martes, 2 de noviembre de 2010

Miradas a orillas del río-Miguel Dorelo


Miradas a orillas del río- Miguel Dorelo

Ella anda por la vida con sus rencores a cuestas, besando príncipes hasta verlos convertidos en sapos.
Vengarse de él, concientemente o no, es el motor principal de su comportamiento.
Suponiendo un daño adrede, negando culpas compartidas; raramente en una ruptura hay un culpable exclusivo: los más grandes amores, al igual que los grandes odios suelen ser cosas de a dos.
Ausencias irreemplazables, búsquedas vanas y dolorosas que comienzan con noches alegres e indefectiblemente terminan en amaneceres tristes.
Agresivamente a la defensiva, rodeadamente sola, siempre buscando ese reemplazo que nunca llega, todas las tardes sale a caminar por la rambla del Parque de España, a la orilla del río Paraná, pero sin mirarlo; casi nunca lo mira, no sabe bien por qué, quizás por tanta agua o por esa brisa constante pero siempre que sus ojos se posan en él comienzan a llenársele de lágrimas y hay tanta gente alrededor mirando…

Él está de paso, no es de Rosario, solo, suponiendo que su soledad ha sido una elección, mintiéndose un mejor solo que mal acompañado, pero sin poner el suficiente énfasis requerido para que las palabras se afirmen en una verdad sin disoluciones.
Mira pasar el río con casi la misma emoción que a las hermosas mujeres que desfilan por el paseo, hoy es su último día en la ciudad. Sentado en un banco captura ideas en la pequeña libreta de apuntes que lleva siempre consigo. Le gusta mucho escribir, reflejar parte de sus sentimientos en relatos, a veces en algún atisbo de poema, pero sin alcanzar jamás a volcar todo su interior en palabras lo suficientemente adecuadas; cuestión de talento, o mejor dicho, de falta de él. ¿Y si me pusiera a conversar con esa de allá, la que toma mate sola sentada en el pasto debajo del árbol?, piensa. Pero no lo hará, no sabría que hacer si ella no resultase lo suficientemente acorde a lo que busca, en su patética pretensión de encontrar de buenas a primera la mujer casi perfecta, que le guste lo que a él, ignorando que ese ha sido su problema toda la vida, que ha fracasado en todas sus anteriores relaciones por no saber que lo demasiado igual termina produciendo un hastío difícil de sobrellevar.

No se trata de designios divinos, podría hablarse del destino, pero tampoco sería demasiado correcto; miles de personas caminan, corren, se juntan a tomar mate, tocan la guitarra y cientos de otras cosas en este lugar, cada uno de ellos con sus pesares, sus alegrías o simplemente existiendo no difieren en mucho de ella o de él, tan solo dos cuerpos o un par de almas más entre el gentío, pero no es menos cierto que esta historia necesita de ellos dos más que nada; el río, la rambla, el viento, la ciudad toda, solo aportan el soporte necesario aunque no imprescindible para un momento único e irrepetible, cuando ella pasa por delante del banco de él y vaya a saber por qué levanta la mirada justo en el instante en que él termina de escribir “encuentro” en su libreta y hace lo propio; un segundo en el que el mundo parece detenerse y que tan solo es una ilusión. La mutua mirada entre dos desconocidos, pero esa mirada acerca un atisbo de algo que no pueden definir.
Ella sigue su camino y él solo atina a mirar como se aleja. Lógicamente sin palabras, solo alguien que pasa y otro que mira pasar, no hay motivo lógico de diálogo.
Ella piensa que quizá el hombre sentado en el banco podría haber sido, pero se ha equivocado tantas veces que no tiene ganas ni de lamentar haber hecho alguna otra cosa para llamar su atención.
Él, un poco más impresionado por aquél fugaz instante de miradas entrelazadas, se siente más solo que nunca.
Nunca volverán a verse…
O quizás el regrese un día y se siente día tras día en ese mismo banco hasta verla aparecer y cuando ella vuelva a cruzar por delante suyo le sostenga largo rato la mirada, justo hasta el preciso instante en que las benditas palabras amadas acudan en su ayuda.
—Hola, me llamo Juan ¿Vos como te llamás? —Nada poético, solo un intento de acercamiento.
Ella le dirá su nombre y a lo mejor esa misma tarde bese después de mucho tiempo a alguien que no es sapo ni príncipe, tan solo un hombre. Nada menos.

Elaborado para La Cuentoteca.
 Escrito a orillas del río Paraná en la ciudad de Rosario a fines de Octubre de 2010

10 comentarios:

María del Pilar dijo...

