miércoles, 23 de junio de 2010

El contrato-Miguel Dorelo

Como decirle que no...


El contrato- Miguel Dorelo

—Voy a hacerte el amor como nunca antes nadie te lo ha hecho —me dijo.
— ¿Aceptas? — agregó mientras dejaba deslizar lentamente su vestido hacia el piso de madera.
—Estoy listo y preparado — respondí amagando la primer caricia.
—No te apresures, primero lo primero —me susurró al oído mientras introducía en él la punta de su tibia lengua. — ¿Estás dispuesto a todo? —agregó.
–Si —le contesté como si en realidad fuese necesario ¿Acaso habría podido dar otra respuesta?
—Eres un valiente hombre. Y además muy bien dotado —dijo mientras su mano izquierda comprobaba lo que sus hermosos labios afirmaban.
Completamente imposibilitado ya de contenerme, besé su cuello…o mejor dicho, intenté hacerlo. Ella me apartó suave pero firmemente.
—Está faltando un pequeño detalle —observó mientras se dirigía a un pequeño mueble ubicado en un rincón de la habitación.
Abrió un cajón del cual extrajo un cofre labrado, procedió a abrirlo con una llave que llevaba adosada por medio de una cadena en la muñeca de su mano derecha y retiró un papel de su interior.
Observé extrañado la escena. Me parecía del todo fuera de lugar ¿A qué venía toda esa movida justo en ese momento?
–Firma aquí —exigió.
— ¿Qué firme? ¿Ahora? ¿Y que es lo que debería firmar?
—Una tontería que forma parte del juego ¿Acaso no dijiste estar dispuesto a todo? O quizás ya te hayas arrepentido de tus palabras…—casi ronroneó mientras jugaba con el bretel de su corpiño.
Estaba arrinconado, no había manera de negarse; en realidad, no tenía ni la más mínima voluntad de hacerlo.
—No serás por casualidad el diablo que viene a comprar mi alma, supongo —dije sin saber bien que decía.
—No lo soy, aunque te aseguro que el mismísimo infierno te parecerá frío al lado del calor que te tengo reservado. Y no me interesa para nada tu alma. Ahora, tu cuerpo…eso si. Mucho. Demasiado.
Como ya dije, no existió alternativa alguna. Una hermosa y joven mujer prometiéndome ese tipo de cosas puede hacer y deshacer mi voluntad a su antojo. Firmé sin dudar, claro.
Vale aclarar que no poseo fortuna alguna ni propiedades de importancia, aparte el hecho que la validez de un documento (si es que lo era) firmado en esas condiciones de poco valdría en caso de que fuera una especie de estafa o algo por el estilo.
La sonrisa en su bello rostro cuando terminé la rúbrica quizás en otro momento me hubiesen alertado, pero en mi mente solo tenía cabida el pronto comienzo del encuentro con ese cuerpo deseado hasta límites jamás imaginados.

No me siento capacitado para describir lo que en esa larga noche sentí, o mejor dicho, me hizo sentir, solo intentaré una aproximación. Sus caricias tuvieron el don mágico de
transformarme en un ser único y especial, sus besos despertaron en mí sensaciones que jamás hubiese imaginado poseer. Sus palabras, susurradas entre gemidos me hicieron comprender que ya mis oídos habían cumplido el cometido para el que fueron creados.
El paraíso, si es que existe, estoy seguro debe ser un mero reflejo de esa noche.

Por la mañana, ella ya no estaba. Agotado, me había quedado dormido con las primeras luces de la mañana, y al despertar cerca del mediodía, descubrí su ausencia.
Ha pasado una semana ya y estoy desesperado, sé que no existe solución posible y es por eso que he tomado esta decisión irrevocable. Dentro de unos minutos el veneno hará su efecto y solo me queda el tiempo necesario para terminar esta historia, que no es triste ni es alegre, es solo una historia contada con el afán de que no vuelva a repetirse.
Sé que ella está rondando, al acecho, buscando nuevas víctimas.
La posibilidad de que te cruces con ella es cierta, sucumbir a sus encantos es casi inevitable, seas hombre o mujer.
Pero, siempre hay una alternativa, no cometas el error que yo he cometido: cuando te pida que firmes, te ruego, te imploro: por favor lee la letra chica.

Elaborado para La Cuentoteca

6 comentarios:

María dijo...

Primero, ¡qué erotismo! ¡Qué líneas de diálogo! Muy bien la descripción del encuentro, daban ganas de seguir leyendo...

Y, segundo: excelente esa foto, eh.

Supongo que cuando las cosas vienen tan fáciles, siempre hay que desconfiar...

Un placer, como siempre, Miguel,

María

Ogui dijo...

Al final, el deseo de vivir ante todo. ¿Es ése su consejo, Miguel Ángel? Acá hay gato encerrado... el protagonista la quiere sólo para sí, aunque perezca. Yo, por mi parte, hubiera desconfiado casi desde las primeras líneas.

Salemo dijo...

El erotismo parte de, creo yo, de la visión de la foto; o sea que todo tiene que ver con todo. Bueno, en realidad la foto la busqué después ( pensaba decir que era una amiga que se ofreció gentilmente para ilustrar el relato, pero difícilmente me creerían).
Con respecto al relato, es probable que haya desconfiado, pero lo comprendo al pobre hombre ¿ Como decirle que no firmaba nada? La carne es débil.
Gracias María por pasar y comentar.

Salemo dijo...

Algo hay, don Ogui, pero no sé lo que es. Estos personajes retobados solo me revelan algunas cosas y se reservan el resto. Juro que no sé que dice el contrato, pero se ve que el pobre tipo se ha enterado después y eso lo llevó a decisiones algo nefastas. ¿Qué habrá firmado el pobre hombre?.
De todas maneras, yo creo que no importa demasiado el contenido, más bien es de precavidos saber que ellas siempre piden algo a cambio.
Gracias por su atención para con este sitio. Y muy buena su serie "Samsiana" en ráfagas y parpadeos. Luego elijo mis preferidas, que es una práctica que estamos dejando de lado. Esperemos que sea contagioso y se prendan unos cuantos más.

Javi dijo...

Me tenías intrigado. ¿Qué clase de contrato era ese? Ah, la letra pequeña. Nunca la leemos bien, sobre todo los que ya cumplimos los 40. ¿Será por eso que es más fácil engañarnos?
Me gustó, Miguel. Lo pongo en la categoría de "Me gustó bastante".
Un abrazo.
Javi.

Salemo dijo...

Cuanta razón, Javi. A mi que ya tengo diez más que esos cuarenta ya me han engañado tantas veces ( en esta parte van lágrimas). Pero lo más triste es que seguramente seguiré firmando contratos sin mirar la letra chica.
Como solemos decir por estos lados , soy un "comprador de buzones compulsivo". Mujeres.
Ya me voy a avivar y pasaré del otro lado del mostrador y los buzones los empezaré a vender yo( las malas lenguas dicen que ya lo hago; pero son eso: malas lenguas. Aseguro no haber mentido jamás en estas cuestiones. Claro que no me creen. Pero bueno, así es la cosa).
Otro abrazo.