
Profundos y oscuros miedos- Miguel Dorelo
Tuve miedo a la oscuridad de mi habitación, siendo niño. Estuvieron allí, intangibles, apenas visibles pero no por eso menos tenebrosos, acechando detrás y delante de las cortinas.
—Por favor, mamá, no apagues la luz. —rogué.
Los callejones oscuros me causaron pánico en mi adolescencia y realicé largos e imprescindibles rodeos para llegar a mi destino. Ellos seguían sigilosamente mis pasos, solo la luz los mantenía a raya. Aún así volvía constantemente mi cabeza temiendo ver lo peor.
Ya mayor, me oriné encima, cuando, caminando, me sorprendió la noche en medio de aquella carretera desolada. ¿Cuán largos pueden ser los metros, los minutos, los centímetros, los segundos que faltan para llegar a casa? Sabía que estaban detrás de mí, queriendo alcanzarme.
La oscuridad es solo la falta de luz, me dijeron, no hay nada en ella de que asustarse, todo está en tu mente.
Sin embargo, el color negro es un inmenso pozo que amenaza con devorarme.
Allí, en la oscuridad, hay algo que despierta en mí tal terror, que ni siquiera me animo a mencionar.
Original publicado en Quimicamente Impuro y Terrozine (Brasil)- Reelaborado para La Cuentoteca.
3 comentarios:
Hola, Dorelo:
Me permito una humilde corrección, yo arrancaría así "De niño, tenía miedo...".
Todo lo demás, joyita.
Buen cuento.
Gracias María. Se trata de una reelaboración de algo ya publicado y tu sugerencia me parece correcta.
El problema es que ya subido hace un ratito largo, me dá no sé que cambiarlo.
Aunque, espero que no me roben la idea, me diste la inspiración para un cuento que ya saldrá por este mismo medio en fecha próxima.
Saludos.
Es lindo eso de ser musa.
Un saludo cordial
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