lunes, 4 de febrero de 2013

Descartar lo descartable- Miguel Dorelo



Descartar lo descartable-Miguel Dorelo

Cerró  la puerta detrás de si como tantas otras veces en todos estos años. A la misma hora de siempre, sin gestos ampulosos de ningún tipo, aferrándose rutinariamente a esa especie de rito pagano del que le era imposible despegarse ya que, era indudable, estaba en su naturaleza. Se sentó y, también como tantas otras veces, su mente volvió a rememorar aquello que un instante de lucidez suprema había hecho que asociara ese especial momento con la metáfora final que necesariamente abarcaba lo que la vida misma significaba para todo ser humano. Nos nutrimos de cosas indispensables, seleccionando a veces entre aquellas que más nos gustan y otras veces tan solo entre las que podemos, no siempre las que queremos. Y al final de cada día algunos, o por las mañanas como en su caso, algo siempre descartamos: para equilibrar, para sentirnos mejor con nosotros mismos y con los otros.
Pero hoy, algo no funcionaba como debía. Y recordó. Recordó la última vez que algo así le había pasado. Y ese recuerdo no fue de su agrado. Y pensó en cuanto había sufrido, y en que ya estaba demasiado grande para volver a pasar por algo así y en que no se lo merecía. O quizá sí. Raramente aquello que nos sucede no es una directa consecuencia de lo que hemos hecho. Tuvo miedo; y aferrándose a ese miedo se dijo que no se daría por vencido, que lo intentaría con todas sus fuerzas.
Ya más calmo, decidió que lo mejor sería tomárselo con calma. Estiró su brazo izquierdo y agarró uno de los libros de la pequeña pila que estaba muy cerca, los únicos que no se encontraban acomodados pulcra y ordenadamente en su biblioteca, por lo general leer un poco lo ayudaba a distenderse y todo comenzaba a fluir de manera natural.
Pero estaba escrito que hoy no era su día. Dejó de lado lo que estaba leyendo, o mejor dicho, lo que había intentado leer, ya que no había logrado concentrase más allá de lo superficial: las letras estaban, formaban palabras y estas a su vez se transformaban en frases y conceptos, pero no podía descifrar el sentido del conjunto: el todo era nada y la nada se adueñaba de sus sentidos. Era en vano intentar concentrarse y abandonó el intento.
Trató de no desesperar, si de algo le había servido el haber pasado el medio siglo de vida es el tomarse las cosas de la mejor manera posible, canalizar a su favor lo que en apariencia eran inconvenientes insalvables. Un poco más tranquilo, solo eso, no ponerse nervioso y pensar, buscar, dentro suyo estaba el problema y dentro suyo estaba la solución. Solo debía encontrar el modo correcto de morigerar el primero y potenciar al segundo.
Diez minutos, media hora, un siglo, tres milenios. No era ningún necio y comprendió que todo era en vano, que no se trataba de tan solo una cuestión de tiempo para que todo se volviese a encarrilar. Supo que debía hacer lo correcto, aunque le costase debía admitir que necesitaría ayuda.
Se levantó despacio, fue hasta la cocina, abrió la heladera, sacó la botella de agua y bebió directamente de ella un largo trago. Luego, marcó el número de ella en el celular.
—Hola, mi amor —le dijo. Y agregó a continuación lo que ya no había forma de eludir —Hacéme un favor, cuando salgas del trabajo pasá por la farmacia y traéme un Agarol y por si acaso un pote de vaselina. Me volvió a pasar, la puta madre. Debí hacerte caso, pero esa tabla de quesos estaba deliciosa.

8 comentarios:

Alí Reyes H. dijo...

Hay muchos párrafos para decir lo mismo con diferentes palabras y en diferentes formas, y eso hace ella en el lector, pues uno se siente como corriendo en una cadena sin fin para llegar a ninguna parte.
El cuento es un género que debe resolverse rápido sopena del que el lector no lo termine.

©Claudia Isabel dijo...

se hace muy dificil mirar una buena tabla de quesos como el enemigo :-) a pesar de cualquier consecuencia al final del aparato digestivo

Arturo dijo...

Miguel:
Tras leerlo por segunda vez, le encontré la razón a los párrafos precedentes al final.
Un poco de humor chancho.
Un abrazo.

Salemo dijo...

Ali, la intención del cuento es precisamente esa: una obsesión por parte del protagonista a un problema al que le da vueltas constantemente. Agradezco el comentario y el que hayas pasado a leer. Y a mi me gusta hacerlo largo, que se le va a hacer, por eso peleo con mis amigos micro relatistas.

Sandra Montelpare dijo...

Hola, Miguel. ¿Descartar lo descartable es porque el texto que precede al último párrafo está lleno de repeticiones de palabras como "Ya más CALMO, decidió que lo mejor sería tomárselo con CALMA"? ¿Venía por ahí la mano del relato? Disculpame si esta vez no lo pesco...
Beso grande

Salemo dijo...

Asi es, Claudia: uno no mide las consecuencias de sus actos cuando la tentación es mucha. en todos los aspectos.

Salemo dijo...

La intención es precisamente la que he logrado con vos, Arturo.
gracias por pasar y comentar.

Salemo dijo...

Un poco de eso, Sandra. La frase denotaría el que a pesar de tratar de mantener la calma, evidentemente no logra concentrarse, ni en la lectura ni en nada. Y lo de descartar lo descartable es más escatológico. Chancho, como dice Arturo. De ahí la etiqueta de "Humor" en el cuento.