viernes, 5 de febrero de 2010

Amar,lo que se dice amar,amé solo una vez- Miguel Dorelo

En mi mejor época, no era raro encontrarme con esto al volver a casa...

Amar, lo que se dice amar, amé solo una vez- Miguel Dorelo

Siempre fui muy sexi.
Quizás no esté bien que lo diga, pero pecar de falsa modestia no es lo mío.
Debido a esta condición, supongo divina, tuve muchos amores e incontables romances.
Pero amar, lo que se dice realmente amar, solo amé una vez.
Si tuviera que hacer una lista de mis conquistas sería demasiado larga para este espacio y no es mi pretensión hacer gala de ello.
Si tuviera que catalogarme sería algo así como un Don Juan, para aquellos que ya peinan canas. O un metro-sexual, como me llamarían ahora.
Humildemente,yo creo que la descripción que mejor me cabe es la de un macho bien macho; eso fui siempre. Como a ellas les gusta.
Pero, como ya dije, poco significaron en mi vida la pasión de Julia, la desbordada ternura de Ángela, el desenfreno sexual de Eugenia o la casi insoportable adoración que Paula sentía por mí. Y solo estoy nombrando a unas pocas, como para ejemplificar.
El amor no es algo que uno planifique, ninguna de ellas puede vanagloriarse de haber sido algo más que un buen momento en mi extensa travesía sentimental.
Claro que como suele pasar, sin que uno se lo proponga un día llegó esa sola personita que pudo llegar hasta donde las otras ni siquiera vislumbraron el acceso.
Y, también, como inevitablemente suele suceder, otro fatídico día todo se terminó.
Quizás este descarnado relato sirva como vehículo para un no muy lejano reencuentro; a lo mejor aún me recuerde y cuando vea mi nombre en el título sienta algo de aquello y se decida a leer estas palabras que solo tendrán real sentido si son recorridas por sus ojos.
Les pido permiso queridos lectores para dirigirme en estos últimos párrafos a esa persona que motivó todo este patético y cursi relato.
Mi corazón, mi alma, todo mi cuerpo aún recuerda tus besos, tus caricias, tu mirada.
Hoy, ya retirado de esas lides, hastiado de amores vanos, cansado de buscar falsos sustitutos de tu amor, cada vez más añoro tu presencia. Esa que es ahora ausencia, dolorosa y ya insoportable.
¿En que lugar estarás… y con quién?
Y es en noches como esta, solo en la oscuridad de mi cuarto escuchando esa canción que solía acompañarnos cuando el amor hacía que nos fundiéramos en un solo cuerpo, ya rotos todos los diques del llanto susurro tu nombre apenas las primeras lágrimas comienzan a rodar por mis mejillas.
—Roberto…

Y sé que ya no podré conciliar el sueño.

Exclusivo para La Cuentoteca

15 comentarios:

María del Pilar dijo...

¡Oh!...
Un final totalmente inesperado, para una historia que, en la vida real, a veces pasa.

Ogui dijo...

Inesperado pero no totalmente... dado el desenfreno y la mención al macho metrosexual, conociendo el machismo de los primeros tangueros... no sé. Medio como que lo vi venir... No que se llamara Roberto, claro... Es que los Don Juan siempre tienen ese costado solapado. Cuesta que lo admitan... eso sí. Bien narrado Dorelo. La atmósfera logradísima...

Javi dijo...

Muy bueno, Miguel.
Eres el mago de la narrativa amorosa, y desde luego el final inesperado, más viniendo de un verdadero D. Juan que sólo tomaría como partenaire a alguien del sexo contrario. Supongo.

Salemo dijo...

La triste historia de un amor añorado, María.Pasa muchas veces, es cierto.

Salemo dijo...

Don Héctor,usted ya me tomó la mano narrativa y sabe que mis dimes y por qué ni mis diretes, suelen traer algo bajo el poncho. Yo creo que usted me lee "desconfiando", por eso no logro sorprenderlo del todo.
Muchas gracias por el elogio atmosférico ( que escatológico suena esto.
En otra oportunidad le explicaremos qué es un"tanque atmosférico" por estas latitudes a Javi, si es que no los conocen por allá.

Salemo dijo...

Gracias, Javi.Lo de especialista en relatos puede ser discutible; ahora lo que es en amores...Un desastre.
El "supongo" del final sonó desconfiado. Por suerte el relato no es auto referencial. Creo.Supongo.

Ogui dijo...

Leo con ocho ojos. Más o menos dos van leyendo el futuro. No van leyendo anticipado, aclaro. Siempre van leyendo el futuro. A veces, claro, le pegan... otras, se les llama dsconfianza.

Clarice Baricco dijo...

Yo me voy a quedar con la idea de que tecleaste mal la última letra del nombre. O bien, quiero creer que el padre bien machote, quiso ponerle a su hija, un nombre masculino. Porque no puedo pensar que te daba cariño un gato o un cocker, jajaja.

Divertido tu relato.

Besotes.

Salemo dijo...

Mande foto, don Héctor; un pampeano con ocho ojos no se ve todos los días.

Clarice: Yo no sé, no lo conozco al señor este, solo soy un intermediario entre él y ustedes. Personalmente soy muy macho en serio y me dan más cariño los gatos que los perros.
Cualquiera de mis novios podrían dar fe de ello.

Clarice Baricco dijo...

Ay Dorelo, y yo que empezaba a enamorarme de ti y resulta que no soy hombre y no podrás mirarme, jajajaja...

Abrazos.

Juan Pablo dijo...

Lo que me tiene cansado es que a los picaflores los llamen Don Juan, cuando en realidad tendrían que llamarlos Don Dorelo!.
O Don Roberto de última.

Saludos, capo.

Salemo dijo...

Clarice, yo creo que deberías tomarlo como un desafío y tratar de recuperarme para el bando coincidente con mi verdadera idiosincrasia. Hasta hace poco yo no era así.
A lo que lleva un par de desencantos amorosos.

Salemo dijo...

Juan Pablo, apartando la cuestión de que el tipo este no tiene nada que ver conmigo, creo que lo de picaflor no es lo más adecuado para asociarlo con mi persona. Hace rato que no tengo acceso a corola alguna: a lo sumo soy un triste gorrioncito que anda revoloteando por ahí.
Gracias por pasar y comentar.

Pradero dijo...

Jajaj Gorrioncito?? si me han estado comentando que los halcones son mosquitos al lado tuyo...
;)

Salemo dijo...

Comentarios infundados y vaya a saber con qué intención.
No sé donde habrás escuchado semejante cosa, pero ¿Halcón con presbicia y con unos cuantos años sobre sus espaldas? No creas en todo lo que dicen.
La caza indiscriminada ya no es para mi.