Ay, Miguel, gracias por traerme en letras y en vivencias, a ese hermoso río de aguas amarronadas, que arrastra orondos y plácidos camalotes, mientras la tarde pasa, los transeúntes caminan sin prisa y algún que otro velero rompe el parejo oscilar de esas olas pequeñas. Sentarse en un banco y mirarlo, y mirar a la gente, sin pensar en nada simplemente estando allí: de esta vuelta, te envidio.
Un saludo cordial

Salemo dijo...

La verdad, María, es que hacía mucho que no disfrutaba de unas horas así, tal como las describís. Confieso que alguna que otra vez me distraía demasiado con alguna rosarina que pasaba, pero solamente lo hacía porque eran tan bellas como el río y yo soy un romántico sin remedio.Casi, casi que tuve ganas de enamorarme, pero junté coraje y pude zafar de tan terrible equivocación.
Un beso.
P.D. a todas la damas que dejen comentario, les agradeceré con un beso porque aún llevo en mí el aroma del río Paraná y eso me sensibiliza de una forma muy especial.

Antonio dijo...

El río... el paisaje... hombre y mujer. ¿Designios divinos?... ¿El destino? De cualquier manera, nada poético, solo un intento de acercamiento. Bravo Miguel

Salemo dijo...

Gracias, Antonio. A quién no le ha pasado lo que al amigo Juan; quizás estuvo días o meses esperando el re-encuentro, planificando, escribiendo mil y un poemas para ella y llegado el momento de la verdad, a la mierda con lo planificado, lo único que importa es que ella se pare y le hable. Yo creo que así está bien, después habrá tiempo para palabras bonitas.
Un placer recibir a un poeta de verdad en La Cuentoteca. Creo que ya te lo dije en otra oportunidad, pero hay cosas que me gustan repetir.

Javi dijo...

Me gustan tanto (no sé si "casi tanto" o "más") los ríos que los trenes. Quizá porque, de la misma manera, fluyen hacia adelante, nos conducen a un destino que no sabemos cuál es, qué nos depara.
Las relaciones humanas son así. A algunas personas las conocemos sin más remedio, porque son vecinos, porque trabajan con nosotros... Y sin embargo otras sólo pasan por nuestra vida, anónimas, enigmáticas, fugaces. Nunca sabremos si el amor, la felicidad, nuestro destino, podría estar en ellas. Sobre todo, si no nos atrevemos a decir "Me llamo X, ¿cómo te llamas tú?"
Bonita reflexión a la orilla de un río. Viaja Miguel, y cuéntanoslo aquí.

Salemo dijo...

A mí también me gustan, Javi. Ríos, trenes, bosques, mujeres hermosas ( lo son todas).
Ese es el tema, las relaciones humanas; del relato algunas cosas son reales, como la paz que sentí allí sentado mirando correr el río y lo de la libreta; lo demás, un poco de imaginación y otro poco de sentimiento puestos al servicio de, como digo siempre, comunicar algo.En este caso, un tema recurrente en mis relatos en los últimos tiempos: soledades, desencuentros y un poco de esperanza como para no perder el optimismo y no dramatizar tanto. Creo que es porque no hago terapia profesional..Y sale más barato.
También puede ser para animarme más a decir "me llamo Miguel, ¿Vos cómo te llamás? ( si lo digo como decís vos, ella creerá que soy español y luego me tratará de mentiroso).
Termino de escribir esto, salgo ala calle y se lo digo a la primera que pase.Espero que ella me diga como se llama.
Un saludo.

María Taltavull dijo...

Gracias, Miguel Angel, por acercar ese aire de río. Ay, me quedé suspirando por los destinos que se encuentran y se pierden en laberintos de miradas.
Y, como siempre, te felicito por la lucidez; es así: "reponsabilidades compartidas". Nadie puede trasformar en sapo a nadie que no quiera transformarse...
Chapeaux (Chapó, para los amigos, usted es un grande)

Salemo dijo...

Gracias a vos, María.Dicen que las miradas hablan por si solas, pero yo creo que eso será muy lindo pero, como en esta historia, la mayoría de las veces no alcanza. Usemos las palabras y digamoslas a tiempo ( yo aconsejo pero no lo hago, pero ese es otro tema). Lo de las responsabilidades compartidas realmente pienso así; con distinto grado de participación, pero en las relaciones de pareja cuando algo no funciona difícilmente se deba solo a uno de sus integrantes.

Analía Ester dijo...

Me emocionó! Yo cuando leo me transporto y estoy ahí, en ese lugar,donde pasa todo, mirando sin ser mirada. Me llegó al alma! Un beso y gracias por etiquetarme.

Salemo dijo...

Gracias a vos, Analía;sobre todo por lo de la emoción que despertó en vos el relato. Es un gran halago para mi poder lograr que alguien se emocione de esa manera.
Un beso.