lunes, 6 de julio de 2009

La lección- Miguel Dorelo

A veces somos esclavos de nuestras palabras...


La lección – Miguel Dorelo

El grupo de los jueves tendría esa noche la “charla previa de admisión”.
Desde hace un tiempo acostumbraban a realizar una pequeña reunión para analizar la probable entrada de un nuevo miembro al pequeño grupo de amigos que desde algunos años se juntaban todos los jueves en una cena en el lugar que asignaba “el anfritión” de esa semana. Generalmente esto se hacia en la propia casa si el que organizaba era soltero.
Aunque no existía ningún tipo de reglamento ni estatuto, si había pautas de comportamiento. Esto fue surgiendo naturalmente y aunque era en cierto modo flexible, casi nunca se cuestionaban los “usos y costumbres”del grupo.
Tampoco existía ningún cargo administrativo ni categoría de miembros, aunque por supuesto estaban aquellos que por características personales se destacaban más que otros. Sobre el número de miembros, aunque no existía un límite exacto, resultaba natural mantenerse en una cantidad tal que no fueran tantos como para que cada uno tuviera la atención que se buscaba establecer, ni tan pocos como para que se volviera tedioso escuchar siempre las mismas cosas. La experiencia, les había echo ver que cuando pasaba demasiado tiempo con la misma cantidad de miembros, por lo general esto terminaba por ahuyentar a los mas interesantes, que simplemente dejaban de pertenecer al grupo.
Por este motivo se estableció que de vez en cuando se trataría de incorporar gente nueva.
Así ocurrió con Aníbal; había sido presentado por Ernesto y ese jueves en particular estaban casi todos presentes.
Luego de las presentaciones de rigor se le pidió al aspirante que hiciera un pequeño racconto de los motivos por los cuales debería ser admitido.
—En realidad fue por insistencia de Ernesto; les soy franco: soy un poco reacio a incorporarme a estas especies de cofradías. Él me explicó que se trataba de un grupo de amigos que se reunía sobre todo para charlar libremente sobre el hombre y su entorno. En esto, precisamente radican mis principales dudas. El ser humano suele caer en la tentación de sobrevalorarse, creer que es el centro de todo; la humildad no suele ser su característica principal. Somos pocos los que nos dimos cuenta que somos casi una nada, un simple accidente. Deberíamos tomar conciencia de esto, mirar a nuestro alrededor; comparados con la naturaleza y su obra somos una mierdita de pájaro. ¿Somos capaces de “hacer” una simple naranja, por ejemplo?
Por mi amistad con Ernesto, lo intentaré, aunque no creo que pueda adaptarme —terminó su alocución con aire sobrador.
–Agradecemos su sinceridad. El próximo paso, como ya sabrá, es lo que denominamos “cena de admisión final”. Solo usted y un miembro de nuestro grupo que designaremos de entre los aquí presentes.
Dos días después, todo estaba preparado.
Francisco había sido designado como anfitrión y a la vez encargado de realizar la evaluación final del aspirante. El comportamiento del mismo en la velada, decidiría su incorporación o no al grupo.
Ambiente intimista invitando a la relajación y la mesa lista con los platos a degustar.
—Adelante, póngase cómodo —invitó Francisco.
Con aire seguro, Aníbal se sentó a la mesa en el lugar que se le señalaba. —Gracias —respondió.
Todo estaba servido ya, esperando que los comensales empezaran a disfrutar de lo que parecían verdaderas delicias culinarias.
—Permítame una breve descripción de la cena; soy un apasionado gourmet y realmente disfruto con la presentación de los platos, los que he elaborado personalmente.
De entrada, setas con jamón al vino blanco. Calenté aceite de oliva en una cazuela de barro, salpimenté las setas y las añadí a la cazuela. Luego que el líquido se consumiera, añadí un poco de harina y el jamón, rehogué durante dos minutos y le incorporé el vino blanco. Cuatro minutos de cocción e inmediatamente lo volqué en este contenedor térmico. Debe comerse caliente.
Como plato principal, un delicioso solomillo de cerdo. Hay que dorarlo previamente en aceite y retirarlo. En el mismo aceite, agrego cebolla, pimientos rojos y ajo picado. Incorporo luego el solomillo agregando un poco de vino, especias y queso blando. Cocino a fuego lento y listo.
Para el postre algo sencillo, tradicional y casero: flan de huevo. Preparo el típico caramelo con agua y azúcar. Caliento leche. En un bol bato huevos y azúcar; incorporo la preparación a un molde previamente encaramelado y lo llevo al horno a 200 º C durante una hora a baño María. Frío y listo en la heladera.
Bueno, discúlpeme si me dejé llevar por el entusiasmo, la cocina me apasiona. Esto es lo que comeré en esta noche especial. Acompañado por un vino Californiano de primera: un coupage o mezcla 47 % Cabernet Sauvignon, 38% Merlot, 8 % Cabernet Franc y 7 % Malbec.
—Disculpe ¿Comeré, dijo?
—Así es —nuestro grupo se preocupa por hacer sentir cómodo a nuestros probables compañeros. Teniendo en cuenta sus reservas con respecto al hombre y sus creaciones y su gran admiración por la naturaleza, me tomé el atrevimiento de prepararle un menú más acorde a su idiosincrasia –dijo destapando un sector de la mesa hasta ese momento oculto por un lienzo —entrada de lechuga y tomate solo con sal, luego brotes de soga frescos. De postre, su preferido: una naranja. Esto acompañado de toda el agua mineral sin gas que le apetezca.
Ese jueves, Aníbal debutó como miembro; el haber aprendido la lección y sobre todo sus carcajadas en la noche de admisión, le abrieron las puertas del grupo.
De ahora en más pensaría un poco más antes de abrir la boca para hablar. Esa noche había comprendido que con muchos defectos y algunas virtudes, el ser humano se merecía una oportunidad.


