miércoles, 25 de agosto de 2010

Belén, la lluvia, los hombres y el invierno- Miguel Dorelo

Una historia más...

Belén, la lluvia, los hombres y el invierno- Miguel Dorelo

Belén tiene catorce años y odia los inviernos.
A Belén la lluvia no la inspira, solo la moja y hace que el frío sea aún más frío.
Por eso, y otras cosas más, Belén odia la lluvia. Los otros pibes, los varones que comparten con ella el rincón del mausoleo del medio de plaza Once como improvisado dormitorio le contaron que si aspirás el frío se siente menos, boluda, pero a ella no le gusta; una vez probó y estuvo vomitando todo el día. A lo mejor porque sos mina, le dijo el Ramón, que se la pasa todo el tiempo con la bolsita y el Poxi-rán en las manos. Belén cree que el Ramón siente el frío igual pero que no lo dice para no parecer un maricón.
Una vez, Belén pudo zafar del frío, de la lluvia y del hambre; un señor muy bueno la llevó a su casa cuando tenía doce años, le sirvió una chocolatada calentita y hasta le hizo un sándwich de jamón de verdad.
Desde ese día Belén ya sabe como debe pagar, extraña beneficencia gratis de precio demasiado alto, y es por eso que Belén odia tanto a los hombres como a la lluvia, el frío y los inviernos.
Pero, por suerte están los trenes. Belén los ama, le gusta todo de ellos; sus olores, el sonido de la locomotora con sus motores regulando en el andén, los extraños y coloridos símbolos que cientos de manos anónimas han dibujado con aerosol en los vagones y que Pedro, el sabiondo de la barra, le dijo que son palabras que dicen aguante Boca, esta vida es una mierda, perdonáme volvé te amo y un montón de otras cosas.
Hay días en que si no fuera por el ruido de su panza que le avisa que hay que ir a buscar comida se quedaría sentada todo el tiempo viéndolos pasar, imaginándose arriba de uno que la lleva bien lejos, a un lugar en donde siempre hace calor y que cuando llueve y te mojás te gusta y es hermoso.
Belén cumple años el 21 de Septiembre, pero los cumple ese día porque así lo decidió, porque Pedro le dijo que es ahí cuando empieza la primavera y ella dijo entonces es mi cumpleaños.
También hoy le dijo que aún faltan dos meses y que vas a cumplir los quince. Tendrías que hacer fiesta, le dice el Ramón cagándose de risa.
No sabe como llegó hasta allí, pero la tardecita la sorprende caminando por Larrea mirando vidrieras con hermosos vestidos en su mayoría de color blanco, pero el que más le gusta es uno azul que luce radiante en un local casi llegando a Mitre. Para mirarlo, nada más, piensa sin poder evitar un, pero a lo mejor…

Es muy poco probable que la historia de Belén tenga un final feliz, las chances de un festejo, de un vestido azul o un largo viaje hacia donde la lluvia inspira son casi nulas. Demasiadas Belenes y encima el cupo de milagros ya ha sido otorgado por los próximos cien años en contratación directa; si no sos amigo del que los otorga estás jodido.

Belén esta noche, y muchas otras, solo esperará que ojalá no llueva.

Elaborado para La Cuentoteca


10 comentarios:

MARIA PIA DANIELSEN dijo...

Conmovedora historia que lamantablemente se repite.. Duele la infancia sin inocencia, la desidia, el destino de paria que le toca en suerte por ser pobre y mujer.
Saludos, Dorelo!!

Salemo dijo...

Ya lo creo, María Pía. Lo conmovedor pasa por la realidad de los hechos y no por este relato. Ver a una chica en la calle en esas condiciones me mata. Tengo dos hijas y una nieta y eso me potencia la angustia hasta límites insoportables y lamentablemente no hay mucho que pueda hacer para solucionarlo; solo me queda el patético consuelo de intentar reflejarlo.
Saludos y gracias por pasar.

Nanim dijo...

Conocí muchos de esos chicos y chicas... parece que sería tan simple y sin embargo es tan complejo el cambio, pero salvar a uno, sólo a uno, es suficiente. Si cada uno de nosotros lo hiciera ¿no?

