charla entre ellos fue consecuencia directa del amor por lo erótico que compartían.
Pocos minutos después abordaban un taxi que los llevaría al departamento de él.
Algo de beber para entrar en clima y luego él, tomando la iniciativa, comenzó a desplegar toda su sabiduría sobre el tema.
Luego de dos horas, ella, probablemente decepcionada y recogiendo su abrigo dijo:
— Te soy sincera: tenés una buena voz, estos relatos son muy buenos y tu dicción es perfecta, pero no era en lo que había pensado cuando me dijiste que eras un especialista en sexo oral.

Elaborados para La Cuentoteca

sábado, 10 de julio de 2010

Tiempo de juegos- Miguel Dorelo

Juegos difíciles de jugar...


Tiempo de juegos- Miguel Dorelo

Él regresa a su casa a esa hora en que la luz del sol se retira lentamente y otras empiezan a encenderse tratando vanamente de imitarla.
Saluda a su esposa y a sus hijos, acaricia al gato. Toma dos mates antes de pasar por la ducha y de acostarse un rato antes de cenar. Apenas apoya la cabeza en la almohada comienza a imaginarse el fin de semana y un nuevo encuentro con ella. El sonido del motor de la heladera al arrancar le recuerda donde está.
Ella está sola desde hace ya un tiempo. Como casi todas las horas que pasa en su departamento. Prende la tele para no pensar demasiado. Es Jueves, y en algo así como cuarenta y ocho horas él llamará por el portero, dirá soy yo como si existiese la posibilidad de que no lo sea. Y luego el primer beso, después un mutuo como andás; evitando a toda costa referencias dolorosas a hogares actuales y pasados. Después un par de horas para el amor o algo que se le parece, otra hora para un capuchino y los reproches de siempre, mañana le cuento todo y me vengo para acá, siempre decís lo mismo, es que pienso en los chicos, y el andáte por favor final.
Luego, como todas las semanas de los últimos siete meses, se activarán los mecanismos de defensa.
Él, hará el asado dominguero y dormirá la siesta antes de ponerse a mirar el partido. Si los chicos se duermen temprano, tratará de evitar a su mujer, aplazando por enésima vez la confesión redentora que lo convierta de nuevo en hombre.
Ella, se levantará temprano y mal dormida. No podrá evitar el llanto al lavar las dos tazas con los restos de café sabiendo que una sobrará al prepararse el desayuno. Juntará coraje y llamará a alguna compañera del trabajo para que la acompañe esa tarde al cine.
Los putos domingos deberían durar mucho menos.
Por suerte el sueño acumulado le alcanzará justo para llegar a la tabla salvadora del lunes y la rutina oficinesca.

Y el miércoles a más tardar, aunque él no lo haya hecho antes, ella lo llamará y tan solo dirá te espero el sábado y colgará enseguida, no deseando escuchar su voz para aliviar aunque sea en algo el dolor.
Y la rueda seguirá girando casi infinitamente, hasta que alguno de los dos, o ambos, decidan que ya no es tiempo de juegos.

Elaborado para La Cuentoteca




miércoles, 7 de julio de 2010

Ciento cuarenta caractéres, incluídos espacios y título- Miguel Dorelo

Tuits sin Cuenta en Twitter. Por ahora no me sigan, no me van a encontrar.

Ciento cuarenta caracteres, incluídos espacios y título- Miguel Dorelo

Asesinos por naturaleza-@Dorelín
Sus ojos, su boca, su piel, su mirada.
Pido para ellos, señor juez, la pena máxima.

Andar juntos-@Dorelín
No te apresures, amor, no es necesario; tus pasos y los míos están predestinadamente sincronizados.

Método infalible-@Dorelín
Cuando te extraño demasiado, solo dejo de existir un rato y se me pasa.

Tareas específicas
Volar es cosa de aves, ángeles y enamorados.
Detener sus vuelos corre por cuenta de la necedad del hombre.

Genio defraudado-@Dorelín
Pide tres deseos y te serán concedidos.
No, gracias, respondí. Siempre valoré el esfuerzo personal.

Escritor incomprendido-@Dorelín
En sus escritos se ocultaban grandes enseñanzas. Para su desgracia, nadie aún ha podido hallarlas.

