viernes, 8 de abril de 2011

Conurbano- Miguel Dorelo


Conurbano- Miguel Dorelo

La observaba pasar desde hacia casi una semana.
Ella cumplía con su rutina todas las tardecitas, al trote durante parte del trayecto y luego acelerando el paso hasta terminar su recorrido justo en el puente donde realizaba sus ejercicios y elongaciones finales. Luego, a paso firme se alejaba cruzando la ruta y él la miraba hasta que su figura joven y esbelta se perdía detrás de una hilera de árboles que formaban un pequeño monte interrumpido abruptamente por las obras de un nuevo barrio en construcción.
De unos quince o dieciséis años, o quizás algo más, lucía hermosa y saludable enfundada en su equipo de gimnasia gris plata con vivos rojos que hacía resaltar su piel bronceada y su largo pelo rubio.
Él era de contextura más bien grande y poco propensa a cualquier tipo de actividad física a juzgar por su abultado vientre, aparentando por lo menos el doble de edad que ella; digamos que no era precisamente el tipo de hombre en el que una jovencita como ella se fijaría. Ciertamente, jamás había desviado en lo más mínimo su mirada cuando pasaba a su lado, como si él formase naturalmente parte del paisaje de aquél lugar del suburbano bonaerense tanto como algunas de las viejas fábricas abandonadas que se herrumbraban añorando épocas de bonanza ya pasadas.
Cuando ambos coincidían unos segundos en tiempo y espacio, él inspiraba muy hondo no queriendo desaprovechar ni uno solo de sus aromas, esa mezcla afrodisíaca de sudor y lavanda.

Quizás lo haya decido el primer día, o el tercero, no importa demasiado. A lo mejor fue luego de una mala noche de aún peores pensamientos; o simplemente fuera parte de su naturaleza.
La esperó unos dos mil metros más allá de donde solía sentarse para verla pasar, justo donde la sombra de los árboles en complicidad con la penumbra del atardecer conformaría el escenario ideal para sus planes.

Si no hubiese gritado. Todo habría sido distinto si no hubiese gritado tanto. Después de todo ella habría obtenido lo que todas las muñequitas como ella buscan y quieren. Y seguramente hasta lo hubiese gozado.

Tiene los ojos más hermosos que he visto, pensó al verlos tan de cerca, tan abiertos, tan celestes…ya tan sin brillo.

Elaborado para La Cuentoteca



12 comentarios:

María del Pilar dijo...

Un cuento fuerte. Felicitaciones, Miguel.

A.R.N. dijo...

un relato crudo. bien llevado. y bien delineados los personajes. es dificil y doloroso meterse en los personajes en este tipo de historias.
beso

El Titán dijo...

Un cuento fortissimo, duro, penetrante (en la amplitud del término), muy bueno...

chely dijo...

Muy bien logrado Miguel.
Muy fuerte, y tan real.

Salemo dijo...

Gracias, María del Pilar. Un tema fuerte y delicado, por cierto. Difícil de encarar en una ficción.

Salemo dijo...

Así es, Aída; como le comento a María del Pilar, fue bravo meterse en la piel de este sujeto. Uno de los delitos más aberrantes y encima terminó lo peor posible, pero no quise apartarme de lo dramático esta vez.

Salemo dijo...

Gracias, Esteban. Reitero los conceptos y me apoyo en tus términos: un tema muy duro. Uno de mis relatos más descarnados, creo.

Salemo dijo...

Lamentablemente real, Chely. Es un relato que por motivos varios me costó escribir pero creí necesario hacer.

Javi dijo...

¿Se puede hacer un comentario sin palabras? Así quedé.
Has logrado transmitir por completo lo que pretendías, así que ese es el éxito de este cuento. Enhorabuena.

Salemo dijo...

Muchas gracias, Javi. Este es uno de esos relatos en que al terminarlo sentí que dije lo que quise decir, seguramente quedará entre mis preferidos. Si alguien con tu sensibilidad considera que ha sido logrado, mi satisfacción se potencia infinitamente.
Un abrazo.

María Taltavull dijo...

Magistral, Miguel Ángel. Intenso, concreto, certero en cada palabra y en cada golpe de impacto. Brillante el cierre. ¡Toda mi admiración!

Salemo dijo...

¡Gracias, María! Me repito, pero como ya dije, estoy satisfecho con el resultado de lo escrito. La intención fue no caer en solo imágenes descarnadas de un tema tan delicado y tremendo; tratar de ponerme en el lugar de tan deleznable sujeto no me resultó fácil, pero supongo que en la mente de esta clase de "personas" debe haber un poco de todas estas "motivaciones": echarle la culpa a la víctima por "provocar" y quizás un poco de creer que se tiene un derecho adquirido sobre lo deseado.
Muchas gracias por pasar y comentar.