martes, 7 de abril de 2009

Por qué soy ateo: mi testimonio- Miguel Dorelo

Un hecho real que me marcó para toda la vida y me llevó a ser lo que soy.

Por qué soy ateo: mi testimonio- Miguel Dorelo ( Salemo)


Luego de muchos cabildeos, he decidido compartir la experiencia más importante de mi vida.
El miedo a no ser comprendido, a la burla, al escarnio público me llevó a ocultar durante todos estos años los sucesos acontecidos.
Paso a relatarles: veinte de enero de 1979, ocho y cuarenta y cinco de esa inolvidable tardecita en mi Pergamino querido.
Me encontraba bebiendo una cerveza, sentado debajo del paraíso sombrilla que mi bisabuelo Pietro había plantado hacía ya cuarenta años, cuando un extraño resplandor surgió desde más allá de los geranios que bien en el fondo del patio había plantado mi abuelita Carmen hacía dos semanas.
Luces de varios colores con reflejos iridiscentes y una extraña melodía que comenzó a sonar hicieron que Batuque, mi perro, comenzara a aullar lastimosamente.
Alcé mis ojos al cielo y observé con asombro una especie de nube oblonga que descendía.
Instantes después una hermosa señora envuelta en un manto se presentó ante mí. Joven y aún sin adoptar una creencia religiosa, creí ver en este magno acontecimiento una señal divina que me era enviada para despejar todas mis dudas.
—¡Maria! —susurré extasiado.
—Negativo. Primer Asistente De Contacto y Protocolo Bagley —me respondió; acto seguido comenzó a transmitir por medio de un dispositivo inserto en su dedo meñique—. Terráqueo, un metro sesenta, cincuenta kilos, nivel intelectual por debajo del promedio de este planeta, totalmente inofensivo.
Al instante apareció un hombre de unos treinta y tres años; vestía una humilde y rústica túnica, de cabellos largos y pequeña barba todo él irradiaba una luz espléndida que parecía rodearlo. Esta vez no podía errarle:
—¡Jesús, mi señor! —exclamé alborozado.
—Me confundes, terráqueo; y no eres el primero. De muchas formas me han llamado, pero déjame presentarme con el apelativo que he adoptado en homenaje a este hermoso planeta: Capitán del Espacio Blanco es mi nombre y soy el comandante de la nave. Tuvimos que hacer un aterrizaje de emergencia por una falla mecánica.
—¿Pero no eres…? ¿Y ella no es…?
—Sé a que te refieres; como te dije, no eres el primero en confundirte. En realidad somos viajeros del tiempo y el espacio, casi inmortales y muy inteligentes; comparados con ustedes, claro.
—Pero…son igualitos a los de las estampitas de mi abuela Carmen.
—Es que hace miles de años que damos vueltas por aquí en un continuo espacio temporal, sin pausa. Este planeta es la principal fuente de alimento para nuestra especie. Tu pueblo elabora un manjar único en todo el universo y no podemos resistir la tentación. Ustedes tienen un dicho que se adapta justo a nuestra situación: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Nos hemos cansado de dar esta misma explicación a cada uno de los que nos han visto en las distintas épocas que nos hemos presentado pero sabemos que un virus neuronal afecta a la mayoría de los terráqueos e insisten en dar una versión totalmente inverosímil de los hechos: el miedo a lo desconocido lo activa casi de inmediato; sin ir más lejos, el apelativo que suelen darle a Bagley ha sido motivo de risa por muchos años entre los tripulantes de nuestra nave: aparte de ser la Encargada de Contacto y Protocolo entre sus funciones está la de Acompañante Para Todo Servicio Del Personal De A Bordo. También sé que a mis espaldas, la tripulación suele llamarme “El Crucificadito”.
—¿Y las sagradas escrituras, entonces?
—Tatín y Fantoche, dos de nuestros mecánicos son los autores. A veces los viajes espaciales se hacen tediosos y en algo hay que ocupar el tiempo.
—Entonces, ¿Dios no existe?
—No.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Millones de años de viajar por todo el universo y todas las dimensiones en nuestra nave insignia “Guaymallén” sin hallar el más mínimo rastro de algo que se le parezca, pero sobre todo la seguridad de que nuestra especie está libre del virus neuronal que afecta a la tuya.
—¿Entonces yo también olvidaré lo que me has contado y me convertiré en un creyente?
—No, me informa Bagley que en tu escaneo no encontró el virus. Por suerte para tu especie, algunos individuos no lo han desarrollado y son el último bastión del raciocinio y el sentido común. Un último consejo, ya que debemos despegar: no cuentes esto ya que no te creerán. Adiós.
—Adiós, Capitán del Espacio Blanco… Una última pregunta: ¿qué tipo de alimento vienen a buscar a la Tierra?
—La respuesta es más que obvia, terráqueo. Piensa.

Publicado en Breves no tan Breves

2 comentarios:

Javi dijo...

Ayer escuché algo muy bueno en la radio. No recuerdo el nombre del ponente, pero sí de lo que hablaba.
Habitualmente la iglesia y parte incluso de la comunidad científica, da como prueba de que la fe es innata al hombre, el hecho de que un elevadísimo (según ellos) porcentaje de científicos, crea en Dios.
Un estudio norteamericano revela que, entre los 3.500 investigadores estadounidenses de élite, biólogos, genetistas, astrofísicos, físicos, etc., el 97% se confiesan ateos o al menos no creyentes.
Las cifras se elevan, a favor de los "creyentes", cuando la cualidad de "científico" se extiende a médicos, biólogos, farmacéuticos, botánicos, etc. que aunque ejercen estas profesiones, no tienen la cualidad de investigadores científicos de alto nivel.
Juro por Dios que yo también lo comparto.

Salemo dijo...

Mi ponencia más agresiva con respecto a creer en dios es aquella en la que digo que es la parte estúpida que todos tenemos. Esto no depende de la inteligencia potencial del individuo, personas mucho más inteligentes que yo son creyentes, pero tienen esa tara, que en este cuento hago ver como una especie de virus neuronal. Cuando mi agresividad es menor, digo que es la necesidad de explicar lo inexplicable de la forma más cómoda posible: "dios sabrá" ( como ateo militante escribo dios con minúscula. Soy de conformarme con poco).
El día que mi experiencia con Capitán del Espacio Blanco llegue a los ámbitos adecuados , toda esta farsa fomentada por las distintas religiones ya no tendrá razón de ser.
P.D: si tenés tiempo buscá el mismo cuento en Breves no tan Breves y te vas a reir con la derivación que tuvo en los comentarios, y a lo mejor, al igual que a Vicente Ortuño, te puede servir para conocer algunos aspectos netamente localistas ( argentinos)de la trama.La derivación de los comentarios superó a la ficción.
Saludos.