Equilibrio-@Dorelín
¡Dadme un punto de apoyo, y ya no se me moverá el mundo! gritó Arquímedes luego del cuarto Bloody Mary.

Solo-@Dorelín
Las velas, el mantel de hilo, las copas, el champagne; tu ausencia atentando contra una noche perfecta.

Miedos-@Dorelín
Despierto sobresaltado, empapado en sudor, aterrorizado.
Recuerdo perfectamente lo soñado, pero no me atrevo a contarlo.

Pasaje-@Dorelín
—Uno ida y vuelta —, le solicité amablemente al conductor.
Ignorando por completo mi pedido, Caronte comenzó a cruzarme.

Crucifixión súper star-@Dorelín
¿Padre, por qué me has abandonado?
Es que debo ceñirme al guión, hijo mío.

Sinceridad-@Dorelín
No creas que me casé contigo solo por tu dinero. En estos últimos tiempos hasta te estoy tomando cariño.

Elaborados para La Cuentoteca

domingo, 4 de julio de 2010

Porque el tango es macho- Miguel Dorelo

Rantifusa, gilastruna, engrupida, no quiero volver a verte...

Porque el tango es macho- Miguel Dorelo

Debería matarte, lo sé.
Aún no entiendo por qué no lo hago.
Es probable que la misma razón que me impulsa a hacerlo sea la que me lo está impidiendo. ¿Acaso nunca te ha a pasado esto de la dualidad de criterios? La estructura superyoica según la segunda tópica de Freud, gilastruna.
Cuando la tristeza se hace infinita no hay cuerpo que aguante.
Y sos la única responsable, discúlpame si esta vez no soy un caballero: hoy no quiero ni tengo ganas de buscar culpas compartidas, hoy estoy tanguero.
Y en el tango, mi amor, la mujer es la culpable de todos los males del varón.
Porque el tango es macho, pebeta, deberías saberlo. Y si lo ignorabas, pues ahora te enterás, carajo.
Una buena puñalada en el corazón no estaría nada mal, sería tan solo una buena manera de hacer justicia con ese maldito órgano que con tanta impunidad has utilizado una y otra y otra vez.
—Soy una mina jodida —me dijiste una vez.
Te quedaste corta en el concepto, desgraciada.
Me usaste, abusaste de mí sin contemplación alguna y me arrojaste a un lado cuando ya no te serví. Menos mal que ya no tengo a mi santa madre conmigo y no alcanzó a ver a su hijo querido arrastrado por el fango, flaco, fané y descangayado.
Pero, todo llega, rantifusa, ya vas a pagar tus culpas por todos y cada uno de los otarios que tiraste a la marchanta. Ya no soy aquel ratoncito con el cuál jugabas, gato de cuarta y encima, maula.
Si alguna culpa debo reconocer, es la de haber colaborado con mis besos y mis caricias para que te engrupieras, para que te creyeras la más linda y la mejor. Y no lo sos, Margarita, sos cartón pintao, engañosa como las luces del centro.
Y no la sigo porque al que nace barrigón es al ñudo que lo fajen. Y vos tenés unos cuantos kilitos de más, hace rato que quería decírtelo, gorda. No, si al final resulté ser un bagayero como el que más.
¡Ya sé que te lastimo con todo esto que te digo! Pero que le va cha ché, la vida es una herida absurda, poligriya, percanta que me amuraste en el final de mi vida.

Debería matarte.
Y no puedo.
Y no quiero.
Y un macho amante del dos por cuatro no debe llorar.
Y no son lágrimas, claro que no; es que me entró una basurita en el ojo justo ahora, cuando estaba por terminar este relato, así que lo dejo acá, no sea cosa que te confundas y creas que aún te amo, te extraño o alguna de esas pavadas sentimentales que se les suele meter en la cabeza a las minas como vos.
Sos triste hasta cuando te reís, nena.

¡Que te garúe finito!
¡Y si te he visto, no me acuerdo!

Elaborado para La Cuentoteca


La muy maldita le pidió a una amiga que me respondiera.
Dios las cria...

miércoles, 30 de junio de 2010

Un adiós definitivo- Miguel Dorelo

Nada más triste que el momento del adiós...