Salemo dijo...

Tenés toda la razón, Nanim; el cambio es muy complejo , pero poniendo un poquito cada uno aunque sea para hacerles ver a los que sí tienen la posibilidad de hacer algo por ellos y lograr que les remuerda aunque sea un poquito la conciencia, a lo mejor la cosa va mejorando. Suena un poco iluso, pero soñar no cuesta nada.
Gracias por pasar y comentar.

Javi dijo...

Un cuento social. Bravo por ti, Miguel, capaz de reflejar esa cruda realidad y traerla al mundo de la ficción.
¿Recuerdas al Conde Lucanor? Es un libro de la literatura medieval española, de "El infante Don Juan Manuel". Aunque ha pasado a la historia por su originalidad y calidad literaria, la intención de D. Juan Manuel era la de poner "Ejemplos moralizantes", y él mismo dice que la literatura debe ser una especie de azúcar o caramelo con el que tomar la medicina de la enseñanza. Salvando las distancias (más que nada por la época, jeje) algo así me pareció tu cuento. Querías contarnos y denunciar una realidad, y la trajiste a la Cuentoteca en forma de relato. Felicidades por hacerlo de esta manera.

Salemo dijo...

Bueno, lo mío no es para tanto como poner ejemplos de nada porque no creo ser un buen ejemplo, Javi. Tan solo reflejar una realidad que me causa mucho dolor y alguna pequeña ilusión de que algún día se revierta.
Y me conmueve mucho la cara de esa niña de la foto que a pesar de todo irradia felicidad, quizás debido a la inconsciencia o la sabiduría, vaya uno a saber.
Gracias por pasar y por tan elogiosos comentarios.

Javi dijo...

Miguel, no quise decir que pusieras ejemplos. Sino que ese escritor llamaba "Ejemplos" a sus relatos, porque contenían un dilema de tipo moral, a veces sobre la justicia o asuntos "sociales" que para su época resultan sorprendentes.
Quizá la comparación te resultó extraña, pero me refería a que ese hombre medieval hizo que sus lectores se plantearan por primera vez las relaciones entre las personas, la vida social y los problemas cotidianos. Hasta entonces la literatura apenas se alimentaba más que de dioses, mitos y héroes...
Los niños sonríen porque aún no han tenido tiempo suficiente para que su alma se marchite con la visión de la injusticia. Pero creo que esos mismos niños dejan de hacerlo cuando son adultos y han tenido la infancia que describes. La droga, la prostitución, la delincuencia... acaban con esa sonrisa. Qué triste, cuando eso es producto de la ambición humana, porque algunos quieren acaparar tanto que no dejan a otros la posibilidad de tener ni lo imprescindible para subsistir.
Un saludo.

Salemo dijo...

Claro, javi; yo solo recalcaba que nunca me cabe más que la intención de tratar de reflejar a veces cosas que me interesan fuera del ámbito fantástico o más puramente ficticio, como en este caso o cuando me agarran los ataques melancólicos y me mando con varios cuentos seguidos sobre las relaciones de pareja o me meto con las soledades masculinas y femeninas; en el fondo son intentos de inter-relacionarme con los demás, dice mi analista que no sabe nada y ni siquiera lo consulto.
Y es cierto que un niño en esa situación está expuesto a todas esas cosas y más. Y se debe exactamente a eso: la ambición.
Algún día a lo mejor empieza a cambiar todo.
Otro saludo y el deseo que andes bien con tus cosas.

María del Pilar dijo...

Felicitaciones, Miguel, por encarar un tema tan difícil y complejo; la falta de infraestructura y de presupuesto, que sí existen para otras "cosas" son sólo algunos de los problemas que, por el momento, impiden solucionarlo. Ojalá algún día las cosas cambien y los señores que nos gobiernan hagan algo al respecto.
Un abrazo cordial

Salemo dijo...

Gracias, María. Esperemos que algún día se les ocurra que es una prioridad, pero lamentablemente ni a este ni a anteriores gobiernos se les ha ocurrido.