Exclusivo de La Cuentoteca

7 comentarios:

María del Pilar dijo...

ta' güeno, don Dorelo

Gi dijo...

Todo ser humano merece una oportunidad y una cena semejante!!! Me dió hambre, voy a ver qué pico

Salemo dijo...

Gracias , María.
Gi, la oportunidad se la dieron, pero la cena que le ofrecieron fué más bien desabrida. Que se joda por hablar de más.
Saludos a ambas chicas.

Ogui dijo...

La verdad, con ese nombre, me esperaba una escena de canibalismo regada con esa excelente coupage a la que el S. Franc le aporta su personalidad, ideal para degustar platos más deliciosos... Pero bueno, usted lo castigó. Después no se queje si sus personajes le hacen pasar calor... y como dijo Gi... me voy a picar algo porque me despertó el apetito (digo el Aníbal)...
Muy bueno!

Salemo dijo...

Don Ogui, lo del nombre fué totalmente accidental, usted me aviva ahora, podría haber derivado para ese lado canibalístico, es cierto,pero la idea era cuestionar a aquellos que menosprecian por demás al ser humano y sus creaciones. Una pequeña lección aprovechando las delicias que el tan despreciado ente puede preparar con los materiales que la naturaleza le ofrece. Mejorándolos claro. Una fruta es muy rica, pero un flancito de chocolate con crema chantillí y caramelo me gusta más.Y es una creación del hombre, carajo.
Elija usted el postre o la comida que más le guste y después me cuenta.
Como ejemplo también hubiese sido válido el sonido del viento ( naturaleza)comparado con su querido Mahler ( creación del hombre).
Me parece.

Alejandro Ramírez dijo...

Lección aprendida. Pero no deja de tener razón, me parece. El hombre se cree el centro del universo... y no lo es.

Un saludo.

Salemo dijo...

Bueno, pero en el caso de este personaje y en algunas personas más reales, a veces se pasan un poco y terminan casi despreciando al hombre. Ni tanto, ni tan poco. Así como en la cocina, hay muchas otras creaciones del hombre que merecen la pena y se disfrutan, principalmente en lo que denominamos arte. Acordate que Anibal dice que el ser humano es una "mierdita de pájaro". Exageró y se lo tiene merecido; que coma brotes de soja.