Un adiós definitivo- Miguel Dorelo

Te amo.
No encuentro ni me sale otra forma de empezar esta, la última carta que voy a escribirte.
Sin vos, simplemente no existo. Y es por eso que voy a darle por fin sentido a mi vida, o mejor dicho a estos últimos instantes en que el mundo me contará entre los vivos.
Es este un adiós definitivo; he comprendido al fin que lo nuestro no tiene futuro.
Esta mañana he comprado una Beretta 92, y cuando vuelva de enviar esta carta haré lo que es preciso para olvidarte definitivamente.
Tengo todo preparado: el tema de Joe Cocker, ese de nueve semanas y media con el que jugábamos a que eras Kim Basinger, el sahumerio de sándalo y la foto aquella de cuando pasamos juntos nuestro primer fin de semana.
Quizás pienses que soy un cobarde al tomar esta decisión, pero ¿Qué sentido tiene continuar con esta agonía, en este mundo que ya no es más que un páramo desolado si vos me faltás?
Lo último que mis ojos verán será tu sonrisa. Y las otras imágenes, aquellas que quizás sean las que realmente cuentan, las del recuerdo de tantos momentos que pasamos juntos, las retendré hasta el preciso instante en que la bala destroce hueso, masa encefálica y pensamientos.
A lo mejor creas que estoy siendo muy duro, no es mi intención serlo, pero tanta angustia contenida no puede menos que desbordarse y salir a borbotones de mi corazón eternamente enamorado de vos, la única mujer que alguna vez existió realmente en todos estos años. Esos años que ya son muchos, demasiados para este cuerpo y este corazón ya cansados.
Adiós y hasta siempre. Si del otro lado existe alguna otra clase de conciencia, la bien usaré recordándote eternamente.
Que seas feliz, aún en compañía de otro; no guarda rencor alguno mi alma.
Por siempre tuyo, amor.
Esteban.


Hola, ¿Cómo andás? Soy Esteban. Si, el mismo de la carta anterior, la que te mandé hace dos días.
Ya sé, a esta altura yo no tendría que estar en condiciones de escribirte. En realidad, no tendría que estar en condiciones de hacer nada, pero viste como son las cosas, el hombre propone y dios dispone, dicen. No te asustes, no te escribo desde el más allá ni nada de eso; estoy vivo. Más vivo que nunca, en realidad.
Te cuento, después de todo tenés algún derecho a enterarte aunque sea por aquella pequeña historia que alguna vez tuvimos. Después de dejar la carta en el correo al llegar a la esquina me encontré con una persona que hacía muchos años no veía, vos también la conocés, Carlita, la hija de mi tia Gladys. ¿Te acordás que fuimos juntos a su cumpleaños de quince? Bueno, me preguntó como andaba y le comenté algo de lo que me pasaba. Palabras van, palabras vienen, me acompañó hasta mi departamento y ahí no pude contenerme y le conté todo. Se puso muy mal con lo que me estaba pasando y me dijo algo así como que un clavo saca a otro clavo, sonsito. Tarde un poco en darme cuenta qué quería decir con eso, hasta que tuve una pauta más real cuando comenzó a sacarse la blusa. Casi diez años sin verla, ahora tiene veinticuatro y me aclaró que ya no le dicen Carlita; Karla con K, le gusta que la llamen. Es impresionante lo que creció esta nena.
Esto te va a causar gracia: lleva siempre en su cartera un cd con la versión de “Sweet Dreams” que grabó Marilyn Manson, por si pinta la ocasión, me dijo. Y se mandó un stript tease que casi me deja seco ahí no más. Algo salvaje, bien caliente, no como aquél jueguito pueril que solíamos hacer. Lo que es la juventud de hoy día.
Bueno, así están las cosas. He reflexionado, soy un hombre joven, con una gran capacidad de amar y muchos años por delante. Ella me dice que el que le doble en edad no le importa en lo más mínimo y que me hará el ser más feliz del planeta. Yo le creo.
No te escribí antes porque no hemos dejado de hacer el amor durante estas cuarenta y ocho horas. Pensar que nuestro récord fue de, exactamente, de tres horas con intervalos esa noche que medio nos emborrachamos. Es evidente que lo nuestro era algo superficial.
Te pido un último favor, esta será ahora si la última carta que te escriba, ¿podrías mandarme aunque sea una parte de aquél dinero que una vez te ofrecí para ayudarte a saldar ese descubierto que tenías en el banco? Es que con toda la cuestión de mi angustia estuve unos días sin trabajar y ando medio corto. Este fin de semana largo me voy con Karla a la costa y quiero pasarla a full. No lo tomes como un reproche, pero un poco de culpa te cabe, tratá de hacerte cargo y mandáme el giro lo antes que puedas.
Ah, te mando el cd de Joe, ya no lo voy a necesitar.
Chau.
Esteban.

