sábado, 25 de diciembre de 2010

La cena de Nochebuena- Miguel Dorelo


La cena de nochebuena- Miguel Dorelo

—En esta casa siempre se recibió al niño Jesús reunidos en familia ante una mesa bien servida y este año no será la excepción — aseguró la anciana.
—Pero abuela, vos sabés que no tenemos un peso. A papá lo echaron de la fábrica y no le pagaron ni la última quincena. Tu pensión apenas  si alcanza para comprarte los remedios y con los pocos pesos que gana mamá con la costura para pagar algunos servicios, comprarme algún útil para el colegio y comer lo que se pueda. Una cena de nochebuena sale mucha plata, abue.
—Vos dejáme a mi que lo tengo todo planeado, Juancito. Y pienso invitar a todos tus tíos, primos y demás parientes.
Anduvo todo el día la anciana. Don Pepe, el almacenero le fió un pan dulce de los grandes y dos sidras de las baratas —Llévese estas otras dos que quedaron del año pasado, se las regalo, aunque no sé si les quedará algo de gas. —le dijo en un arranque solidario no demasiado habitual en él.
El verdulero le seleccionó un poco de frutas algo pasadas pero que  para el clérico van a  andar bien, doña Carmen.
Pasó por la farmacia y luego de prometerle a don Francisco que el mes que viene le pago todo, hágame el favor rescató esos pocos  pesos como para ir al super chino y comprar unos turrones, algunas garrapiñadas y unos higos secos que estaban en oferta. Con lo poco que aportaran los pocos invitados que estaban en condiciones de hacerlo sería casi suficiente.
Volvió a su casa más esperanzada, pero con el problema principal aún sin resolver. Hasta el año pasado nunca habían faltado pavos rellenos, lechones asados o suculentos asados en la mesa navideña.
De pronto, la idea salvadora acudió a su mente; —Gracias, Virgencita, yo sabía que vos me enviaría la solución. —agradeció alborozada aunque con un extraño dejo de pena en su voz por la acción que cometería.

Esa nochebuena fue sin dudarlo una  de las mejores nochebuenas que  la familia recordaría por mucho tiempo. El placer logrado al superar una gran incertidumbre se disfruta mucho más que cuando la mano viene fácil.
La abuela Carmen, con apenas unos rasguños recibió más cariño de sus parientes como nunca antes; en el hospital le dieron rápidamente el alta ante la insistencia de la anciana por pasar esa noche con sus familiares y al comprobar los facultativos que aquél automóvil de alta gama solo la había golpeado.
Claro que don Aristegui, el dueño de aquella cadena de carnicerías especializadas en carne de cerdo ignoraba esto cuando la octogenaria se le apareció de repente ante su automóvil importado.
Un par  de lechones había resultado ser un buen arreglo ante la amenaza de su vecina de iniciarle un juicio.

Elaborado para La Cuentoteca

10 comentarios:

María del Pilar dijo...

¡Auch! Eso se llama ser corajuda, yo primero pensé que iba a cocinar al gato, je... ;)
Felicitaciones, Miguel

Nanim dijo...

Yo venía pensando cómo lo resolvería y sospechaba que se iban a comer a uno de la familia, le erré.

Salemo dijo...

Pues, ambas tienen razón.:inicialmente pensaba cocinar al perro, pero me pareció demasiado cruel y me enternecí a último momento.El espíritu navideño.

caselo dijo...

Un saludo desde Colombia, llegué a su espacio gracias a mi amiga Chely Oller. También soy escritor. Me gustaron los tres textos con ambiente navideño. Estamos leyéndonos, un abrazo. Mi blog personal es "El mago de tu corazón".

Carlos Eduardo.

Salemo dijo...

Retribuyo el saludo desde Argentina y me alegra que te hayan gustado los textos. Me daré una vuelta por tu blog y agradezco a Chely la difusión.
Miguel Angel.

chely dijo...

Epa!! ,no quiero quedar fuera .
Miguel,ves como difundo tus relatos -jaja-Fíjate el blog de mi amigo es estupendo.
Vamos a tu cuento. Me encanta la manía de sorprender al lector-jaja(al igual que Nanim, pensé , se comerían a un familiar jaja)
EXELENTE

chely dijo...

ay digo excelente

Salemo dijo...

Pues, entrá no más, Chely; en este sitio son todos bienvenidos, aunque si son señoras o señoritas mejor aún. Es un sitio medio langa. Se hace, en realidad.
No se comieron ni al pero ni a un familiar, perola viejita se la jugó cruzándose delante del auto.
Ya estuve mirando el blog de tu amigo y está bueno. Una de mis tareas pendientes es reacomodar mi Blogrrol asi que en cualquier momento cambia todo en La Cuentoteca. Bueno, algo, no todo.

María Taltavull dijo...

Felicidades, ¡Cómo me gustan las sorpresas! Un relato delicioso, Miguel Ángel.

Salemo dijo...

Gracias, María. felicidades para vos también.
Un beso.