P.D: la Beretta me la quedo, vos viste como está todo este tema de la inseguridad.

Elaborado para La Cuentoteca

Por primera vez en La Cuentoteca, un tema acorde al relato. Es que me puse nostálgico: ella me lo bailaba.



sábado, 26 de junio de 2010

Sola- Miguel Dorelo

Una inmensa soledad...

Sola-Miguel Dorelo

Se levantará, como casi todos los días, a las siete menos cuarto.
Como casi todos los días, preparará el desayuno.
Como todos los días, absolutamente todos los días, se sentirá sola.
Tostadas, manteca, mermelada de damascos.
El mantel a cuadros rojos y blancos, la cortina haciendo juego; el centro de mesa, frutos falsos de colores casi verdaderos, siempre molestando, ocupando un lugar casi sin sentido.
—Un día de estos lo tiro a la mierda —dirá masticando las palabras y sabiendo que nunca cumplirá la promesa.
El aroma del café, lo único bueno que le pasará esa mañana, anunciando que ya está listo. Apenas cortado con una pizca de crema, dos cucharadas de azúcar.
Recorrerá con su mirada la pequeña, estrecha cocina que jamás podrá contener esa inmensa, inconmensurable soledad.
Pensará en él y en que quizás se atreva, o quizás no. Empezar algo nuevo siempre le causó pánico. El coraje nunca fue un rasgo destacado de su personalidad.
Ya las siete y cinco.
Se hace tarde.
Leche con cereales para María, la más pequeña.
Juancito, —yo ya soy grande, mamá —tomará mate con Juan, el padre, el esposo, el mismo que todas las mañanas lleva al colegio a los niños y de pasada la deja a ella en la oficina.

Elaborado para La Cuentoteca

miércoles, 23 de junio de 2010

El contrato-Miguel Dorelo

Como decirle que no...


El contrato- Miguel Dorelo

—Voy a hacerte el amor como nunca antes nadie te lo ha hecho —me dijo.
— ¿Aceptas? — agregó mientras dejaba deslizar lentamente su vestido hacia el piso de madera.
—Estoy listo y preparado — respondí amagando la primer caricia.
—No te apresures, primero lo primero —me susurró al oído mientras introducía en él la punta de su tibia lengua. — ¿Estás dispuesto a todo? —agregó.
–Si —le contesté como si en realidad fuese necesario ¿Acaso habría podido dar otra respuesta?
—Eres un valiente hombre. Y además muy bien dotado —dijo mientras su mano izquierda comprobaba lo que sus hermosos labios afirmaban.
Completamente imposibilitado ya de contenerme, besé su cuello…o mejor dicho, intenté hacerlo. Ella me apartó suave pero firmemente.
—Está faltando un pequeño detalle —observó mientras se dirigía a un pequeño mueble ubicado en un rincón de la habitación.
Abrió un cajón del cual extrajo un cofre labrado, procedió a abrirlo con una llave que llevaba adosada por medio de una cadena en la muñeca de su mano derecha y retiró un papel de su interior.
Observé extrañado la escena. Me parecía del todo fuera de lugar ¿A qué venía toda esa movida justo en ese momento?
–Firma aquí —exigió.
— ¿Qué firme? ¿Ahora? ¿Y que es lo que debería firmar?
—Una tontería que forma parte del juego ¿Acaso no dijiste estar dispuesto a todo? O quizás ya te hayas arrepentido de tus palabras…—casi ronroneó mientras jugaba con el bretel de su corpiño.
Estaba arrinconado, no había manera de negarse; en realidad, no tenía ni la más mínima voluntad de hacerlo.
—No serás por casualidad el diablo que viene a comprar mi alma, supongo —dije sin saber bien que decía.
—No lo soy, aunque te aseguro que el mismísimo infierno te parecerá frío al lado del calor que te tengo reservado. Y no me interesa para nada tu alma. Ahora, tu cuerpo…eso si. Mucho. Demasiado.
Como ya dije, no existió alternativa alguna. Una hermosa y joven mujer prometiéndome ese tipo de cosas puede hacer y deshacer mi voluntad a su antojo. Firmé sin dudar, claro.
Vale aclarar que no poseo fortuna alguna ni propiedades de importancia, aparte el hecho que la validez de un documento (si es que lo era) firmado en esas condiciones de poco valdría en caso de que fuera una especie de estafa o algo por el estilo.
La sonrisa en su bello rostro cuando terminé la rúbrica quizás en otro momento me hubiesen alertado, pero en mi mente solo tenía cabida el pronto comienzo del encuentro con ese cuerpo deseado hasta límites jamás imaginados.

No me siento capacitado para describir lo que en esa larga noche sentí, o mejor dicho, me hizo sentir, solo intentaré una aproximación. Sus caricias tuvieron el don mágico de
transformarme en un ser único y especial, sus besos despertaron en mí sensaciones que jamás hubiese imaginado poseer. Sus palabras, susurradas entre gemidos me hicieron comprender que ya mis oídos habían cumplido el cometido para el que fueron creados.
El paraíso, si es que existe, estoy seguro debe ser un mero reflejo de esa noche.

Por la mañana, ella ya no estaba. Agotado, me había quedado dormido con las primeras luces de la mañana, y al despertar cerca del mediodía, descubrí su ausencia.
Ha pasado una semana ya y estoy desesperado, sé que no existe solución posible y es por eso que he tomado esta decisión irrevocable. Dentro de unos minutos el veneno hará su efecto y solo me queda el tiempo necesario para terminar esta historia, que no es triste ni es alegre, es solo una historia contada con el afán de que no vuelva a repetirse.
Sé que ella está rondando, al acecho, buscando nuevas víctimas.
La posibilidad de que te cruces con ella es cierta, sucumbir a sus encantos es casi inevitable, seas hombre o mujer.
Pero, siempre hay una alternativa, no cometas el error que yo he cometido: cuando te pida que firmes, te ruego, te imploro: por favor lee la letra chica.

Elaborado para La Cuentoteca

domingo, 20 de junio de 2010

Algo relativamente grande-Miguel Dorelo

El escenario de los acontecimientos

Algo relativamente grande-Miguel Dorelo

—Estás exagerando —aseguró.
—Te juro que no —repliqué.
—Pero… ¡No puede ser cierto! ¡Es imposible!
—No veo por qué. No sería la primera vez.
—Eso es cierto. ¿Pero algo tan grande?
— ¿Y como se mide la grandeza? ¿Grande comparado con qué?
—Grande es grande, no te hagas el tonto. Vos sabés a que me refiero.
De todas maneras, lo del tiempo no me cierra. Demasiado poco.
—Volvemos a lo mismo. Bien sabés que el tiempo es relativo: un segundo, un siglo, un milenio. Solo palabras para designar periodos entre distintos estadios. Paparruchadas sin sentido. O casi.
— Vos sabés que no es tan así. Supongamos que lo acepto, pero ¿Y los materiales, eh? Hacen falta muchos para una obra de esa envergadura.
—Los comunes, los de siempre: carbono, nitrógeno, hidrógeno.
—Ahora me tratás de tarado: con eso solo no se puede.
—Eso, y mi fórmula secreta.
— ¿Y en qué consiste esa fórmula? Si se puede saber, claro.
—No, no se puede. Si te cuento, deja de ser secreta. Pero como hoy me levanté de buen ánimo te doy una pista: rayos ultravioletas y energía eléctrica.
— ¡No jodas! Andar trasteando con esas cosas puede ser muy peligroso.
—No si se usan de la manera correcta y combinadas con otras cosas que no pienso revelarte. Esperá a que lo patente y te vas a enterar. Acá el que no corre, vuela y me van a querer robar la idea.
—Ahora desconfiás de mí…
—Vos no sos ningún santo.
—Andáte al carajo. ¿Y en donde está esa maravilla según vos?
—Te lo voy a decir para que veas que te aprecio. Y hasta podríamos hacernos una escapada hasta allá así la ves con tus propios ojos. Eso sí, te juro que te mato si el que te dije se llega a enterar. Sabés bien que nos tiene prohibido hacer nada sin su consentimiento.
—Cuando quiero soy una tumba. Contáme.
— ¿Te acordás de la galaxia espiral esa que hizo el año pasado?
— ¿Cuál?
—La de cien mil años luz de diámetro; la que tiene cuatrocientos mil millones de estrellas adentro. Esa que algunos dicen que parece leche derramada de los pechos de la mujer del jefe. Entre nosotros: ¡Que buena que está esa tipa! ¡Una diosa! Demasiado para Él.
—Ya lo creo. Se comenta que ella…Pero, volvamos a lo que interesa, la obra esa: otro de sus caprichos. Nos hizo trabajar como un mes a jornada completa el desgraciado. Encima, después se aburrió, levantó la obra con el argumento de que no le estaban cumpliendo con los pliegos de licitación y dejamos unos agujeros de color negro por todos lados ¿Qué pasa con eso?
—La construí ahí para que pasara desapercibida. Si me descubre andá a saber qué me hace. Vos viste como se pone cuando se enoja.
—Si. La ira de Él es famosa en todos los confines. Un energúmeno total.
—Encima, se me ocurrió ponerle vida casi inteligente y todo. Hombre le puse como para llamarlo de alguna forma. ¿Y a que no sabés? ¡Lo hice a su semejanza!
— ¿EH? ¡Vos si que estás loco! Te mata, lisa y llanamente. Si se entera, te mata.
—Son riesgos que uno corre. Debe ser mi alma aventurera, un poco de adrenalina para sentir que estoy vivo. De todas formas, lo hecho, hecho está.
—Sigo insistiendo con lo del tiempo. No es posible. Y no empecés de nuevo con la cantinela esa de que el tiempo no existe.
—Está bien. Fueron seis días, pero a full-full. Solito con mi alma. Me agarré un cansancio de aquellos, pero antes de volver para acá me tomé uno libre como para recuperarme. Estaba hecho un trapo. Al séptimo día descansé.
—Sigo pensando que estás loco. Pero supongo que debés haber quedado satisfecho con tu obra. Tanto esfuerzo y riesgos habrán tenido su recompensa.
—Más o menos. Voy a tomarme un tiempito para ver como va todo. Si funciona se lo presento a Él todo ya hechito y funcionando. Como no es ningún tonto va a hacer la vista gorda con respecto a la falta de permiso y ya se las va a ingeniar para hacerles creer a todos que actué bajo sus directivas. Como todo jefe, es mandado a hacer para quedarse con lo méritos ajenos.
— Decímelo a mi. Me pasó con lo de los agujeros de gusano. Todo planificado y llevado a cabo bajo mis directivas. Meses de trabajo ¿Y para qué? para que el señor los usara un tiempo para desplazarse más rápido hasta un cúmulo estelar que le quedaba un poco lejos y en la que parece tenía una relación non sancta. Ahora parece que se peleó con esta señora y los clausuró a todos. Mirá si te pasa lo mismo.
—Yo estoy avisado, por eso hice todo por izquierda. De vez en cuando me doy una vuelta, aunque últimamente ando escaso de tiempo.
Ahora, si algo va mal, tiro todo a la mierda y empiezo de nuevo sin que se entere.
Te confieso que en realidad, la fórmula es una Beta.
—Y el hombre este como vos lo llamás, ¿está solo?
—Y si. ¿Con quien querés que esté?
—Se va a aburrir. Yo que vos le invento alguna compañía.
— ¿Te parece? Pero, serían dos a controlar.
—Vos hacélo que yo te doy una mano.
—Está bien, voy a seguir tu consejo Pero mirá que me la estoy jugando. ¡No me vas a fallar!
—Quedáte tranquilo, tenés mi palabra. Como que me llamo Lucifel: no te vas a arrepentir.
Confiá en mi.

Elaborado para La Cuentoteca